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viernes, 15 de abril de 2011

Buen día, día

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Para un viernes especial, “Buen día, día”. “Qué clase de rico será quien no lleve todo junto y en un solo puño
la psiquis y el latido de su pueblo”.

La letra difiere de lo que canta porque le sobra poesía por todos lados o le faltaban minutos en el estudio de grabación.



Buen día, día

Miguel Abuelo
Buen día, día. Día, buen día.
Buen día, perro, mujer buen día.
Arbol buen día, señor buen día.
Buen día, hijo, hermano buen día.
Buen día, dia. día, buen día.
Soy todos tus olvidos
y de todos tus olvidos
aparece mi alimento.
Aqui tu libertad,
aqui tu intención
apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa.
Aqui... mi boca arriba y gritando
Buen día, a todo lo que pasa.
Yo soy el que da rota de tu paso olvidado.
Aquel que te camina,
descalzo entre tus pasos.
Nada sé, no. Nada sé...
Buen día, día. día, buen día.
Buen día, sol, soles buen día.
Tontos buen día, señora buen día.
Buen día, aire, luna buen día.
Aqui tu libertad,
aqui tu intención apelmazada de ser pájaro.
Aqui la piedra de tu risa,
aqui mi boca arriba gritando: Buen día,
a todo lo que pasa.
Juntos cavaremos hasta la superficie de mi tierra.
Tu dolor es amor transformándose en mundo
y una caja es mi cuerpo donde el dolor no cesa.
Adentro mío;
Escarba hoy en tu mano tratando de
ubicarte en la cima.
Embelesate ahora que estas vivo.
Este mundo era ya una loqueria.
Vamos...adelante.
Llevaras todo junto,
llanura y vegetal entrelazado.
Agua sobre fuego y fuego bajo tierra.
Sé bien que tus coros se pondrán
contentos.
Vamos...adelante.
Que suba lo que crece.
Lo que se fue se vaya.
Aqui voy yo.
El que río y río
bajo y sobre las vertientes.
Aqui voy yo,
el que tentó al amigo.
Oíd, oíd, que hermoso ría que suena en tí
llamando, humano, humano, humano...
El pensamiento corre,
el cuerpo baila.
Los ojos iluminan.
La voz llega y escapa.
Por que trastocar la lozanía
que hay en tu alma?
Ah! La estridente coraza.
Oh! La enfrascadora jornada.
Brindo contigo, Holderlin.
Por lo gratis, al bendición etérea.
Y oiganse las manos serviciales.
La tares del amor,
creativo y fraternal.
Buen día, remanso, tempestad buen día.
Buen día, ruta, muerte buen día.
Buen día, día.
Ey! Y si hubieras contraído
compromiso con la muerte?
Y si hubieras muerto acaso?
Peleando o creyendo.
O intentando escaleras para atrapar las
espaldas del cielo?
Hubieras llevado gloria hacia allá
(hacia desde donde ya no se vuelve)
Pero también, hubieras dejado fábula,
utopía y polvo
entre mis cofrades mortales.
Pobre eres si no llevas repletas las arcas
de tu corazón.
Idiota perdido aquel que no se reconozca en un
odio insensato.
Que imbécil no verá su pasión mas
desjuiciada.
Y qué clase de rico será
quien no lleve todo junto y en un solo puño
la psiquis y el latido de su pueblo.
Buen día, día. día buen día.
Buen día estrella, humildes buen día.
Buen día cerca, lejos buen día.
Buen día, buenos locos buen día.
Buen día, mañana. Traición buen día.
Del ultimo sueño vengo,
del ultimo sueño soñado.
Han caído cortezas de mí.
Imperios han venido y desaparecido.
He comido el pan de la locura.
He sido cuerpos de otros cuerpos
y me he despertado en fiestas y caídas.
He sido celoso como mi ángel guardián
y paciente como las arañas.
Tanto he dormido en el azul barro del
invierno como he vuelto desde la blanca luz
de los ciegos del mundo desierto
entre cactus, reptiles y minerales.
Buen día, dia. día, buen día.
Mi joven realidad ya no se busca
en los reflejos de un espejo astillado.
No quiero ser un barco anclado
sobre un río tormentoso.
¡He venido a mover y darle
marcha a la fanfarria!
me fecunda la música que tonifica
el cura.
Los poetas me acusan de deber ser
valiente.
Las artes para siempre,
las musas sin cadenas.
Huelo, como vino, juego.
Me recuesto cara al cielo.
y mi reposo goza en la paz de cada origen.
Buen día, dia.
Adiós barcos anclados sobre torrentosas aguas.
Adiós espejos astillados.
No nosotros, regocijo del rocío
sobre narices esplendidas.
No, no, no,
no nosotros
elásticos celebradores de deseos.
Buen día, dia.
Buen día, futuro venturoso.
Buen día, dia.

martes, 1 de septiembre de 2009

Buen Día Día

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Buen Día Día (1984), Miguel Abuelo

Miguel Abuelo es un faro de poesía y actitud, para todos aquellos barcos (metafóricamente) que prefieran no encallar en las costas de la “mediocracia”, es un grifo de poesía nacional y universal, de sentido.
Miguel era gaucho agitanado, era sofisticado criollo europeísta, era batucada y existencialista funky, pero sus versos son cercanos y profundos, vitalistas y provocadores. Cuando le conocí, llegaba con anteojos “culo de botella”, un libro y un puñado de letras alentadoras, entre las cuales recuerdo “El Gran Orinador” (que reescribió, para “Buen Día Día”, como, la deliciosamente panamericana, “Americano soy del Sur”) & Mundos-in-Mundos. Musicalmente, Miguel no se sentía sujeto por el compás cuadrado de las rockas argentinas, ni del tango. Venía con el compás gitano asimilado (que es de tres y es de cuatro, porque es un compás de doce), y era capaz de cantar “Se me olvidó que te olvide” acompañado por sí mismo, tenía conciencia afrocubana. Nunca supe, a ciencia cierta, si realmente había estudiado los compases y las armonías, si era un intelectual o un “maestro declamatorio declamador”, pero sus textos no dejan lugar a dudas: tienen un valor extraordinario, están “más allá del bien y del mal”, pero son superlativos, podía abrazar la esperanza de su pueblo (o del mundo) y convocar a los instintos y a la picardía carnívora. Qué profundidad tenía Miguel. Fundador de la psicodelia, de corazón underground, príncipe y mendigo.... generoso líder de nosotros. Claro que los textos de Miguel tienen que estudiarse en las escuelas. Pero Miguel no dejaba de recordar a los marginales, a los adictos, a los infectados, a los presos. Yo no puedo contar mucho de Miguel Abuelo, fui testigo de su vuelta al pago, espero haber colaborado con su renacimiento y su alegría, aunque me temo que, de a ratos, su poética, reveladora y genial, haya quedado en un segundo plano, detrás de su propio invento: una sola estrella de seis puntas, una invitación a cantar y a escribir, que pidió prestado (por segunda vez) el nombre a Leopoldo Marechal: Los Abuelos de la Nada. El rito iniciático, que cumplió sin sacrificio, fue leer El Banquete de Severo Arcángelo, ése fue el examen de ingreso. Vivimos cuatro años aventureros y musicales, creo que les pusimos color al país y a la música. También creo que los textos, el canto y la persona humana, no necesitan más explicación, ni introducción, que la obra en sí misma: investiguemos y descubramos a Miguel Abuelo, que cada día canta mejor.

Andrés Calamaro