Mostrando entradas con la etiqueta Roque Narvaja. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roque Narvaja. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de julio de 2010

Mucho twitter, poco 14 bis

image

En buena medida el manejo que tenemos de nuestros residuos habla bastante de nosotros. El nivel de responsabilidad que tenemos con los residuos que generamos sirve bastante bien para identificar qué nivel de compromiso tenemos con nuestros vecinos y con el sitio, que se supone, le dejamos a los que vienen atrás.

No hace falta profundizar demasiado para ver que nuestro sistema más popular de “gestión” de los residuos domiciliarios consiste en tirarlos lejos, lejos de la vista de los barrios mejor acomodados o céntricos. Tirarlos al patio trasero.

Inexorablemente, esos basurales terminan rodeando a las ciudades. En aquellos sitios donde esta práctica gana algún nivel de sofisticación, optamos por enterrarlos. Por supuesto, basurales y rellenos, son una plaga en los alrededores de toda gran ciudad. Problemas ambientales, sanitarios y sociales crecen alrededor de esas montañas de basura, magníficas obras maestras de la imprevisión, la irracionalidad y la total ausencia de solidaridad para con nuestros vecinos.

Cuando parece que ya no da para más la cosa, ya sea porque no hay terrenos adónde meter la basura, o no hay vecinos, por más pobre que sea, que se la quiera bancar, entonces aparecen los que venden incineradores. Un paso más en la demencial lógica de querer “deshacernos” de la basura.

En la ciudad de Buenos Aires, hace ya algunos años (2005), producto de la crítica situación que se enfrentaba la ciudad en materia de gestión de residuos urbanos, se adoptó (por ley) el criterio de maximizar la recuperación y reciclado, y a obligar a que las conductas, los negocios y la tecnología debían marchar hacia un mismo destino, la reducción de residuos que se entierran. Ese programa, al igual que en muchas partes del mundo, se llamó “Basura Cero”. No hay basura en la naturaleza, hay materiales y elementos que circulan por infinitos ciclos. De más está decir que si intentamos que nuestra economía funcione acorde a la naturaleza nos puede ir mejor. Si queremos terminar con la locura de la minería y su devastador avance debemos pensar qué hacemos en el otro extremo de la cadena con todo lo que sacamos de la montaña. Lo mismo con lo que sacamos del bosque, de la tierra o de donde sea.

                                     

Ahora bien, adoptado el plan de “Basura Cero” en Buenos Aires, por supuesto, como era de esperarse, nunca se hizo nada. O casi nada, para exceptuar los pocos esfuerzos de algunos.

Por supuesto, “cacareo” siempre hay, pero es muy poco lo hecho. En estos días, la ciudad está diseñando los pliegos para licitar los nuevos contratos de recolección de los residuos para los próximos años. Son momentos en los que hay que poner, como señalaba antes, a los negocios y a las conductas en la misma dirección, hacia el objetivo de “Basura Cero”.

Pero aquí aparece un aspecto que también habla mucho de nuestra sociedad. Si la gestión de la basura habla de nosotros, nuestras relaciones laborales hablan todavía más.

Desde siempre (lamentable expresión) existieron “cirujas”, “botelleros”, “cartoneros”, etc. personas que tenían como modo de supervivencia la recolección de algunos materiales de deshecho con un valor de venta que les permitía obtener un ingreso, ínfimo, pero un ingreso al fin. Esos oficios, productos de la pobreza extrema, eran también demostrativos del valor económico de muchas de las cosas que se tira alegremente a la “basura”.

“El botellero” (grab. 7/6/71), José Larralde, de “Milonga de tiro largo”

Ese medio de supervivencia, el cirujeo, cobró particular intensidad luego de la crisis del 2001/2002. Es en ese momento cuando irrumpe, en una magnitud nunca vista antes, el fenómeno de los cartoneros por las calles de Buenos Aires. Nunca antes se había visto tanta cantidad de gente volcándose a esa actividad para sobrevivir. Sin duda que una serie de factores reforzaron el fenómeno, por supuesto, la pobreza y la caída a pique del empleo en esos años y, también, la mayor generación de basura con valor económico, entre otros.

Esa situación, sumada a la crisis de los rellenos en el conurbano, permitió que se viese absolutamente apropiado y oportuno la adopción de un programa como “Basura Cero”. Lo que se hacía visible con el fenómeno de los recuperadores era, por un lado, el enorme valor económico existente en la basura y, por el otro, que el aprovechamiento de ese valor implicaba avanzar en un camino que requiere mucha mano de obra. Más mano de obra que la que se necesita para simplemente juntar la basura y tirarla en un relleno.

Hasta acá, impecable. Pero hay algo que se perdió en el camino.

Resulta que en torno a la basura comenzó a gestarse una idea y una visión bajo la cual el reciclado de los residuos es para “que lo hagan los pobres”. Por supuesto que eso que acabo de decir se disfraza de los modos más elegantes, bajo ciertas conceptos sociales que pretenden dignificar el trabajo del “cartonero”, pero una dignificación tal que no pasa de las palabras ya que no le cambian sustancialmente su situación laboral y social. Según tales “sociólogos” de la post-crisis, los recuperadores informales deberán seguir siéndolo. Adoptados casi como piezas de la antropología urbana.

Tal maniobra, hoy está siendo ejecutada por el Gobierno de la Ciudad. ¿Cómo es esto? Bueno, la ciudad debe realizar su esfuerzo por reciclar, tal como se lo exige la ley y buena parte de la sociedad, pero… “pero que no nos salga un mango, que lo hagan los cartoneros!!”.

Es decir, la Ciudad comienza a desarrollar su obligación de prestar un servicio, en este caso, la recolección diferenciada y el reciclado de residuos, pero lo hace a través de mano de obra informal, con trabaja a destajo y a suerte de quien la realiza. Lo repito, en vez de contratar formalmente a una empresa para hacerlo, o bien hacerlo a través de una empresa pública, lo hace a través de cooperativas que reciben un mínimo apoyo pero que ni por asomo es el pago por el servicio que prestan. Repito, el Gobierno de la Ciudad comienza a prestar un servicio público (que está obligada a prestar) en base a trabajadores informales, en condiciones que no se repiten con los trabajadores que realizan cualquier otro servicio público e la ciudad. 

Claro, esto tiene varias ventajas. Por un lado, el vecino/contribuyente, no tiene que pagar más por sus impuestos (cosa que sí ocurriría si la ciudad se hiciera cargo de cumplir con su obligación), la ciudad “recicla”, o así aparentará hacer, y los “recuperadores” obtienen una mejora mínima en sus condiciones de trabajo. Bárbaro, pero todo esto, ¿no es abusar demasiado de la necesidad?

Para ejemplificar el compromiso de la Ciudad con este sistema, y lo que representan económicamente ambos sistemas, vale señalar que el sistema de recolección de residuos con alto potencial de ser reciclados y vueltos al circuito económico, le saldrá a la Ciudad uno 120 millones de pesos anuales (a cambio de su trabajo, el Gobierno les paga a los recuperadores un pequeño incentivo, cobertura social y la provisión de camiones y otras cuestiones logísticas). Para poner las cosas en perspectivas, el sistema que el Gobierno de la Ciudad contratará para recolectar la basura que tendrá como destino los rellenos se estima en alrededor de 1.400 millones de pesos. La escala de la diferencia nos da una idea de lo barato que es la explotación de la pobreza. Esto ocurre en la capital de la República Argentina.

Vamos a las cosas básicas. La gestión de la basura, tradicionalmente a cargo de empresas, públicas o privadas, que cobraban su servicio para recolectar los residuos y limpiar la ciudad, lo hacían a través de trabajadores asalariados. Cuando digo trabajadores quiero decir trabajadores formales, con sus salarios, obra social, con sus sindicatos y todas esas cosas que hacen a los derechos laborales, ¿se acuerdan?. Esos derechos que se lograron durante el siglo pasado, por los que se escribieron libros y leyes, hubo movimientos sociales que lucharon por obtenerlos, hubo huelgas, masacres, mártires y héroes. Bien. Todo eso.

Resulta que, en plena política 2.0 y de ministros que derraman su sabiduría por medio de twitter, el gobierno de la ciudad está estructurando la recolección y gestión de la basura a través de dos sistemas. Uno, basado en el modelo tradicional, con empresas y personal contratado, esto es para la gestión de los residuos que tienen como destino el relleno. El otro sistema, para los residuos que deberían tener como destino el reciclado y la recuperación, para hacer eso, se utilizará a los “recuperadores”, trabajadores que no entrar en la categoría de asalariados, sino una especie de cuentapropistas, que prestarán un servicio que la Ciudad debe prestar y por la que ni el Gobierno de la Ciudad pagará, ni los vecinos, sino que se realiza por medio de mano de obra informal.

Es decir, que lejos de integrar a los “recuperadores” al trabajo formal y generar empleos, lo que hace la Ciudad es comenzar a prestar un servicio con trabajadores informales, es decir, sin pagar los sueldos que corresponde.

Es perfectamente comprensible que para muchos cartoneros esto signifique una pequeña mejora respecto de sus condiciones originales, pero mejora al fin, en sus condiciones de trabajo. Pero eso no cambia la situación.

Pero lo que más me intriga de esta situación es que desde los partidos políticos que se dicen “obreros”, “de  trabajadores”,  “clasistas”, “combativos”, “radicales”, “justicialistas” y todos los que siguen, nadie, nadie diga nada. Nadie diga que esto debe ser distinto. Que el reciclado, si es materia legal y si es materia de interés social, no pude ser que deba ser realizado de manera semi-informal, sin que la sociedad pague lo que cuesta y el beneficio que significa. No puede ser que el reciclado sea un oficio de segunda categoría, que el estado paga en condiciones reñidas con los derechos básicos.

¿En tiempos de política 2.0, será que el 14 bis no entra en los 140 caracteres del twitter?

 Art. 14 bis.- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.
Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.
El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.

(Constitución de la Nación Argentina)

“Che Ciruja”, Roque Narvaja (2010), nueva versión del tema de Pedro y Pablo (1970)

lunes, 30 de marzo de 2009

Primavera para un valle de lágrimas

820290Vuelvo a los discos. Esto viene a cuento a que tengo ahora el disco “Primavera para un valle de lágrimas”, segundo disco de Roque Narvaja. Entonces es una buena oportunidad para hacer este comentario.

He dicho anteriormente que tengo una especial predilección por esos artistas que quedaron en el camino, que ya no son los que marcan tendencias y desbarrancaron en el conocimiento popular. Talentosos, a PRIMAVERAveces vanguardistas, pero malogrados desde el punto de vista del reconocimiento masivo y que, por supuesto, no llenan estadios. Me gusta su estoicismo, me gusta la devoción que despiertan en su público fiel, y porque cada tanto alguien los rescata como joyas perdidas. Porque se levantan de cada mala etapa de su carrera.

Uno de mis predilectos es Roque Narvaja. Un artista que salió de las huestes del “beat” de los ´60, al margen, pero cercano, del naciente movimiento de rock nacional. Ese estigma de artista “complaciente”, así se los llamaba, que colocaba hits todos los veranos, era diferente, y me gusta haberlo detectado en aquel momento, por detalles y gestos distintos. Luego, Roque Narvaja, deja “La Joven Guardia” y comienza una carrera solista, con el padrinazgo de Lito Nebbia, que se inicia con “Octubre (mes de cambios)” (1972). Ese primer disco me pasó desapercibido en aquél momento, pero de su segundo disco volvió a sonar en las radios uno de sus temas, para mí fue fantástico el reencuentro con Narvaja solista, yo tenía 13 años. El tema era “Acuérdate de vivir, acuérdate de amar”

Luego vendría “Chimango” (1974) e inevitablemente, el exilio después. Recién en 1982 logra editar un nuevo disco en España y así retomar su carrera, dando un giro importante en esa nueva etapa.

Volviendo al primer Roque Narvaja, el de La Joven Guardia. Recuerdo que ellos sonaban distinto, estaban realmente al borde del “beat”. En aquellos años la radio y el cine eran los vínculos por los que podíamos conocer a los artistas. Luego aparecen algunos programas de TV en las que, con música de los discos, un grupo de jóvenes bailaban con pasos que después eran copiados en los cumpleaños y esas cosas. Jamás me interesó esa parte. A veces aparecían tocando grupos y eso era algo realmente importante para mi. Pero todo era en base a un infame playback. Recuerdo un día en que La Joven Guardia tocando en “Alta Tensión” (conducido por Fernando Bravo) tocan “la reina de la canción”, en la parte que dicen “sueña que las descubren para que baila en televisión” ellos cantan “sueña que la descubren para que baile en Alta Tensión”… estaban tocando en vivo! Un shock. Eran distintos al resto, definitivamente. Inmediatamente me hice una guitarra eléctrica de madera, la pinté de colores y era Roque Narvaja.

Por aquel entonces Luis Sl_b6e17e9246e45fd8a102fb410b5fa066andrini hace una serie de películas, bastante malas, pero que conjugaban los símbolos de la época: estudiantes, protestas, jóvenes que desafían a profesores, música, hippies, etc. La saga arranca con “El profesor hippie” (1969), “El profesor patagónico” (1970) y “El profesor tirabombas” (1972). En las dos primeras aparecen músicos en una rara mezcla, para la tercera, ya las aguas estaban más divididas. En “El profesor hippie” aparece La Joven Guardia. Luego volverían a ser protagonistas de “El extraño del pelo largo” (1970) con Lito Nebbia y otros, en una verdadera ensalada musical.

Un fragmento de la actuación de La Joven Guardia en la película “El profesor hippie”, haciendo el tema “El extraño…” que originalmente se había publicado en 1968:

Para completar, un fragmento compartido entre La Joven Guardia y Litto Nebbia en “El extraño de Pelo largo”.

Si bien todo esto suena viejo y, alguno dirá, patético, estas canciones son recuperadas por el pop contemporáneo. Así, mirando las nuevas olas, tenemos a Los Enanitos Verdes haciendo a mediados de los ‘80 “El extraño de pelo largo”, o Hilda Lizarazu (2004) haciendo una versión de “La reina de la canción” o Andrés Calamaro (2006) con “Rosemary” (Nebbia), entre otros.

Volviendo al disco “Primavera…”, en el año 2004 Página/12 lo reeditó junto con “Octubre…” ya que estaban descatalogados. La nota que acompañó ese lanzamiento es muy útil para comprender el contexto de esos discos. Otro tema de “Primavera…”, Zamba del “negro” Rosario:

Luego de grabar Chimango (1974) y cuando tenía en preparación un nuevo disco que se llamaría Amén (que queda inconcluso), en 1977 debe exiliarse en España por las amenazas que recibe del gobierno militar. Roque_Narvaja-1977

Para complementar esta breve reseña, es muy interesante esta nota publicada por Clarín en el año 2004. El itinerario de quien cae, vuelve a levantarse y al que el éxito nunca lo acompañó en los mejores contextos.

MUSICA: ENTREVISTA CON ROQUE NARVAJA
Memorias de un sobreviviente
En los 70 militó en el peronismo de izquierda y tuvo que exiliarse. Es alcohólico y pelea cada día por no tomar. De El extraño del pelo largo a El amante de cartón, historia de un músico en constante exilio.
Mariano del Mazo. 11 de abril 2004.

En un apretado departamento de Almagro con teclado años 80, mate frío y paisaje de vías del Sarmiento, saluda con timidez gentil alguien que fue peronista de izquierda en los 70 ( "de la Tendencia", dirá), que es alcohólico y que se muestra cansando de su condición de hombre de ningún lugar.
La vida de Roque Narvaja se tensa entre sitios geográficos y musicales. A partir de su Córdoba natal hizo el itinerario Buenos Aires-Madrid-Junín-Segovia-Buenos Aires. A partir del beat "complaciente" de La Joven Guardia se hundió en el folclore latinoamericano y la canción testimonial con discos legendarios como Octubre, Primavera para un valle de lágrimas y Chimango y terminó haciendo impecables baladas pop que iluminaron las noches del destape español de principios de los 80. Esta historia está recorrida por hits que continúan atravesando las décadas con una lozanía imbatible: desde El extraño del pelo largo y La reina de la canción hasta Santa Lucía y Menta y limón.

Está en Buenos Aires, dice, terminando de poner su cabeza en orden e intentando mostrar su nuevo disco, Palabra x palabra. Podría ser millonario. "Apenas vivo bien. No me quejo. Tuve demasiado rock and roll en mi vida y gasté mucho. Desde los 17 años hasta 1989 no paré".
A los 17 formó La Joven Guardia, un grupo con espíritu beatle que pasó de largo tanto de la onda Iracundos y como del balbuceante rock nacional de Los Gatos y Almendra. "Sí, éramos diferentes. Los Gatos, y Litto Nebbia especialmente, en esa época eran fanáticos de los Rolling Stones; lo mío era rarísimo, yo venía de escuchar a Los Chalchaleros, Los Fronterizos y Los Beatles. A los 15 años fui al Festival de Cosquín a dedo. Esas cosas pesan".

¿Cómo fue que inmediatamente giraste del beat a la canción latinoamericana militante?
La época era muy fuerte. Principios de los 70. En una oportunidad, de gira con La Joven Guardia por Bolivia, descubrí la quena, el sikus, el charango. Después conocí a Uña Ramos, y empecé a militar en la Juventud Peronista de la Tendencia. Ya como solista me salían canciones sobre temas más concretos. Estaba en la onda Huerque Mapu.

Muchos se refieren a esos años como tu época más interesante artísticamente. Trasera
Sí, pero no me iban a ver ni los perros. Discos como Octubre y Chimango no vendieron nada. Tenía otro llamado Amén que en su momento no llegó a salir: me lo censuraron. En 1977 entraron a mi casa por primera vez. Pensé que habían sido ladrones; después entraron dos veces más. Ahí me di cuenta de que iba en serio. El 4 de abril de 1977 agarré a mi esposa, a mi hijo Lautaro que tenía 11 meses y me tomé un avión a Madrid.

¿Cómo fue el impacto?
Yo allá no era nadie. No era famoso, no existía. Todos mis contactos se reducían a tres números de teléfonos . Me encontré con todos los exiliados argentinos, los buenos y los malos. Todos venían a mi casa de Madrid, he visto desaparecer heladeras llenas. Saqué un disco y ocurrió el milagro: de ese disco Miguel Ríos tomó una balada mía, Santa Lucía, la hizo rock and roll y chau. Nos cambió la vida a él y a mí. En 1980 me eligieron Mejor Compositor de España y la Sociedad de Autores incluyó a Santa Lucía dentro de las mejores 100 canciones de España.

Pleno destape
Total. Nunca vi tanta gente tomando cocaína como en esa época. Lo mío era el alcohol. Yo no era un tipo moderno y era un poco más grande que la media. A Alaska le llevaba
roque_narvaja_menta_y_limon 15 años. Salía con gente de mi edad, gente como Joaquín Sabina, un tipo divertidísimo. Tuve la inmensa fortuna de que me aceptara en su círculo de amigos. Andaba con gente pesada, pero vivía tan borracho que no me daba cuenta de nada. Profesionalmente me estaba yendo de puta madre: en el 81 salió El amante de cartón e hizo un desastre. Fui el disco mío que más vendió. No sé cuánto, pero seguro más de un millón de copias.

Cuando la Argentina recuperó la democracia casi todos los artistas en el exilio volvieron. Vos decidiste quedarte. ¿Por qué?
Porque allá me estaba yendo muy bien. Al menos en el plano de laburo. Afectivamente no tanto. Después del éxito de canciones como Menta y limón y Yo quería ser mayor me divorcié. Andaba mal, mal.

No tomás más
No. Soy alcohólico pero no tomo más. Ni una gota. Es un trabajo diario. Me siento bien sin tomar.

¿Cuándo volviste?
Mi primer regreso fue en 1989. Vine a la Argentina a entregar armas. A parar la pelota. Había tocado fondo. Tenía 38 años y estaba listo: la gente me veía y se santiguaba. Me fui a vivir a Junín. Empecé despacito una vida nueva, volví a componer. Me salían canciones más espirituales, más reflexivas. Descubrí que quería seguir siendo músico. Pero al tiempo escaseaba el trabajo y en el 95 volví a España. Un desafío: España era un símbolo, significaba mi decadencia. Hice muchas cosas y me apasioné con un hobby: volar en planeadores. Volaba en las sierras de Segovia. Estuve hasta el 2000: decidí volver definitivamente a mi país.

¿Y ahora?
Hice las paces con todo el mundo. La guita que debía la devolví. La gente no me conoce como artista, piensa que soy apenas un baladista edulcorado. Todo es bastante más complejo. Pero lo que importa, sí, son las canciones. Y acá están: escuchenlas. Zafé, estoy vivo. Lo único que pido es que me escuchen.

Bueno, tengo “Primavera para un valle de lágrimas” y con él completé ese primer trío de discos memorables de Narvaja post Joven Guardia. Repito, era una buena oportunidad para este comentario. Hoy Roque Narvaja vive en Rosario y sigue.

Hay una nota que publicó Radar (Página/12) a otro de los integrantes de aquel grupo (Masllorens) y es otra mirada interesante sobre esos años, sobre el grupo, la marginación que sufrían por venir del “beat” y el estrepitoso fracaso del intento de cambiar el estilo de La Joven Guardia a comienzos de los ´70.

Más allá de las razones artísticas que siempre me resultaron atractivas, Roque Narvaja es un símbolo. Sobre esto, nada ha leído más conmovedor que la nota escrita por Joan Manuel Serrat para el disco de Roque Narvaja “Esponjas con vinagre” (1999):

«El otro día me encontré con Roque Narvaja. Hacía un tiempo que le había perdido el rastro aunque sabía de él y sus circunstancias por amigos comunes.

Me habló del disco nuevo que estaba por sacar. Le brillaba la cara como a un crío frente al escaparate de una pastelería mientras me hablaba sonriente, como buscando complicidad. Rebuscó en un maletín y lo puso en mis manos.

Los viejos roqueros nunca mueren, ni falta que hace pensé, aunque uno vió ya demasiados cadáveres como para mentar tranquilamente estas cosas sin que le tiemblen las patas. Por eso me alegré al verle echando chispas por los ojos y salpicando ilusión. Porque no me gustan los cadáveres y sé que también los viejos roqueros cascan. ¡Claro que cascan! Algunos privilegiados, la palman heroicamente y sin previo aviso, un domingo luminoso en los medios de la Plaza cual torero de cartel, pero las más de las veces, como el común de los mortales, los viejos roqueros expiran, cualquier lunes de mierda, envueltos en tenebrosas soledades. Eso sí, no es fácil darles muerte. No encajan resignadamente el tránsito a la sinmemoria.

Aún a sabiendas de que la fortuna los dejó al pairo, abandonados a su suerte, puede vérseles, con sus "demos" bajo el brazo, circular de despacho en despacho, de mesa en mesa, de A.R. en A.R., con la dignidad de un príncipe desterrado, ofertando ilusionado su legado en forma de maqueta.
Los viejos roqueros son duros de pelar aunque su roque_narvaja_thumb2corazón, sumamente frágil, haga que algunas veces se tambaleen y caigan. Pero es sólo una finta. Un simple traspiés. Ellos volverán a levantarse con la energía de aquellos que se sienten respaldados por un espíritu indomable.

Más de 12 años llevaba Roque sin que apareciese en el mercado español un disco suyo. Desde que en 1987 de la mano de Josep Marría Bardagí, nos cantara "El resto de mi vida". Después, el mundo de la música y sus regiones le perdieron la pista.

¿Dónde estuviste metido Roque...? Aquí, el personal angustiado por colarse en las listas de éxitos, peleando por las ventas y las radiofórmulas y tú sin dar la cara. ¿Qué oscuro lazo de niebla, como diría Yupanqui, te cazó junto al barranco? ¿Dónde estabas cuando repartían los caramelos y los honores...? ¿A quién le cantabas con la boca cerrada...?

Pero ya ven. "Roda el mon i torna al born", como reza un refrán catalán y el Narvaja, se animó a dar la cara de nuevo y reaparece como el Guadiana de las tripas de la tierra, aburridas y oscuras como una vida sin música y sin escenarios, con un manojo de canciones en el que se mezclan viejas y nuevas historias, en donde convive lo real y lo imaginado. Una miscelánea con la que quiere abarcar desde el vuelo del águila hasta el leve gemido de la espiga.

845a_1_b11 Canciones a modo de terapia personal, que crecen con la escucha como crece el tacto con los ojos cerrados, y en las que enjuaga sus heridas con esponjas con vinagre reclamando confianza para sus sueños. Sabe que el oficio de cantor es una carrera de obstáculos, pero él sigue dispuesto a correrla. Cuentan sus biógrafos que a los 17 años, en 1970 y siendo presidente de la República Argentina el general, cómo no, Onganía, formó un grupo musical que se autoproclamó La Joven Guardia, con el que viajó al interior de la República, más allá del oasis del Río de la Plata, para descubrir un país. El suyo. Con ellos grabó su primer disco "El extraño del pelo largo" y poco más tarde, ya en solitario, aparece "Octubre", un trabajo pionero en la fusión instrumental, en el que conviven la quena con la guitarra eléctrica, el charango con el primitivo sintetizador.

Se viene para Madrid (1977) con los sueños y la familia a cuestas, empujado por unos tiempos en los que cantar opinando en la Argentina se convirtió en oficio de alto riesgo. Fueron tiempos de pubs guitarreros y dúos con Marian Farias Gómez. Y luego Benidorm (1978) y aquella canción que hablaba de las lluvias y que como tantas otras que por Benidorm pasaron, no encontró lugar roque_narbaja_santa_luciaen el baúl de los recuerdos colectivos. Tampoco ahí ganó. Habría que esperar un par de años aún a que "Santa Lucía" le besara en la frente y Miguel Ríos la convirtiera en algo más que un éxito para que su tarjeta de visita se detuviera en la mesa del ejecutivo de turno sin brincar sin escalas, hacia la papelera más cercana.

Y llegaron, tal vez, los mejores tiempos. Con Movieplay (1981) graba su disco más vendido hasta la fecha "Un amante de cartón" (de ahí "Menta y Limón" y "Yo quería ser mayor") y más tarde "Balance provisional", para volver al de aquí y, esta vez con EMI, publicaría su antepenúltimo trabajo que tituló "Al día siguiente".

Y ahora nos invita a Esponjas con vinagre". Aclararemos que yo no estoy aquí presentando a Roque con su nuevo disco. Estoy acompañándole en este paso al frente, con el afecto solidario que nos une desde hace años porque Roque forma parte de esa gente que de la lluvia se interesa por las gotas y en los cielos busca relámpagos. Porque es una de esas voces que corta el pan del silencio con cuchillos cotidianos y por ser un representante emblemático de una música sin fronteras.

Me alegro que esté de vuelta. Es valiente y no le será difícil reincorporarse a su puesto. A fin de cuentas, Roque, las cosas están más o menos como estaban cuando las dejaste.»

roque_narvaja