martes, 30 de agosto de 2011

Llegó el momento! Sumá tu visión y construyamos una opción verde

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“LOS VERDES” CONVOCAN A LA CONSTRUCCION COLECTIVA DE UN DOCUMENTO FUNDACIONAL ECOLOGISTA EN ARGENTINA

Desde este martes 30 de agosto y hasta fines de septiembre, “Los Verdes” desarrollaremos un proceso inédito en el ámbito político. A través de un proceso abierto de evaluación y discusión, los interesados podrán ser parte de la construcción del documento “Nuestra Visión” que conformará las bases fundacionales de este nuevo movimiento eco-político.

El objetivo de la iniciativa es enriquecer este documento, cuyo borrador puede accederse vía internet, con la participación de personas interesadas en construir una alternativa verde que se perfile como una nueva fuerza política en Argentina.

El documento y las contribuciones podrán hacerse a través del sitio web de Los Verdes (www.losverdes.org.ar) ingresando a una plataforma diseñada para tal fin. También a través de facebook se podrá participar en debates sobre tópicos relacionados al documento.

El objetivo de este proceso de evaluación y discusión abierta se inscribe en valores básicos del movimiento verde: la democracia participativa y el respeto por la diversidad. Estamos convencidos que resulta necesario construir una visión compartida a partir de las contribuciones de miles de personas de todo el país. La construcción del movimiento “Los Verdes” debe poder expresar de manera coherente las múltiples expresiones de los nuevos movimientos sociales existentes en las diferentes regiones de Argentina. Desde que lanzamos esta iniciativa se ha generado una enorme expectativa y entusiasmo en participar. Queremos que los interesados sean parte de la construcción desde el mismo origen de esta expresión social y política.

Todos los aportes que se realicen durante el proceso de discusión abierta, serán tenidos en cuenta para la redacción final del documento. “Nuestra Visión” debe presentar las propuestas de acción para construir una sociedad sostenible y convivencial, que deje atrás un sistema socio-económico cuya lógica nos conduce inevitablemente a la degradación ambiental, la inequidad, el consumo insostenible y la competencia destructiva.

Los Verdes – Foro de Ecología Política

Agosto 2011

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lunes, 29 de agosto de 2011

Boleta única, pero no a las apuradas

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Por Julia Pomares, La Nación, 29/8/11

La autora es directora del Programa de Política y Gestión de Gobierno de Cippec .

 

Desde hace varios años, Cippec impulsa un cambio en la forma de votar, importante para mejorar los procesos electorales de nuestro país. Ese cambio implica abandonar el sistema de boletas múltiples partidarias, que pone en los partidos políticos la responsabilidad de garantizar que la oferta electoral esté completa el día de la elección.

Cuando se discutió la nueva ley electoral, en 2009, Cippec planteó la necesidad de incluir este tema en la agenda de reforma y propuso avanzar hacia un modelo de boleta única. El proceso electoral de 2011 está demostrando la vigencia de esta demanda por doble vía. Por un lado, las elecciones primarias pusieron sobre la mesa los problemas del sistema actual. Por el otro, el debut de la boleta única en Santa Fe y Córdoba y la experiencia de Salta con el voto electrónico demostraron que es factible cambiar. Aunque perfectibles -como cualquier política que modifique una práctica de más de 100 años-, estas nuevas formas de votar tuvieron una amplia aceptación en el electorado y se desarrollaron con completa normalidad.

Además de la perspectiva del votante -que no debería ser la única determinante en una reforma de este tipo-, este cambio también puede fortalecer a los partidos políticos, porque elimina o desincentiva algunas prácticas nocivas para su cohesión interna, como las listas de adhesión o los lemas y sublemas.

Con la misma convicción con la que promueve esta reforma, Cippec entiende que las reglas electorales no deben ser objeto de discusión durante el proceso eleccionario. Hay al menos cuatro argumentos que apoyan esta postura. Uno: que genera inequidad en la competencia, al otorgar incertidumbre a los actores políticos (en asimétricas condiciones de cambiar las reglas). Dos: hace ineficiente e ineficaz la administración electoral (en criollo, se gasta más para un proceso electoral de menor calidad). Tres: quita la atención durante la campaña de los temas que sería más productivo debatir (una agenda programática). Cuatro: si bien la discusión sobre las reglas electorales siempre es de naturaleza política, se vuelve más cortoplacista y menos informada.

Por ejemplo, sostener que con la boleta única se acabarán los problemas con los telegramas (y, con ello, las divergencias entre el escrutinio provisorio y el definitivo) es una falacia propia de discutir estos temas en el fragor de una campaña. En cambio, la reforma sí eliminaría varios de los problemas que tuvimos (como el de la distribución de las boletas en la provincia de Buenos Aires).

Bienvenidas sean la importancia que gran cantidad de actores políticos otorgan estos días a cambiar nuestra forma de votar y las declaraciones del ministro del Interior, que abren una puerta a este diálogo. Las condiciones están dadas para hacer efectivo un cambio para el proceso electoral de 2013.

Aprovechemos el interés que suscitó este tema ahora para discutir, desde el primer día después de las elecciones, cómo implementaremos un instrumento de votación que deje atrás la anacrónica boleta por partidos y que fortalezca los cambios sancionados en 2009, como la digitalización del padrón y el financiamiento público de la publicidad audiovisual. Será fundamental incorporar en esa discusión sobre el modelo por seguir los aprendizajes derivados de los cambios en la forma de votar que introdujeron algunas provincias durante este año.

La credibilidad de las elecciones es un atributo central de la legitimidad democrática. La Argentina goza de ese atributo. Magnificar errores o irregularidades focalizadas conlleva su descuido. Reconocer las deficiencias del actual sistema y superarlas es el mejor camino para protegerlo.

 

 

miércoles, 24 de agosto de 2011

Pesimismo climático

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Este comentario que voy a hacer tiene vínculos con cinco fuentes diferentes.

Por un lado, la información y reflexiones contenidas en tres notas del blog de Los Verdes realizadas por los colegas Pablo Bertinat, Carlos Merenson y Roque Pedace. Una entrada en mi blog personal, Tester de Violencia, en la que expongo a comienzos de este año mi preocupación e incipiente pesimismo respecto de la política internacional en relación al cambio climático. Esta entrada es, en cierto sentido, continuidad de aquella. La última y quinta fuente es un libro que gentilmente me regaló Paula Brufman hace unas semanas, “Réquiem para una especie”, de Clive Hamilton. Hamilton es un catedrático que ha sido recientemente candidato por Los Verdes en Australia y que por esas cosas de las sincronicidades, terminé de leer su libro y el mismo día me entero de su visita a la Argentina, para participar un Seminario sobre Cambio Climático en la ciudad de La Plata.

Para decirlo francamente, creo que el tiempo para actuar y evitar las peores consecuencias del cambio climático se nos está escurriendo de las manos. Y no hay ninguna intención seria de que tal cosa no suceda. Digo esto, porque sencillamente la mayoría de los gobiernos, como sucede en la Argentina, no creen en el cambio climático, porque las empresas vinculadas a la industria de la energía prefieren seguir mintiendo y porque los economistas siguen engañando a la opinión pública con sus fábulas cada vez más evidentes.

El cambio climático, como bien nos lo explica Hamilton, es un giro cultural revolucionario, cambia completamente nuestra idea del futuro. Vivimos un tiempo en el que el “negacionismo” está ganando la partida, porque poderosos intereses privilegian el corto plazo, y porque poderosos mecanismo de autodefensa psicológica nos impiden asumir completamente la realidad. 

Nos encaminamos a una suba de la temperatura global de unos ¿4 grados? por encima de los niveles preindustriales. Eso configurará un mundo que tiene muy poco que ver con el que hoy conocemos. ¿Cuándo? Para cuando nuestros hijos tengan 40 o 50 años. Mañana, para ellos.

Nada de lo que hay que hacer en estos años se está haciendo. Todo lo que vemos son medidas, en el mejor de los casos, superficiales. En otros, maquillaje.

Enfrentar seriamente el cambio climático significa comenzar a introducir los cambios que, entre otros, el IPCC nos recomiendan hacer. La tarea significa, por ejemplo, que las emisiones de CO2 globales comiencen a descender a partir del año 2015 en adelante, podemos dilatar ese punto de inflexión al 2020, pero la curva de reducciones posterior deberá ser mucho más pronunciada. En cualquier caso, es algo de lo que estamos a una distancia enorme, imposible de arrimarnos siquiera sin mediar cambios radicales en política internacional.

El descenso que debería ocurrir sería llevar esa curva a un descenso casi absoluto. Eso se puede ver en la siguiente figura que se publicó en la nota “El síndrome de Xantos”:

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Esta curva de decrecimiento de las emisiones es lo que posibilitaría limitar la elevación de la temperatura global a 1,5°C, límite que hoy se considera el “máximo tolerable”, por decirlo de algún modo.

Pero el mundo no está en ese camino. Ninguno de los países grandes emisiones está preparándose para contribuir a un sendero de emisiones como el que se muestra. Ningún país de los denominados “en desarrollo” piensa en limitarse en el crecimiento de sus emisiones. La debilidad de las negociaciones internacionales son un reflejo de esa nula vocación climática. Los emisores menores no quieren dejar de lado el espejismo de emular al “primer mundo”. Allá vamos entonces.

Veamos algunos números. Las emisiones globales actuales superan los 30 Gt o sea 30 mil millones de toneladas de CO2. En general, todas las discusiones en torno a la reducción de esa cifra se centran en los cambios tecnológicos. Claro que es indispensable tal cambio y es parte sustancial de lo que debe ocurrir. Pero ¿es suficiente? Esa es la pregunta que nadie quiere responder con claridad y se evita, por lo tanto, lo que de ella se deriva.

Recientemente, Carlos Merenson, en una de sus charlas, construía con extrema simpleza la conocida ecuación IPAT (I = P x  A x T), el nivel de impacto ambiental (I) depende de la población (P), del nivel de abundancia (A) y de la tecnología (T). En una expresión simplificada de esa ecuación podría decir lo siguiente:

Partiendo de la igualdad:

CO2 = CO2 

Es posible multiplicar y dividir el segundo término por el PBI y la igualdad se mantendrá:

CO2 = PBI x CO2/PBI

CO2/PBI es el coeficiente que nos dice cuántas emisiones de CO2 se producen por cada unidad de PBI. Aquí es donde el factor tecnológico es esencial, este cociente nos indica cuán carbonizada está la economía.

¿Qué pasa si multiplicamos y dividimos por la población?:

CO2 = P x PBI/P x CO2/PBI 

PBI/P nos señala el nivel promedio de ingresos de la población, el PBI per cápita. Es el factor A (abundancia) en la ecuación IPAT.

La población mundial (P) es hoy de 6,6 mil millones de personas. El PBI/P está en unos 5.900 dólares, por supuesto es un promedio global, las cifras varían enormemente entre ricos y pobres. Finalmente, el cociente CO2/PBI es hoy de unas 0,76 toneladas de CO2 por cada mil dólares de PBI.

Si sacamos la cuenta: 6,6 mil millones x 5,9 x 0,76 = 30 mil millones de toneladas = 30 Gt, un valor que ronda por el verdadero valor de las emisiones globales.

Hay una tensión entre esos tres factores a la hora de reducir emisiones. Mientras la población crece, todos los programas económicos procuran incrementar el PBI per cápita lo que hace que toda la carga en la reducción queda en el tercer término. ¿Podemos provocar las reducciones necesarias basándonos en ese sólo factor?

Clive Hamilton utiliza esta fórmula para indagar qué chances existen de lograr una estabilización de concentraciones de CO2 en la atmósfera en 450 ppm. Un valor excesivo comparado con los 350 ppm considerado hoy como el valor deseable.

Para lograr esa concentración deberíamos estar en unos 4 Gt anuales en el 2050. Insisto, bastante más que lo que señala el gráfico con el sendero de emisiones en base a los 350 ppm.

En el 2050 la población mundial rondará los 9,2 mil millones de personas. Supongamos que las tecnologías de fuentes renovables de energía, la eficiencia energética y demás políticas de reducción de emisiones logran reducir el factor tecnológico en un 80%, es decir que de 0,76 pasa a 0,15 toneladas por cada mil dólares de PBI. Si el PBI crece durante ese período 1,75% anual eso nos dará que en el 2050 tendremos emisiones de 17 Gt. Como vemos, lejos de las 4 Gt, una catástrofe. En tal caso podemos seguir apostando a una reducción del factor tecnológico del 90%, es decir, pasar de 0,76 a 0,076 toneladas de CO2 por cada mil dólares de PBI. En ese caso las emisiones en el 2050 serán cerca de 9 Gt! Lejos de las 4 Gt.

Como vemos la tarea es muy difícil y casi imposible para un mundo que sigue inaugurando plantas de carbón, sigue abriendo nuevas fronteras de hidrocarburos en plataformas submarinas o en petróleo o gas “no convencional” o apuesta a despilfarrar dinero en centrales nucleares, el método más caro y lento para bajar las emisiones.

Recordemos además que la población mundial, en el mejor de los casos, tenderá a estabilizarse y que el PBI será obsesivamente empujado hacia arriba antes y después del 2050.

Es claro que si no reducimos de manera convergente las emisiones por medio de la tecnología y al mismo tiempo reducimos el crecimiento del PBI, las chances de lograr objetivos climáticos como los que se han expresado en las cumbres (limitar la suba a 2°C), son bajísimas. Cualquier escenario nos está marcando que vamos a una temperatura de 3 a 4 grados por encima de los niveles pre-industriales durante este siglo. Los escenarios globales con esa temperatura son realmente… preocupantes, pongámoslo así.

Por supuesto que los escenarios tecnológicos (eficiencia y energías renovables) nos están brindando la chance de poder realizar estos cambios. Esa transición en el abandono de los combustibles fósiles, con cierta rapidez, nos deja margen para que las restricciones que deberíamos aplicar en el PBI se vean sensiblemente reducidas. Pero nada indica que vayamos velozmente por esa vía. Y debemos hacerlo, porque pensemos que un factor de la ecuación empuja hacia el desastre en materia de todos los recursos naturales, renovables como los no renovables. No hay clima ni planeta que aguante, de eso se ha publicado bastante. Frente a esta escenarios está claro, como dice Hamilton, conviene practicar algunas de las variantes del “negacionismo”, por conveniencia (política o comercial), o por autoprotección mental, o por cansancio.

No quiero extenderme sobre los conceptos que ya he desarrollado en “mi deseo para este año”. Nada ha cambiado de lo que en ese artículo digo.

Quiero dejar un par de datos, sólo para la reflexión y la angustia final. Un mundo de 4 °C significa un suba del mar de… no se sabe, 20, 40, 60 metros sobre el nivel actual. Depende cuanto resista el hielo de Groenlandia. Los glaciares de Cuyo, que tanto nos han preocupado estos años serán datos y fotos de un mundo que ya fue.

Nada de todo esto es un “cuadro” armado por ecologistas. “Negacionistas”, escuchen lo que dicen sus socios: hace unos días, en el centro neurálgico del poder económico argentino, en el XIX Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), Volker Laabs, de Basf de Alemania, entre otros puntos recomendó usar riego de avanzada, minimizar la evaporación del suelo, cuidar reservar de agua y buscar soluciones para administrar recursos escasos. "Para 2050, dos de cada tres personas vivirán en condiciones de sequía o estrés"; dijo.

2 de cada 3, unas 6.000 millones de personas. Yo no estaré para ver eso, aunque dejé testigos, caray.

Cali

"If I Ever Lose My Faith In You"

You could say I lost my faith in science and progress
You could say I lost my belief in the holy church
You could say I lost my sense of direction
You could say all of this and worse but
If I ever lose my faith in you

There'd be nothing left for me to do
Some would say I was a lost man in a lost world
You could say I lost my faith in the people on TV
You could say I'd lost my belief in our politicians
They all seemed like game show hosts to me
If I ever lose my faith in you

There'd be nothing left for me to do
I could be lost inside their lies without a trace
But every time I close my eyes I see your face
I never saw no miracle of science
That didn't go from a blessing to a curse
I never saw no military solution

That didn't always end up as something worse but
Let me say this first
If I ever lose my faith in you
There'd be nothing left for me to do