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sábado, 17 de mayo de 2014

Insensatez (9)

Vuelvo a repasar un poco de música recorriendo diferentes versiones del gran tema de Tom Jobin y Vinicius de Moraes, Insensatez. Ya mostré versiones de todos los colores y hay muchas más.

En este caso vamos a una versión del propio Jobim esta vez junto a Sting. Transcribo aquí unos párrafos de sentirdespuesdeescuchar.blogspot.com/

How Insensitive (Insensatez) - TOM JOBIM & STING

"How Insensitive" es la traducción al inglés de "Insensatez" uno de los standard más famosos de la música brasileña, compuesto por el gran Antonio Carlos Jobim y con letra de Vinicius de Moraes. El tema está basado en el Preludio nº 4 de Chopin con ese aire suave y melódico de la bossa nova, de las que estos autores son los grandes maestros.

Jobim ha grabado esta canción en innumerables ocasiones con los más variados artistas, y se han hecho también muchas versiones, desde casi todos los cantantes brasileños de bossa nova hasta lo más importantes interpretes americanos e internacionales de jazz. En 1994 Jobim incluye de nuevo su tema en el disco "Antonio Brasileiro" contando en esta ocasión con la colaboración de Sting, que aporta esa voz tan característica y que funciona tan bien en canciones como esta. Una verdadera joya de la música.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Pesimismo climático

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Este comentario que voy a hacer tiene vínculos con cinco fuentes diferentes.

Por un lado, la información y reflexiones contenidas en tres notas del blog de Los Verdes realizadas por los colegas Pablo Bertinat, Carlos Merenson y Roque Pedace. Una entrada en mi blog personal, Tester de Violencia, en la que expongo a comienzos de este año mi preocupación e incipiente pesimismo respecto de la política internacional en relación al cambio climático. Esta entrada es, en cierto sentido, continuidad de aquella. La última y quinta fuente es un libro que gentilmente me regaló Paula Brufman hace unas semanas, “Réquiem para una especie”, de Clive Hamilton. Hamilton es un catedrático que ha sido recientemente candidato por Los Verdes en Australia y que por esas cosas de las sincronicidades, terminé de leer su libro y el mismo día me entero de su visita a la Argentina, para participar un Seminario sobre Cambio Climático en la ciudad de La Plata.

Para decirlo francamente, creo que el tiempo para actuar y evitar las peores consecuencias del cambio climático se nos está escurriendo de las manos. Y no hay ninguna intención seria de que tal cosa no suceda. Digo esto, porque sencillamente la mayoría de los gobiernos, como sucede en la Argentina, no creen en el cambio climático, porque las empresas vinculadas a la industria de la energía prefieren seguir mintiendo y porque los economistas siguen engañando a la opinión pública con sus fábulas cada vez más evidentes.

El cambio climático, como bien nos lo explica Hamilton, es un giro cultural revolucionario, cambia completamente nuestra idea del futuro. Vivimos un tiempo en el que el “negacionismo” está ganando la partida, porque poderosos intereses privilegian el corto plazo, y porque poderosos mecanismo de autodefensa psicológica nos impiden asumir completamente la realidad. 

Nos encaminamos a una suba de la temperatura global de unos ¿4 grados? por encima de los niveles preindustriales. Eso configurará un mundo que tiene muy poco que ver con el que hoy conocemos. ¿Cuándo? Para cuando nuestros hijos tengan 40 o 50 años. Mañana, para ellos.

Nada de lo que hay que hacer en estos años se está haciendo. Todo lo que vemos son medidas, en el mejor de los casos, superficiales. En otros, maquillaje.

Enfrentar seriamente el cambio climático significa comenzar a introducir los cambios que, entre otros, el IPCC nos recomiendan hacer. La tarea significa, por ejemplo, que las emisiones de CO2 globales comiencen a descender a partir del año 2015 en adelante, podemos dilatar ese punto de inflexión al 2020, pero la curva de reducciones posterior deberá ser mucho más pronunciada. En cualquier caso, es algo de lo que estamos a una distancia enorme, imposible de arrimarnos siquiera sin mediar cambios radicales en política internacional.

El descenso que debería ocurrir sería llevar esa curva a un descenso casi absoluto. Eso se puede ver en la siguiente figura que se publicó en la nota “El síndrome de Xantos”:

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Esta curva de decrecimiento de las emisiones es lo que posibilitaría limitar la elevación de la temperatura global a 1,5°C, límite que hoy se considera el “máximo tolerable”, por decirlo de algún modo.

Pero el mundo no está en ese camino. Ninguno de los países grandes emisiones está preparándose para contribuir a un sendero de emisiones como el que se muestra. Ningún país de los denominados “en desarrollo” piensa en limitarse en el crecimiento de sus emisiones. La debilidad de las negociaciones internacionales son un reflejo de esa nula vocación climática. Los emisores menores no quieren dejar de lado el espejismo de emular al “primer mundo”. Allá vamos entonces.

Veamos algunos números. Las emisiones globales actuales superan los 30 Gt o sea 30 mil millones de toneladas de CO2. En general, todas las discusiones en torno a la reducción de esa cifra se centran en los cambios tecnológicos. Claro que es indispensable tal cambio y es parte sustancial de lo que debe ocurrir. Pero ¿es suficiente? Esa es la pregunta que nadie quiere responder con claridad y se evita, por lo tanto, lo que de ella se deriva.

Recientemente, Carlos Merenson, en una de sus charlas, construía con extrema simpleza la conocida ecuación IPAT (I = P x  A x T), el nivel de impacto ambiental (I) depende de la población (P), del nivel de abundancia (A) y de la tecnología (T). En una expresión simplificada de esa ecuación podría decir lo siguiente:

Partiendo de la igualdad:

CO2 = CO2 

Es posible multiplicar y dividir el segundo término por el PBI y la igualdad se mantendrá:

CO2 = PBI x CO2/PBI

CO2/PBI es el coeficiente que nos dice cuántas emisiones de CO2 se producen por cada unidad de PBI. Aquí es donde el factor tecnológico es esencial, este cociente nos indica cuán carbonizada está la economía.

¿Qué pasa si multiplicamos y dividimos por la población?:

CO2 = P x PBI/P x CO2/PBI 

PBI/P nos señala el nivel promedio de ingresos de la población, el PBI per cápita. Es el factor A (abundancia) en la ecuación IPAT.

La población mundial (P) es hoy de 6,6 mil millones de personas. El PBI/P está en unos 5.900 dólares, por supuesto es un promedio global, las cifras varían enormemente entre ricos y pobres. Finalmente, el cociente CO2/PBI es hoy de unas 0,76 toneladas de CO2 por cada mil dólares de PBI.

Si sacamos la cuenta: 6,6 mil millones x 5,9 x 0,76 = 30 mil millones de toneladas = 30 Gt, un valor que ronda por el verdadero valor de las emisiones globales.

Hay una tensión entre esos tres factores a la hora de reducir emisiones. Mientras la población crece, todos los programas económicos procuran incrementar el PBI per cápita lo que hace que toda la carga en la reducción queda en el tercer término. ¿Podemos provocar las reducciones necesarias basándonos en ese sólo factor?

Clive Hamilton utiliza esta fórmula para indagar qué chances existen de lograr una estabilización de concentraciones de CO2 en la atmósfera en 450 ppm. Un valor excesivo comparado con los 350 ppm considerado hoy como el valor deseable.

Para lograr esa concentración deberíamos estar en unos 4 Gt anuales en el 2050. Insisto, bastante más que lo que señala el gráfico con el sendero de emisiones en base a los 350 ppm.

En el 2050 la población mundial rondará los 9,2 mil millones de personas. Supongamos que las tecnologías de fuentes renovables de energía, la eficiencia energética y demás políticas de reducción de emisiones logran reducir el factor tecnológico en un 80%, es decir que de 0,76 pasa a 0,15 toneladas por cada mil dólares de PBI. Si el PBI crece durante ese período 1,75% anual eso nos dará que en el 2050 tendremos emisiones de 17 Gt. Como vemos, lejos de las 4 Gt, una catástrofe. En tal caso podemos seguir apostando a una reducción del factor tecnológico del 90%, es decir, pasar de 0,76 a 0,076 toneladas de CO2 por cada mil dólares de PBI. En ese caso las emisiones en el 2050 serán cerca de 9 Gt! Lejos de las 4 Gt.

Como vemos la tarea es muy difícil y casi imposible para un mundo que sigue inaugurando plantas de carbón, sigue abriendo nuevas fronteras de hidrocarburos en plataformas submarinas o en petróleo o gas “no convencional” o apuesta a despilfarrar dinero en centrales nucleares, el método más caro y lento para bajar las emisiones.

Recordemos además que la población mundial, en el mejor de los casos, tenderá a estabilizarse y que el PBI será obsesivamente empujado hacia arriba antes y después del 2050.

Es claro que si no reducimos de manera convergente las emisiones por medio de la tecnología y al mismo tiempo reducimos el crecimiento del PBI, las chances de lograr objetivos climáticos como los que se han expresado en las cumbres (limitar la suba a 2°C), son bajísimas. Cualquier escenario nos está marcando que vamos a una temperatura de 3 a 4 grados por encima de los niveles pre-industriales durante este siglo. Los escenarios globales con esa temperatura son realmente… preocupantes, pongámoslo así.

Por supuesto que los escenarios tecnológicos (eficiencia y energías renovables) nos están brindando la chance de poder realizar estos cambios. Esa transición en el abandono de los combustibles fósiles, con cierta rapidez, nos deja margen para que las restricciones que deberíamos aplicar en el PBI se vean sensiblemente reducidas. Pero nada indica que vayamos velozmente por esa vía. Y debemos hacerlo, porque pensemos que un factor de la ecuación empuja hacia el desastre en materia de todos los recursos naturales, renovables como los no renovables. No hay clima ni planeta que aguante, de eso se ha publicado bastante. Frente a esta escenarios está claro, como dice Hamilton, conviene practicar algunas de las variantes del “negacionismo”, por conveniencia (política o comercial), o por autoprotección mental, o por cansancio.

No quiero extenderme sobre los conceptos que ya he desarrollado en “mi deseo para este año”. Nada ha cambiado de lo que en ese artículo digo.

Quiero dejar un par de datos, sólo para la reflexión y la angustia final. Un mundo de 4 °C significa un suba del mar de… no se sabe, 20, 40, 60 metros sobre el nivel actual. Depende cuanto resista el hielo de Groenlandia. Los glaciares de Cuyo, que tanto nos han preocupado estos años serán datos y fotos de un mundo que ya fue.

Nada de todo esto es un “cuadro” armado por ecologistas. “Negacionistas”, escuchen lo que dicen sus socios: hace unos días, en el centro neurálgico del poder económico argentino, en el XIX Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), Volker Laabs, de Basf de Alemania, entre otros puntos recomendó usar riego de avanzada, minimizar la evaporación del suelo, cuidar reservar de agua y buscar soluciones para administrar recursos escasos. "Para 2050, dos de cada tres personas vivirán en condiciones de sequía o estrés"; dijo.

2 de cada 3, unas 6.000 millones de personas. Yo no estaré para ver eso, aunque dejé testigos, caray.

Cali

"If I Ever Lose My Faith In You"

You could say I lost my faith in science and progress
You could say I lost my belief in the holy church
You could say I lost my sense of direction
You could say all of this and worse but
If I ever lose my faith in you

There'd be nothing left for me to do
Some would say I was a lost man in a lost world
You could say I lost my faith in the people on TV
You could say I'd lost my belief in our politicians
They all seemed like game show hosts to me
If I ever lose my faith in you

There'd be nothing left for me to do
I could be lost inside their lies without a trace
But every time I close my eyes I see your face
I never saw no miracle of science
That didn't go from a blessing to a curse
I never saw no military solution

That didn't always end up as something worse but
Let me say this first
If I ever lose my faith in you
There'd be nothing left for me to do

viernes, 13 de noviembre de 2009

“¿Qué estás pensando?” (Facebook)

Francamente no tengo estadísticas ni nada que me permita decir que los blogs decaen frente a las autodenominadas “redes sociales”. Acorde a los especialistas que opinan en la nota que reproduzco abajo parece que al menos dejarán de crecer. Lo que sí veo es una explosión de Facebook que sorprende, prácticamente la totalidad de las pantallas están en Facebook a toda hora. En cualquier lado que hay una pantalla encendida, aunque sea a escondidas en el trabajo, emerge el universo Facebook. En otras geografías son más populares otras “redes”, pero Facebook reina por aquí, sin dudas. No dejo de sorprenderme, Facebook es una especie de reality show de sus vidas y las de sus “amigos”.

No puedo juzgar la validez, la utilidad o el rol social profundo que está jugando Facebook. Pero me sorprende leer tantos detalles, micro-sensaciones, nimiedades varias y reacciones epidérmicas, todas breves e instantáneas. Todavía no comprendo mucho ese universo. Quizás soy de una generación donde las cosas eran mucho más sólidas: opiniones, ideas, relatos, historias y conflictos. Confieso que me abruma, me sorprende, pero no me animo a calificar del todo. Veo situaciones tales como que alguien coloque que se va a dormir porque tiene sueño y eso desencadena unos cuantos comentarios. Aunque mucho más sorprendente es que yo puede leer eso!.

Cuando comenzó el boom de internet solía decir que alguna gente “navegaba” en internet, mientras otra gente “naufragaba”. Ahora, en Facebook, como objeto central de comunicación, nos coloca a todos en calidad de “náufragos”. Tiramos mensajes esperando una reacción, un eco, un “toque”. A veces entro a Facebook como se entra a mirar una película de náufragos y termino siendo parte del elenco.

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El apocalipsis de los blogs

Las redes sociales –Facebook y Twitter– ponen en crisis el sentido de las páginas personales. La discusión es si se terminan o se transforman.

Patricio Barton, diario Crítica, 09.11.2009

El eterno fin. En tecnología, lo nuevo mata a lo viejo: hoy les toca a los blogs, mañana podrá ser el turno de las redes sociales.

“Internet, como la conocemos hoy, ya fue”, advierte Leandro Zanoni –periodista y editor de e-blog, pionero en el universo blogger dedicado a temas de medios digitales y cibercultura–. “La web son computadoras conectadas, y no sitios web con direcciones fijas. Hoy los blogs no pueden prescindir de las herramientas de las redes sociales. Para los chicos ahora internet es Facebook, su contacto con la web empieza y termina ahí, casi no la usan para otra cosa. Con este panorama creo que los blogs encontraron su meseta, y es probable que cada vez surjan menos, pero los que ya están se van a consolidar aún más”.

Se estima que hay alrededor de 500 mil blogs argentinos, aunque censar lo virtual es una tarea tan sinuosa como inútil. Quizá como un resabio de la cultura analógica aún persiste la tendencia de cuantificar todo lo que sucede en internet. Pero la foto siempre sale movida, porque la web va más rápido. Durante la época de auge de los blogs (2005-2006) se decía que en el mundo se abría uno nuevo por segundo (86.400 por día si se quiere ser más espectacular, y 31.536.000 por año, si tiene ganas de hacer cuentas). Lo cierto es que el 30% de ellos era abandonado antes de los tres meses. O según Technorati –el buscador especializado en bitácoras– habría ahora algo menos de 100 millones. Nada dura demasiado en la web.

Hace un año la revista Wired –quizás el máximo referente del periodismo image tecnológico– anunciaba algo así como “la muerte de los blogs”, incluso la propiciaba. El periodista Paul Boutin hacía un llamado a no abrir nuevos blogs y recomendaba cerrarlos a quienes tuvieran uno. ¿Los motivos? Que la blogósfera ya no era un espacio expresivo y práctico, y que las nuevas herramientas de la web 3.0 (de las redes sociales) serían mucho más útiles y fáciles de usar. Las profecías funerarias son muy frecuentes en el universo de lo mediático: la fotografía mataría a la pintura, el cine a la fotografía, la televisión al cine e internet a la televisión. Pero no. En el libro El fin de los medios masivos (Ed. La Crujía, 2009) el especialista Hugo Kuklinski asegura que “todos los medios se reconfiguran con la convergencia” y que ninguno ha logrado “matar” a otro. En este sentido, “los blogs están mutando rápidamente y en esa mutación algunos creemos que se convertirán en otra cosa: ¿e-magazines?”, se pregunta.

En estas pampas, Zanoni sabe que su e-blog mutará pronto: “No sé si se convertirá en una aplicación o en qué cuernos, pero sí sé que si tenés un blog tenés que ir adonde esté la gente. Y hoy la gente está en las redes sociales. Ahí es en donde se puede sumar más público e incluso postear directamente y recibir comentarios que no son anónimos. O sea que también Facebook tiene algunas ventajas comparativas. Por ejemplo, hay una herramienta que se llama “Facebook connect” a través de la cual se pueden ver los perfiles que visitan a determinados blogs. Y todo va en esa dirección: las redes sociales son la cancha en la que se juega el partido. Facebook es una aspiradora de la web que se está chupando todo el contenido. Cualquier cosa que se está haciendo hoy en internet no va a poder evitar pasar por alguna red social”.

image Varios de los que antes pensaban hacerse blogueros, ahora se mudan a redes como Facebook y Twitter. Pero el éxodo, quizá, lejos de debilitar a los blogs, los fortalezca en su entidad: como espacios expresivos y refugios de autor. Al fin y al cabo el blog no es un género literario, sino una herramienta como tantas otras. “Hay blogs personales, grupales, literarios, de empresas, de lanzamiento de producto, diarios de viaje, de acciones publicitarias precisas. ¿Y qué tienen en común? Nada. Solamente el formato: el último post va primero, tiene un título, comentarios”, dice Zanoni, quien además destaca que el universo blogger en la Argentina está muy desarrollado, que hay muy buenos contenidos y “son cada vez más profesionales”. Los blogs se parecen cada vez más a los sitios web, y viceversa. Mientras las fronteras en internet son cada vez más difusas, sus tendencias y saltos evolutivos se presentan como espasmos. El surgimiento de cualquier cosa es rotulado como “boom” y su atenuación no puede hacer menos ruido: se la llama “muerte”. Por estos vaivenes han pasado “las puntocom”, “second life” y ¿los blogs?

Revisando evidencias podría decirse que quienes no tienen mucho para decir no pueden sobrevivir en la blogósfera. ¿Pero sí pueden tener larga vida en Facebook? image (los signos de interrogación fueron puestos para evitar demandas e insultos). “La mayoría de los blogs son unipersonales porque la motivación principal sigue siendo expresiva. Quizás el interés comercial llega después. Pero si surge antes, en general fracasan, porque pierden ese potencial de chispa que necesita el blog. Ninguno de los más exitosos surgió con la idea de hacer un negocio”, dice Zanoni –que además maneja una agencia de publicidad que pauta en blogs–.

Nadie sabe aún si en unos años –que siempre son pocos– los medios no estén anunciando “el fin de las redes sociales”, pisoteadas por un nuevo “boom”. Mientras tanto, allí están los blogs, glosados en estas líneas por un diario que aún se imprime en papel. En el reino del revés también hay ejemplos que funcionan como excepción: en Chicago y San Francisco mucho de lo que se publica en blogs sale impreso en papel en The Printed Blog, un curioso semanario que emprendió el camino inverso de la transformación mediática. Aunque más no sea para arrogarnos el curioso goce de la primicia, anunciamos aquí su próximo deceso.

domingo, 26 de abril de 2009

Signos Vitales

IMAG0387 Frecuentemente reviso algunos cajones y la biblioteca para retirar libros, revistas e informes que contienen información acerca de distintos tópicos que hacen al estado del mundo: desde la expansión del HIV, los gastos en armamentos, emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, crecimiento del mercado de paneles solares o el acceso al agua potable. En fin, lo que uno podría llamar los signos vitales del planeta y la sociedad. Por dónde marchan las cosas y cuáles son las tendencias a corto y mediano plazo.

Suelo retirar esas publicaciones una vez que ya tienen 10 años de antigüedad. Por razones de espacio y porque la información ya es entonces obsoleta.

Mucha de esa información hoy la bajo de internet y se trata simplemente de eliminar archivos si ningún tipo de miramientos. Cuando se trata de libros y papeles es inevitable pegarles una mirada antes de que vayan a la caja de papeles sin uso.

Hace unos días comencé a dar de baja una serie de libros. Lo primero que me hicieron recordar es que muchos de ellos provienen de la época del “uno a uno”, época en que era posible comprar libros importados o fuera del país fácilmente (no sólo whisky caro!) En esa rápida mirada pude recordar las cosas que pensaba y percibía en el momento que los leí. Las cosas no estaban bien hace un poco más de diez años, ni tampoco iban por el buen camino. Pero había un margen por donde suponer que era posible torcer la realidad. Ya era un margen estrecho.

Esa información provista, mayoritariamente, por entidades como el Worldwatch Institute y otros similares, no era información para quedarse tranquilo ni mucho menos. Siempre recuerdo la frase que alguna vez alguien dijo, e hice mía, “qué es ser ecologista?, un optimista bien informado”. A pesar que nada indica que vayan a salir bien las cosas, a pesar de las malas noticias que hay a montones para el que mira lo que pasa más allá del marketing y la publicidad, “tenemos el deber de la esperanza”.

Sucede que cuando veía algunos gráficos y curvas y las comparo con la situación actual, es como ver los análisis de un enfermo terminal a medida que se acercan sus días. Disculpen que pueda parecer catastrófico. Nunca lo he sido ni lo soy ahora. Sólo lean.

Quiero señalar sólo un caso, un signo vital, que será el parámetro que nos acompañará obsesivamente por bastante tiempo, muy probablemente, toda la vida de los que puedan leer esta nota. La evolución del Cambio Climático.

Hace diez años era posible imaginar que, en 1997, luego de haberse firmado el Protocolo de Kioto, habíamos dado un muy pequeño paso, pero un paso en la dirección correcta al fin. Más de diez años después ese paso no se ha concretado y todavía titubeamos en dar el próximo.

Si uno compara las chances que teníamos a finales de los ´90 para conducir el desarrollo global hacia un sendero de emisiones de gases de efecto invernadero que pudiera poner al cambio climático en un límite razonable, ahora nuestras chances son infinitesimales y más que un sendero, es un hilo cada vez más delgado, y que nos estrangula.

Hemos perdido el tiempo y agravado el problema. Ahora estamos atravesando momentos decisivos. Lo lamento, ni Kirchner ni Carrió ni Macri lo van a decir con todas las letras. Los Argentinos no somos grandes culpables de lo que pasa, pero eso no nos exime de ser conscientes de lo que ocurre y actuar en consecuencia en el plano que corresponda. Cuando lo hacen, mayoritariamente, son gestos inconducentes e irrelevantes, como el recientemente hecho en la “hora del planeta”, lo siento decirlo, porque en él participó gente que aprecio, pero lejos de acercarnos al núcleo grave de la situación, adormece con gestos que llevan tranquilidad donde no la debe haber.

Aclaro que no escribo sobre estos temas en este blog porque mis opiniones se manifiesten en sobreabundancia en oIMAG0388tros sitios. Pero aquí vale esta preocupación personal e íntima.

Algunos datos: con las emisiones de gases de efecto invernadero desde la revolución industrial para acá, la temperatura promedio global de la Tierra se ha elevado ya en 0,7 grados. Muy poco, pero suficiente para percibir los múltiples cambios que ya existen. Por razones de la inercia en reaccionar del sistema climático, con los gases ya presentes en la atmósfera emitidos en las últimas décadas, la temperatura promedio se elevará a 1,5 grados, eso es inevitable, así dejemos de emitir desde ahora, es decir dejemos de consumir petróleo, gas, carbón, dejemos de deforestar, etc. Todo eso desde este minuto.

Aquí empiezan los problemas. Una elevación de la temperatura global entre 1,5 y 2 grados es muy complicada y grave. Sucederán cosas graves desde el punto de vista de los ecosistemas y las economías que ellos sostienen. Tan solo pegar una ojeada aquí.

Desde hace años se ha asumido que pasar los 2 grados es un límite moral del cual no podemos admitir atravesar. Con esa temperatura, la cantidad de víctimas será de proporciones y el planeta mínimo que le dejamos a nuestros hijos es una miseria del tamaño del egoísmo de nuestros tiempos.

Entonces en un intento desesperado para no sobrepasar ese límite (2 grados) debemos pensar qué es todavía posible de hacer en los próximos años. Lo que sigue es un gráfico que muestra en curva roja la evolución de las emisiones por consumo de combustibles fósiles tal como van las cosas hoy día, la tendencia. Esa curva llevará la temperatura global más allá de los 3 grados y quizás 6 antes de final de este siglo. Un mundo en el que vivirán, insisto, los chicos de hoy,y por supuesto, sus hijos. No es tanto tiempo.

La curva negra muestra la evolución de las emisiones de 1850 hasta el día de hoy y el sendero de emisiones posibles que deberíamos seguir si quisiéramos que nos mantengamos debajo de los 2 grados y luego comenzar, en el largo plazo, a bajar la temperatura a 1 grado, y quedarnos allí, en uno o dos siglos.

Dibujo

Para entender lo que significa la curva negra. En primer lugar deberíamos antes del año 2015 haber estabilizado las emisiones globales, es decir que lleguen a su máximo y no crezca más. NO sólo eso, comiencen a decrecer. Es como intentar detener un tren a toda velocidad en 100 metros. Si no lo hacemos con cuidado y como corresponde, no lo vamos a detener, o será a costo de un golpazo de todos los que estamos ahí arriba.

Luego debemos empezar una curva descendente, que se ha ido haciendo cada vez más abrupta en la medida que el tiempo sin acción se nos fue de las manos, hasta llegar al año 2050 con una reducción de esas emisiones cercanas a cero… si cero dije. No más nafta, no más gas, no más joda.

Luego, sólo actividades que absorban con cierto grado de seguridad gases de invernadero de la atmósfera, para comenzar a enfriar el partido.

Se puede?…

Miro el “Vital Signes” de 1997 y dice

“Irónicamente, cuanto más tiempo se espera para comenzar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, más difícil y costosa será la transición a una economía de baja dependencia de energía fósil. Sin embargo el mundo está comprometido en los años venideros, a construir un vasto número de plantas de energía fósil, automóviles y edificios, muchos de los cuales estará consumiendo energía de manera inadecuada por muchas décadas. Pero si las políticas cambian hoy, podemos instalar una nueva generación de fuentes de energía limpias y económicas. Es esencial que el mundo industrializado demuestre liderazgo en Kioto, y abrir el camino para que los países en desarrollo puedan crecer, ya que el mayor incremento de la demanda energética estará allí”

Luego, Estados Unidos se retiró del Protocolo de Kioto. Ese acuerdo no fue un instrumento legalmente vinculante hasta el año 2005. China es hoy un mayor emisor que Estados Unidos. Y tenemos casi nada de tiempo.

Dentro de unos meses se realizará la reunión de Copenhague y allí se decidirá que hacer en los próximos, por lo menos, 10 años. Quizás los decisivos. Por eso hay tanta atención. Arriba a la izquierda de este blog pueden ver un reloj que cuenta los minutos y días que falta para esa reunión. Mucho más importante que todas las reuniones de los G20, G7 y operativos clamor en el PJ. La historia recordará del 2009, Copenhague. No la historia de los libros, la recordarán los adultos del 2050, 2080 y 2100.

También por eso, en la columna izquierda del blog hay un link a una página que cuenta los meses que nos quedan antes del 2015, nuestros años para producir el cambio, como para seguir en carrera. De otro modo, bueno, la carrera seguirá, aunque nadie se atreva a decir que esa carrera valga la pena, sólo se tratará de buscar un mal menor (uno que será bastante grande por cierto)

Cali