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domingo, 30 de diciembre de 2012

Me compré un “Lo mejor de…”

vidrio

La música se me viene desmaterializando. Se me hace que el “objeto” disco es una especie rara que sobrevive porque algunos la hacen sobrevivir. Ya ni puedo adjudicarme una gran colaboración en esa tarea.

Cada vez me cuesta más establecer con los discos el vínculo que solía tener. Me parce que a muchos nos pasa algo similar.

Sin embargo, en un acto de resistencia a esa tendencia, me propuse completar la colección de los discos de Luis Alberto Spinetta. Supongo que algo por el estilo le habrá ocurrido a unos cuantos porque, ¿cómo se explica que el primer disco de Almendra haya sido el tercer disco más vendido en noviembre de 2012 en Argentina? Vean la página de CAPIF! 

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Bueno, vaya a saber cuál es el fenómeno. Lo cierto es que empecé a ordenar los discos de LAS como hacía mucho tiempo no lo hacía y descubro que no tengo las grabaciones de los simples de Pescado Rabioso! tengo esos temas en versiones en vivo, pero no los originales.

Sucede que esos simples sobrevivieron a su edición original porque en 1976 se publicó un disco que todos lo hemos tenido, aunque sea de prestado, que se llamó… “Lo Mejor de Pescado Rabioso”! Por esa razón, porque en esa época jamás iría a comprarme un disco que se llamase “lo mejor de…”, nunca tuve ese disco y nunca tuve los simples.

El disco es una buena compilación y tiene la muy buena tapa de Juan Oreste Gatti. Es esta, seguro la conocen:

Pueden visitar el facebook de Gatti para saber un poco más de su obra. Hay una muestra fotográfica de él por estos días en Buenos Aires.

El original vinilo es un disco emblemático de los 70. Pero nunca lo compré porque era una “compilación”!. Así que ahora, con muchos años encima y en un acto de resistencia mucho menor que lo que significaba Pescado en aquellos años, me lo compré en una disquería de calle Corrientes hace algunas semanas. Aunque. debo confesar, lo comprimí y lo estoy escuchado en el MP3. 

Bueno, los simples son:

  • Post-crucifixión / Despiértate nena (1972) 
  • Me gusta ese tajo / Credulidad (1972)

    El tema “Credulidad” fue parte del disco siguiente, “Pescado 2” (1973).

    Entonces, cubierto ese hueco en la discografía de LAS, pongo aquí “Post-Crucifixión”, atenti, esto acaba de cumplir 40 años!

    Aquí la versión que se podía ver en la película “Rock hasta que se ponga el sol” (1973), un segmento de Pescado Rabioso grabado, creo, en el teatro Olimpia, Belgrano1260.

     

     

     

     

    …y en Vélez, diciembre de 2009, las Bandas Eternas… los mismos músicos.

     

  • viernes, 15 de abril de 2011

    Buen día, día

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    Para un viernes especial, “Buen día, día”. “Qué clase de rico será quien no lleve todo junto y en un solo puño
    la psiquis y el latido de su pueblo”.

    La letra difiere de lo que canta porque le sobra poesía por todos lados o le faltaban minutos en el estudio de grabación.



    Buen día, día

    Miguel Abuelo
    Buen día, día. Día, buen día.
    Buen día, perro, mujer buen día.
    Arbol buen día, señor buen día.
    Buen día, hijo, hermano buen día.
    Buen día, dia. día, buen día.
    Soy todos tus olvidos
    y de todos tus olvidos
    aparece mi alimento.
    Aqui tu libertad,
    aqui tu intención
    apelmazada de ser pájaro.
    Aqui la piedra de tu risa.
    Aqui... mi boca arriba y gritando
    Buen día, a todo lo que pasa.
    Yo soy el que da rota de tu paso olvidado.
    Aquel que te camina,
    descalzo entre tus pasos.
    Nada sé, no. Nada sé...
    Buen día, día. día, buen día.
    Buen día, sol, soles buen día.
    Tontos buen día, señora buen día.
    Buen día, aire, luna buen día.
    Aqui tu libertad,
    aqui tu intención apelmazada de ser pájaro.
    Aqui la piedra de tu risa,
    aqui mi boca arriba gritando: Buen día,
    a todo lo que pasa.
    Juntos cavaremos hasta la superficie de mi tierra.
    Tu dolor es amor transformándose en mundo
    y una caja es mi cuerpo donde el dolor no cesa.
    Adentro mío;
    Escarba hoy en tu mano tratando de
    ubicarte en la cima.
    Embelesate ahora que estas vivo.
    Este mundo era ya una loqueria.
    Vamos...adelante.
    Llevaras todo junto,
    llanura y vegetal entrelazado.
    Agua sobre fuego y fuego bajo tierra.
    Sé bien que tus coros se pondrán
    contentos.
    Vamos...adelante.
    Que suba lo que crece.
    Lo que se fue se vaya.
    Aqui voy yo.
    El que río y río
    bajo y sobre las vertientes.
    Aqui voy yo,
    el que tentó al amigo.
    Oíd, oíd, que hermoso ría que suena en tí
    llamando, humano, humano, humano...
    El pensamiento corre,
    el cuerpo baila.
    Los ojos iluminan.
    La voz llega y escapa.
    Por que trastocar la lozanía
    que hay en tu alma?
    Ah! La estridente coraza.
    Oh! La enfrascadora jornada.
    Brindo contigo, Holderlin.
    Por lo gratis, al bendición etérea.
    Y oiganse las manos serviciales.
    La tares del amor,
    creativo y fraternal.
    Buen día, remanso, tempestad buen día.
    Buen día, ruta, muerte buen día.
    Buen día, día.
    Ey! Y si hubieras contraído
    compromiso con la muerte?
    Y si hubieras muerto acaso?
    Peleando o creyendo.
    O intentando escaleras para atrapar las
    espaldas del cielo?
    Hubieras llevado gloria hacia allá
    (hacia desde donde ya no se vuelve)
    Pero también, hubieras dejado fábula,
    utopía y polvo
    entre mis cofrades mortales.
    Pobre eres si no llevas repletas las arcas
    de tu corazón.
    Idiota perdido aquel que no se reconozca en un
    odio insensato.
    Que imbécil no verá su pasión mas
    desjuiciada.
    Y qué clase de rico será
    quien no lleve todo junto y en un solo puño
    la psiquis y el latido de su pueblo.
    Buen día, día. día buen día.
    Buen día estrella, humildes buen día.
    Buen día cerca, lejos buen día.
    Buen día, buenos locos buen día.
    Buen día, mañana. Traición buen día.
    Del ultimo sueño vengo,
    del ultimo sueño soñado.
    Han caído cortezas de mí.
    Imperios han venido y desaparecido.
    He comido el pan de la locura.
    He sido cuerpos de otros cuerpos
    y me he despertado en fiestas y caídas.
    He sido celoso como mi ángel guardián
    y paciente como las arañas.
    Tanto he dormido en el azul barro del
    invierno como he vuelto desde la blanca luz
    de los ciegos del mundo desierto
    entre cactus, reptiles y minerales.
    Buen día, dia. día, buen día.
    Mi joven realidad ya no se busca
    en los reflejos de un espejo astillado.
    No quiero ser un barco anclado
    sobre un río tormentoso.
    ¡He venido a mover y darle
    marcha a la fanfarria!
    me fecunda la música que tonifica
    el cura.
    Los poetas me acusan de deber ser
    valiente.
    Las artes para siempre,
    las musas sin cadenas.
    Huelo, como vino, juego.
    Me recuesto cara al cielo.
    y mi reposo goza en la paz de cada origen.
    Buen día, dia.
    Adiós barcos anclados sobre torrentosas aguas.
    Adiós espejos astillados.
    No nosotros, regocijo del rocío
    sobre narices esplendidas.
    No, no, no,
    no nosotros
    elásticos celebradores de deseos.
    Buen día, dia.
    Buen día, futuro venturoso.
    Buen día, dia.

    martes, 16 de noviembre de 2010

    El verde de la libertad

    IMG_0288

    Hace unas semana atrás estuve en Villa Gesell. Es muy extraño ver una ciudad turística despoblada cuando uno siempre la ha visto repleta de gente e inundada del bullicio veraniego. Caminar por la ciudad sin gente permite que uno vea sus verdaderas dimensiones y hasta su belleza.

    Caminado por calles que seguramente caminé alguna vez, esta vez pude ver detalles que nunca había visto. Así descubrí este cartel. Un cartel que señala un mojón de la historia del arte en la Argentina. El sitio donde estuvo el Juan Sebastian Bar, el mítico bar donde Moris y otros iniciaron una movida que cambió la música argentina.

    Muchas veces había leído crónicas de ese verano del 66 y por eso me sedujo este hallazgo en Villa Gesell. Vale entonces esta foto para repasar un capítulo más del libro de Sergio Pujol sobre “Canciones Argentinas 1910-2010”. En este caso, se trata de “El Oso”, del LP “30 minutos de vida” (1970).   

    Cali

     

    «El oso» (Moris)

    Alfredo Rosso nos recuerda que «El oso» fue el primer «tema de fogón» del rock nacional. Es un dato sugestivo, que ayuda a entender la popularidad de la canción así como su ubicación en una trama musicalmente heterogénea. La rotación de «El oso», cuya letra el veterano León Benarós no dudó en incluir en su Cancionero popular argentino bajo el simpático rótulo de beat, no estuvo restringida al ámbito de los recitales de música progresiva. No se trata entonces de una canción clave para la tribu rockera. Si se la cantó y se la sigue cantando en los fogones de Mar del Plata, Bariloche o Villa Gesell —esta última, ciudad entrañable para Moris y tanta gente de su generación—, es porque aprendió a convivir con zambas, tonadas y quizá milongas. En otras palabras, la balada de Moris, como poco después las canciones de Sui Generis, conquistó un target más bien amplio, sin por ello retirarse del rock tal como se lo entendía en aquellos días de  afirmación juvenil.image

    Una canción de fogón es una canción de guitarra. Y una canción de guitarra es aquella cuya reproducción amateur no dista demasiado del original, al menos en lo que refiere al concepto sonoro. Por ejemplo, «Diana divaga», de Los Abuelos de la Nada, cuya armonía no es más compleja que la de la canción de Moris, no es para fogón, ya que cualquier versión a escala de guitarra rasgueada distará mucho del arreglo y la grabación originales. Por cierto, la voz de Moris tiene un encanto difícil de copiar, pero si uno se sabe los «tonos» de «El oso» podrá lograr un resultado sonoro no muy diferente al del disco. Al menos, su inteligibilidad quedará resguardada.

    Yo vivía en el bosque muy contento

    caminaba y caminaba sin cesar.

    Las mañanas y las tardes eran mías

    y a la noche me tiraba a descansar.

    Pero un día vino el hombre con sus jaulas;

    me encerró y me llevó a la ciudad.

    En el circo me enseñaron las piruetas

    y yo así perdí mi amada libertad.

    Moris declaró haber escrito «El oso» en respuesta a un amigo que le había solicitado alguna canción para niños. Hasta entonces no había, en ese rubro, mucho más que las canciones de María Elena Walimagesh. Sin embargo, «El oso» no llegó a los niños. La fábula del animal que pierde la libertad en mano de los hombres que lo reducen para exhibirlo en un circo remite al buen salvaje de Rousseau, invirtiendo el sentido moral de aquellas historias aleccionadoras en las que los niños debían cuidarse de zorros y lobos sueltos. Finalmente, el oso recupera su libertad, vuelve a pisar el suelo de su bosque y queda «contento de verdad». De esto nos enteramos en una segunda parte que difícilmente pueda considerarse un estribillo, ya que funciona como cierre o sección final:

    En un pueblito alejado,

    alguien no cerró el candado.

    Era una noche sin luna y yo dejé la ciudad.

    No obstante su vejez —pasó muchos años en cautiverio—, el oso siente que «las tardes son mías>, una declaración de bienes nada despreciable en una época de trabajo alienante. El rock nacional en su etapa formativa nunca dejó de referirse a la búsqueda de la libertad: balsa, cabellos largos, juegos amatorios sin restricciones, vagabundeo por las vías del tren... y un oso que escapa de la ciudad.

    image Vuelvo a escuchar a Moris en dos versiones de su tema. La primera, del LP Treinta minutos de vida, un favorito de cualquier género. Después, la toma en vivo en un Grandes éxitos de 2001. Hay alguna diferencia entre los arreglos. La grabación de 1970 arranca bucólicarnente con la guitarra y la flauta, para pasar enseguida a un acompañamiento tipo Bob Dylan con The Band. En el registro posterior, la introducción es música de circo y enseguida empieza una base pop un tanto pasteurizada. Más allá de las huellas del tiempo, la voz de Moris resulta tan atrayente tanto en un registro como en el otro. Aprovecho el tema, y vuelvo a ver la escena de Tango feroz en la que Antonio Birabent, haciendo de su propio padre, canta «El oso». No está nada mal.

    Desde el punto de vista formal, «El oso» transcurre en tres estrofas musicalmente iguales, una cuarta levemente modificada en los primeros dos compases («Han pasado cuatro años de esta vida...»), una quinta diferente («En un pueblito alejado...») y una sexta y última idéntica a las tres primeras. Esto sería algo así como A-A-A-A’-B-A, todo sobre un módulo de acordes invariable que nace en un Sol mayor tan diáfano como el oso en su bosque originario. En definitiva, es la narración la que determina la forma. ¿Pero es la narración la que nos emociona? En realidad, la cualidad más resaltable de «El oso» es su periodicidad musical, eso que nos atrapa desde el comienzo, porque sabemos que la melodía se repetirá una y otra vez, siempre con palabras diferentes, haciendo avanzar esta autobiografía de un oso libre, encerrado... y nuevamente libre.

     

    Esta es la versión original de Moris.

    y una versión en vivo de Moris, año 2000, Parque Centenario.

    jueves, 11 de noviembre de 2010

    Tiempo para el tiempo y un rato más

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    Me descolocó la muerte de Rubén Basoalto. Pongo lo que en facebook pensamos algunos.

    Cali

    Juan Carlos Villalonga No! no puede ser! Acabo de llegar de viaje al mediodía, me encontré con el libro de Pujol sobre canciones argentinas que había dejado sobre un sillón y por unas líneas que leí a la pasada me puse a escuchar a Vos Dei!!

    Les juro que recordé esa emoción que tenía cuando Vox Dei empezaba a tocar, y algo grosso se nos abría ... desde el escenario. Ahora tengo que leer esto!

    Fotos del muro

    Adiós al baterista fundador de Vox Dei, Rubén Basoalto.

    De:El Tercer Fantasma

    04 de noviembre a las 20:46 Amigos de amigos ·Me gustaYa no me gusta · Comentar · Ver comentarios (10)Ocultar comentarios (10) · Compartir

    A Nicolas Barroso, Liliana Olivia Oliva, Marina Perry y otras 2 personas más les gusta esto.

    • Gustavo Omar Pagani Gran banda de mis pagos!!!

      04 de noviembre a las 21:11 · Me gustaYa no me gusta

    • Juan Carlos Villalonga es muy triste

      04 de noviembre a las 21:17 · Me gustaYa no me gusta

    • Marina Perry una gran perdida :(

      04 de noviembre a las 22:42 · Me gustaYa no me gusta

    • Julian Harf ‎"Confundida, aturdida,
      que mal estar así
      te ha dejado ese amigo
      especial para ti.

    • 04 de noviembre a las 23:33 · Me gustaYa no me gusta

    • Gustavo Omar Pagani Por cierto, grandes musicos, de grandes bandas, y casi olvidadas, sin darles el valor que merecen...

      05 de noviembre a las 12:12 · Me gustaYa no me gusta

     

    Del libros “Canciones Argentinas” de Luis Pujol.

    «Libros sapienciales»  (Soulé)

    El 13 abril de 1966, los lectores del London Evening Standard se desayunaron con unas declaraciones de John Lennon destinadas a encender la polémica: «El cristianismo pasará; Los Beatles son más populares que Jesús». Inmediatamente, los chicos de Liverpool fueron excomulgados y sus discos destruidos por el fuego de las hogueras fundamentalistas del Sur estadounidense. Tan grande fue el revuelo que se armó, que John tuvo que salir a explicar lo que realmente había querido decir: que la cultura pop estaba en todas partes, que quizás el arte era la nueva religión de los pueblos. Pero muchos siguieron pensando que Los Beatles —el rock en general— eran gente del Demonio.

    Sólo cinco años más tarde, en la remota Argentina, un grupo de rock llamado Vox Dei —justamente--, que venía de una muy exitosa canción llamada «Presente», concibió el álbum hasta ese momento más ambicioso de la música joven del país. Algo así como La Misa Criolla de Ramírez y Luna pero en ritmo beat, o progresivo, para decirlo con la palabra clave de la época. La Biblia de Vox Dei era la misma de los creyentes, pero contada con la gracia de la música. Y era un álbum, no una serie de canciones. En tiempos de «álbumes conceptuales», cuando toda banda de rock que se preciara de tal debía producir un LP cuyo significado general superara holgadamente el de cada una de sus partes o canciones, Ricardo Soulé decidió ponerle música a un texto infalible. ¡Qué parceiro que se buscó!image

    Vox Dei se propuso trascender aquella confrontación espectacular del 66: si rock y la religión podían armonizar, pensaba el guitarrista y compositor Ricardo Soulé. Las canciones de los jóvenes devendrían en vehículo para comunicar el texto sagrado de la civilización judeocristiana, toda vez que, bien leído, el ethos de la década rebelde contenía algo del relato original de la fe cristiana. Hoy que existe la categoría «rock cristiano» —en Estados Unidos, lógicamente— no suena tan raro este acercamiento. Pero nada era tan sencillo entonces. Para entender la cristianización del rock, a la que pronto Raúl Porchetto haría su aporte con «Cristo Rock», debemos tener en cuenta que, en el contexto de la vida nacional de principios de los 70, un sector de la Iglesia católica se propuso transmitir una imagen aggiornata de la institución. Por su lado, el rock argentino era el sonido de la disconformidad, con algo de crítica franciscana a la vida burguesa. Por ende, idealmente desprendida del decurso histórico de la Iglesia, la Biblia no podía menos que atraer al joven sediento de mensajes espirituales y « antimaterialistas ».

    Por supuesto, para la Iglesia fue grato saber que unos muchachos de <(la progresiva» se sabían al dedillo La Biblia. ¿O acaso los curas no buscaban acrecentar el número de jóvenes deseosos de participar de la vida parroquial, allí donde muchas veces la guitarra acompañaba los picnics de la fe? Un tanto cauta al principio, la Curia terminó apoyando el disco con entusiasmo. El bajista Willy Quiroga le contó a Ezequiel Avalos lo bien que cayó la adaptación de la Biblia hecha por Soulé. Monseñor Emilio Grassellj, a la sazón ci principal nexo que la Iglesia argentina tenía con el Papado, pidió leer las letras de «Génesis», «Moisés», «Los libros sapienciales» y el resto del material. Grasselli, que en tiempos de la dictadura jugaría un papel nefasto, quedó sorprendido del poder de Síntesis de los músicos y anunció que el espíritu del texto sagrado había sido respetado.

    A diferencia de lo que poco después fue Jesucristo Superstar, la obra de Vox Dei no planteó ninguna relectura revolucionarjj de las Sagradas Escrituras. La forma rock, en todo caso, significaba por sí misma una cierta voluntad transgresiva. Al presentarse La Biblia en el Teatro Alvear, un público variopinto llenó las plateas: rockeros, monjas y curas Compartieron esta misa de los tiempos contraculturales

    No obstante ser un disco concebido como unidad, La Biblia tiene algunas canciones más lindas que otras. Después de vacilar entre «Génesis» y «Libros sapienciales», me quedo con la segunda. Tiene una extensión de 7:34, y las sucesivas versiones no bajan de los 7 minutos. Se trata, por consiguiente, de una medida poco «radial»: otros fueron sus canales de difusión. Con su sonoridad de trío eléctrico y sus aires épicos a lo Procol Harum —toda una referencia progresiva de aquel momento—, la canción se conforma de dos partes. La primera está en tono menor y se desplaza sobre la séptima en el bajo decreciendo cromáticamente, en un movimiento cadencial bastante usual en el rock. Y en cuanto a la letra, ¿quién no la recuerda, con sus imágenes tan sagradas corno bucólicas?:

    De sol a sol

    labrando tierra tendrás tu pan

    todos los ríos van al mar

    pero éste nunca se llenará

    todos los ríos siempre volverán a donde salieron

    para comenzar a correr de nuevo

    lo que siempre hicieron repetirán.

    Precedida de un interludio instrumental bastante extenso —solo de guitarra en la versión original y de violín en las sucesivas—, la segunda parte modula a tonalidad mayor y despliega una melodía menos recurrente. La verdad es que estamos ante un gran momento de la canción argentina. Tal vez las voces no estén a la altura de la composición; quizá Vox Dei carezca de la pericia instrumental que el tema reclama. Pero qué melodía, qué acordes. Un ligado muy expresivo nos introduce en un clima de lied romántico:

    Buenas y malas son

    cosas que vivo hoy.

    No es esta tierra, no,

    sueño color azul.

    Y de pronto la línea melódica sobrepasa su cauce, se fuerzan un poco las relaciones tonales y hay que apuntar alto si uno quiere llegar a esas notas. Ésta es la parte más potente de la canción y posiblemente de toda La Biblia:

    ¿No es quizá que no sé mirar

    cuánto, cuánto hay a mi alrededor?

    Más de lo que mis ojos pueden mirar y llegar a ver.

    Estas son razones que dicen

    que sólo sé, que sé querer,

    y que tengo Dios y tengo fe,

    y que doy amor y puedo ser.

    Para muchos de nosotros, la conmoción de La Biblia poco y nimage ada tuvo que ver con el orden de las creencias, salvo que pensemos que todo misterio tiene una explicación religiosa. En efecto, el disco de Vox Dei encerraba algunos misterios, al menos así nos pareció entonces. Desde esa tapa con el nombre del grupo sobre una pared raída hasta la continuidad de sus letras y sus músicas, en un todo tan programático, tan cargado de significados, tan pesado en su contenido, La Biblia fue una de las mayores aventuras auditivas de nuestra adolescencia. Y esos músicos, entre la rusticidad y la sutileza, ¿de dónde habían salido? ¿Cómo se les había ocurrido un plan tan desmesurado?

    Si a principios de los 70 a muchos se nos despertó una curiosidad hermenéutica, aquélla tuvo más que ver con las búsquedas incitadas por la música progresiva en la Argentina que con la palabra del Señor. Y así sigue siendo, casi 40 años después. Busco en Google el libro La Biblia: 6 millones de sitios. Por su parte, Los Beatles, esos cuatro sacrílegos, llegan a los 35 millones.

     

     

    “Libros Sapienciales” de La Biblia edición de Página/12 (1997). Rubén Basoalto (batería); Willy Quiroga (Voz, bajo); Ricardo Soulá (voz, Guitarras, violín); Andrés Calamaro (voz); Juan “Pollo” Raffo (teclados)

    (La tapa del CD indica la producción de la reedición de 1993 de Dianielito Gonzalez, amigo y compañero de aquellos años de Acuarela, él con su “Rocksario” siempre en las salidas de los conciertos).

    martes, 19 de octubre de 2010

    Hoy llovió y todavía está nublado

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    En una entrada previa coloqué el tema “Avellaneda blues” por Manal. Fue en ocasión de comentar un show de Javier Martínez y no fue esa la primera vez que hacía referencia (y reverencia) a ese tema aquí en el blog. En relación a la nota que sigue, recomiendo fervorosamente leer y escuchar la entrada Un trozo de este siglo y del otro.

    Acabo de comprarme “Canciones Argentinas 1910-2010” (Emecé, 2010), de Sergio Pujol. Una recorrida por las canciones que están en la memoria colectiva de los argentinos. El libros trata sobre el misterio de “esa conjunción químicamente feliz entre unas pocas estrofas y una melodía”.

    ¿De qué misterio están hechas las canciones favoritas de los argentinos? ¿Sobre qué hablan sus letras y sus melodías? ¿Qué dicen sus compases acerca de los gozos y las sombras del país a lo largo de cien años?

    De Sergio Pujol invito a leer también Rock y dictadura: Esperando nacer.

    Quiero compartir de “Canciones Argentinas…”, el capítulo “Avellaneda Blues” (Martínez-Gabis). El libro es una buena excusa para volver a escuchar y visitar los mundos de esas canciones.

    Cali

    “Avellaneda Blues” (Martínez-Gabis)

    A diferencia del rock and roll, con su clamor generacional, el blues se asume como música adulta, de hombres y mujeres endurecidos por experiencias de vida sórdidas o por lo menos difíciles. El blues transmite una carga épica que no podía menos que fascinar a muchos jóvenes de la generación del rock. Éstos se rebelaban contra sus padres; los trovadores negros, contra todo un sistema de segregación y marginalización.

    A miles de kilómetros del Mississippi, pero educado con los mismos discos con los que los Rolling Stones y la poderosa movida del «blues británico» selló su pacto trasatlántico con el Demonio del deep south, el argentino Claudio Gabis se enamoró de la ambigüedad modal de la música afroamericana, y a través de ella tomó contacto con las venas abiertas de Norteamérica. En 1968, con sus amigos Javier Martínez y Alejandro Medina, fundó el trío Manal. Debutaron en el Instituto Di Tella y dos años más tarde grabaron en el sello Mandioca «No pibe», «Jugo de tomate», «Una casa con diez pinos» y «Avellaneda blues».

    Fugitiva y fascinante, la historia de Manal está inscrita en el núcleo mismo del relato fundacional del rock nacional. Hablamos de los pioneros, y enseguida salta Manal. Poco y nada hubo antes que ellos. Sin embargo, ningún grupo de esos años remite tan insistentemente a una tradición como el trío blusero. Que esa tradición sea extranjera —o foránea, para decirlo con la palabra favorita de los nacionalistas de entonces— encierra una poderosa ironía. Y acaso también un gesto desafiante hacia los cultores del tango y del folclore. ¿Por qué Muddy Waters y no Buenaventura Luna? ¿Por qué Cream y no Pugliese? En fin, ¿por qué los negros norteamericanos y no los «cabecitas negras» argentinos?

    Encuentro dos anécdotas ejemplares. La primera: al niño Javier Martínez lo mandaron al rincón cuando, en una escuela porteña de mediados de los 50, prefirió cantar «Tutti frutti» de Little Richard en lugar de una zamba. Y otra anécdota, ya de los 60: Javier Martínez y Arturo Jauretche discutieron sobre cultura nacional en la librería/editorial de Jorge Alvarez, a la sazón productor de Mandioca. De esos cruces, de esas circulaciones controversiales estuvo hecha la textura de los 60. Qué curiosos los caminos de la rebelión hecha sonido: en los 50, una escucha solitaria, a contrapelo de las instituciones y de la música popular predominante. Algunos años más tarde, la incorrección política de tocar blues en inglés —no hay en la música de Manal signos de mestizaje musical, más allá del ya producido con el encuentro del blues con la cultura rock— y cantarlo en español, con inequívocas inflexiones tangueras:

              Vía muerta, calle con asfalto siempre destrozado

              tren de carga, el humo y el hollín están por todos lados

              hoy llovió y todavía está nublado

              sur, aceite, barriles en el barro, galpón abandonado

              Charco sucio, el agua va pudriendo un zapato olvidado.

              Un camión interrumpe el triste descampado.

    Dije «inequívocas inflexiones tangueras». Pienso, lógicamente, en “Nieblas del riachuelo», con sus «puentes y cordajes donde el viento viene a aullar» y esos «barcos carboneros que jamás han de zarpar», en «Tinta roja», con sus esquinas, ladrillos y fondines. Pero el blues de Gabis y Martínez le canta a las vías del tren, como corresponde a tradición poética del folclore afroamericano... Salvo que estas vías son las que nacen en Constitución y se prolongan hasta Avellaneda, y de ahí a diferentes destinos del sur.

    Apasionado por los trenes casi tanto como por la música, Gabis relató a la pedagoga musical Violeta de Gainza el origen de la canción. Una tarde de 1968, él y su amigo Luis Gambolini paseaban por vías del tren de Avellaneda, desde la barrera de la calle Bernardino vadavia en Fiorito hasta avenida Mitre, en Crucecitas. Caminaban r la vía, directamente. Curiosa forma de fláneur argentino con estructuras de blues en la cabeza, Gabis resolvió ahí mismo la secuencia armónica de su futuro tema. Pensó en Sol mayor con séptima y novena sus posibles direcciones tonales. También se le ocurrió, a manera de adencia a mitad de tema, el pasaje de Sol a La menor séptima. Ese módulo, poco convencional dentro de la sintaxis armónica del blues cIásico, le evocaba al joven guitarrista la imagen del cruce del Riachuelo. Atrás quedaron las luces de los edificios y los carteles de la ciudad menguante. Los amigos se sumergieron en la oscuridad del Riachuelo, y entonces imaginaron el blues en la escenografía porteña.

    Más tarde, en una reunión de amigos, Gabis le mostró la secuencia de acordes a Javier Martínez y entre los dos concibieron la letra, ie es más de Javier, claro. Actor por mandato paterno, baterista intuitivo y fervoroso, cantante de voz inventada —como todos los cantantes, salvo que él se inventa una voz negra—, Javier Martínez es el gran letrista del rock suburbano. Sólo él podía mantener el tono plebeyo en un ágape del Di Tella, o discutir con los escritores que frecuentaban la librería de Alvarez sin quedar como un cipayo.

    La melodía de «Avellaneda blues» prácticamente no existe, es apenas un cauce musical concebido por Martínez mientras lee en voz alta su propia letra. Esa oralidad discurre bastante libremente sobre Una base que, tal como la piensa Gabis, es el verdadero protagonista sonoro del tema. La atmósfera rebosa de jazz. Es el blues más jazzeado que un rocker argentino haya podido crear. Con una gota más de blues, se habría ido al terreno de Pappo. Y con más jazz, habría dejado el blues para internarse en los standards. De este juego de proporciones estaba hecho Manal.

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    Una versión de Avellaneda blues por Claudio Gabis y León Gieco del disco “Convocatoria” (1995)

    Claudio Gabis: guitarras; León Gieco: voz; Ciro Fogliatta: piano; Horacio Fumero: contrabajo; Pedro Barceló: batería.

    domingo, 27 de junio de 2010

    Chernobyl, no lo soñé -¡ieee-eeeeh! (taller 6)

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    Como ya lo dije en el capítulo anterior, todo fue tomando un ritmo aceleradísimo. Pronto, el Taller (de Estudio y Educación Ecologista) pasaría a ser “Taller Ecologista” ya que las circunstancias así lo exigían y lo permitían. Durante 1985, diversos frente en la actividad nuclear pretenden reactivarse, incluso comienza a aparecer la idea de construir una nueva planta nuclear en Timbúes, Santa Fe, promovido fuertemente por el entonces Senador Luis Rubeo (PJ, Santa Fe): El activismo antinuclear, nos catapultó al ecologismo activo y al cambio de nombre.
    image Un hecho ocurrido en julio de ese año, nos conmocionó y fue, en cierta manera, una señal muy clara: en Nueva Zelanda, los servicios secretos franceses había hundido el barco de Greenpeace (Rainbow Warrior). La noticia estaba en todos los diarios, un golpe en la nuca para todos. Los guerra fría estaban firme y la paz era una mariconada que no debía molestar. 
    Volviendo a lo local, rastreando en los textos existentes en internet que se pueden hallar sobre aquellos momentos, hay un relato bastante extenso en la página Barrameda, allí se registra que:
    En 1985 tienen su fundación el Taller Ecologista de Rosario y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
    El taller, que también se constituiría en eslabón de vastas redes de intercambio de información y experiencias como el Consejo Ambiental de la Ciudad de Rosario, la Red Latinoamericana de Ecología Social o el Foro del Buen Ayre, nació con la intención manifiesta de “revertir las tendencias de deterioro del medio ambiente y la creciente deshumanización de nuestras sociedades”, en virtud de lo cual promovió la discusión de políticas públicas con una visión crítica del desarrollo, la discusión teórico-política para la introducción del ecologismo en los ámbitos sindical, estudiantil, político y de las organizaciones sociales.  
    Sus actividades se enmarcan en “procurar sociedades sustentables y comprenden campañas de concientización, incidencia en la toma de decisiones gubernamentales, talleres, ciclos de charlas debates y conferencias...”
    Hay también una referencia hecha por INDESO mujer en 1995, para cuando el Taller cumplió sus primeros diez años:
    El Taller Ecologista es una institución civil sin fines de lucro que inició sus actividades en 1985. Su accionar se inserta dentro del movimiento ecologista nacional e internacional, en la búsqueda de revertir las actuales tendencias del deterioro del medio ambiente y de la creciente deshumanización de nuestras sociedades.
    Contaminación , violencia, pobreza y ruptura del equilibrio de la naturaleza son algunas de las consecuencias de los equivocados estilos de desarrollo seguidos por la humanidad. Hacer frente a estos peligros constituye el desafío más grande que tenemos por delante. Los ecologistas intentamos la construcción de una sociedad que supere este desafío por el camino de la libertad, la paz y la justicia.


    Esos primeros pasos hacia el “activismo” son recordados por Sergio Rinaldi (quien se uniría al Taller a partir de 1986) de esta manera:
    Corría el año 1985 y nuestro país respiraba los perfumados bellos aires de la democracia
    recuperada. El Taller Ecologista de Rosario recién hacía sus primeros escarceos en esto de la
    educación ambiental. Mientras tanto en la cabeza del por entonces diputado nacional Luis
    Rubeo (Padre) daba vueltas y proponía de hecho que en Timbúes se construyera la "cuarta
    central atómica"… La de Timbúes, a escasos kilometros de Rosario, nunca se construyó, y esto se debe fundamentalmente a el trabajo muy incipiente pero fundamentado del recién "nacído" por esos días Taller Ecologista (Rosario). En esa época, ya en 1986, el mencionado Rubeo y sus seguidores realizaban charlas y proponían las bondades de la construcción de esa nueva
    central atómica en Timbúes. El Taller Ecologista se acercaba hasta esos lugares y se
    posicionaba en contra con volantes y con toda la "artillería" que podía contar una reciente ONG
    ambientalista formada un año antes al calor de la democracia. La oposición a el proyecto de la central atómica no siempre era bien recibida por Rubeo y sus seguidores, que muy amablemente daban "empujoncitos" a los "verdes". Así y todo, ese proyecto nefasto que proponía este patético político de nuestra nación, nunca prosperó…” (LA LUCHA DE LA SOCIEDAD CIVIL CONTRA…)
    Hay varios registros retrospectivos de esa primera etapa. Una de ellas indica que “no se trata sólo de concientizar y difundir problemáticas a través de charlas, encuentros, foros, videos. Se trata también de poner el cuerpo y ganar la calle como espacio de protesta, de denuncia, de resistencia. Así conciben su militancia ambientalista los integrantes del Taller Ecologista de Rosario, que desde 1985 bregan por "revertir las tendencias de deterioro del medio ambiente y la creciente deshumanización de nuestras sociedades".  
    Antes de cruzar al año 1986, es determinante para nuestra historia, el encuentro y cooperación intensa que fuimos haciendo desde esos meses con la gente del anarquismo rosarino, básicamente nucleados en el Centro Rafael Barrett y el Grupo Impulso. Con ellos accedemos a tener una sede (nuestra primera sede) en Callo Pi (314). Ellos decidieron alquilar la casa y compartirla con nosotros. El Taller no pagaría alquiler, por falta de fondos, pero lo haríamos con trabajo, poniendo el sitio en condiciones para funcionar. Fue nuestro primer local y el desfile de personajes por esa casa era la programación completa de History Channel y NatGeo. Inolvidable.
    Aquí un par de registros de esas jornadas de limpieza, pintura en el altillo de la casa..
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    Esta es una foto en la entrada del local: Elba Stancich, Graciela Agostinelli, Mónica, Livio Rovere, Jorge Carcedo y yo.
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    Pasado ese verano de 1986, en abril, la historia contemporánea se parte en unos cuantos pedazos.  Durante semanas, meses, las noticias eran los vientos y la nube radioactiva sobre Europa y alrededores. Lo que comenzó como un rumor, luego fue notica en Suecia, terminó siendo el peor accidente nuclear de la historia. Chernobyl pasó de ser un nombre propio a un concepto.

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    De todas las historias tremendas de lo sucedido, la de los “liquidadores” es una de las más crueles. En esos días no había mucha claridad de qué pasaba con esa gente que veíamos en las fotos de los diarios. Fueron alrededor de 800.000 personas las que se utilizaron como robots descartables.
    Ese año, Los Redondos sacan su segundo disco “Oktubre”, de allí “jijiji”
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    miércoles, 9 de junio de 2010

    lunes, 24 de mayo de 2010

    Ha llegado aquel famoso tiempo (Taller 2)

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    Es difícil explicar el clima de “primavera” en convivencia con las revelaciones más macabras que haya vivido el país. Así eran los meses de 1983 y 1984. Supongo que la sensación de parálisis, ante las revelaciones más horrendas, se superaba gracias a una fuerte voluntad de justicia, de convertir cada revelación en un acto de reparación. No lo sé, de algún modo había que encontrarle la vuelta a semejante infierno.

    La idea de justicia era un sueño que comenzaba a hacerse realidad. Tal cosa no había estado del todo clara durante la campaña electoral. Recordemos que ya existía un acto de “auto-amnistía” dictado por el gobierno militar y los candidatos del PJ no eran muy militantes que digamos en esa lucha por la revisión del pasado reciente.

    Así caminamos esos años “primaverales”, compartiendo un despertar social y político, con los cotidianos titulares de descubrimientos de centros clandestinos de detención, fosas comunes y fragmentos de la historia que la dictadura quiso borrar.172-equipo-de-antropologia-fore

    Durante 1984, al mismo tiempo que trabajaba la CONADEP, se creó una ONG que es un símbolo de aquellos tiempos y que aún hoy continúa su trabajo, tanto aquí como en diferentes partes del mundo: el Equipo Argentino de Antropología Forense. Jamás me imaginé que una cosa así se podía crear. No hace falta que destaque yo su trabajo.

    Un pequeño repaso de estas cuestiones centrales para la democracia de esos años en estos videos.

    Aquí algunos testimonios haciendo referencia al trabajo de la CONADEP desde diciembre de 1983 hasta septiembre de 1984.

    En el medio de ese clima, se supone que también comenzábamos a mirar para adelante. Un ejercicio que a la distancia suena increíble. Poco tiene que ver el nivel de aquellos conflictos y los abismos que se abrían a cada paso, con los conflictos que hoy nos paralizan. Parecen dos países distintos. En fin. Basta observar una síntesis de los sucesos de 1983 y 1984 para tener una idea.

    El gobierno estaba presionado por las demandas enormes y justificadas de los organismos de DDHH, por los muchos que queríamos que todo vaya rápido y al hueso; estaba jaqueado por el conservadurismo de políticos que no querían ver a los militares vapuleados, o porque ellos mismos habían sido cómplices; por la propia iglesia; por los militares, los que mantenían fuertes vínculos con sectores de la prensa, la política, empresas e impregnaban al Estado.Las Fuerzas Armadas eran aún una fuerza política; un sindicalismo que no ahorró nada a la hora de confrontar, basta compararlo con la aplicada con gobiernos posteriores; un sector muy poderoso de las empresas que estaban haciendo enormes negocios con la dictadura y no querían que se cayesen sus contratos, etc, etc. Todo podía saltar por el aire en cualquier momento. Aún así, fue una primavera.

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    Entre tanto seguíamos armando la masa crítica para nuestro proyecto ecologista. Durante 1983 fue tomando forma y sumamos alrededor de ese proyecto a bastante gente. No era fácil, un proyecto que comenzaba con prácticas cooperativas en algunas cuestiones de consumo desde libros a alimentos, que haría activismo verde y que debía generar las condiciones para que el proyecto acunara una iniciativa comunitaria o una cooperativa de viviendas, eso se vería. Es decir, pensábamos a a lo grande.  

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    La cosa verde había comenzado a explotar por todos lados. Algunas iniciativas estaban en marcha, como comenté en el caso de Santa Fe, otras estaban poniéndose en marcha en ese momento. Se salía del “underground” para comenzar a hablar en público.

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    La primera expresión de los que podríamos llamar movimiento ecologista en la Argentina es la reunión que se realizó en la ciudad de Santa Fe casi al mismo tiempo en que la democracia se instalaba, en diciembre de 1983. Se llamó “I Encuentro de Organizaciones Ambientalistas de la Argentina”. Su declaración, por mucho tiempo, fue una declaración de principios para todos las ONGs del país. Creo que aún lo es.

    Así comenzaban los 80 para mi. La ingeniería electrónica quedaría atrás. Recuerdo que alguien me dijo en esos días: “Mirá, se estudia durante los gobierno militares, entre medio se hace política”. Así de frágil y efímero era el terreno que transitábamos.

    Muchos de los compañeros de Acuarela y aledaños ya se habían comprometido profundamente con algunas agrupaciones políticas, otros habían tomado el rumbo del periodismo, las producción artística, o sus propias carreras artísticas. Algunos me acompañaron en esta nueva etapa. Con frecuencia nos vemos y sabemos que bueno que estuvo todo eso.

    Definitivamente 1984, pasada las elecciones y ya en democracia, muy débil, pero democracia al fin, hice pie en una primer “ONG”, aún no era el Taller.

    De toda la música que explota en esos días, quiero rescatar el primer disco de "Soda Estéreo”, de 1984, una banda que en aquel momento me resultó demasiado “diseñada”, el tiempo me mostró que había talento también. Obvio que la elección está teñida por la especial situación actual de Gustavo Ceratti.

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    Nosotros, miembros de las organizaciones ambientalistas de ciudadanos,  provenientes de las más diversas regiones del país, nos dirigimos al conjunto del pueblo de la República Argentina y a sus gobernantes, para manifestar, en la nueva etapa histórica que se inicia, nuestra posición ante los urgentes problemas ambientales y la acuciante necesidad de elaborar e implementar un modelo de desarrollo cuyos objetivos fundamentales sean la calidad de vida, la salud y el bienestar de los habitantes de esta tierra.

    Por eso, convocamos a ciudadanos, técnicos y gobernantes a que digamos:

    • No a la importación de modos de desarrollo, productos y tecnologías que nada tienen que ver con nuestras necesidades reales y que en muchos casos han resultado un estrepitoso fracaso en sus países de origen.
    • No a un “progreso” o a un “crecimiento económico” que se mide por la cantidad de bienes materiales, el consumo de energía o de acero o por el producto bruto interno, mientras se arrasa el patrimonio de los recursos de nuestro suelo que son extraídos como si la naturaleza tuviese una infinita capacidad de recuperación y fuera capaz de tolerar las más profundas agresiones de una actividad productiva irracional y no planificada.
    • No a la persistencia en el error de querer adaptar el ambiente a la tecnología.
    • Sí a la investigación, evaluación y relevamiento que permitan adaptar nuestra tecnología al ambiente. Sí a un desarrollo sostenible con bases firmes, no destructivo, capaz de asegurar la prosperidad y la continuidad de la vida para las presentes generaciones de la Argentina así como la de las generaciones por venir.
    • Sí a la puesta a punto de tecnologías apropiadas, respetuosas del ambiente, poco devoradoras de energía y que respondan a las reales necesidades de las diversas regiones de nuestro país.
    • No a la distorsión demográfica que concentra una población desmesurada en los grandes centros urbanos, causando insolubles carencias de infraestructura básica y servicios y tensiones sociales de todo orden, mientras continúa despoblándose la vasta extensión de nuestro país y las regiones fronterizas.
    • Sí a la descentralización de las aglomeraciones urbanas y del poder hegemónico que ellas suponen. Sí a la autosuficiencia, a la autonomía y a la preservación de la identidad cultural de las diversas comunidades regionales nacionales y latinoamericanas.
    • No a la destrucción de nuestros bosques naturales y nuestros ríos. No a la destrucción de nuestra fauna silvestre. No a la destrucción de los equilibrios ecológicos que sostienen la trama de la vida y son el reaseguro contra la aparición de epidemias y el agravamiento de los llamados “desastres naturales”. image
    • Sí a la urgente reforestación con especies autóctonas y recuperación de las masas forestales nativas degradadas, para asegurar a perpetuidad la provisión de materias primas, medicinas, energía y alimentos. Sí a la conservación de la cubierta vegetal: bosques, pasturas y suelos fértiles, como garantía frente al nefasto ciclo de inundaciones y sequías devastadoras.
    • No a la contaminación del aire que respiramos, del agua que bebemos, de los alimentos que consumimos nosotros y nuestros hijos.
    • Sí a las técnicas de reciclaje y aprovechamiento de los residuos, que protegen nuestro ambiente a la vez que crean nuevas fuentes de trabajo y mejoran la eficiencia del rendimiento económico de las empresas.
    • No a la agricultura basada en el uso indiscriminado de plaguicidas, herbicidas y fertilizantes, que envenenan el suelo y los alimentos, crean nuevas cepas de insectos resistentes y conducen al agotamiento del suelo, a la ruina económica y a la emigración. No a una ganadería que abusa del sobrepastoreo y desestima las especies nativas que han evolucionado en íntima adaptación con el ecosistema americano.
    • Sí a una nueva concepción de los aprovechamientos agropecuarios basados en el respeto a la conservación de los suelos, en los abonos orgánicos y el control bioambiental de las plagas.
    • No a las fuentes energéticas contaminantes. No a los faraónicos aprovechamientos hídricos que trastornan, tal vez irreversiblemente, vastas regiones, creando problemas de todo orden para finalmente concluir su propia vida útil. No a la energía nuclear, que hipoteca el destino de las generaciones actuales y futuras, que es de costoso mantenimiento y cuyos reactores son inutilizables después de apenas treinta años. image
    • Sí a la puesta a punto de fuentes de energía limpias y renovables: solar, eólica y de biomasa. Si a la instalación de fuentes descentralizadas de energía, que no necesita transportarse y que aporta al autosostenimiento y al crecimiento de las diversas regiones para el bien de una verdadera integración nacional.
    • No al desconocimiento de nuestra flora y fauna. No al menosprecio de nuestra identidad cultural. No a una educación desconectada de las realidades de cada región argentina.
    • Sí a la educación ambiental en todos lo niveles y por todos los medios de comunicación. Si a la educación que revalorice los componentes naturales y culturales de nuestra tierra y el mejor modo de relacionarnos con ella. Sí a la creación de una red de reservas naturales. Si a una legislación que defina la política para el manejo integrado y racional del patrimonio de nuestros recursos naturales.
    • Manifestamos también que no nos opondremos jamás al desarrollo que tiene como meta mejorar la calidad de vida humana. Sólo deseamos definir qué tipo de desarrollo queremos. Y luego poner el máximo de nuestras energías al servicio de este desafío: gestar un desarrollo en función de la gente, por la gente y para la gente.
    • Manifestamos también que éste es más que nunca el tiempo de crear para la vida. A esta creación, la única que merece ser gestada, convocamos a todos los habitantes de esta tierra y a todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. image

    Santa Fe, 18 de diciembre 1983

    image Asociación Ambientalista del Chaco; Fundación Tierralerta (Buenos Aires); Centro de Protección a la Naturaleza (Santa Fe), Fundación para la Defensa del Ambiente (Córdoba); Instituto de Defensa Ecológica Albert Schweitzer (Rosario); Asociación para la Evolución Armónica del Ambiente (Entre Ríos); Unidad Vital (Mercedes, Buenos Aires); Centro de Estudios de Plantas Aromáticas y Medicinales (Posadas, Misiones); Tierralerta de San Juan; Unión Naturista Argentina; Sociedad Ecológica Regional de El Bolsón (Río Negro); Fundación Vida Silvestre Argentina (Buenos Aires), entre otras entidades firmantes.

     

    (Spinetta Jade, en el programa de Badía, en 1983)

    martes, 23 de febrero de 2010

    Un trozo de este siglo y del otro

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    Hace poco hice un par de visitas a Jazz & Pop, un boliche (bah!, un sótano) que para mi tiene una connotación especial porque en los 70s  y 80s era un reducto donde tocaron muchos de los monstruos que en esa época visitaron a la Argentina. Yo leía las crónicas de esas zapadas post-conciertos a través de las revistas en Rosario. Luego Jazz & Pop cerró. Ahora, en esta nueva etapa, me dispuse a disfrutar de una cartelera que cubre todo el verano. Así, cualquier noche uno puede disfrutar de buena música, como estar en un ensayo, en ese ambiente “cálido y húmedo” como sólo un buen sótano puede ofrecer.

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    Uno de los gustos que me di en este verano de Jazz & Pop es haber podido escuchar a Javier Martínez, a quien nunca antes había visto en vivo. En formato de trío, a lo Manal, me despaché con una noche de Javier Martínez y sus blues, en un sótano húmedo en una noche porteña más húmeda aún, como debía ser. Hasta con el agregado que hubo que bajar el volumen porque lo vecinos se quejaban!

    Javier Martínez es un “hueso duro” dentro del panorama musical nacional, una leyenda, un músico y poeta cuya figura se agranda con el tiempo.

    Hace un tiempo puse la data de “Avellaneda Blues”. Si tuviese algún sentido un ranking así, Avallaneda Blues estaría entre las diez mejores de la historia de la música argentina. En aquella entrada no puse el tema porque no contaba con la maquinita “goear”. Ahora va:

    Aquí un programa dedicado a este increíble Javier Martínez

    Para terminar, el trailer de “Argentina Beat”, y ahí está Javier Martínez.