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domingo, 22 de febrero de 2015

Hace 30 años, en febrero, Yes

Para muchos, hace 30 años cumplimos un sueño de adolescencia. Transcurríamos por el primer año de democracia, era la primavera alfonsinista y un sueño se hacía realidad… Yes venía a la Argentina!!

Ese verano la noticia nos sorprendió y encima habría shows en diferentes puntos de la Argentina.

Toda una década mirando absortos las fotos borrosas de la Pelo con shows inalcanzables mientras escuchábamos “Roundabout”. Era todo muy lejano y siempre estaban los rumores de que “capaz que el año próximo vengan a Brasil y…”, pero eso nunca ocurría. Hasta que ocurrió!

Ese año arranca Rock in Río, y de lo que ese festival traería para Sudamérica, no veríamos beneficiados por aquí.

Yes, a inicios de los 80, había renacido con “90125” y su visita al festival “Rock in Río” hicieron posible que, ese verano, Yes acomodara fechas en Argentina. Más aún, habría show en Rosario!

Pero la fiesta casi se nos escapa por los idiotas nacionalistas que comenzaron con amenazas de bombas y panfletos de supuestas juventudes nacionalistas y peronistas que repudiaban al “enemigo ingles” que desembarcaba en la Argentina. Todos los shows en el interior se levantaron y solo hubo 3 shows en Vélez con un impresionante operativo de seguridad. Eso era la Argentina entonces. Todavía no salimos del todo.

Entonces hacia Vélez peregrinamos, previo canje de las entradas ya compradas para asistir en el estadio de Rosario Central.

Mucho calor ese febrero y una noche inolvidable. Creo que asistí a la primera  noche. Esa tarde hubo concentración de los recién llegados del interior en Plaza San Martín y de allí partimos más tarde hacia Vélez. Esa tarde nos encontramos a muchos que habían estado para los shows en Brasil.

Por supuesto, eran ya otros tiempos, era otro Yes, pero eso no importaba en absoluto. Fue inolvidable y hoy quiero recordarlo a 30 años.

Vaya además un recuerdo (porque no hay que olvidarlo tampoco) a los idiotas de siempre que se opusieron a que Yes tocara en Argentina.

Cali

Rock Notes On-Line
Interview with Jon Anderson
John Perry
“We had to be escorted into Argentina by private air force jet and were surrounded by 30 militia the whole trip. It was an extraordinary experience. We had to be kept in the hotel, we couldn't go out for fear of being shot at. I remember as we were walking onstage to play in front of 50,000 people, Chris Squire turned to me and said, "You know who they're going to shoot at first!" And I said, "Oh no, the singer!" I ran around that stage like crazy. The band played amazingly...playing under incredible duress that we were going to be shot at.”

 

Aquí un audio completo de una de las noches en Vélez

 

Una crónica rescatada

YES, entre la cordura y el delirio

El debut del grupo de rock internacional más importante que haya llegado hasta la Argentina, YES, resultó un espectáculo tecnológico-musical de antología, seguido fervorosamente y sin incidentes, por un público ávido de sensaciones estéticas de vanguardia. Un eficiente operativo de control -había amenazas de bombas en el estadio- enmarcó la actuación del quinteto, que proseguirá su gira por el país con sendas actuaciones en Cordoba y Mar del Plata, completando así una experiencia sudamericana que comenzó en Rio de Janeiro y Punta del Este.

por Carlos Polimeni

((entre corchetes algunas observaciones sobre la rimbombante nota de Polimeni realizadas por un fan que la rescató))

Apabullante por su perfección tecnológica, arrasadora por su nivel cualitativo, la actuación del quinteto británico YES será recordada aquí por mucho tiempo como una de las más sólidas evidencias de los infinitos a que se acerca la música contemporánea electrónica de este siglo de los pasos gigantescos y las bombas nucleares [¿qué comiste, Polimeni?].

YES, una máquina de tocar y tocar, se irguió una vez más como artífice del espectáculo artístico total: el del canto y la poesía, la cordura y el delirio, las luces y el teatro, los hombres y la ciencia. Despegarlo del contexto de la era atómica, de la inminencia del siglo XXI sería reducirlo, entenderlo sólo en parte [¿qué tomaste, Polimeni?].

El concierto en el estadio de Velez Sarsfield -15 mil personas pidiendo energía, el cielo estrellado de verano, 150 toneladas de energía al servicio del espectáculo- fue claramente la apoteosis de un estilo, el rock sinfónico, nacido al comenzar la década pasada pero con una palpable proyección hacia horizontes aún inciertos.

Una inagen: Tony Kaye ha comenzado su solo de teclados, y cuando su sutileza grave empieza a convertirse en la tocata en Fa de Juan Sebastián Bach, una "campana" de rayos láser lo enmarca de verde, y un humo denso, grávido, empieza a envolverlo, formando una imagen onírica, diabólica, irreal, que encerrará a la multitud en un solo ronquido de incredulidad.

Eso es YES: Bach y el rayo láser, la técnica virtuosa del guitarrista sudafricano Trevor Rabin -la estrella del concierto- y su furioso punteo rocanrolero, la voz sugerente de Jon Anderson y su aire de gnomo fantasioso, el talento escénico de Chris Squire y su imagen de ogro danzarín, el festival dionisíaco [?] de Alan White desde la batería.

Pero además es indefinible, un nudo de sensaciones, un espectro errante por campos desconocidos. YES es Squire bailando freneticamente sobre sí mismo, abrazado a su bajo eléctrico inalambrico hasta hacer el rictus de un perfecto suicidio escénico mientras reitera con obsesión una nota, pero también Anderson abriendo los brazos con ternura de un niño para mirar al cielo, en éxtasis, y susurrar que "la música es magia".

YES no es inglés, siendo en ciertas armonías tan inglés. YES es un patrimonio de la cultura de esta época, una ejemplificación clara de que los límites no existen para la ciencia. YES es un fabuloso conjunto de cinco solistas de vanguardia, empeñados en hacer una música que siempre explora y sólo a veces -casi siempre por exigencia del público- accede a la tentación de lo facilmente digerible.

Se encontró en el estadio de Vélez con un público adicto, que pese a los consabidos 35 minutos de demora en el inicio del espectáculo, le tributó la cálida recepción de miles de encendedores prendidos en la tribuna, uno de los códigos rockeros argentinos, como el "canto de Woodstock".

De ahí en más fueron 135 minutos de pasión de cinco hombres por sus instrumentos, de catarsis multitudinaria al compás de una de las mejores músicas que ha escuchado el público joven del siglo XX. El órgano casi religioso de Kaye se entremezcló con la batería electrónica de White y después de que dos rayos láser brotaron del escenario buscando el infinito, estalló cinema en el fraseo de Anderson, ese Prometeo electrizado.

Jugando con todas las posibilidades de una batería de recursos tecnológicos nunca vista en la Argentina, YES eslabonó luego un total de 18 temas, de los viejos y los nuevos. Mostró, por ejemplo en Leave It, que Squire, Rabin y Kaye pueden ser un coro de ángeles detrás de la voz inconfundible de Anderson y que White pasará a la historia como uno de los bateristas más persuasivos y dúctiles de la historia del rock internacional.

Desparramada por el césped del campo de juego, apiñada en las tribunas, la multitud ya ha sido impactada por la música que llueve desde el escenario. YES se toma ahora un descanso y mientras el bajo puntea la melodía, un mar surge de los teclados. Pero empieza otra vez el crescendo, y en la garganta de Anderson brilla Hearts, mientras se dibujan corazones de láser en el cartel electrónico del estadio.

El progreso del quinteto hacia los vértices del éxtasis es implacable: acabó de acribillar al público con una guitarra de escalas impecables, aceleradas hasta el frenesí y atacó ahora con All Good People, con Anderson gritando su convicción de que en este mundo "cada uno se satisface a su modo" y que al fin y al cabo tal vez ése no sea el problema final [¡qué filosofía de cuarta!].

Vienen ahora los primeros solos, y Kaye -con uno de sus teclados iluminado de verde- está parado sólo en la oscuridad, con un spot rosado sugiriendo su figura. Saca del alma un sonido como de manantial, lo profundiza, lo torna grave, lo lleva hacia Bach, lo trae hacia un desgarrón, y se pierde después entre el humo y su campana de láser, como un ser de otra galaxia.

El público apenas si tiene tiempo de estremecerse: con la guitarra acústica ha surgido, sentado en la oscuridad, Rabin, con sus 29 años y sus manejos del mundo clásico, para alocarse los dedos primero en un rasguido torturado y juguetear después sobre aires españoles. Showman también, correrá sobre el escenario vacío, bajará hacia el contacto con la platea para ofrendar su digitación y se irá finalmente hacia el camino del rock universal.

Changes, And You And I y Soon, tres temas históricos del grupo, preludiaron al éxito comercial actual Owner Of A Lonely Heart, con una concurrencia de amarras soltadas, de sentimientos rebosantes. Dueña de la situación, al cabo destinataria de todo esfuerzo, pero respetando por respetada.

Kaye demostró que es un tecladista menos excitante y efectista que Rick Wakeman, su antecesor, pero más solidificante para el grupo, y a continuación vino el show personal de Squire, pulsando primero melodías sencillas con su bajo -solo el baterista White quedaba sobre en escena- para hacer luego un monólogo músico-corporal que concluyó con esa especie de "canto del cisne" que fue la situación de su propia muerte tocando.

Enronquecida, la guitarra de Rabin sonaba cercana a la perfección, cuando con Starship Trooper y Roundabout empezó el final de un espectáculo en que la terrible poesía del delirio cruzó camino siempre con el acento terreno de la mejor música universal. Squire cae como un muñeco desarticulado, Anderson flota sobre el escenario, Kaye y Rabin son rituales para persegurise en dos riffs enloquecedores, y cuando White destroza sus palillos sobre un redoblante, ha terminado el rock and roll puro del final y la multitud ya no puede más, pese a que quiere...

YES propuso sangre sudor y lágrimas y la mejor música de hoy. Urdió un final fuertísimo, con los instrumentos sonando a muerte, los rayos láser cruzando como espadas el escenario, y un arsenal de spots y seguidores girando y haciendo de mil colores al humo denso que todo lo invadía. Sus integrantes bajaron como caminando sobre la ovación. Habían tocado parte de la mejor música del mundo, la que hermana sensaciones más allá de las barreras y las trampas que tiene el poder para dividir.

Artículo publicado el 03.02.1985 en el diario Clarín.

domingo, 2 de octubre de 2011

Vai tua vida é uma linda canção de amor

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Regresando a la recorrida que inicié con “O Canto da Cigarra”, sigo recorriendo 1993, un año que considero de resurrección y lleno de música.

Simone supera, o por lo menos deja atrás, el pésimo momento vivido en 1989 con su insólito apoyo a Collor de Melo en aquellas elecciones. Ese hecho, una simple anécdota para cualquier mortal, para ella se había convertido en un estigma que amenazó con acabar su carrera (y pareciera que muchos así lo hubieran querido!). Sin embargo, a puro talento, trabajo sin pausa y perseverando en su camino, eso quedó atrás.

Es a partir de estos años, en los que Simone profundiza su eclecticismo, su vena romántica y no sigue los caminos que la prensa especializada hubiera deseado que siguiera, se produce un distanciamiento con la crítica que, a veces, se había puesto realmente hostil. Sin embargo, la carrera de Simone ingresa en un camino de encantamiento íncondicional con su público. En lo personal, yo ya me había convertido en uno de sus devotos. 

Vuelvo entonces a la música de 1993. Ese año se publica en tres volúmenes el “Songbook de Vinícius de Moraes”, donde una cantidad de músicos hacen temas de Vinicius. En el volumen 1 de esa serie, Simone, con Wagner Tiso en piano, hace “Se todos fossem iguais a você" (Antonio Carlos Jobim - Vinícius de Moraes). Aquí va.

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En agosto de ese año se realiza un especial con Simone para la TV Manchete en el ciclo “Por Acaso”, conducido José Maurício Machline. En un formato muy despojado, es una delicia cada tramo del programa y contiene un reportaje muy bueno. Allí Simone se explaya sobre el por qué de su poca afinidad con explotar su bahianidad, el hecho de haberse convertido en el estandarte del movimiento homosexual, con preguntas bien lejos del pésimo tratamiento que le dió Jorge Guinzburg el año anterior en Argentina. Hacia el final aparece cantando con Marilia Gabriela, conductora de TV, gran amiga de Simone, y en el tema final, ellas dos con Gilberto Gil.


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Al final de año, Simone participa de “Natal sin fome” , en Belo Horizonte, una iniciativa de Milton Nascimento para sumar a la campaña del sociólogo Herbert de image Souza (Betinho). De ese show participan además de Simone, James Taylor y Jon Anderson, con quienes Milton venía haciendo cosas por ese tiempo.

Destaco primero “Carinhoso”  (Pixinguinha e João de Barro), tema grabado en Sou Eu.

Aquí lo que se puede ver del show en you tube. A final todos los invitados en el escenario, con J.Taylor y J.Anderson no cazando un fulbo a la hora de cantar Maria, María. Por lo que se puede ver, fue un show bastante desprolijo.


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lunes, 5 de julio de 2010

YESSPA

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No tengo mucho para agregar a lo que ya puse en Ritual sobre el poder sanador que tiene para mi la música de Yes. Cuando tengo esos períodos de neuronas despelotadas hasta la más caótica de las obras de Yes me ponen todos los patitos en fila. No sé, no se trata nada  que lo pueda racionalizar, o tal vez si, pero no hace falta. Lamento mucho a quienes eso no les pase, pero espero que lo logren con otras cosas. No estoy hablando en este momento de cualidades musicales, estoy hablando de virtudes tipo, cuando se reformatea el disco y se lo limpia de virus, no sé, algo de eso quiero decir.

Estos días cometí el sacrilegio de “envasar” en MP3 a uno de los discos de “Keys to the Ascencion 2” (1997) y la parte “pirata” del disco “Magnification” (2001) versión japonesa. Es un spa mental al que cada tanto debo ir. Allí estoy ahora. Repito, no es un spa tranquilo, escuchar “Gates of Delirium” no es de spa, pero se ve que el cerebro se entiende con esa bola eléctrica.

De ese “envasado” en MP3, comparto “And You and I” pasado por la lavandina del Goear (dios mío, qué le estamos haciendo a la música!)

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(Fragmento)

Coming quickly to terms of all expression laid,
As a moment regained and regarded both the same,
Emotion revealed as the ocean maid,
A clearer future, morning, evening, nights with you.

jueves, 15 de octubre de 2009

El tiempo ese fugitivo

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La historia es que se terminan los ‘70s y lo que había sido musicalmente hasta ese momento ya no era o dejaba de serlo. Aparecen los videos y la música pretendidamente “progresiva” debe dar paso al pop de la “new wave” y la reacción virulenta del “punk”. Los grandes grupos de los ´70 fueron tildados de “dinosaurios” y no había manera de salir de ese agujero.

La supervivencia artística de muchos talentosos músicos había quedado en duda y seriamente amenazada. Yes, grupo emblemático de los ´70 finaliza su década de oro con una crisis descomunal. Luego de “Tormato” (1978) llega la disolución, básicamente por el alejamiento de Anderson (voz) y de Wakeman (tecladista), cada uno para seguir intentando lo suyo. El resto retoma la ardua tarea de seguir con el grupo y componen lo que sería material para un nuevo disco, el que sería el número 10 de estudio. El naufragio sería seguro, todos quienes seguíamos a Yes ya no creíamos en lo “progresivo”. No nos equivocamos, el disco es uno de los perores, pero…

…por empezar, el disco alcanza el ·#2 en Inglaterra, cuando todo los daban ya muertos. Sucede que mientras Squire, White y Howe se jugaban el pellejo tratando de armar un nuevo disco en un contexto musical que había cambiado “dramáticamente”. Parece ser que la revelación de esos días, un dúo neo-pop “The Buggles” estaba ensayando en el cuarto de al lado y Squire se le ocurrió que ellos podrían darle nuevas ideas al grupo. Los buggles eran admiradores de Yes y no dudaron y comenzaron a trabajar juntos. Así salió “Drama” (1980), para los fans, un fracaso, pero como suele suceder, también una legión de “reivindicadores” del disco (los panthers, por el dibujo de tapa, de Roger Dean).

El disco se re-editó en el año 2004 remasterizado y con versiones inéditas, esas cosas que la era del CD, abarata y permite. Primero quiero compartir un ensayo de una toma de “Tempus Fugit”, todavía con letra “sanateada” por Trevor Horn, la nueva “voz”. Lo que tenemos es un grupo luchando contra el tiempo. Luego vendrían tiempos mejores para todos ellos, pero era una transición complicada.

Parecía que la historia de lo progresivo se acaba ahí nomás, pero la new wave, el punk, el tecno-pop se esfumaron más rápido. La cosa tendría sus idas y vueltas. Los seguidores de Yes no se bancaronimage a Trevor Horn siendo la voz del grupo, aunque el disco, con el tiempo, dejó algunos pasajes destacables, que aún hoy rescata Yes.

El paso de los ´70 a los ´80 fue traumático. El nuevo contexto tecnológico hizo estragos, nuevos sonidos, algunos tremendamente berretas, el video, el color, en fin, hubo un salto que algunos lo sufrieron, otros lo surfearon. Casi todo lo que se hizo en esa transición es bastante difícil de  volver a ver hoy.

Los Buggles eran producto de esa transición y con un tema que arrasó con todo y lo decía todo “Video Killed  the Radio Star” (1979) de su disco “The age of plastic”. Todo dicho.  El tema es de la mejor expresión de inicios de los ‘80. Pongo la versión en audio (el video lo acaban de sacar de YouTube) Es un video con un valor histórico importante (nada más) eran los comienzos de la MTV (1981) y el video fue el ícono de la naciente MTV.

 

El video fue uno de los primeros “hits” de la cadena MTV, es bastante malo,  “ochentoso”, por decir algo que significa algo bastante... feo.

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Esta es la pintura completa de Roger Dean para el disco “Drama”

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Después vendrían tiempos mejores para cada uno de ellos y para Yes, pero ese final de década fue terrible. El video comenzó a matar a los héroes de la radio, luego el video, por suerte comenzó a suicidarse y a ocupar un lugar menor. Tres acordes bien colocados, siempre nos emocionarán más que un efímero clip.

Cali

martes, 24 de febrero de 2009

La Tabla Redonda

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Muchos años atrás, cuando era un verdadero niño, devoraba libros y libros de aventuras, novelas memorables e historietas a las que que accedía por revistas como El Tony, Dartagnan o Intervalo. Julio Verne era mi ídolo, sus libros eran mi hobby predilecto en las siestas de Juncal y durante los viajes a Rosario. Mi placer era ir a la librería Ross y allí pedirle libros a mi mamá, quien para eso nunca ahorró dinero. Entre esas lecturas había una que se destacaba, las “Leyendas del Rey Arturo y los Caballero de la Mesa Redonda”. Toda una serie de caballeros que nunca entendí muy bien para quien trabajaban o defendían, pero eran una mezcla increíble de valentía, magia y fortaleza de personalidades.

Las historia del Rey Arturo era el núcleo central de una serie de otras principe valiente tapa[8]novelas y de una famosa tira, que fue motivo de una serie de libros de las cuales también fui adicto, “El Príncipe Valiente”.

Muchos de esos libros llegaban a través de la famosa colección de libros “Robin Hood”, tapas amarillas y duras. Luego comenzaron a venir con tapas plastificadas y brillantes, y luego vinieron otros libros a ocupar ese sitio de privilegio en mis tardes y noches.

Originalmente era una historieta creada por Harold Foster en 1937. La obra completa está constituida por unas 1800 planchas, y continúa ampliándose. En la Argentina se editaron unos 11 libros, el primero de ellos era “El Príncipe Valiente en los días del Rey Arturo”.

Esos recuerdos y lecturas están ligados íntimamente a mi infancia.

[AllCDCovers]_rick_wakeman_myths_and_legends_of_king_arthur_and_the_knights_of_the_round_table_1975_retail_cd-back Más tarde, en otra época,a mis 16 años, cuando Yes era mi puerta mayor hacia los territorios del arte y sensibilidad, Rick Wakeman publica su disco “Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table”, por eso, el Rey Arturo me acompañó también en mi adolescencia. Aquí el inicio de ese álbum.

Todo esto viene a que la semana pasada me fui para Winchester (Camelot?) ciudad en la que se encuentra la Tabla Redonda del Rey Arturo. La leyenda, muy creíble hace una bocha de años, hoy es un mero mito. Pero, qué importa?, si en mi historia fue real. Así que allí peregriné, otra vez, a encontrarme con parte de mi historia.

La existencia de la tabla se remonta alrededor del año 1100. La leyenda sobre la existencia del Rey Arturo se remonta a los siglos 5to y 6to. Por diversas razones se supone Winchester,entre otros sitios, el sitio donde reinaba Arturo, Camelot. Hoy todo eso está prácticamente descartado por la historia. Aunque el misterio sobre la tabla continúa. Y es una buena atracción para la ciudad de Winchester. Esa ciudad supo ser, antes que Londres, el centro de la formación del Reino Unido, historia que es una tontería frente a la historia del Rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda.

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Una pocas horas bastaron para conocer el sitio. El lago donde aparece la mano de la Dama que toma la espada Excalibur no lo vi por ningún lado. Tampoco el yunque en el cual estaba clavada la espada a la espera de la llegada de aquél que pudiera sacarla de allí sin esfuerzo. IMAG0161

Realmente, no importa. Estuve en Camelot y eso es lo importante.

La sincronicidad aquí también se hizo presente. Unos días antes de descubrir que Winchester era el sitio de la Tabla Redonda y que estaba cerca de dónde estoy, había comprado un libro de Rick Wakeman, “Grumpy old rock star”. Wakeman es un tipo raro y cómico, y en el libro relata anécdotas bizarras y muy divertidas.

Allí narra cuando, con tan sólo 25 años, comienza escribir y prepara la presentación de su disco sobre el Rey Arturo. Recién salido del hospital, luego de haber sufrido un ataque en el corazón y en plena recuperación luego de tener que hacerse un doble by-pass. En esa época bebía unos dos litros de cerveza y una botella de vino, sólo en las comidas!. Era un alcohólico suicida. En esa época él y sus músicos solían dejar sin bebidas cada avión que tomaban. Una vida de alcohol sumamente destructiva. Así, y contra las recomendaciones médicas, se lanza con el Rey Arturo, uno de los peores negocios de su vida, su rick_wakeman1 primer quiebra económica y uno de los peores desastres económicos en la historia del rock. En el libro se ríe de esa época “dinosaurica”.

La presentación del Rey Arturo se hizo en el Wembley's Empire Pool, sobre hielo, porque su capricho era hacerlo en ese lugar y estaba, por esa fecha, el estadio preparado para que a la semana siguiente se presentara “Holyday on Ice”. Así es como decide que todo lo preparado sea hecho sobre hielo. Un show costosísimo sin ninguna posibilidad de recuperar ni mínimamente ese dinero. Una bancarrota que sólo luego de su éxito anterior (“Viaje al Centro de la Tierra”) podía enfrentar. Lo perdió todo.

Mientras leía anécdotas de ese estilo, me entero que a pocas horas de distancia de donde estoy, podía visitar a “Camelot”, no tuve dudas. Allí fui.

IMAG0174El sitio no es muy sobresaliente, quizá lo sea su catedral, que es sumamente valiosa en términos históricos, pero preferí terminar el recorrido en el “Royal Oak, the oldest bar in England”. Seguramente habrá otros bares que también se disputarán ese título, pero en definitiva es otra leyenda.

Cali

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Ya que estamos, Wakeman en Buenos Aires

domingo, 4 de mayo de 2008

Un Viaje

En estrecha vinculación con la anterior entrada, quiero compartir este trabajo de un querídismo amigo, que ya he nombrado aquí y que ha hecho comentarios siempre llenos de sensibilidad, Pedro De Carlo. Este "viaje personal", su viaje personal, tiene para mi una fantástica sincronía con mi viaje y que nos llevó a encontrarnos haciendo un programa de radio pensando en verde + música a mediados de los '80. Había sido casi la misma música que habíamos escuchado con curiosidad y furia y las mismas lecturas devoradas sin pausa. Por eso después de escribir "Ritual" me acordé de este texto que me lo envió hace una bocha de años. Lo busqué en las entrañas del rígido y ahora lo quiero compartir. La música que acompañó esta noche larga, ya con el mate frío, fue "Parte de Volar" de Pedro Aznar.
Cali

Rock, Generación Beat y Contracultura
Un viaje personal

por
Pedro De Carlo

Un profundo agradecimiento a Sergio Pujolquien hizo que ir a clase fuera un placer.

Beat

El auto a ciento cincuenta por hora, el auto que maneja un Dean Moriarty lleno de heroína y alcohol, con Sal Paradise pasadísimo también a su lado, a-zu-lado, azul de tinta y rollo de papel de teletipo… El auto se desarma, un Hudson modelo 49 rotísimo que sucumbe bajo estos humanos salpicados se semen y fluído vaginal frío, estos humanos caóticos, repulsivos, egoístas, celestiales, que nacen y mueren todos los días al “american way of life” y perforan los ojos y los oídos del norteamericano promedio que ríe y/o llora frente a la pantalla con Doris Day y Rock Hudson.

Moriarty y Paradise son personajes de la novela “On The Road” (En el camino) de Jack Kerouac, donde Paradise es el mismísimo Kerouac y Moriarty, su amigo en la vida real Neal Cassady. Junto al poeta Allen Ginsberg (autor del mítico poema “Aullido”) y al escritor William Burroughs, fueron el núcleo de la “Beat Generation”.

(Aullido. Aullidos. Me pisan el pie. Viajo en el colectivo 122 lleno y hace 40 años murieron Kerouac y Cassady; Hudson hace 20, Ginsberg y Burroughs hace 10. Doris Day sigue viva.)

A mitad de la década del 40, tres personajes coinciden en la Universidad de Columbia, en Nueva York: Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs. Buscones, alucinados, extremos, sedientos de una vida con significado e incapaces de tragarse el anzuelo de una vida exitosa en “la tierra de las oportunidades”. Su insatisfacción tiene hondas raíces en el siglo XIX: Thoreau, Emerson, Whitman. Algo suena en esas cabezas ventiladas (no tanto huecas), algo les retuerce las tripas además del alcohol, las drogas duras y blandas, la benzedrina y el hambre atrasado. Algo les falta, y salen a la ruta a buscarlo. Algunos más se arriman a la búsqueda, no muchos. El libro “En el camino” que Kerouac publica en el 57 les da visibilidad pública entre los jóvenes y un despectivo espacio en las columnas freaks de la prensa establecida. La historia los recordará como la Beat Generation: beat por beatitud, por espiritualidad, aunque también por apaleados, golpeados (beaten).

Los beatniks no buscan acólitos, se muestran vulnerables, bebiendo jazz, el bebop de Charlie Parker, Miles Davis, Coltrane, un jazz no bailable, un jazz ritualista, improvisado, espontáneo, que se toca y se escucha en cuevas marginales, colmadas de negros y hipsters (blancos raritos fascinados por la cultura negra). Insatisfacción, búsqueda, literatura, música.

¿Encontraron lo que buscaban?

Kerouac y Cassady murieron jóvenes, después de dar vueltas por el país y un poco más lejos y girar sobre sí mismos hasta el agotamiento, probando de todo.

Ginsberg y Burroughs vivieron largas y provocativas vidas literarias.

Sin proponérselo, plantaron una semilla.

Rock

Por algún lado hay que empezar, y busco la punta del ovillo entre la nebulosa mezcla de sentimientos, recuerdos, discos de vinilo, revistas y mis propias notas de la época.

A fines de 1975 yo no sabía nada de contracultura, ni de Beat Generation, y mi único contacto con el rock eran los éxitos de Los Beatles, Satisfaction de Los Rolling Stones y las canciones más conocidas de Los Gatos, Muchacha Ojos de Papel de Spinetta, y de ahí para abajo, Sandro, La Joven Guardia, Los Náufragos, más clarito: lo que había en los medios (que era muy poco; predominaba el tango y el folklore y algo melódico). Ninguno de mis amigos era melómano.

Alguno había comprado el disco Melody de Los Bee Gees después de que vimos la película en el cine del barrio.

Yo terminaba la escuela secundaria con muy buenas notas en un colegio “exigente”: el Superior de Comercio. Había empezado a trabajar durante las vacaciones para tener “mi plata” y pensaba ingresar a la Universidad Tecnológica para estudiar química. Mis diversiones eran las salidas con mis amigos del barrio, algún baile o cumpleaños de quince, ir a pescar, las artes marciales.

Hasta ahí, todo tranquilo.

Y la música atraviesa esta historia. Esto es como decir: los dados están cargados, hay trucos, movimientos extraños detrás del escenario, revelaciones súbitas, surgen las propias razones que ella despierta.

Quizás el día en que por primera vez esuché “El lado oscuro de la luna” de Pink Floyd fue un primer paso un un camino alternativo a “lo que se esperaba de mí”.

Una tarde de noviembre, Mario, un amigo que siempre estaba unos pasos adelante del resto en muchas cuestiones, había conseguido prestado el disco. Y allí estábamos reunidos frente al combinado Audinac de su living.

Ese combinado, que estaba acostumbrado a reproducir cosas como “Música para Soñar y Reposar” del Selecciones del Reader`s Digest, comenzó a hacer vibrar nuestros estómagos con los latidos del inicio de “Breathe”. ¿Qué era eso? Y más: sonaban relojes, risas, gritos, sonidos electrónicos… No sabíamos nada de inglés, ahí estaba esa tapa “cardíaca”, no había fotos de los músicos… sobriedad… y juego a la vez. Una seductora voz femenina gemía interminablemente al final del lado uno, realmente un “Gran Baile en el Cielo”, y esa guitarra “estirada”, sensual… allí había drama, melancolía, comedia, voces… era como una película en disco, un viaje. En los días siguientes toda la barra desfiló delante del Audinac para escuchar “ese disco raro”.

Algo importante nos pasaba mientras escuchábamos “El lado oscuro de la luna”… esto no era sólo entretenimiento, pasar el tiempo… más allá de la novedad de esos ruidos extraños… había algo atractivo en esa obra única… Razones aparte, el disco se había instalado en el Audinac para quedarse.

Ahora, gracias a internet, sé que en ese álbum Roger Waters intentó plasmar las presiones de la vida moderna: el tiempo, el dinero, la locura, la violencia, cómo ser fiel a uno mismo en medio de todo esto; todo empaquetado en un disco conceptual, que fue parido en medio de giras, proyectos y ya desde 1972 había sido un éxito en USA y Europa, adoptado por millones de jóvenes como símbolo.

Nada de esto sabíamos. No entendíamos casi nada de las letras. No sé cuál fue el mensaje que finalmente captamos: de todos modos, a principios de 1976, me compraba mi primera fuente de
música: un grabador Ranser, con estuche de cuero, y los primeros cassettes: unos tibios Carpenters, Simon & Garfunkel y el compilado Por Siempre Beatles. Más tarde, gracias a información pasada de boca en boca: Relayer de Yes. Y ahí se iniciaba la ceremonia de escuchar música” en mi habitación.

Contracultura

En marzo del 76, yo ingresaba a la Facultad y la Argentina ingresaba a la dictadura más sanguinaria
de su historia. En mi ambiente familiar antiperonista se respiró con alivio cuando la dupla Isabelita/López Rega fue reemplazada por militares serios que pondrían orden en el país. Comenzaron a salir en los diarios informes sobre enfrentamientos con “la subversión apátrida”. ¿Y quién de la barra leía un diario? La censura en los medios, en la actividad de los partidos políticos, no nos interesaba. Por nuestra edad, no habíamos vivido la efervescencia política de fines de los 60 y principios de los 70.

Tampoco teníamos hermanos mayores que hubieran estado en eso. Cuando deberíamos haber nacido a la vida política, el paisaje era un desierto. Llevábamos los documentos encima, nos bajaban de los colectivos para revisarnos... no era asunto nuestro. Nos sentíamos invisibles para todo esto, y de hecho, lo fuimos. Tuvimos suerte, nada más.

A principios de 1977, cuando ya era feliz poseedor de un “equipo” Ken Brown, mi discoteca ya tenía una docena de discos (un montón: Pink Floyd, Yes, King Crimson, Génesis, E,L&P, algo de Sui Generis, Mike Oldfield) y manejaba alguna información sobre el mundo del rock gracias a la revista Pelo, llegó a mis manos el Expreso Imaginario.

Desde la tapa se veía que no era una típica “revista de rock”: el gran formato tipo diario, la foto de un pescado en la tapa (¿ningún músico?), y adentro mucho material para leer: en ese número por ejemplo, Leonardo da Vinci, el Apocalipsis, indios Guajiros, Peter Gabriel, Claudio Gabis, el acto creativo…

¿De dónde salía esa mezcla de ideas extrañas a la Argentina modelo 77?

Diez años atrás, a mediados de los 60, los beats ya estaban más o menos incorporados a la escena underground en las artes norteamericanas. La semilla había empezado a germinar. El descontento con las formas socioculturales en vigencia y las búsquedas derivadas se nuclean alrededor de un fenómeno de masas: el rock. Es la música que funciona como aglutinante de varias manifestaciones culturales acerca de una nueva forma de ver el mundo: una contra-cultura, una cultura alternativa bajo la forma de ideas de vida comunitaria, autogestión, artes visuales, libertades individuales, sexualidad libre, pacifismo, ecologismo, drogas prohibidas. Aparecen The Beatles, Bob Dylan, The Rolling Stones. En 1969, Woodstock deja boquiabiertos a propios y extraños, donde un movimiento despierta tropezando e intenta proponer otra sociedad a través de la experimentación.

La gente que hacía el Expreso había vivido esa experiencia o tenía acceso a esas fuentes y estaba distribuyendo esa ensalada contracultural, y nosotros la saboreábamos y digeríamos, a pesar de nuestro contexto, muy distinto al del primer mundo. Esas propuestas eran pinceladas de una vida posible, que nos hacía latir el corazón y abrir los ojos para ver lo que no estaba en la Facultad, ni en Tv ni en las otra revistas. El expreso hablaba de una vida provocativa, más jugada, espontánea, donde importaba lo que sentíamos, donde había gente que ya lo había hecho….

Escribe Hanif Kureishi en el delicioso ensayo “Ocho brazos para abrazarte” que para ellos, los jóvenes ingleses de fines de los 60, una puerta se abrió cuando vieron A Hard day’s Night, la película de los Beatles. Para mí esa puerta fue el Expreso Imaginario.

Y una vez que una puerta se abre, pasan cosas. Un par de meses después, en junio, yo tenía 19 años recién cumplidos. Volvía en colectivo de comprar el Expreso y ya lo iba leyendo, parado durante el viaje. Página 2, correo de lectores, el dibujo de Fontova de una estrellita al pie de una carta firmada por una tal Sandra Russo. Leo.

Tengo 18 años; casi casi 19. El año pasado estudié sociología, ¿sabés? Largué porque me rayaba, porque soy demasiado tarada como para concebir algunas cosas.
Soy tan tarada que a veces no entiendo el agua. A veces ni entiendo el cielo: lo miro y lo miro y no lo entiendo. Y mirá si seré tarada que todavía creo en la libertad, en la no-etiqueta, en la poesía y en las carcajadas.”

Ehhh… sí, sí, seguí Sandra…seguí… es eso, es así…

“ A los 15 años me llegó a las manos un libro que me abrió 1000 puertas y me acompañó en los momentos feos, y me siguen acompañando desde entonces: DEMIAN, de Herman Hesse. En él encontré que no era yo la primera criatura viviente que quería vivir y no sabía cómo...

Hay una frase, una de las tantas: sólo intentaba vivir aquello que tendía a brotar espontáneamente de mí. ¿Por qué habría de serme tan difícil?”

¿Cómo decís, Sandra? ¿Se puede intentar vivir lo que “brota espontáneamente” de mí?¿Está bien hacerlo? La respuesta llegaba desde algún lugar dentro mío: sí, se puede, y está ok.

La carta mostraba a una chica pensante, crítica, jugada, a quien le gustaba el rock. Una lectora, alguien desde “mi lado” en su relación con el Expreso, le ponía el cuerpo a esa historia contracultural.

En las semanas siguientes, leí Demian y Siddharta de Hesse, y me animé a acercarme (con éxito) a una hermosa chica que viajaba conmigo todos los días en el colectivo hacia la Facultad.

Muy bien… y además de esto ¿cómo me influyó el Expreso?

Bueno, el Expreso no me hizo salir para Macchu Picchu, ni usar sandalias, ni dejarme el pelo largo (ni eso!), ni… Yo y mis amigos éramos chicos de barrio, clase media, educados en la cultura gringa que valoraba el esfuerzo sobre todas las cosas: estudiábamos en la Facultad, trabajábamos…etc, etc.

Sigue diciendo Kureishi: “…los afortunados, en Inglaterra, podían refugiarse en las escuelas de arte…” ¿y nosotros? En nuestros cuartos, con nuestros discos, libros, escuchando algo de radio… y en nuestras mentes y nuestros espíritus: allí buscábamos nuestro lugar. El Expreso ayudó a que yo encontrara un lugar, afirmara un tipo de identidad que quizás se reflejó en mi actitud crítica al “sistema”, encauzó mis búsquedas espirituales, mis simpatías estéticas, no sólo en la música… un lugar alternativo, un espacio al costado de las “obligaciones”, del mundo opaco de la Facultad y el trabajo. Una bocanada de aire fresco, que se renovaba una vez al mes al volver del kiosko de revistas.

Beat + Contracultura

En 1979 yo cursaba el 4to año en la UTN, estaba oficialmente de novio, ya habían transcurrido dos años de leer el Expreso, mis discos ocupaban un estante completo bajo la bandeja giradiscos, me había comprado una guitarra Fratti Telecaster donde dejaba volar mi balbuceante creatividad musical.

Y otra vez el colectivo como un lugar de iluminación, de encuentro. Estoy parado, leyendo el Expreso Imaginario que acabo de comprar, tiene una tapa muy verde, con unas cabras pastando y un solo titular: ¿te acordás de la naturaleza? Ese Expreso publica un extenso reportaje a Gary Snyder (6 páginas que continuarán en el número siguiente). ¿Quién era este tipo? Snyder había sido compañero de aventuras de los Beatniks. Antropólogo, ecologista, practicó varios años zen en Japón, ganador del premio Pulitzer de poesía.

Snyder inspiró al personaje central (Japhy Ryder) en la novela “Los vagabundos del Dharma” de Kerouac. En una temporada en los bosques, donde él vivía, les enseñó a esos beats ferozmente urbanos (Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti, Corso y varios más) a percibir la naturaleza, a ampliar sus conciencias, a estar atentos al hecho de… vivir.

Snyder estaba envuelto desde los 60 en proyectos comunitarios, en la vuelta a la tierra. Decía cosas como “mis amigos y yo vamos a estar en este lugar por los próximos 2 o 3 mil años…”, “necesitamos pensar en escalas mayores de tiempo…”, “la naturaleza es mi maestra, mi ejercicio la vida”, “ si lo que los hindúes, los cristianos, los shoshone, los budistas y los hopis sugieren es cierto, entonces toda la civilización tecnológica-industrial-de consumo está equivocada”…¿qué más? Mucho más…el Expreso del que estoy leyendo esto está profusamente subrayado por mí con lápiz.

Snyder en lugar de huír hacia delante, avanzó hacia adentro. Y acá aparece un tipo que pasó por la
generación beat, la contracultura, y llegó a alguna forma de vida plena.

En “Ocho Brazos…” Kureishi también dice: “…no teníamos modelos para imitar…”. Nosotros tampoco. Y Snyder para mí representó el ideal del tipo lúcido, comprometido, serio, medido, iluminado, que pisaba terreno firme: perfecto! He aquí un modelo a seguir, hasta en la campera!

Y el rock? El Expreso publicaba esto en momentos en que se desinflaba el hipertrofiado rock sinfónico y aparecía otra vez la necesidad de “decir algo” aunque sea con tres acordes: el punk fue la respuesta. Yo me animé a traerme de las bateas de discos “en oferta”: “Marquee Moon” de Television y “This Year’s Model” de Elvis Costello, dos productos totalmente atípicos para mi discoteca “sinfónica”, y el de Costello particularmente, se sostuvo firme en la bandeja tocadiscos.

En ese Expreso también había una extensa nota sobre “Salsa”… pero a tanto no me animé…

La decadencia de los grupos progresivos me acercó al jazz rock, y más tarde a las carreras solistas de los líderes de las bandas sinfónicas: Peter Gabriel, Roger Waters, Robert Fripp, Pete Townshend, Jon Anderson.

Síntesis

En el lado de ellos: el exceso, la fiebre, el extremo, la locura, la aventura; después la experimentación, la música, las drogas, el sexo libre, las comunidades, las marchas, los festivales…

De nuestro lado: una adolescencia de clase media argentina, unos discos, unas revistas, los libros, el deseo, la búsqueda, la intuición.

Me animo a decir que las preguntas que se hicieron los beatniks tienen vigencia hoy. La búsqueda de una vida con significado todavía tiene sentido. La historia no termina con un reproductor de mp3 en la oreja de cada uno. El sistema no busca nuestros mejores intereses, como dice Matt Groening, creador de Los Simpsons; entonces es necesario (como intentó y a veces logró la contracultura) pensar y erigir alternativas a la manera de convivir, de alimentarse, de aprender, de decidir sobre nuestras vidas. Y además, hoy como ayer: ¿donde está la pasión? ¿el juego? ¿y aquellos ojos brillantes?

Bibliografía

Textos (en papel)

“Ocho brazos para abrazarte” – por Hanif Kureishi - Revista Clasica/dic.2000
En el Camino (On the road) – por Jack Kerouac – Ed.
Bruguera / Libro Amigo (1ra. Ed. 1982)
Contracultura para principiantes – Kreimer, J.C. y Vega, Frank – Ed. Era Naciente (2006)
Revista Expreso Imaginario
Revista Zaff
Revista Pan Caliente

Textos (web)

Wikipedia http://en.wikipedia.org
Consultada sobre la historia y discografía de los grandes grupos de rock progresivo.
Terriles, Ricardo A. – “La clausura de una utopía: El viaje de Expreso Imaginario” – tesina
presentada en Fac. Cs. Sociales/UBA – Lic. Cs. Comunicación -

www.mediosydictadura.org.ar/academicos/tesinas/terriles_expreso.rtf
Russo, Sandra – El brillo invisible, la sed verdadera – diario Pag /12 – 4/9/04
www.pagina12.com.ar/diario/espectaculos/subnotas/40591-13980-2004-09-04.html
Russo, Sandra - El que ríe último – diario Pag /12 – 21/01/06
www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2006-01-21.html
Aullido, por Allen Ginsberg - http://webs.uolsinectis.com.ar/ecomultiversidad/poesia.html
Tapas de Revista Pelo –
www.magicasruinas.com.ar

Video

Classic Albums, The Making of The Dark Side of The Moon
Time/Life - History of Rock’n Roll
BBC – Rock Family Tree – The progressive years
King Crimson – Neal and Jack and Me
A jazz summer day (1958) – Newport Jazz Festival
Bird – (1988) – dir. Clint Eastwood

Rebel without a case (1955) – dir. Nicholas Ray – c/James Dean, Natalie Wood

La música que acompañó la realización de este trabajo:

The Dark Side of the Moon; Wish you Were Here – Pink Floyd
The Yes Album, Fragile, Close to the Edge, Relayer,Yesterdays – Yes
Foxtrot, Selling England by the Pound, A trick of the tail, Wind &Wuthering – Genesis
Red, Beat – King Crimson
Pequeñas Anécdotas sobre las Instituciones – Sui Generis
Shadows and Light, Blue – Joni Mitchell

sábado, 3 de mayo de 2008

Ritual

Hay artistas a los que definitivamente subsidio, en cualquier caso. Y lo hago porque me gustan y porque les tengo un agradecimiento infinito de por vida por lo que significaron en algún momento para mí. Hay muchos y diversos, y las razones para “subsidiarlos” también difieren de caso en caso. Pero han sido importantes y siguen siendo importantes.

Tal es el caso de Yes, con quienes aprendí a abrir la cabeza para escuchar música, aprendí a pretender cada vez un poco más en lo que escuchaba (de allí, tal vez, su criticada “pretenciocidad”) y aprendí que puede hacerse rock tocando y cantando bien, evitando los “yeites” y los lugares comunes de los grupos de rock en los que se mezclan desde un pavote machismo, frivolidad, un controlado “descontrol” para la muchachada y una cada vez más rancia y conservadora manera de pensar. Yes es grupo nacido para ser una permanente afirmación de sus creencias musicales y su ideario “progresivo”.

En el año 1975 llegué a escuchar por una AM de Rosario (no recuerdo si era LT3) desde Juncal, un pueblo perdido en la llanura santafecina, a Poli Román ("La Cueva Joven”) pasando en un segmento “progresivo” un cachito de “Close to the Edge”, hasta hoy recuerdo a Poli Román anunciando Total Mass Retain" y después… una catarata de sonidos inolvidable. Desde ese momento, nunca me despegué de ellos.

Hace dos noches, tuve el final de una serie de días bastante malos, y siempre la música de Yes tuvo cierto poder curativo para mí. Así que me fui a dormir con el disco 2 del DVD, comprado este verano, “Songs from Tsongas”, que contiene la segunda parte del concierto de cierre de la gira por los 35 años de la banda. Esta segunda parte arranca con un set acústico excelente (Roundabout en ritmo de blues!) para luego retornar al formato conocido. “Maravilloso poder tocar esta música en el siglo XXI” dice Anderson antes de iniciar “Ritual”… y el poder “curativo” funcionó otra vez y una vez más debo agradecer a esta gente y ya les debo…

Cali


Songs From Tsongas es un DVD que contiene el concierto de Yes del 15 de mayo del 2004 en el Tsongas Arena in Lowell, Massachusetts. Este concierto fue parte de la gira por los Estados Unidos con motivo del 35 aniversario de la banda.

"Songs fromTsongas" (2005)

Disc 1 (65:17)

1. Intro/Firebird suite (1:56)
2. Going for the one (5:20)
3. Sweet dreams (6:34)
4. Your move/I’ve seen all good people (6:37)
5. Mind drive Part 1 and 2 (6:56)
6. South side of the sky (9:56)
7. Turn of the century (7:50)
8. My eyes/Mind drive part 3 (6:51)
9. Yours is no disgrace (12:17)

Disc 2 (85:14)

1. The meeting room/The meeting (3:24)
2. Long distance runaround (3:28)
3. Wonderous stories (4:05)
4. Time is time (2:32)
5. Rounabout (5:45)
6. Show me (3:56)
7. Owner of a lonely heart (4:30)
8. Second initial (5:00)
9. Rhythm of love (5:13)
10. And you and I (11:08)
11. Ritual (19:01)
12. Every little thing (4:53)
13. Starship trooper (12:19)

Total Time: 150:31

- Jon Anderson / vocals
- Chris Squire / bass
- Steve Howe / guitars
- Rick Wakeman / keyboards
- Alan White / drums