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domingo, 30 de diciembre de 2012

Me compré un “Lo mejor de…”

vidrio

La música se me viene desmaterializando. Se me hace que el “objeto” disco es una especie rara que sobrevive porque algunos la hacen sobrevivir. Ya ni puedo adjudicarme una gran colaboración en esa tarea.

Cada vez me cuesta más establecer con los discos el vínculo que solía tener. Me parce que a muchos nos pasa algo similar.

Sin embargo, en un acto de resistencia a esa tendencia, me propuse completar la colección de los discos de Luis Alberto Spinetta. Supongo que algo por el estilo le habrá ocurrido a unos cuantos porque, ¿cómo se explica que el primer disco de Almendra haya sido el tercer disco más vendido en noviembre de 2012 en Argentina? Vean la página de CAPIF! 

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Bueno, vaya a saber cuál es el fenómeno. Lo cierto es que empecé a ordenar los discos de LAS como hacía mucho tiempo no lo hacía y descubro que no tengo las grabaciones de los simples de Pescado Rabioso! tengo esos temas en versiones en vivo, pero no los originales.

Sucede que esos simples sobrevivieron a su edición original porque en 1976 se publicó un disco que todos lo hemos tenido, aunque sea de prestado, que se llamó… “Lo Mejor de Pescado Rabioso”! Por esa razón, porque en esa época jamás iría a comprarme un disco que se llamase “lo mejor de…”, nunca tuve ese disco y nunca tuve los simples.

El disco es una buena compilación y tiene la muy buena tapa de Juan Oreste Gatti. Es esta, seguro la conocen:

Pueden visitar el facebook de Gatti para saber un poco más de su obra. Hay una muestra fotográfica de él por estos días en Buenos Aires.

El original vinilo es un disco emblemático de los 70. Pero nunca lo compré porque era una “compilación”!. Así que ahora, con muchos años encima y en un acto de resistencia mucho menor que lo que significaba Pescado en aquellos años, me lo compré en una disquería de calle Corrientes hace algunas semanas. Aunque. debo confesar, lo comprimí y lo estoy escuchado en el MP3. 

Bueno, los simples son:

  • Post-crucifixión / Despiértate nena (1972) 
  • Me gusta ese tajo / Credulidad (1972)

    El tema “Credulidad” fue parte del disco siguiente, “Pescado 2” (1973).

    Entonces, cubierto ese hueco en la discografía de LAS, pongo aquí “Post-Crucifixión”, atenti, esto acaba de cumplir 40 años!

    Aquí la versión que se podía ver en la película “Rock hasta que se ponga el sol” (1973), un segmento de Pescado Rabioso grabado, creo, en el teatro Olimpia, Belgrano1260.

     

     

     

     

    …y en Vélez, diciembre de 2009, las Bandas Eternas… los mismos músicos.

     

  • sábado, 6 de octubre de 2012

    Libélulas y pimientos

     

    Luis Alberto Spinetta

     

    La Bibioteca Nacional será sede de la muestra Los libros de la buena memoria, en homenaje al músico argentino. En este artículo, que acompañará la exposición, el autor de El país imaginado analiza las ideas y los textos que dieron forma al pensamiento del fallecido compositor y sustentaron la singular lírica de sus canciones

     

    Por Eduardo Berti | Para LA NACION

     

     

     

     

     

     

    Cierto día en que paseaban por el campo, el poeta Matsuo Bashô (1644-1694) y su discípulo Kikaku se extasiaron mirando el revoloteo de las libélulas. En el acto, el discípulo compuso un haiku:

    ¡Libélulas rojas!
    Quítales las alas
    y serán pimientos.

    El maestro repuso: "No. De esta manera has matado a las libélulas". Y propuso otra versión:

    ¡Pimientos!
    Añádeles alas
    y serán libélulas.

    La anécdota fascinaba a Luis Alberto Spinetta en sus últimos años, tanto que llegó a contarla en más de una entrevista. Un video realizado por Emilio Cartoy Díaz muestra a Spinetta comentando que, a su entender, el episodio de Bashô resume y confronta "dos visiones del mundo": la destrucción versus la creación.

    La crítica de la violencia y de la destrucción fue una constante en la obra de Spinetta y, con certeza, uno de los pilares de la ideología del rock, que nació tras el nazismo e Hiroshima. Un sketch de la película Hasta que se ponga el sol (de Aníbal Uset), filmado en los años de plomo, casi al mismo tiempo que la matanza de Ezeiza, muestra a los músicos de Pescado Rabioso caminando por una calle apacible de un barrio porteño. Aparece una limusina y tras ella va un coche algo destartalado. Una especie de "personaje importante" baja de la limusina. Un tirador baja del otro coche y le apunta con una grosera escopeta. Los músicos se cruzan, por error, en la línea de fuego. Suena un disparo. David Lebón recibe una bala perdida y reacciona indignado frente al tirador. "Tonto", resume Spinetta.

    De aquella bala perdida a la bengala perdida del disco llamado nada menos que Tester de violencia y basado en algunos textos de Michel Foucault, la postura de Spinetta ante el instinto de muerte fue siempre activa, siempre creativa. Lennoniana, podría decirse. Un grupo como Pescado Rabioso sondeaba la poesía en los resquicios de la "dureza". Una canción como "Kamikaze" hacía una crítica -no exenta de admiración- de la ética del sacrificio.

    "Estoy en contra de la muerte. No concibo la posibilidad de que los hombres se maten ni por inmolación, ni para beneficio de la guerra, ni jugando a los dados o a la ruleta rusa, ni en la calle ni en los accidentes", le decía Spinetta a Gabriel Senanes en una entrevista donde hablaba del libro que le había inspirado esta última canción: Los kamikazes , de Fernando Castro.

    Pero, a la vez, el sobre interno del disco (también bautizado Kamikaze ) admitía su perplejidad por la audaz convicción de estos guerreros: "¿Lamentablemente no hay más kamikazes en la vida creativa?" [...]

    * * *

    Según Bashô, uno de los atributos más importantes de un haiku era el de reunir dos principios opuestos que él llamaba fueki (lo immutable) y ryukô (lo efímero). Estos principios -dicen los estudiosos del haiku- provienen de los conceptos chinos de yin (lo cambiante, lo femenino, la luna, la sombra) y yang (lo estable, lo masculino, el sol, la luz).

    La noción de "pescado rabioso" reunía dos conceptos en teoría opuestos o, al menos, irreconciliables. De esa noción (de ese animal de agua que es víctima de una enfermedad de mamífero) nacía algo dulce y violento a la vez: algo próximo a Led Zeppelin, algo que (como el rock en su conjunto) ponía en tela de juicio los límites rígidos, puristas, "tangueros", entre las sensibilidades mal o bien llamadas femeninas y masculinas.

    Una canción de Invisible se llama "Encadenado al ánima". Otra se llama "En una lejana playa del ánimus". Comparables en cierto aspecto al yin y al yang, ánima y ánimus son dos conceptos de Carl Gustav Jung, a quien Spinetta leía con interés a mediados de los años setenta. En síntesis, el ánima representaba para Jung el lado femenino de la psiquis del varón y el ánimus era la parte masculina de la psiquis femenina.

    "El ánimus ama la vida. El ánima busca la muerte", escribió Jung en El secreto de la flor de oro . "El ánimus es el alma-yang, luminosa, mientras que el ánima es el alma-yin, oscura [?]. Quien al despertar está sombrío y deprimido, encadenado a la figura corpórea, está encadenado por el ánima."

    En tal sentido, no deja de ser curioso que la letra de "Encadenado al ánima" (llena de imágenes surrealistas: "La distancia es un caudal de eternidad agazapada sobre la espalda de un león") apareciera firmada no por Spinetta, sino por su padre (Santiago), cultural y generacionalmente "encadenado" al tango.

    * * *

    El interés que Spinetta sintió durante décadas por la obra de Carlos Castaneda parece otra forma distinta de tender "un puente de inteligencia anímica, interna, entre Occidente y Oriente", como escribe Jung en El secreto de la flor de oro .

    Padre simbólico de muchos pensadores de la así llamada "Nueva Era", Castaneda publicó en 1968 su primer libro ( Las enseñanzas de don Juan , un relato que colocaba a un estudiante de antropología ante las mismísimas puertas de la percepción) y en 1973 coronó, aunque no terminó, la serie con Viaje a Ixtlán . Libro a libro, iba narrando en primera persona la lenta y casi siempre desconcertante lección de brujería a la que lo sometía don Juan Matus, un viejo chamán yaqui dispuesto a convertirlo en su joven discípulo.

    Castaneda no fue el primero en interesarse por el chamanismo ni tampoco por el uso del peyote y otras plantas alucinógenas en la cultura azteca (el mismísimo Artaud fue uno de los muchos interesados), pero encontró un formato sumamente ameno, no tan académico como el que había empleado a mediados de los años 1950 Aldous Huxley en su The Doors of Perception , el libro que inspirara a Jim Morrison a la hora de bautizar a su banda musical.

    Uno de las principios centrales que don Juan Matus le inculca a Carlos es que debe borrar la historia personal, porque "la historia personal es basura": mejor olvidarse del pasado para ser una persona nueva cada día y obtener la libertad de lo imprevisible.

    "Sentirse importante lo hace a uno pesado, torpe y vano. Para ser un guerrero, uno necesita ser ligero y fluido", dice don Juan. Los detractores de Castaneda (quienes creen que el libro es mera ficción y que don Juan nunca existió) arguyen que estas ideas provienen directamente de la filosofía budista, que propicia el empequeñecimiento del "yo" o de la identidad personal a favor de un "yo" colectivo.

    "El budismo niega el yo", explicaba Jorge Luis Borges durante una conferencia en el Colegio Libre de Estudios Superiores, que fue seguramente el embrión de su libro Qué es el budismo , escrito junto con Alicia Jurado. Y seguía diciendo: "Una de las desilusiones capitales es la del yo. [?] No hay un sujeto, lo que hay es una serie de estados mentales".

    Otro escritor que indagó en este sentido fue Octavio Paz, quien pasó muchos años en Oriente y estableció (tanto en su interesantísimo ensayo Vislumbres de la India como en otros libros) diversas analogías no sólo entre la cultura mexicana y la india, sino también entre el budismo y las vanguardias del siglo XX, principalmente el surrealismo. "A más de dos mil años de distancia, la poesía occidental descubre algo que constituye la enseñanza central del budismo: el yo es una ilusión, una congregación de sensaciones, pensamientos y deseos", dice Paz en un ensayo sobre el surrealismo. "La sistemática destrucción del yo -o mejor dicho: la objetivización del sujeto- se realiza a través de diversas técnicas. La más notable y eficaz es la escritura automática; o sea: el dictado del pensamiento no dirigido, emancipado de las interdicciones de la moral, la razón o el gusto artístico." [...]

    * * *

    Hace unas cinco décadas, el escritor francés Michel Random visitó la casa de Yukio Mishima, en Japón, y le llamó la atención que fuese tan europea en su estilo y en su decoración. "¿Cómo se explica -le preguntó- que en su casa no haya nada japonés?". Mishima sonrió y le dijo: "Aquí tan sólo lo invisible es japonés".

    Los grandes artistas poseen el don de comunicar con lo invisible: no únicamente de lograr que lo invisible se vuelva palpable, sino de ayudarnos a ver de otra manera lo que damos por obvio. Las libélulas son pimientos para los ojos creativos. [...]

    Cuando muere alguien como Spinetta, dos sensaciones aparecen con la sensata velocidad de los lugares comunes: que la gente como Spinetta nunca muere y que la muerte de la gente como Spinetta hace que muera una parte de quienes crecimos con él y gracias a él.

    Nada más cierto que estas sensaciones. Pero la mejor manera de darle gracias, sospecho, es luchar para que no muera en nosotros aquello que nos enseñó su arte.

    [...] Ángel-poeta, "hombre de luz" (como rezaba una vieja canción de Almendra), Spinetta nos ayudó salvar la piel (y el alma) en medio de la noche de la dictadura. Nos recordó que, si estamos atentos, la vida tiene música. Que nuestro ego es, en el fondo, "un silbido más en el viento". Que el arte, cuando ataca, es irresistible. Que "deberás crear/ si quieres ver a tu tierra en paz". Que hay que abrirse al "mágico y misterioso" mundo. Que hay que amar y ver si uno es capaz de amar con la libre osadía del viento. Nos enseñó, en fin, que para los días de la vida ("vida siempre", contra el instinto de muerte) hay que pensar que mañana es mejor.

     

    agenda

    Miércoles 10 de octubre . Inauguración de la exposición, curada por Eduardo Martí, que incluye libros, fotografías y discos de Luis Alberto Spinetta. Concierto de Claudio Cardone y Juan Carlos "Mono" Fontana.

    Martes 16 . Charla entre Eduardo Martí, Fernando Spiner y Daniel Roiz, y proyección de sus trabajos relacionados con el músico.

    Viernes 19 . Proyección de Pescado Rabioso, una utopía incurable de Lidia Milani.

    Sábado 10 de noviembre . Charla entre Juan Carlos Diez, autor de Martropía. Conversaciones con Spinetta, y Rodolfo García, integrante de Almendra.

    Martes 13 de noviembre . Charla con los guitarristas de Spinetta, coordinada por Ricardo Mollo. La muestra se extiende hasta el 12 de diciembre. La entrada y las actividades son gratuitas. Inf.: 4808-6000. Int: 1150. 

     

       de Kamikaze (1982)

    viernes, 29 de junio de 2012

    Mi eterno cariño por Juan Alberto Badía

    Quiero volver a compartir "Curiosa Noche", un pequeño recuerdo personal de lo mucho que hizo Badía.

    Siempre haciendo buena radio y TV, siempre fue buscando lo mejor y favoreciendo a los músicos.

    Aquí, una postal de “Badía y Cía” (1983) en los albores de la primavera de la democracia

    sábado, 18 de febrero de 2012

    Sus sueños son luces en torno a ti

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    Sus sueños son luces en torno a ti

    Suplemento Radar, Página/12, Domingo, 12 de febrero de 2012

    El miércoles pasado, finalmente se confirmó lo que nadie quería escuchar: Luis Alberto Spinetta había muerto. A partir de 1968, cuando editó el primer simple de Almendra, se fue convirtiendo en una de las figuras más respetadas, admiradas e influyentes del rock nacional. Amado por los músicos, venerado por los especialistas y dueño de un lenguaje único, a los 62 años Spinetta deja más que una huella: un camino entero que todavía tiene mucho por descubrir. En estas páginas, periodistas, amigos y músicos lo despiden.

    Por Diego Fischerman

    Escuchábamos “Para saber cómo es la soledad” con Miguel. Estábamos en el patio de una casa que su familia alquilaba en La Perla. La canción se llamaba así; aún no era, para nosotros, el “Tema de Pototo”, y la cantaba Leonardo Favio. Allí, los sueños del amigo ausente eran “luces en torno a vos” y no “a ti”, como más tarde descubriríamos en la versión original. En el patio hablábamos de esa canción que, en realidad, escuchaba Carmen, su madre, pero que nos gustaba muchísimo. Teníamos 11 años él y yo 13 recién cumplidos. Era el comienzo del ’69. Era, también, el comienzo de otras cosas.

    Escuchábamos a Los Beatles, claro. Pero nada sabíamos de lo que, muy pocos meses después, se convertiría en un credo. Las noticias llegaban así, a saltos. Y cuando lo hacían, transformaban la vida. El simple con “Tema de Pototo”, en su segunda edición, con “Final” del otro lado. “No pibe”, de Manal. La revista Cronopios, llevada a casa por mi padre. Las Pinap leídas en la casa de Juan Rodolfo. Y, en noviembre, en el festival organizado por esa revista en el anfiteatro que estaba al lado de la Facultad de Derecho, Almendra, ese grupo decían que había que escuchar (pero que, en realidad, apenas había actuado por primera vez en marzo). Después, en enero de 1970, el LP con la tapa que tenía a “el hombre de la tapa”. Una fundación. Y un universo, sin embargo, que, más allá de las mitologías, se resistiría a ser fundado por afuera de los límites que los propios integrantes de Almendra señalaban. El rock nacional, claro, existió a partir de allí. Pero cierta clase de rock nacional, ligado al desafío estético, a la exploración de las posibilidades poéticas, al espíritu antropofágico, en palabras de Caetano Veloso –un rock imaginándose capaz de abarcar, como el primer LP de Almendra, todas las músicas–, moriría muy poco después. O sobreviviría, apenas, en las obras de sus propios fundadores y los epígonos más o menos inmediatos: Charly García, el primer Vox Dei, Arco Iris, Fito Páez.

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    Este hombercito es el dibujo original de Spinetta para la tapa de Un mañana. Iba a ser una foto de él subiendo la escalera. Llegaron a hacer la foto con Dylan, pero Spinetta cambió e hizo este dibujo.

     

     

     

    Recuerdo aquel patio de verano en Mar del Plata no para hablar de mí, en todo caso, sino de la naturalidad con que Leonardo Favio podía apropiarse de esa canción. La misma naturalidad con la que, simétricamente, Luis Alberto Spinetta había podido apoderarse de la balada, como género, para incorporarla en el mundo “beat”. Pueden adivinarse, en esas canciones de Almendra, las huellas de sus orígenes. Es posible imaginar a Spinetta reviviendo canciones de uno o dos años antes. O, incluso, anteriores en unos pocos meses; al fin y al cabo, las noticias llegaban a los saltos también para ellos y no era lo mismo hacer una canción después de haber escuchado a Cream, o a Tommy de The Who, que antes de haberlo hecho. Es factible figurarse a “Laura va” como una especie de tango, a “Plegaria para un niño dormido”, grabada en abril de 1969, como comentario a la “Canción para un niño en la calle” publicada por Mercedes Sosa a fines de 1967. O a “Ana no duerme”, mucho antes que como extraño y original modelo de rock argentino, como canción de cuna casera, acompañada tan sólo por una guitarra. En “A estos hombres tristes” puede detectarse la impresión causada por María de Buenos Aires, de Piazzolla y Ferrer –esos tarareos à la Swingle Singers, o a lo Bacharach en su música para Butch Cassidy–, y por el cuarteto de Dave Brubeck. Cualquiera de estas canciones podría volver con facilidad a su forma original, tal como “Tema de Pototo” podía ser interpretado por Favio. Pero lo notable era lo que con ellas hacía Almendra. Porque allí ya estaba inscripta una de las características que haría única, y permanentemente renovada y renovadora, a la música de Spinetta.

    Para él, el rock no sería un protocolo cerrado, un marco estilístico rígido al que constreñirse, sino, más bien, un océano en el que navegar con sus propios barcos. De hecho sus canciones más asimilables a un rock estricto (“Rutas argentinas”, “Blues de Cris”, “Me gusta ese tajo”), más allá de algunos rasgos tan personales como inevitables, de pequeños momentos donde, a pesar de todo, esas canciones sólo se parecen a canciones de Spinetta, suenan casi como ejercicios de estilo. El Spinetta clásico está, en cambio, en esos temas donde puede detectarse una zamba, o la lectura de un vals leído por Bill Evans, o un fraseo piazzolleano, y donde, sin embargo, nada es, nunca, exactamente igual a sus fuentes. ¿Dónde poner “Ella también”, “Los libros de la buena memoria”, “Seguir viviendo sin tu amor” o “Durazno sangrando”? ¿Cómo ubicar a “Credulidad”, “La cereza del zar”, “Starosta el idiota”, “Dulce tres nocturno”, “Serpiente (viaja por la sal)” o “Cantata de puentes amarillos”? Caben en el llamado rock nacional sólo porque Spinetta decidió circular por allí y porque, curiosamente, aunque el género tomó muy pocas de sus enseñanzas, lo consideró siempre su maestro. Nada une, en primera instancia, a esas pequeñas obras maestras, llenas de curiosidad y siempre prontas a estallar y proliferar en infinitas direcciones distintas, con el rock de gueto, cerrado en sí mismo y cada vez más reacio al reconocimiento de que hay una vida allí afuera.

    Hay en Spinetta un uso único de la armonía, un estilo inconfundible en sus solos con la guitarra eléctrica, un melodismo siempre sorprendente. Hay un afán de extrañamiento, en el sentido que le daban a esta palabra los formalistas rusos, tanto en esos acordes impensables en ese momento y en ese lugar, como en esas escapatorias de la melodía, o en la manera en que las maneras del habla se mezclan en sus letras. Palabras “altas” y “bajas” se cruzan para producir ese efecto de extrañamiento, para que algo sea visto como por primera vez. A veces alcanza el desplazamiento de un acento; en ocasiones la operación pasa por la inclusión de una palabra que jamás se hubiera imaginado en ese contexto (“lúcuma”, “amortajando”), a veces, como en su propia vida, la mera proximidad del cosmos y la foto de Carlitos. Pensar a Spinetta como un gran artista del rock argentino es injusto por partida doble. Por un lado, porque es mucho más que eso. Sus canciones, como muchas de las de Falú, algunas de las de Dames, Demare o Troilo, de Charly García, de Fito Páez o de María Elena Walsh, están, simplemente, entre las más importantes del último siglo de música. No son grandes canciones de rock: son grandes canciones. Por otro, ubicar a Spinetta como alguien del “rock nacional” sería inmerecido también para ese género supuesto. Un género, en todo caso, que sólo excepcionalmente llegó a estar a la altura, o al menos a transitar por los caminos, de su luminosa fundación.

    "Los libros de la buena memoria", Invisible (1976), de "El Jardín de los Presentes"

     

    Los libros de la buena memoria

    El vino entibia sueños al jadear
    Desde su boca de verdeado dulzor
    Y entre los libros de la buena memoria
    Se queda oyendo como un ciego frente al mar. 

    Mi voz le llegará
    Mi boca también
    Tal vez le confiare
    Que eras el vestigio del futuro. 

    Rojas y verdes luces del amor
    Prestidigitan bajo un halo de rush
    Que sombra extraña te oculto de mi guiño
    Que nunca oiste la hojarasca crepitar?

    Pues yo te escribiré
    Yo te hare llorar
    Mi boca besará
    Toda la ternura de tu acuario. 

    Mas si la luna enrojeciera en sed
    O las impalas recorrieran tu estante
    No volverías a truinfar en tu alma?
    Yo se que harías largos viajes por llegar. 

    Parado estoy aquí
    Esperándote
    Todo se oscureció 
    Ya no se si el mar descansará... 

    Habra crecido un tallo en el nogal
    La luz habra tiznado gente sin fe
    Esta botella se ha vaciado tan bien
    Que ni los sueños se cobijan del rumor. 

    Licor no vuelvas ya
    Deja de reir
    No es necesario más
    Ya se ven los tigres en la lluvia

    miércoles, 15 de febrero de 2012

    Rock: música dura. La suicidada por la sociedad

     

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    En 1973, Luis Alberto Spinetta escribió un manifiesto llamado "Rock: música dura. La suicidada por la sociedad."


    El manifiesto "no sólo estuvo motivado por mis lecturas –dijo Spinetta-, sino por el hecho de que existía un rechazo generalizado hacia el rock de parte de quienes sostenían que no era música argentina y que nosotros no formábamos parte de la sociedad y la cultural local. Creo que hoy esa marginación ya no es igual, por eso considero que la parte filosófica del manifiesto es más vigente que aquellas partes donde hay apreciaciones en el campo de lo profesional."


    Durante los conciertos de presentación de Artaud (los famosos domingos por la mañana) una copia del manifiesto fue repartida a cada uno de los que asistieron a esos conciertos. Conocí el manifiesto por Miguel Grinberg y su efímero proyecto “Rolanroc”. Eran años donde el “rock” nos abría un espacio infinito para la experiencia y los ideales.

    Cali

     

    ROCK: MÚSICA DURA.
    LA SUICIDADA
    POR LA SOCIEDAD.

    Son tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local – entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano,
    son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña image complaciente y sobremuda que:
    EL QUE RECIBE DEBE COMPRENDER
    DEFINITIVAMENTE QUE LOS PROYECTOS EN
    MATERIA DE ROCK ARGENTINO
    NACEN DE UN INSTINTO.
    Por lo tanto: el Rock no le concierne a ciertas músicas que aparentemente INTUIDAS POR LAS NATURALEZAS DE QUIENES LAS EJECUTAN siguen guardando una actitud paternalista, tradicional en el sentido enfermo de la tradición, formulista, mitómana, y en la última floración de esta contaminación, sencillamente “facha”.
    Sólo en la muerte muere el instinto. Por lo tanto, si éste se mantiene invariable, adjunto a la condición humana a la que necesitamos modificar para reiluminarnos masivamente, quiere decir que tal instinto es la vida.

     
    El Rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso.


    El Rock muere sólo para aquellos que intentaron siempre reemplazar ese instinto por expresiones de lo superficial, por lo tanto lo que proviene de ellos sigue manteniendo
    represiones, con lo cual sólo estimulan “EL CAMBIO” exterior y contrarrevolucionario. Y no hay cambio posible entre opciones que taponan la opción de la liberación interior.


    El Rock no ha muerto.

     
    En todo caso, cierta estereotipación en los gustos de los músicos debería liberarse y alcanzar otra luz.
    image El instinto muere en la muerte, repito.
    El Rock es el instinto de vivir y en ese descaro y en ese compromiso.
    Si se habla de muerte se habla de muerte, si se habla de vivir, VIDA.
    Más vale que los rockeros, cualesquiera sean sus tendencias (entre las cuales dentro de lo que se entiende por instinto de Rock no hay mayores contradicciones) jamás se topen con los personajes hijos de puta demonios colaterales del gran estupefaciente de la represión que pretende conducirnos por el camino de la profesionalidad.


    Porque en esa profesionalidad se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar– un juego que contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y luego esa abortación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo.
    Tengo conciencia de que el público ve esta debilidad y no se libera: sufre.
    Luego esta ausencia de totalidad, esa parcialidad, es el negocio del Rock.


    El negocio del cual imageviven muchos a costa de los músicos, poetas, autores, y hombres creativos en general. O sea, esta difamación de proyectos sólo adquiere relieve en esa “ganancia” que representa haber ejecutado el negocio, y solamente en ese nivel hay una aparente eficacia.
    Es la parcialidad de pretender que algo que es de todos termina en definidas cuentas en manos de aquellos bastardos de siempre.


    Este mal, por último rebote, cae nuevamente en la nuca de los músicos, y los hace pelota. 
    Luego de participar del juego, son muy pocos los que aun permanecen con fuerzas para impedir la trampa al repetir una y otra vez el juego mediante el cual expresarse, o simplemente arriesgar en el precipicio de la deformación un mensaje que por instintivo es puro y debería llegar al que lo recibe tal cual nació.
    Este juego pareciera ser el único posible (hay mentalidades que nos fuerzan a que sea así).


    Lo importante es que hay otros caminos.
    Luego de haber caído tantas veces antes de ejecutar esa caída final, parábola definitiva en la que se cierran los cerebros para no amar ni dar, hay muy pocos músicos que pueden seguir conservando ese instinto.
    DENUNCIO
    SIN EL LIMITE DE LA DENUNCIA
    A LO QUE NO RECIBE DENUNCIA
    A LO QUE LA DENUNCIA TRASPASA
    A ALGO PEOR QUE LA DENUNCIA.


    Denuncio a los representantes y productores en general,
    y los merodeadores de éstos sin excepción,
    por indefinición ideológica y especulación comercial.
    Ya que estos no se diferencian de los patrones de empresa
    que resultan explotadores de sus obreros. O sea, por
    ser los engranajes de un pensamiento de liberación
    a quienes no les interesa que toda la pieza se mueva, dado
    que al producirse el más mínimo movimiento, serían los
    primeros en auto reprimirse y dejarían por tanto
    de participar en la cosa.

     

    Denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan
    con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con
    el apoyo del público de mente libre.

     
    Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y
    parasitarios, por atentar contra la música amplia y
    desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas
    de otras músicas que son tan importantes como las
    que ellos no se atreven a crear ni sentir.

     

    Denuncio a los tildadores de lo extranjerizante, porque
    reprimen la información necesaria de músicas y actitudes
    creativas que se dan en otras partes del planeta, y
    porque consideran que los músicos argentinos no pueden
    identificarse con sentimientos hoy día universales.
    Además es de prever que si estos señores desconocen
    que la Argentina provee a su música nuevos contenidos
    nativos, ellos mismos están minimizando la riqueza
    de una creación local apenas florecida.

     

    Denuncio a otras mentalidades por elitistas
    y pronosticadoras del suceso de la muerte de algo que por
    instintivo no puede morir antes de la vida misma.

     

    Denuncio a las editoriales “fachas” por distribuir
    información falsa en sí misma, y por deformar
    la información verdadera para hacerla coincidir con las
    otras mentalidades a las que denuncio.

     

    Denuncio a los participantes de toda forma de represión
    por represores y a la represión en sí por
    atañer a la destrucción de la especie.

     

    Denuncio finalmente a mi yo enfermo por impedir que mi
    centro de energía esencial domine este lenguaje al
    punto que provoque una total transformación
    en mí y en quien se acerque a esto.


    El  rock, música dura, cambia y se modifica,
    en un instinto de transformación.

     

    “Cantata de puentes amarillos” de Artaud (1973)

    lunes, 13 de febrero de 2012

    Cuidar con amor este jardín de gente

     

     

    Ser Spinetta

    Esta es una de las raras entrevistas concedidas por el músico argentino. Quizá por eso no omitió ningún tema. Habló de sus obras, la poesía y la preocupación por la muerte. Se refirió al misterio de Dios, criticó duramente las religiones y todo fanatismo. Evocó los miedos de la niñez y a sus padres. Renegó de las drogas e invitó a sus queridos fantasmas a un risotto

    Por Rodolfo Braceli, Para LA NACION 22/11/2008

     

     

     

     

    Ésa es. Seguro que ésa es, pensé en voz alta. El miedo que trae la aventura de todo reportaje me había extraviado el papelito con la dirección exacta. Caminé entre el 4000 y el 5000 de Iberá deletreando el semblante de las sucesivas casas. Sentía que la que buscaba iba a rebelárseme. A los quince minutos me detuve: ésa es. Seguro que ésa es. La casa, de frente liso, hermética, latía un vehemente azul eléctrico que en lo subcutáneo parecía tener el pulso del verde y el rojo. Inquietante azul. Toqué el timbre sin dudar. Asomó Spinetta adentro de unas zapatillas de goma y de un pantalón rojo y de un entusiasmo absolutamente matinal aunque eran las seis de la tarde.

    ¿Así que vos sos el flaco Spinetta?, me salió cuando hablamos por primera vez por teléfono. Y me confirmó que él era él: "Luis Alberto o Flaco o Luigi". Sin vueltas aceptó la entrevista pero con una condición insólita, y más en la Argentina: "Que no sea nota de tapa. Una fotito mía adentro y ya está". Le dije que sí, pensando en una inaudita tapa blanca con un epígrafe explicando: "Aquí debía estar la foto de Spinetta".

    Entro a su casa-estudio. Hacia la calle ninguna ventana. En el living una pila de cajas, "soy bastante cartonero, viste". Después el estudio, una inmensa consola. Más allá, una enorme cocina y paredes con cientos de cds. "¿Tomás un tecito?" Y ya corre a buscarlo. Y vuelve saltarín con la taza bailando. Advierto que Spinetta vive en estado de alegrísima paradoja, columpiándose.

    Para que la conversación tenga un espinazo y no se nos invertebre llevo un machetito con los nombres de sus bandas en cuatro décadas: Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade. Además, la sucesiva discografía: Almendra , Desatormentándonos , Artaud , Madre en años luz , San Cristóforo , A 18 minutos del sol , Los ojos , Kamikaze ... Don Lucero , Fuego gris , Silver Sorgo , Para los árboles , Pan , Un mañana Spinetta intenta aquietarse, pero sale disparado a buscar fuego. Ahí yo rompo el machetito en ocho pedazos. Me quedo con un par de preguntas, escondidas. Veré si las pronuncio. Que venga lo que sea.

    ¿En qué consiste "ser Spinetta"? En alguien que vive anidado en su bunker. Su quietud es terriblemente inquieta. El suyo es un ombligo en ferviente erupción. Tiene hormigas en el cuerpo y en el alma de su cuerpo. Fuma como si fuera la primera vez, o la última. Está condenado, más que a parecer, a ser un incesante adolescente. Sin embargo este tipo, tan adolescente, es abuelo. Más: Spinetta anda por la vida con una tijera y tajea la red que debiera protegerlo cuando se arroja a las cosas más menudas como si fueran abismos. Ya veremos: es un ingeniero cirujano que trata de descifrar "las patrañas del aire". A todo esto, créanlo, "sus ojos permanecen ante cualquier colmo".

    Inexplicable, le pregunto si duerme como diosmanda.

    -Desde hace años hago cuatro horas de sueño por día. Y una vez que me despiertan los pajaritos o lo que sea... chau. Se prende todo, viste. Y ahí bajo: diario, cigarrillo, computadora, dibujo o lo que sea. Ya no puedo parar.

    -Habrá un golpecito de siesta.

    -La siesta, un viejo anhelo? Mi señora es de Santo Tomé y su familia duerme la siesta meticulosamente. Bueno, cuando yo voy allá me tiro pero siento...

    -Remordimiento.

    -Quizá, jaaa... Me pregunto qué me estoy perdiendo. Uy, no te traje cucharita. ( Se va y vuelve corriendo. Además, me trae un caramelo. Y retoma: ) Puede ser no querer perderme nada, pero me despierta la menor cosita. Y por otro lado mi teléfono ha sido muy castigado, llama gente y corta. Mi pieza no tiene cortinas, me despierta el sol, eso me encanta eh. Yo trato de usar hasta la última gota de luz natural. Pero no para ahorrar: los colores cambian cuando baja el sol, hacia la noche. Estamos en este colmenar de cemento y quiero que la luz natural me adormezca.

    -¿Qué ves por la ventana de tu dormitorio?

    -Las azoteas vecinas, un resto de árbol. Tengo una manía: detesto las rejas. Prefiero un ladrillo de vidrio a una ventana enrejada. Es como limpiarse y seguir cagando, ¿entendés? Eso me aterra. Prefiero un bunker con tres aires acondicionados ¡y no ventanas falsas!

    -Se nos va la mano con el miedo. Alguien dijo que es como una adicción.

    -Pura paranoia. Hay una propaganda de puertas "Pentágono", nombre odioso, que muestra una escena terrorífica y la solución es... ¡jaaa, la puerta blindada!

    -Por poco tirás tu taza, Luis.

    -Soy muy torpe, medio eléctrico, y como estoy viejo ya la electricidad se me escapa y tiro cosas. Mejor no me regalen copas.

    -Así que te despertás y a dibujar.

    -Si es un sábado o un día tranquilo también toco la viola, a veces siento algo que me llama para hacer una canción, pero en general me pongo a dibujar con el fotoshop mandalas digitales, esferas curativas... Si pienso que eso es arte, soy un salame; si pienso que son intentos creativos ahí lo veo mejor.

    -¿Y el autor creador?

    -Por otro lado está escribir y está la música. Aquella cosa a la que uno accede por un fuego que lo abraza y que uno debe ir a buscar sí o sí. Yo estoy para hacer canciones. Si los dibujos se me borran no me importa un belín. En cambio, cuando uno piensa algo y no lo escribe lo pierde para siempre...

    -Hay que atrapar la palabra ahí, en su virginidad.

    -Ahí va. A mí cualquier cosa me sirve para escribir. Tengo una idea y la vuelco donde venga, a veces sobre un pedazo de diario. O dibujo mientras converso con un amigo.

    -Todo el tiempo necesitás expresarte.

    -Me mata no hacer nada.

    -¿Y qué hacés cuando no hacés nada?

    -Hago pan, hago pizza, preparo una comida tailandesa o mexicana... Me encanta cocinar, gran desenchufe. El intelecto está aplicado a un lugar tan diferente... Cocinar contrabalancea la angustia del que pronto se va a meter con algo arduo, porque recibe una voz desde adentro. Y entonces ahí ya no hay otra que tirarse sobre un papel, a sentar poesía, frases aisladas?

    -Relámpagos de pensamiento.

    -Ahí va. Hay que hacer pan y hay que hacer canciones. Porque si viviera todo el tiempo haciendo poesía, música, me consumiría. Moriría rápido... Me preservo haciendo cosas que no sean las que me consumen. Además, sin consumirte no es posible crear nada. Qué sé yo, es un lindo balanceo que crea un mundo cerrado, o una pequeña cárcel iba a decir, un lugar que es el propio y te abstiene de un mundo con una dinámica de frivolidad y no frivolidad.

    -Tu balanceo supone una actividad sin resuello.

    -Sí, permanente. No soy un individuo de paz.

    -Pensar que hay tantos que no tienen resuello, pero en la rutina.

    -Lo dicen los primeros temas de Almendra, ¿no? "Si tus pies nacieron viento, déjalos correr..." ¿Cómo soporta la obrera en la colmena o la hormiga en su hormiguero? Se mueven todos como uno y uno como todos y no importa la vida de nadie: ¡el bocado perfecto para la malignidad! Eso, los seres que parecen no despertar, son el bocado perfecto para la ignorancia y el águila maliciosa. No el bocado del águila como invocaba Castaneda sino el del engranaje que nos quita el alma.

    -La muerte, ¿te ocupa, te preocupa?

    -Bueno, es quien nos acompaña, ¿no? Está presente siempre, hasta que finalmente nos toca. La muerte lejos no puede estar. Porque somos burbujas que se rompen con una facilidad absoluta. Pero ella no es una presencia que me impida cantar, ni ser feliz, hoy. Si la ignoramos demasiado somos unos ridículos, como ése que se pega un pedo tremendo y sale a 180 y mata gente... Algo más: creo que si sos una persona enfermiza con la muerte te vas a hacer muy amigo y te va a llevar antes. Importa darse cuenta de la devoración que sucede en el universo. Prestar atención, astronómicamente hablando, tanto a la devoración como al nacimiento que se produce constantemente de a trillones de partículas. Un fragor debe haber en todo esto... Si no entiendo esto no podría crear. Perece una cosa y nace otra. Frente a tal magnitud, si uno se queda pensando en eso, pucha, empieza la tragedia. Un amigo me decía: "Me imagino que cuando me muera vendrá un tipo con una risotada jojojo ... Vení, boludo, me dirá el tipo parecido a Papá Noel". Ese jojojo vendría a ser la risa de Dios.

    - A la palabra Dios, ¿la decís con mayúscula?

    -Cuando era joven la escribía con minúscula, le temía. Hoy lo pongo con mayúscula porque uno más uno es Dios. Punto. Dios no es nada en particular, es una idealización que hemos aguantado insoportablemente. Creo que Dios es práctico, nos evita explicaciones.

    -Dios, ¿es una sílaba para frenar el vértigo de las preguntas?

    -Esto es tan insondable? Más vale tener una cosa práctica para nombrar. Entonces decimos Dios. Vos viste que en las religiones de origen musulmán todo es texto, no hay visualización de Dios. No hay barba, no hay cruz, no hay un chino con los ojos en paz como Buda. Muy piola eso. Ahora, si pensamos que Dios es alguien que nos está viendo y si hacemos una macanita nos cae un rayo... cagamos, ¿ok?

    -De modo que tener a Dios es práctico.

    -Mejor tener a Dios que no tener a nada... Si no, ¿cómo nombrás el conjunto de cosas que no son Dios? Sería abrumador, asfixiante. No tener a Dios te convierte casi en rata, ¿no?

    -¿Qué pensás de las religiones?

    -Bueno, son el show business de Dios. Para poner a Dios en escena se tienen que hacer cargo los hombres, que están constituidos de cagadas y errores. Por lo tanto, envilecerse a través de Dios o del dinero o de la música es muy fácil. Las religiones son como una especie de excrecencia de la peor porquería, porque es como el pedo que se va tirando Dios a través de la institución. Huele mal. En todas las religiones hay unas sanatas tremendas. Y están metidos con los que tienen el Poder? Las guerras religiosas, ¿nos van a azotar hasta el fin del tiempo?... Y entonces esas religiones, ¿qué hacen? ¡compran las armas!

    -A veces a las armas se las bendice.

    -Sí, para quitar la vida... El universo no es cruel, el hombre sí. Cuando estalló la bomba atómica un científico dijo "¡Uy, parece la diosa Shiva!" Sí, ¡la concha de tu abuela parece también! Qué loco estás, boludo, si tenés que tirar una bomba para ver a la diosa Shiva. ¡Comprate un cuadro! Bueno, la pregunta es?

    -¿Es...?

    -Es cómo hacer para no ser un gas de Dios ¿no? No sé... me da lo mismo estar en la cola del gas o ser la materia primigenia. En esa escala estamos todos disponibles. Mientras, las religiones son un cáncer y a la vez han sido prácticas para los gobernantes...

    -Te quedaste suspendido en una sonrisa. ¿Se puede saber, Luis, por qué?

    -Porque nos metimos en un quilombo, hermano.

    (La sonrisa desemboca en una carcajada. Sobre el pucho, otro cigarrillo.)

    -Me apasiona meterme en quilombos, me doy manija y se me ocurren cosas. Lo que pasa es que nada es tan importante, nada. Tratemos de ser felices, por lo que dura este pedo en canasta... Esto, sin cagar a nadie? Vivimos en un mundo que está regido por el intento de adquirir la felicidad a un paso casi ciego: el rico por miserable; el de la villa porque consigue el radar y quiere copiar al de arriba. La gente afana para ser feliz, porque comer la hace feliz, y porque si no come se muere? Además, los fanatismos: el mundo musulmán y el occidental enfrentados. Yo no sé si la pasión ciega así intenta ser feliz... es enfermiza, como que lo único que quiere es una eyaculación precoz, satisfacer un instinto de caimán casi.

    -¿Esa pasión ciega dónde la ves más acentuada?

    -Me refiero a los fanatismos de cualquier proveniencia. Imaginate un republicano del sur de los Estados Unidos, superguacho, antisemita antimejicano antinegro? Ese fanatismo y el otro: ninguno de los dos quiere ser feliz, se basan en destruir al otro. Y esto es autodestrucción también. De un lado arrasan inmolándose, son valientes; del otro mandan bombas inteligentes y encima no ponen el pellejo? La misma cabeza, diferentes métodos. La misma ceguera: en unos la educación y el cinismo de una cultura todopoderosa tecnológicamente y en otros el tipo que tiene un palo y que se expresa de manera romántica: primero va él y después... adiós. No nos engañemos: tanto al superguacho republicano antitodo que hace mierda ciudades con bombas, como al que apalea a la mujer y la aparta cual si fuera el peor animal, habría que ir a cargarlos a patadas. ¿Yo no soy quién? Ok. Sí, hay que respetar todas las creencias, ¡pero son unos retardados de la concha de la lora!

    -Mujeres reducidas...¿y qué de la pornografía?

    -A veces el infierno de un mundo se refleja en el paraíso de otro. La mujer filmada con tres tipos en una cama, es peor animal que la otra que está oculta... En un estudio de Los Ángeles una mina filma pornografía y en una calle de Pakistán a otra la cagan a latigazos por sacarse el velo. Terrorífico. Desapacigua el alma, no genera ninguna poesía.

    -Es desmayante.

    -Desmayante. Ahí va. Perfecto, vos lo dijiste, es apático.

    -A este paso para conseguir un Apocalipsis no hacen falta bombas.

    -No, no hace falta inflamar más la llama autodestructora? Te tomás otro tecito. ¿Sí?

    (Y ya se fue, picando como un pelotita de ping pong, livianísimo. Pronto vuelve con el té. Y esgrimiendo otro caramelo?)

    -Hay una pregunta eterna, de vereda: este mundo, ¿adónde va a parar?

    -Uno no puede juliovernizar: por un lado vendrán equipos de audio flotantes, con un sistema levitatorio magnético. Por otro va a haber unos males de la concha de la lora. Sin juliovernizar quiero ser optimista y pensar que la cultura va a ir, genéticamente, eliminando las zonas del cerebro que son las de la irritabilidad y la venganza. Quizás ése sea nuestro final.

    -Por ahí se termina la irritabilidad y concluimos como género humano.

    -Supongamos que no, pero: ¿quién puede decir que al carecer de irritabilidad alcancemos la felicidad? ¿Qué tipo de paz sería aquélla que se produjera con un hombre carente de irritación, que redistribuyera su energía como para poder curar sin medicamentos?... Cosas medio desopilantes, ¡que uno quisiera que sucedan! Como que no se muera la gente de hambre mientras que con lo que otros tiran a la basura come un pueblo. Es un pensamiento judeocristiano, no avancé ni un centímetro. Espero que esto mejore. ¿Cómo? Con mayor justicia social.

    -Luis, ¿tenés esperanza o querés tener esperanza?

    -Tengo esperanza porque en ella están las únicas notas que interceptan el silencio. Cada nota es una esperanza, mientras que el silencio no posee ninguna esperanza más que la de ser una nota.

    -Se trata de una pulseada para vadear el silencio.

    -Más que pulseada nuestros propios pulsos. ¿Acaso no son nuestros pulsos un movimiento constante de esperanza? La única esperanza que existe para el silencio es que aparezca una nota, y cuando aparece, el silencio también empieza a expresarse, a ser música. Contamos con esperanza casi como si contáramos con cuerpo.

    -La esperanza, arduo trabajo. ¿Cómo la sostenemos?

    -Hay que tener fe. Es al cuete poner en juego cosas sin pensar que van a funcionar. Además, veamos: falta demasiado el sentido común. Ejemplo: ¿es necesario hacer un curso en la NASA para darse cuenta de que en un lugar cerrado lleno de género si encendés una bengala sucede Cromañón?

    -Ese "no darse cuenta", tan frecuente, ¿a qué se deberá?

    -A muchos años de falta de educación y salud. Tengo fe en que si cambia la educación y la salud el país va a mejorar. Nos sentimos orgullosos de Messi. ¡Qué orgullo ganar la medalla de oro de la olimpíada con nuestro fútbol! Pero, ¿por qué también no ganamos la medalla por tener los mejores hospitales de Sudamérica, flaco? ¿Por qué tiene que ser Cuba, un país cincuenta años bloqueado, el que tenga mejores hospitales? Y además ganan docenas de medallas olímpicas, ¡pero dejame de joder! Ese es el trabajo: mejorar la salud y la educación. A partir de esto todo será mejor, hasta la cana. Y se podrá andar por las calles sin ser protagonistas del país con mayor cantidad de accidentes de automóviles.

    -Cierto secreto orgullo nos produce ostentar récords mundiales, no importa el rubro. Decime, ¿vos sabés manejar?

    -¡Ahí va! Yo preventivamente vendí mi auto hace poco ( larga una carcajada ) Manejar me encanta, me apasionan los autos. Pero ¿viste?, las ciudades están abarrotadas. El auto, creado para la libertad, te esclaviza. Se perece en el auto. Perecen minutos que suman días y años de nuestra vida ¡adentro de un auto! Más el gasto público del cuerpo. Intelectualmente te mata estar en un embotellamiento. Hablábamos el otro día con mis suegros, los Fernández, muy inteligentes y laburadores, que en Estados Unidos ya no hay bolsitas de nylon, sólo de papel? La alquimia humana es una especie de saltimbanqui, viste: crea y destruye. Con la ciencia también pasa eso? Un día dirán: no, tenían razón los que sostenían que la Tierra estaba apoyada sobre dos elefantes. Ahí está: los descubrimientos científicos primero para la guerra y después para el bien de la humanidad. Hay una gran ingenuidad en la masa de cerebritos que brillamos en relación a los designios del cosmos. Si viene un meteorito ¡no queda ni el loro, hermano!

    -Estamos desguarnecidos.

    -A la intemperie. Pero, sin embargo ambición y sueños nos llevan a que sigamos en la búsqueda de lo invisible. ¿Viste que bombardean partículas atómicas para entender el origen del mundo? Con el costo de eso ¡le dan de comer a todo África! Lo cierto es que el cosmos es insondable y que somos unos boludos intentando escribir en el mar, y con tinta.

    -Bajemos a tus primeros días, cuando aprendías a respirar.

    -Tengo recuerdos muy patentes de los cuatro, cinco años. Imágenes jugando con mi hermana Ana en un auto, y hablábamos con él. Le decíamos, "¿Te falta nafta?" "Sí, tienen que cargarme nafta che". El auto era un banco largo. Y también teníamos un taller, Farulo y Rulo , mi hermana y yo. Allí arreglábamos cosas de señoras hinchapelotas y las cagábamos a pedos: "No señora, esto no sirve, déjese de embromar".

    (Spinetta se desenrosca detrás de otra carcajada. Se pone de pie, sin duda está viendo lo que cuenta:)

    -Era un taller imaginario, medio garca. Caían unas señoras desubicadas con objetos de la época de ñaupa y nos encantaba decirles: "Doña Juana, ¡pero esto no tiene arreglo!" A nuestras abuelas cuando cobraban la jubilación les hacíamos el apriete: "Abuela, ¿rebrobadgalás chicle?" "¿Queeeeé?" Era medio sordita esa abuela. Al final se lo decíamos al unísono: "Abuela, ¿nos podés comprar chicles?" "¡Ah, chicle!", decía la madre de mi padre.

    -Aquella niñez, ¿qué miedos incluía?

    -Yo tenía horror a los fotógrafos? Por ahí paf, estallaba el magnesio. Y aparezco llorando. También le temía a las locomotoras. La locomotora era un monstruo negro que hacía temblar el andén de la estación Núñez. Y recuerdo apariciones de mamboretá. El miedo y la curiosidad nos exigía acercarnos; por ahí volaba o eso...

    (¿Los reportajes estimulan los riñones? Pausa para ir al baño. De vuelta, frente a frente, siento que se acerca la posibilidad de hacer el par de preguntas que guardé. Spinetta toca la pared medianera y me dice, como en secreto:)

    -Al lado hay una casa de fiestas. Cuando hay cumpleaños de chicos nosotros bajamos el volumen en el momento de apagar las velitas. Para que nuestra zapada no les invada el cumpleaños feliz. No hay derecho. Nada más lindo que un chico soplando una velita, viste.

    -Cerrá los ojos. Seguí mirando lejos.

    -Cosas no muy gratas de recordar, ciertos sueños nocturnos. Mis padres no podían contenerme; yo les decía angustiado, llorando: "Estoy en un lugar del mapa, muy lejano"... Se despertaban todos, gran quilombo, gritos, llantos? Mi madre empezó a poner plantas de ruda debajo de mi almohada y me pasaba un trapo negro por la cabeza. Lo recomendó alguna bruja, jaaa. Al fin me curaron.

    -¿Qué más, allá en el fondo de tus días?

    -Tenía pensamientos en donde mi madre era una estrella que brillaba en lo infinito. ¿Pensamiento relacionado con la muerte? Andá a saber? De chico ya era medio cabroncito, me gustaba tener mis zapatos, mis cositas. Por lo demás era un chico bueno. Me costaba mucho pelear. Por ahí era peleador pero más de patotita, no de hacerme el canchero yo?

    -Un poquito cobarde, digamos.

    -Sí, más bien cagón en las peleas a piñas. Eso me perdura. Por suerte no me tengo que pelear con nadie.

    -¿Y en la escuela?

    -Fui muy enamoradizo en la primaria. Vivíamos en Arribeños y Congreso. Por Congreso subía el frío del río en invierno... Por otro lado nuestra familia era humilde, entonces siempre había oportunidad de cagarse de frío bañándose con la serpentina de alcohol de quemar? ahhh? ¿y el alcohol? ¡Se apagó! Yo me rehusaba al delantal almidonado porque me lastimaba el borde del cuello en los días de frío. Uy, y yo peinado a la gomina ¡era una tortura! Y empezaba: "Sarmiento y la madre que te parió, ¿por qué inventaste la escuela?" Yo estaba cabrón con cosas que me parecían injustas. Bueno, ahora pienso que es con educación que las cosas van a mejorar.

    -Cerrá los ojos de nuevo. Seguí mirando lejos.

    -Año 1955, los Gloster Meteors, el bombardeo a Plaza de Mayo... En casa nos ocultaban el diario Crítica para que no viéramos las fotos con cadáveres y mutilados... Me acuerdo del ruido de los aviones y de los altavoces del Plan Quinquenal y que había una Unidad Básica a metros de mi casa, arengas y mis padres muy fans de Evita? Con el tiempo, leo y me decepciono tanto... Qué manga de traidores en nuestra patria. Una sarta de hijos de puta, hermano. De golpe a los diecisiete, preferíamos a Vallejo, a Cortázar... Con Emilio del Guercio picábamos a Bradbury, a Artaud? Hoy sí me meto con la historia, ¡y los libros de Piña son una piña! Qué sarta de personajes han repetido la cagada, parece un destino histórico.

    -Nos creíamos los mejores del mundo. Eso ya pasó. Ahora nos consolamos creyendo que somos los más inexplicables. Siempre "los más".

    -Eso se toma como una virtud, ¿no? Y bueno, el argentino es así... aparte está muy manipulado por un trust de negocios formidables entre televisión y diarios. A veces siento miedo. Se silencian tantas cosas? Silencio y muerte van de la mano. Injusticia y silencio, casi son lo mismo, ¿no? Entonces...

    -¿Entonces?

    -Hay que hacer música. Para no caer en el agobio. La otra vez toqué en Catamarca y les dije: "¡Boludos, no me quiero morir viendo sólo esto!" Auque uno es tan inocente y tan responsable como cualquier otro. Pero quisiera ver las cosas mejor. Tengo cuatro hijos con mi ex señora: Dante, Cata, Valentino y Vera. Vera, la más chica, la luz de mis ojos, está en la edad de la flor. Muy talentosos los cuatro con la música. Las nenas, hartas, no quieren saber nada, pero tienen gran oído las dos.

    Mis hijos me llenaron la canasta de nietos.

    -Luis, tenía guardada esta pregunta: ¿Será ridículo hablar del ser abuelo con un roquero?

    -La verdad: no soy tan buen abuelo. O sí, soy un gran abuelo. Mirá, acá pasa esto: "Abuelo dame hojas", y se ponen todos a dibujar. Un regalo de Dios para mí. Les dibujo autos y los colorean, juegan, tocan los instrumentos. Son muy de agarrar la batería, crean, me dedican los dibujitos. Pero no soy de decir "el abuelo los lleva acá o allá," porque yo casi ni salgo, Rodolfo. Tengo una vida muy sentada. Ir al cine, al teatro, me cuesta porque todo el mundo te mira? Spinetta? Spinetta... Es una bendición que la gente te diga que te quiere, pero soy mucho más feliz acá escuchando a Bill Evans, cocinando? Ahora, si tengo que ir al colegio de Brando, el hijo mayor de Dante, ahí voy con todos los abuelos.

    -La otra pregunta basada en un prejuicio: ¿a un roquero se le puede preguntar por su papá?

    -Ah, mi viejo... era cantante de tangos. Ahora, pobre, casi no ve ni oye. Lo recuerdo ensayando con sus guitarristas... Yo tendría unos cinco años, abrían esos estuches, brotaba el olor a la madera de la guitarra. Y me veo escuchando a mi viejo por una RCA Víctor, tipo catedral, de madera, que había que esperar que se calentara. Hasta que salía la voz de mi viejo cantando por radio El Mundo. Era Carlos Omar artísticamente. Cantaba: "Al pie de un rosal florido... me hiciste tu juramento..." No era un cantante común.

    -¿Cantar era su vocación?

    -No tanto, porque cuando instaló su hogar se terminó la farándula. Trabajó en el laboratorio Squibb. Se levantaba a las cuatro y media de la mañana para ir a tomar el tren y volvía a las cinco de la tarde con olor a penicilina. Y hoy tiene cáncer de piel... el contacto con ciertos tóxicos... Ah, mi viejo... él dice: "Tengo ocho nueve"...

    (Spinetta calla. Dice "ocho nueve", y otra vez el silencio...)

    -Por dónde andás, Luis, ¿en qué pensás?

    -Pienso que la longevidad es del largo del escarbadientes de Dios hasta que nos toma como un quesito de la picada.

    -¿Vos querés vivir muchos años?

    -Ni uno más de lo que haya dictado la vida. Debe ser lo más aburrido no poder morir ¿no? Lo que no me gustaría es estar al pedo, como una forma desgastada. Me gustaría vivir todo lo posible, ¡por qué no!, ¡cómo no! ¡Así tengo más chances de ver algo bueno por televisión! Vivir lo suficiente como para llegar a ver que la salud y la educación han mejorado.

    -Uno de tus rasgos parece ser el entusiasmo.

    -Soy entusiasta, también generoso. Aunque con estos dos caramelos no te lo demostré ¡jaaa! ¿Viste esa propaganda del tipo con el café grande y el otro con el café chico que le dice "por qué te servís el más grande"? Y el otro le dice: "Y si fueras vos, ¿cuál te servirías?" "El más chico". ¡Es perfecto!

    -En la Guerra Civil Española cuando había que dividir una tortilla se decía: "Tú cortas, pero yo elijo".

    -Hay frases geniales. Como ésa de Yupanqui. Un músico le dijo: "Maestro, le hice unos arreglos a Lunita tucumana ", y Atahualpa le dice: "¿Qué, la vio rota?" Un tipo muy campeón Atahualpa. Hace llorar a la guitarra el loco. Una poesía que me pone la piel de gallina. Mirá si no.

    -¿Cuáles son los poetas que más te acompañan?

    -Tuve un tiempo de mucho César Vallejo. Hoy Borges me resulta un poeta conmovedor, y me gusta mucho Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño tiene una profundidad desgarradora, siempre vuelvo a Baudelaire, a Rimbaud. Tengo cerca unos haiku que no paro de leer. Es un librito pequeño de Bashö, del año 1600 y pico... Bashö por ahí está dando unas clases de literatura y un alumno le dice: "Mire lo que escribí, maestro: Hermosas libélulas, quitadle las alas, son pimientos´". Y Bashö le responde: Mirá, por qué no lo ves así: "Hermosos pimientos, agregadle alas, son libélulas". Obliterar y rellenar, ¿no? Ese proceder del bocho está latente: podemos distinguir lo que tiene sentido de lo que es una escaramuza.

    -Poesía mediante, la vida se inventa a cada instante.

    -A veces encuentro poesía en los cuentos de Horacio Quiroga. Imponentes. Me impresionan Pablo Neruda, Octavio Paz, momentos de Santa Teresa... Hay una poetisa que falleció en la tragedia de Santa Fe, Delfina Goldaracena. Ella sabía, sabía su destino. "Tiempo efímero" es el único libro que escribió. Murió en la tragedia del colegio, el 8 de octubre de 2006. A ese colegio asiste mi hija Vera, yo estoy muy solidarizado con los padres que crearon "Conduciendo a conciencia". En medio del dolor esos tipos quieren que sea ley de Estado la educación vial, desde la primaria. Delfina escribía como los dioses, a los quince años, escuchá: "Sólo una vez lo hice por debajo del agua, con el romance, desnuda, en el palacio del mal... Me matan, me entierran, pero mi alma sigue viva..." Una categoría poética desgarrante. La poesía llama de todos lados. ¿Qué seríamos sin poesía?

    -Sin ella no habría vida en el mundo. La poesía, el puls? Ahora, decime, ¿cómo es el proceso de tu escritura?

    -Tengo dos facetas. Para la canción escribo porque la canción exige una letra y la música siempre está antes. La música esconde algo y uno debe encontrarlo. Es una felicidad tener una tonada nueva, una canción que todavía no dice nada.

    -Una felicidad inquietante.

    -Ahí va. La tonada está, ¿qué dirá? Si vos tenés una cosa tipo Tom Jobim no vas a poder decir nena nena te quiero ¡vamos a bailar rock and roll! Uno tiene que descubrir el texto que está escondido en esa línea melódica, tiene que poder arrimar. Son esas palabras y no otras.

    -Hablabas de dos facetas. ¿Cuál es la otra?

    -Tengo cuadernos y cuadernos llenos de poesías.

    -¿Se puede saber qué guardás en esos cuadernos?

    -Sufrí una separación amorosa muy fuerte hace diez años y canalicé todo escribiendo como un animal. Poesía espontánea, ilegible por lo dolorosa y autosufriente diría. La poesía apareció, aunque yo no quería desembarazarme de mis estigmas. Me elegí una birome Bic gruesa y un marcador, porque el trazo era muy importante. Ese juego infantil del cambio de lapicera me provocaba nuevos versos. ¡Cosa de enfermo! Fumaba y lloraba y bla bla y pi pí, solo, a altas horas de la noche. Me había convertido en un loco de mierda escribiendo como un boludo, llorando en esa catarsis.

    -Esos poemas, ¿seguirán secretos o serán un libro?

    -No tengo intención de publicar eso, no sé ni me importa si sirve, a mí me sirvió.

    -¿Alguna vez escribiste una canción empezando por la letra?

    -Muy pocas. Me sucedió adaptando una letra de mi padre. En un disco invisible tengo unas poesías de mi viejo. El proceso inverso no me sale. Yo primero agarro la guitarra.

    -¿Tenés registro de cómo hiciste "Muchacha ojos de papel"?

    -¿La verdad?

    -Toda la verdad.

    -Yo estaba enamorado de Cristina Bustamante, mi primera novia. Y ella es la muchacha ojos de papel.

    -Borges dudaba de la escritura nacida en el dolor y el amor cercanos.

    -Tiene razón Borges, pero bueno, tampoco vamos a dejar de escribir por eso. "Muchacha..." es una canción compuesta en una antigua guitarra española con clavijas a presión, que me prestó un vecino. Llegó a mis manos con cuerdas de tripa, de 1920 era. Y yo empecé a agarrarla a los trece años y de ella salieron algunos temas de Almendra como "Laura va". "Muchacha?" me surgió espontáneamente y me pregunto si no estará influida por "Tu nombre me sabe a hierba", de Serrat.

    -Un airecito, un humito lejano...

    -Ahí va. Algo de eso en la intención rítmica, pero nos surgió porque sí.

    -Estás pluralizando.

    -Pluralizo porque era la época de Almendra, y la música pasaba de uno al otro. A la novedad enseguida la aprendía Delmiro o Emilio o Rodolfo a ver qué le agregaban. Esta canción quedó así, sencilla. Se la redondeó en un estilo totalmente acústico.

    -¿Y qué pasó cuando la cantaron en vivo?

    -Veía pibes y pibas llorando cuando la escuchaban. Lo mismo pasaba con "Plegaria". Muchos se flasheaban, lagrimeaban y uno se ponía a llorar... Ahora veo esos conjuntos de tipos que se golpean y me parece tan horrible eso. La música pueda estar fenómena pero la gente que se golpea me parece algo tan poco gentil... Una aberración.

    -¿Cómo te llevás, al escribir, con la metáfora?

    -Todas las metáforas nacen de los relatos de la realidad. Borges dice que es casi imposible crear nuevas metáforas, porque hay que creérselas para que sean genuinas. ¿Viste que muchos hemos sido por etapas metaforeros? ¡Qué hinchapelotas!

    -Claro, así como el chiste no garantiza el humor, la metáfora no garantiza la poesía.

    -Ahí está. Para mí, en la escritura de las letras, lo fundamental es que tengan una idea, que no sean simplemente "álamos de gas", como dice una letra de Almendra. Tienen que contener una acción, algo sinético. No caer en la fabricación de metáforas porque sí.

    -Luis, en un par de ocasiones estuve por preguntarte más de tu mamá...

    -Escuchame: mi madre, como todas, es hermosa. Marcó mi personalidad tanto por su fuerza como por su dulzura. Es una gran luchadora. Estuvo en los momentos críticos de salud de toda la familia, con un sacrificio impresionante. Es una genia mi mamá, podría haber sido una gran médica o una gran artista. Es alguien a la vez con los pies bien en la tierra. Mi madre siempre representó el cosmos, el universo, y me parece una buena manera de verla.

    -¿Qué significa para vos "universo"?

    -El universo es lo femenino, lo que se desdobla, lo que puede dar vida. Actualmente mi mamá necesita más mimos y comprensión, por eso la acurruco todo lo que puedo. Ella tiene gran sentido del humor y temple. La cuidamos mucho, aunque ella, rebelde de juventud eterna, no se deja ¡y hasta nos "controla" a todos! Mujer brillante, intuitiva. Evita Perón y Fidel Castro son algunos de sus ídolos más queridos.

    -Tampoco hablamos de un tema arduo, la droga. ¿Te viene hacerlo?

    -En épocas de Almendra 2 , yo tomaba algún acidito. Mal para mí. Tiempo después, ya no jugaba con mi cerebro a la buena de Dios. Y ya viendo la magnitud de mi propio nacimiento en mis hijos, jamás me atreví a chistes psicodélicos, aunque, debo admitir que, en cambio, de a poco, comencé a esnifar algo, y esnifé. Más mal para mí. Pero hace un montonazo de tiempo que estoy limpio y muy bien, y puedo decir que el interés por aquellas aventuras se extinguió. Siempre me gustó fasar el tiempo, nada del otro mundo.

    -¿Y hoy?

    -Hoy tabaco, y chupitegüi en la comida, rankean a tope. Peor para mí.

    -Pero los buenos vinos son recetados. Sin ánimo de sermón, ¿algo para decirle a los muchachos?

    -Ojo los pibes, que no crean que lo único valioso del cuerpo es el pito, y por lo tanto, les importa poco de su bocho.

    -Cosa rara, ni mencionamos a Charly García .

    -La prensa amarillista ha hecho target en sus cuestiones, con crueldad, y desde hace tiempo ya. Charly, por otro lado, no paró nunca de extraverterse en público y eso siempre lo mantiene en el colimador del buitre. Su genio se impone igual, y lo amamos inescrupulosamente como sociedad devoradora invitada en las ocasiones del buitre.

    -Medios de des-comunicación, sociedad devoradora. Ante eso, ¿qué?

    -Otra cosa es quererlo y respetarlo por todo lo que da y hacer fuerza para que Charly se recupere. Allí, en ese amor, no existe medio de prensa alguno... Es que uno talla el diamante que desea de sí, más o menos. Me gustaría charlar largas horas tranquilamente con él. Para saber de los mundos que cualquiera de nosotros no se atreve a conocer.

    -Luis, por lo general somos ciudadanos o somos personas. Pocas veces llegamos a ser criaturas. Sólo las criaturas pueden jugar y están a disposición de los milagros. Te propongo entregarnos al juego. Yo abro esa puerta y entran tipos de otro tiempo. ¿Aceptás?

    -Ahí vamos.

    -Fijate, entró Antonín Artaud. ¿Qué te pasa con él?

    -Justamente, hace poco volví a ver, por enésima vez, Jeanne D´Arc . Allí está Artaud, con su rostro que deshace la foto. ¿Artaud aquí? Me quedaría sin habla bastante y luego, no sé, me gustaría que no me odie por el disco Artaud que hice. Yo me aventuré en su escritura y advertí un murmullo; tenía que calmarlo en mí con un gesto de amor y poesía, destinándole un trabajo. Quizá él detestaría eso. Bueno, si no le gusta mi disco, le pido que no se le ocurra escribir algo como el texto acerca del doctor Gachet de Van Gogh, "El Suicidado por la Sociedad"... O mejor sí, que lo escriba ¡y con toda la polenta!

    -Artaud se fue a la cocina. Aparece Baudelaire...

    -Rodolfo, no sé si me banco estar tan cerca de estos prototipos estéticos... Con Baudelaire me pondría más serio... ¡ja!

    -Baudelaire no te dice nada. Toma el saquito del té y lo muerde y se aleja. Ahora llega Rimbaud.

    -A Rimbaud le pregunto: ¿Era tan importante abandonar la obra, quemarla, no volver a escribir en el arrebato de la luz y las palabras?, ¿o simplemente la luz un día nos abandona y uno no consigue tentar a la Musa?? Casi una pregunta cholula la mía, ¿no?

    -La puerta sigue abierta. Aquí, Alejandra Pizarnik.

    -A ella la saco a bailar música de Nino Rota.

    -Ninguno de nuestros visitantes se va, todos apuntaron a tu cocina. Vas a tener que hacerles algo de comer. Cómo te las arreglarás, Luis, están hambrientos...

    -Bueno, como no hay casi nada, les propongo un risotto. Tengo arroz, no tengo azafrán, tengo cúrcuma... vino tinto un poquito, media cebolla, ajo, chile pasilla tostado... Hago un caldo con unas verduritas congeladas de un blister, hay poco queso rallado, pero hay un poco de crema?Además tengo pan casero. La estamos pasando bomba. Vincent me pide ajenjo. A los otros los arreglo con una cervecita. Evidentemente estamos para servirlos... Al final, té. Antes de despedirse me dicen que aman a Charly. .

     

    Spinetta y Los Socios del Desierto (1997)

    Jardín de gente

    Alguien debió conservar
    y cuidar con amor este jardín de gente
    eso es lo que nunca será
    Cómo harás para ver y aliviar el dolor
    en el jardín de gente
    algún acuerdo en tu alma tendrás
    Y ya no sé
    si es que amanece
    o veo el cielo como
    un gran collage...
    Estás ciego al creer
    que podrás evitar este jardín de gente
    con dinero no se inventa el amor, no
    Ya te hartaste de frutos
    y peces y panes que comes sin suerte
    y el andén espera por mí
    y qué dirás cuando termines el bocado
    de tu propia flor...
    Oh, alguien debió conservar
    y cuidar con amor este jardín de gente
    a Dios nunca se le ocurrirá, no
    Como harás para ver
    y aliviar el dolor en el jardín de gente
    algún acuerdo en tu alma tendrás
    Y ya no sé
    si es que amanece
    o veo el cielo como
    un gran collage...
    El collage de la depredación humana

    domingo, 12 de febrero de 2012

    Vidami

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    Un adiós al duende de las canciones benignas

    POR MARCELO A. MORENO

    Se fue despacito, como vivió, suavemente. Sin embargo sentimos el golpe, como si de improviso nos faltara un soplo de gracia. Porque cuando muere un artista todos somos bastante más pobres.

    Luis Alberto Spinetta -a quien tuve el honor de tratar hace muchos años- siempre dio la impresión de ser un poco un marciano, alguien de otro planeta, de una pureza sin mácula, al que parecía que los rumores y estrépitos del mundo no lo alcanzaban.

    Lo notable -la observación es de mi compañero Facundo Landívar- es que ese mismo espíritu de paz y amor en el que Luis se mantuvo incólume toda su vida como por pura magia se transmitió a las ceremonias del adiós . Sus exequias fueron serenas, con llanto, mucho dolor pero sin histerias ni esas violencias a las que nos tiene acostumbrados la sociedad argentina.

    Porque Spinetta vivió hasta el final en una sociedad exasperada, enfrentada, autoritaria y conflictiva, y él y su música supieron dar un salto por encima de esa realidad para cantar desde una especie de más allá temas benignos, elevados, tiernos, afables. Temas que nos hicieron bien porque justamente transmitían bienes de escasa circulación, como la belleza y la bondad.

    En estos días me he encontrado con muchas personas tristes y conmovidas por la muerte de quien quizá fue el creador más original del rock nacional. Gente de distintas generaciones, unidas por una misma pena.
    Un dolor apocado, discreto, sin gritos . Sin altisonancias ni disonancias. Un dolor afinado.

    Así vivió Luis, lejos del ruido. En eso, fue lo contrario de una estrella del rock: en vez de los escándalos, eligió una vida recoleta , alejada de los medios, dedicado a su música y a sus hijos, a años luz de las peleas, envidias, chanchullos, trenzas y chimentos del “ambiente”.

    Cuando su hijo Dante declaró que darán a conocer en qué lugar del Río de la Plata esparcirán sus cenizas para que quien quiera contemple un anochecer con su espíritu, definió también la personalidad de su padre.
    Porque queda y quedará su música, que atraviesa como una flecha certera los tiempos , pero ya no está entre nosotros, entre nuestra fragorosa sociedad, ese ser angelical que nos regalaba sensibilidad casi sin rozar con los pies la tierra.

    publicado en Clarín, 12/2/2012

    vuelve a empezar
    vidami
    al fin soy feliz
    vidami
    abrázame en la distancia
    contigo asi lejos
    estoy en éxtasis
    ahora si
    ahora si
    corre con tu vida
    sobre un libro corre y corre
    ya lejos de la trampa es esperanza
    y alguien que se asusta
    y se desangra por amor
    dice que la felicidad injusta es,
    excepto al morir...
    el búho ve
    el búho ve por mi
    vidami
    apurate
    apurate a no volver
    vidami
    el búho ve
    el búho ve
    es un vuelo limpio
    entre túneles de luz
    que se estremecen con la noche
    y alguien oye la nada
    y sus oídos inventan
    y solo enfrentan la sentencia:
    la de su corazón.

    viernes, 10 de febrero de 2012

    Ruido de Magia

    “La música es una cosa indomable”

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    - “Detesto la música y la letra que sobreentiende que uno es chato de pensamiento y de alma. ¿Cómo combatir esa dejadez? Bien: leyendo, escuchando, escribiendo cada vez mejor, redoblando el poder lírico del que uno dispone.”

    - “Hay que dejar la actitud rockerita inoperante y salir a ver con claridad para cambiar lo que está mal... si no puedo ni cambiar de tono, ¿cómo voy a poder cambiar lo que afecta la vida de mis semejantes y mi propia vida?”

    - “El Luis Almirante Brown de Capusotto es genial. Y muy respetuoso. El personaje no se parece en nada a mí, y sólo utiliza la metáfora, a veces grotescamente desmedida, para referirse a mí. Me muero de risa. A veces, sus temas arrancan muy bien, haciendo alarde de convicciones spinétticas y tonos con vuelo, pero después mira de costado por encima de los lentes y se pudre todo... en casa morimos. Por suerte, yo no caigo en lapsus comerciales, ¡por ahora!”

    - “Al lado de mi estudio hay una casa de fiestas. Cuando hay cumpleaños de chicos nosotros bajamos el volumen en el momento de apagar las velitas. Para que nuestra zapada no les invada el cumpleaños feliz. No hay derecho. Nada más lindo que un chico soplando las velitas, viste.”

    - “La verdad, no soy tan buen abuelo. O sí, soy un gran abuelo. Mirá, acá pasa esto: ‘Abuelo dame hojas’, y se ponen todos a dibujar. Un regalo de Dios para mí. Les dibujo autos y los colorean, juegan, tocan los instrumentos. Son muy de agarrar la batería, crean, me dedican los dibujitos. Pero no soy de decir ‘el abuelo los lleva acá o allá’, porque yo casi ni salgo. Tengo una vida muy sentada. Ir al cine, al teatro, me cuesta porque todo el mundo te mira... ¡Spinetta, Spinetta!... Es una bendición que la gente te diga que te quiere, pero soy mucho más feliz en casa escuchando a Bill Evans, cocinando... Ahora, si tengo que ir al colegio de Brando, el hijo mayor de Dante, ahí voy con todos los abuelos.”

    - “Mi viejo era cantante de tangos. Lo recuerdo ensayando con sus guitarristas. Yo tendría unos cinco años. Abrían esos estuches, brotaba el olor a madera de la guitarra. Y me veo escuchando a mi viejo en una RCA Víctor, tipo catedral, de madera, que había que esperar que se calentara. Hasta que salía la voz de mi viejo cantando por Radio El Mundo.”

    - “Cuando empezamos a cantar ‘Muchacha’ con Almendra, veía pibes y pibas llorando cuando la escuchaban. Lo mismo pasaba con ‘Plegaria’. Muchos se flasheaban, lagrimeaban, y uno se ponía a llorar... Ahora veo esos conjuntos de tipos que se golpean y me parece tan horrible eso. La música puede estar fenómena pero la gente que se golpea me parece algo tan poco gentil... Una aberración.”

    - “Es un mito eso de que lo mío es difícil. De todos modos, es preferible eso a que sea una cosa de lectura rápida, que no tenga vuelo y carezca de imaginación. Hay un montón de gente que nota la diferencia. Eso es lo más importante. Y para mí es excitante, porque me sitúa fuera del radio de acción del bobero.”

    - “Para hacer la tapa de Durazno sangrando compré una pelota Pulpo de goma, la partí al medio y le vacié Poximix para hacer el durazno partido. Después, le hice una cavidad donde alojar un corazón que trabajé con plastilina y pinté con esmalte. Con Dylan (Eduardo Martí) nos tomamos el colectivo 130 a las cuatro de la mañana, en una de las noches más frías que se recuerden en Buenos Aires. Llegamos a los Bosques de Palermo y esperamos que hubiera más luz para fotografiar las ondas del agua simbolizando el durazno caído. En la compañía discográfica querían manejar el arte y me vinieron con un boceto de un durazno con un cuchillo clavado, todo azul con negro. Debería haberlo conservado como testimonio de la locura de algunos ejecutivos de las grabadoras.”

    - “La música se parece más a un animal que al hombre. Es como si la música fuera una medusa o una mariposa. Tiene una animalidad, una cosa indomable. Por más que le escribamos o le combinemos lo que sea, siempre abarca mucho más. Y por otro lado despierta sentimientos que no están regidos por ningún rencor.”

    - “Cuando veo un milico me da vergüenza, no entiendo cómo una persona se puede haber dedicado a un quehacer tan vil. Tampoco entiendo a los sacerdotes, aunque lucen eróticos al lado de un militar. Cuando me veo a mí mismo veo desfasajes, pero ninguno llega a tener la arbitrariedad de estas figuras. Tampoco voy a decir que lo que veo es un Adonis. Veo un flaco que tiene que bajar la panza de tanta cerveza que toma y a veces es medio tarado. Todas cosas normales.”

    Las últimas cuatro citas pertenecen al libro Martropía. Conversaciones con Spinetta, de Juan Carlos Diez.

    (Publicado en Página/12, 9/2/12)

     

    “Ruido de Magia” del Jardín de los Presentes, Invisible (1976)

    Te ví como mecida
    en algo
    cubierta de racimos
    más que blancos
    tu fuiste la querida,
    en la tormenta.
    No llega ya mi voz
    a tu alma
    las ostras se han servido
    de tu nácar
    mientras oigo tu ruido
    ruido de magia.
    Recuerdo haberte amado,
    así dormida
    en aquellos que fueron
    débiles sueños
    crepúsculos del fuego
    sobre tu noche
    y así palpita el Dios
    que fuiste
    bailando entre las piernas gigantes
    verás que nuestra danza
    está quebrada.

    jueves, 9 de febrero de 2012

    Guitarras de luto

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    A Luis

    Hoy todas las guitarras están de luto
    La mía, que tendría que haberse puesto a repasar zambas
    sólo puede pensar en la tuya,
    tal vez porque el barro
    tal vez porque este balcón donde te vi
    casi por última vez
    mira una nube de la forma y el color
    de esas eléctricas con las que soñábamos de chicos
    Este balcón que se quedó esperando una charla
    unas palabras o un abrazo
    más
    que ya no llegará
    Luto también en las palabras
    habituadas como estaban a que les pusieras
    cascabeles
    guirnaldas asonantes
    o ruedas de tren apocalíptico
    caleidoscópicos ojos del fértil papel
    de tu prolífica pluma
    que suma y resta sílabas
    del metro patrón de las esferas
    apenas solas
    a solas penas
    Adiós
    que sea A-Dios
    a sus brazos
    a ese rincón de magia
    que seguramente Él guardará
    para los que se animan a jugar
    con los bloques con los que ha construido el mundo
    haciendo pequeños nuevos mundos de cuatro minutos
    donde el corazón se muestra
    y baila desafiando al vacío
    Adiós
    Mientras me duele el pecho
    te imagino en viaje
    por inmensidades más vastas que las del Capitán
    pero a diferencia de él
    sé que tendrás todos los tangos silbados al oído
    y nunca faltará un mate
    ni perfume a malvones
    En todos nosotros se queda un pedacito tuyo
    serás inspiración multiplicada por millares
    a lo largo de los años
    y lo ancho de las geografías
    Cambiaste nuestras vidas
    abriéndole camino a la imaginación
    cantándole salvaje o dulcemente
    a los misterios que nos habitan
    al misterio que somos
    Adiós
    No me resigno a tener que decirlo
    Adiós
    mensajero del infinito


    Pedro Aznar

     

    Invisible (1976) de “El Jardín de los Presentes”