Mostrando entradas con la etiqueta Libertad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libertad. Mostrar todas las entradas

lunes, 20 de abril de 2015

Despechados y furiosos en las redes sociales

En base a un texto que originalmente publiqué en Facebook el 19 de julio del año pasado, quiero ahora ampliarlo para enfatizar algunas verdaderas malas artes que se practican en las redes sociales, o simplemente, a veces se trata de simple mala onda con el universo no del todo bien administrada.

La redes sociales son instrumentos radicales de comunicación que han cambiado muchas conductas de la vida cotidiana, que nos permiten interacciones impensadas sólo algunos años atrás. Nos permiten ser parte de una conversación mayor que no podríamos sostener de otro modo. Mucho se ha escrito sobre el excesivo narcisismo, la falta de pudor y el manejo irresponsable de las mismas. También se señala el imperio de la imagen y los textos breves por sobre toda reflexión pormenorizada y bien escrita.

No me es claro si las redes sociales realmente nos alejan de la escritura y la lectura. Pero en líneas generales, creo que es mucho más lo que nos dan que las cosas negativas o lo que perdemos con ellas. Según Jeremy Rifkin, son un instrumento que está potenciando una empatía global que debemos destacar. Esto nos habla de cualidades potenciales y esperanzadoras de las redes sociales.

Sin embargo esto no siempre es así y, con bastante frecuencia, todo lo contrario.

Si usáramos las redes sociales como un espacio de intercambio para entender, entendernos, comprender mejor a los otros y los asuntos que nos interesan, tal vez nos demos cuenta de cuánto se pierde en discusiones y en la búsqueda permanente del disenso.

Pareciera que acordar, o expresar un disenso de manera correcta, amistosa y cordial, es una conducta que en las redes sociales no es común. Más bien, el estilo imperante es una rápida escalada de provocaciones y agresiones, que en muchos casos, muestran que ni se ha leído correctamente  a quien se responde. Se pierden energías en crear disensos o en encontrar rápidamente las diferencias. Anatomía de un troll

En tanto ágora pública, hay quienes vamos a las mismas a parlamentar y conversar sobre diferentes asuntos con nuestros vínculos --“amigos” o “seguidores”—a veces sobre simples banalidades, otras, procurando intercambiar información y pareceres. En muchos casos, sin embargo, la lógica es binaria: “me gusta” o “no me gusta”. Pero mientras un “me gusta” es un click, el disenso y la manera de expresarlo es con una catarata de descalificaciones o simples muestras de total desprecio por lo que otro ha dicho. Esa es la dinámica dominante. 

Deberíamos utilizar las redes sociales para encontrarnos, para co-incidir (incidir juntos en la realidad). Aunque estemos físicamente lejos, aunque no seamos iguales, aunque pensemos un tanto diferente, siempre hay un espacio común. Precisamente, las redes nos deberían facilitar encontrar nuestros espacios comunes con los demás. Sin embargo, son usadas con demasiada frecuencia como escenario público para las provocaciones, los prejuicios y mostrar con desparpajo, y penosamente, cuánto descreimiento y cinismo hemos sabido acumular en nuestras cabezas.

Otro fenómeno indeseable es que muchas de esas provocaciones no son otra cosa que la manifestación de pequeñas y venenosas  expresiones disparadas por envidias, celos, despechos, frustraciones o pura impotencia.

Hace poco leía una nota en donde se  describía el riesgo que significa para cualquier empresa o empleador la combinación entre un empleado despechado y las redes sociales. La nota en cuestión la transcribo más abajo, me parece muy útil. Su conclusión es sencilla y desalentadora: no hay mucho o muy poco para hacer. A modo de consuelo, señala que “Lo bueno también se difunde, pero en menor medida. No obstante, si una empresa o un funcionario tienen un buen prestigio ganado, serán menos creíbles las acusaciones negativas. Es el mejor antídoto.”

Las discusiones frenéticas, las obsesiones y la necesidad de descargar ataques a mansalva en las redes sociales son un fenómeno muy conocido hoy. A esto debemos sumar el ejercito de investigadores free lance, entusiastas de la libertad de información y que por lo tanto cualquier basura creen que debe ser publicada y demás personajes de las redes.

También aparecen aquellos que no pueden con su alma detectivesca, por decirlo de un modo elegante, y andan patrullando las redes sociales buscando el error del prójimo. Incluso se han desarrollado sistemas que hasta revelan si uno ha borrado un tuit! Para los que solemos tener que redactar las cosas un par de veces por errores de tipeo somos delatados como si fuésemos vándalos o no se que cosa. En fin, personajes que montan un estado policial de vigilancia y un clima de paranoia.

También están los picaros que roban datos ilegalmente y luego pasan por investigadores y paladines de la libertad de palabra y le revelan al mundo información “sensible”.

Así la fauna electrónica de las redes sociales se multiplica. Espero que esto sólo sea un mal momento de la historia de internet.

Personalmente, me encuentro con frecuencia con gente (“amigos” o “seguidores”) que necesitan descargar su odio a través de mi propio Facebook de manera casi compulsiva. No puedo menos que dejarlos que se tranquilicen y esperar que se les pase. El diálogo los incentiva aún más ya que necesitan de la polémica y el peor error sería una respuesta que no sea amable, en tal caso, tienen la situación soñada: una polémica en el tono que buscan denodadamente.

Por lo general, el tópico que plantean podría, potencialmente, ser de gran interés para el debate o el intercambio de opiniones: política pública, religión o temas internacionales. Cualquiera de esos temas podrían ser grandes conversaciones, pero lamentablemente, estos personajes descubrieron a través de las redes que son portadores de una súbita claridad y sabiduría, lo que les permite sermonear a media humanidad.

No importa de qué se trata, desde la soledad y frente a un teclado, vomitan su resentimientos, sus prejuicios y odios en forma de juicios terminantes y condenatorios. Su mundo está lleno de grandes verdades, ideas absolutas y una lógica binaria exasperante. Replican, en cierto modo, el clima de debate que se ha instalado en la tv en programas como “Intratables”, un modelo de debate basado en chicanas, provocaciones, conceptos duros y superposición inaudible de voces.  

Así, estos personajes suelen interponerse frente a las buenas cualidades y las potencialidades de las redes sociales, precisamente, generando el ruido suficiente para que el diálogo no puede sostenerse y, entonces, la conversación sana debe retirarse, esperando mejores tiempos para volver.

Cali 

"El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los estúpidos están llenos de certezas" Charles Bukowski

 

Cuidado con los despechados y su poder en las redes

Por Jorge Mosqueira | LA NACION

Angry Bird es un juego online que ha tenido más de 1000 millones de descargas, lo que demuestra el enorme nivel de su éxito. La revista The Economist ha titulado, con gran acierto, un artículo con las siguientes palabras: "Beware the angry birds" ("Cuidado con los pájaros enojados"). La base argumental del juego es una guerra que se produce entre unos cerdos que gustan comer huevos de pájaros, los cuales son defendidos por las aves. Los logros y fracasos durante el desarrollo del juego llevan a distintos niveles, como premios y recompensas. Es decir, lo habitual.

La advertencia del título en The Economist hace referencia a que, en los tiempos que corren, las empresas y también sus responsables se encuentran expuestos como nunca lo fueron antes.

Una cadena de mensajes a través de Twitter, Facebook o cualquier otra, puede destruir la posición y el prestigio obtenido tanto interna como externamente durante años. La comparación sobre cómo han cambiado los tiempos es muy ilustrativa: "Durante las dos semanas siguientes tras el vertido de crudo de Exxon Valdez en Alaska, en 1989, las acciones de Exxon perdieron un 3,9% de su valor, pero se recuperaron rápidamente. Durante los dos meses posteriores al vertido de petróleo en el Golfo de México de BP en 2010, el valor del petróleo de la petrolera británica cayó a la mitad [y aún hoy no se han recuperado completamente]".

La realidad de las empresas ha cambiado radicalmente, desde el punto de vista de su exposición. Dejaron de ser ámbitos cerrados y cualquiera puede convertirse en delator. El ejemplo más contundente es el de Julian Assange y la publicación de WikiLeaks, que introdujo a un informante, Edward Snowden, nada menos que en organismos de inteligencia de los Estados Unidos. Un simple pendrive puede dar lugar a la difusión de informes y conversaciones que pretendían ser privadas y confidenciales. El espionaje industrial, tan complicado en otras épocas, hoy es un camino fácil para cualquiera que lo intente.

Pero la cuestión va más allá, porque el acceso a la información, incluyendo la más delicada, puede tener una circulación viral con consecuencias imposibles de prever. Un empleado despedido que, a su criterio, es el resultado de una acción injusta, tiene la posibilidad de hablar pestes de la empresa, con datos y fundamentos tan sólidos que la mayoría de los que reciben el mensaje lo creerán a pie juntillas. Ni siquiera es necesario firmarlo con su verdadero nombre y apellido.

Aceptar esta situación puede dar paso a una paranoia institucional. Todos los empleados, de cualquier nivel, se convertirían en desconfiables por naturaleza. El poder de la información se ha diseminado por todo el conjunto de la población interna. De algún modo, pueden ser una amenaza. La manera de sortear esta situación, según diversos consultores, es cuidar que cualquier comentario imprudente quede registrado en un mail u otro registro informático, pero no mucho más. Los búnkeres del Directorio se han transformado en cajas de cristal. En el artículo que hacemos referencia, opina Eric Dezenhall "que la mejor defensa, en la era actual de escándalo global e instantáneo, es ser bueno en tu trabajo".

Lo bueno también se difunde, pero en menor medida. No obstante, si una empresa o un funcionario tienen un buen prestigio ganado, serán menos creíbles las acusaciones negativas. Es el mejor antídoto..

domingo, 19 de octubre de 2014

Canuto Cañete, detective privado

En relación a mi entrada previa, “Vulnerabilidad, internet y pillaje”, una de los aspectos que allí señalé es que la vulneración de correspondencia privada es un acto “muy alejado del ideal de privacidad que a lo largo de siglos hemos logrado conquistar como un derecho”.

Profundizando lo que allí puse, es que esa conquista, se plasmó durante el siglo pasado en la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos. La Declaración dice:

Artículo 12.

Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra y su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Por esta razón, la Ley 26.388, que en mi artículo previo cito, pena la violación de correspondencia privada y correos electrónicos.

Ahora bien, también señalé allí que en mi caso suponía haberme topado con alguien “que creerá que es muy progresista y esclarecedor publicar correspondencia privada de los demás”. Entonces, voy a ser un poquito más explícito sobre este punto.

Si, efectivamente, se trata de gente “progre” (porque en realidad son varios) quienes están tan interesados en mis correos privados y en publicarlos anónimamente en internet. Acto heroico de estos tiempos.

Diré algo más. Se trata de gente que seguramente ustedes los ven o leen con mucha frecuencia juzgando con severidad a los demás, explicando cómo deben comportarse las empresas, los ciudadanos, los políticos y Dios y María Santísima. Todos los días ellos denuncian y te dicen lo que debemos hacer para que este mundo, este país y esta ciudad, sean más humanas, justas y sustentables. Así es, sermonean al prójimo sin hacerse cargo de portar una mínima dosis de moralidad. 

Canallas que, disfrazados de defensores de la humanidad, espían y amenazan. ¿Quiénes y por qué? Habrá más.

Cali

 

 

  

 

domingo, 12 de octubre de 2014

Vulnerabilidad, internet y pillaje

Hace pocos días he sido víctima de la vulneración de mi correspondencia privada. Para ser más preciso, de una de mis cuentas de correo electrónico, cuenta que hace un tiempo atrás, cuando sospeché que había sido vulnerada, dejé de usar. Nunca he sido una persona especialmente cuidadosa en este aspecto, ni siquiera con mis claves bancarias y de otras servicios. Comenzaré a ser un poco, no mucho, más cauto de ahora en más.

Sentirse vulnerado en la intimidad es una situación poco grata e incómoda. Digo esto a pesar de que desde hace muchos años realizo actividades públicas y por lo tanto me someto al debido escrutinio y valoración pública de mis actos. Pero que se haga una valoración de mi correspondencia privada en el ámbito público, es complicado, más aún, cuando es poco precisa la identidad de quien lo esta haciendo público.

Toda conversación privada es eso, un compartir situaciones íntimas, de la órbita de la vida privada, compartiendo debilidades, dudas, sueños y proyectos íntimos. En fin, lo que cualquiera de ustedes comparte cotidianamente con amigos, colegas, pareja y familia. A mi juicio, tal vulneración es un modo de actuar desleal y muy alejado del ideal de privacidad que a lo largo de siglos hemos logrado conquistar como un derecho. Jamás utilizaría esas malas artes ni aún con mi peor enemigo, sería traicionar mi conducta en relación a cómo uno debe hacer convincentes su ideas.

Además de lo dicho, vale aclarar que para la justicia la violación de correspondencia privada se trata de un hecho delictivo. Así lo señala la Ley Nacional ley 26.388 (de delitos informáticos-2008) la que dice:

ARTICULO 4º — Sustitúyese el artículo 153 del Código Penal, por el siguiente:

Artículo 153: Será reprimido con prisión de quince (15) días a seis (6) meses el que abriere o accediere indebidamente a una comunicación electrónica, una carta, un pliego cerrado, un despacho telegráfico, telefónico o de otra naturaleza, que no le esté dirigido; o se apoderare indebidamente de una comunicación electrónica, una carta, un pliego, un despacho u otro papel privado, aunque no esté cerrado; o indebidamente suprimiere o desviare de su destino una correspondencia o una comunicación electrónica que no le esté dirigida.

En la misma pena incurrirá el que indebidamente interceptare o captare comunicaciones electrónicas o telecomunicaciones provenientes de cualquier sistema de carácter privado o de acceso restringido.

La pena será de prisión de un (1) mes a un (1) año, si el autor además comunicare a otro o publicare el contenido de la carta, escrito, despacho o comunicación electrónica.

Si el hecho lo cometiere un funcionario público que abusare de sus funciones, sufrirá además, inhabilitación especial por el doble del tiempo de la condena.

De todos modos, los pillos del delito de chismosería no pasarán un tiempo en cana como así lo dice la ley. No me interesa mucho este punto.

En relación a episodios pasados, también me he sentido vulnerado en mi privacidad cuando constaté con terror que mis conversaciones telefónicas estaban siendo escuchadas y mis movimientos seguidos en la decadencia de la dictadura y el inicio de la democracia. Algo de eso cuento en “Ecoenlace y desenlace (taller 3)”. Hace poco tenía una conversación sobre la película “la vida de los demás”. Recomiendo que la vean, este tipo de pillaje me hace acordar tanto a lo adictos a espiar vidas ajenas que son los totalitarismos y sus defensores.(1) 

He dicho que es feo sentirse “vulnerado”. Algo muy diferente es ser vulnerable. Son dos cosas muy distintas. Me considero un ser vulnerable, ese es mi modo de ser, quien me conoce sabe a que me refiero y sabe que también reside allí alguna fortaleza. Anoche regresando a la Argentina en un vuelo inacabable leía a Jeremy Rifkin en su libro “La civilización empática” (2), entonces me topé con estos párrafos (“todo encuentro casual es un cita”, decía Borges a través de uno de sus personajes):

“Si la libertad es la capacidad de vivir plenamente el potencial de nuestras posibilidades, y si Ia medida de nuestra vida es la intimidad y la diversidad de nuestras relaciones, cuanto más vulnerables seamos, más abiertos estaremos a establecer relaciones significativas e íntimas con otras personas. En este sentido, ser vulnerable no significa ser débil, ni ser una victima o una presa, sino estar abierto a Ia comunicación en el nivel más profundo de la interacción humana.

Para los partidarios de la visión corpórea, la verdadera valentía es mostrarnos a los demás tal como somos, con todos nuestros defectos. Es la voluntad de colocar los detalles más íntimos de nuestra vida en manos de otro. Ser vulnerable es confiar en nuestros semejantes. Confiar es creer que los demás nos tratarán como un fin, nunca como un medio; que no seremos usados ni manipulados para servir a los fines de otros; que seremos vistos como seres preciados y valiosos. Somos verdaderamente libres cuando los demás nos tratan como un fin, no como un medio. No podemos ser realmente libres en un mundo donde todos desconfían de todos. En un mundo así la libertad se reduce a su forma negativa, a la capacidad de aislarnos de los demás y de convertirnos en una isla. Las sociedades autoritarias que alimentan la paranoia y la desconfianza enfrentando a unos contra otros aplastan el espíritu de la libertad.

Así pues, la base de la libertad es la confianza y la franqueza mutuas. La libertad nunca es cosa de «solitarios» como dirían los racionalistas —John Wayne cabalgando por el Lejano Oeste-., sino una experiencia profundamente comunitaria. Sólo somos verdaderamente libres cuando confiamos los unos en los otros y decidimos compartir la lucha que todos libramos por ser y prosperar. A su vez, la confianza abre la posibilidad de extender la conciencia empática a unos ámbitos nuevos y más íntimos.

Nelson Mandela es un buen ejemplo de libertad en el sentido corpóreo. En los cerca de veintisiete años que vivió encarcelado, muchas veces en celdas de aislamiento, optó por hacerse amigo de sus carceleros. Los trataba como personas únicas, con sus propias luchas personales. En lugar de optar por ser invulnerable y estoico, optó por ser humano. Sus carceleros empezaron a verlo y a sentirlo como un ser humano más. Sus prejuicios se fueron derritiendo a medida que la admiración que sentían por él iba en aumento y lo acabaron viendo como una persona como ellos cuya lucha no era distinta de la suya.

Parte de la razón de que esta noción corpórea de la libertad resuene en la mayoría de nosotros es que se basa en un sentido más profundo de lo que conforma a la persona. El modelo invulnerable -el lobo solitario capaz de controlar totalmente sus emociones— es un ejemplar raro y la mayoría de nosotros nunca lo hemos visto. Ser invulnerable es no necesitar a nadie, es ser capaz de vivir al margen de los demás. Aunque hay anacoretas y misántropos capaces de vivir así, su vida dista de ser completa. Han cerrado los canales emocionales que hacen del ser humano el ser más social de los animales.

La invulnerabilidad evoca la imagen de un superhombre libre de las debilidades, las flaquezas y los defectos que nos hacen vulnerables, imperfectos, necesitados de los demás y, por lo tanto, humanos. Los psicólogos nos recuerdan que si una persona finge ser invulnerable, adopta una actitud libertaria extrema en relación con sus derechos y no da muestras de emoción ni de compasión, en realidad suele ser alguien tan atemorizado por su sensación de vulnerabilidad que su postura «de macho» se convierte en una máscara tras la que ocultar ese temor.

Uno no puede sentir verdadera empatía con las luchas y las vulnerabilidades de los demás si es incapaz de reconocer esas mismas luchas y vulnerabilidades en sí mismo.”

Finalmente, también debo reconocer que se ha puesto de moda en los últimos años la violación de la intimidad de las estrellas de la televisión en videos mucho más “hot” que mi correspondencia electrónica (aunque no se hasta donde ha llegado el “hacker” que me ha tocado!). También, más recientemente, están los personajes que se dedican a violar correspondencia privada de embajadas y servicios gubernamentales de información cuyos resultados me parece que poco aportan, pero se supone que eso los hace parte de una supuesta libertad informativa y transparencia. Francamente, escapa a mi entendimiento la verdadera utilidad de tal “cruzada”.

En mi caso, supongo que me topé con algún cruzado de estas últimas características que creerá que es muy progresista y esclarecedor publicar correspondencia privada de los demás. Cada uno  calificará a eso como le parezca: como un defensor de la libertad de expresión para algunos; para otros, como en mi caso, como un simple pillo. En tanto la Justicia lo califica de simple delincuente.

Cali

    

 (1) La vida de los demás (Das Leben der Anderen) es un largometraje alemán del año 2006 que supuso el debut como guionista y director de Florian Henckel von Donnersmarck. La película transcurre en el Berlín este durante los últimos años de existencia de la RDA y muestra el control ejercido por la policía secreta (Stasi) sobre los círculos intelectuales. Está protagonizada por Ulrich Mühe, Sebastian Koch, Martina Gedeck y Ulrich Tukur.

(2) “La civilización Empática. La carrera hacia una conciencia global en un mundo en crisis”, Jeremy Rifkin, 2010.