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miércoles, 9 de julio de 2014

Mi cicatriz mundial


Escribo esto a pocas horas de que Argentina tenga su semifinal con Holanda. Entonces quiero contarles que tengo un profundo placer cuando miro futbol, me encanta el juego, lo he practicado y creo entenderlo a mi manera.
Pero nunca me verán gritando goles, asumiendo alguna actitud demasiado expresiva, particularmente en los mundiales. Sucede que estas contiendas activan mecanismos, actitudes y se movilizan símbolos y palabras que me renuevan el dolor de ciertas heridas que acarreo.
Viví el Mundial 78 con 18 años. Sabía lo que ocurría con la poca información de la que disponíamos entonces, me recuerdo a mí mismo diciendo “¿serán 15.000!?” en un altillo de zona sur en Rosario, mientras mirábamos revisas europeas a las que mejor no preguntar cómo habíamos accedido a ellas. Mis convicciones profundamente anti-milicas me convertía, y a una banda de amigos, rockeros todos, en fantasmas dentro de la Ciudad.
La efervescencia de ese invierno, las banderas, el patriotismo idiota que se desplegaba al mismo tiempo que una operación de encubrimiento descomunal se desplegaba por los medios apelando a la pasión futbolera y los valores de la familia argentina. Odio ese invierno maldito. Lo odio como pocas cosas.
Odio cada partido de ese mundial. Odio esa fiesta inaugural y a Videla hablando ante un país-cuartel del que era perfectamente y orgullosamente EXTRANJERO. Tal como Charly García nos cantaba en “botas locas” desde unos cassetes clandestinos.

Definitivamente no me sentía parte de “La Fiesta de Todos”, fiesta cuartelera, asesina y de la que fue parte una hipócrita argentina.
 
En la final, los jugadores holandeses se negaron a recibir la medalla del segundo puesto de manos de Videla. Ya habían dado la nota mostrándose con las Madres de Plaza de Mayo y haciendo críticas declaraciones a la prensa, que obviamente se conocieron mucho después. Para mí los holandeses fueron entonces un pequeño ejemplo de dignidad en medio de la miseria. La gran figura holandesa de aquellos años, Johan Cruyff, repentinamente decidió no participar del mundial. Se sospechaba no querer ser parte del mundial de una dictadura.
Durante 1979 la fiesta siguió, el mundial juvenil en Japón (ya con Maradona) y el aniversario del mundial con un partido amistoso entre Argentina y Holanda, esta vez en Holanda, pero allí las cosas ya no serían lo mismo. Durante ese partido aparecían una misteriosa banda que tapaba uno de los arcos. He aquí lo que sucedió y que disfruté mucho.

El cartel “Videla Asesino” y luego “militares son miseria y represión” fueron vistos por todo el mundo, aquí sólo en los primeros minutos hasta que se avivaron.
A todo esto, transcurría el conflicto con Chile por el Beagle, del cual nos salvó el Cardenal Zamoré enviado por el Papa. Estábamos ya a los tiros con Chile a finales de 1978. Así eran esos años de fiesta futbolera.
Soldados_Argentinos_Marchan
Para continuar con tragedias y futbol, en plena guerra del Malvinas, en 1982, durante ese junio invernal, ver a los argentinos agolpados en los bares frente al televisor mirando el Mundial de España ya colmaba todo lo que se podía tolerar. Una sociedad alienada, estúpidamente triunfalista y que había decidido hacerse la distraída de todo, porque ya cualquiera podía saber lo que pasaba acá nomás y lo que estaba sucediendo en las islas con lo pibes cagados de hambre y frío y la matanza que se venía.

Así las cosas, los mundiales me dejaron una cicatriz. No volví a ver partidos de mundiales hasta 1990. El del 1986 no vi absolutamente nada, ningún partido. En 1990 vi algo y poco a poco, pude volver a mirar los partidos y disfrutar de una manera discreta. Por eso no me pidan que hoy grite o me lamente demasiado. No me verán jamás en ningún festejo futbolero en mundiales. Esa ya no tiene vuelta atrás. Dichosos los que pueden hacerlo porque son parte de otra historia. La mía sólo me permite ver el partido como si fuera un eterno extranjero, que disfruta del espectáculo y la alegría de los demás. Hasta allí llego.
Cali

domingo, 6 de mayo de 2012

Para la tribuna que lo mira por TV


Se sabe que el gobierno está en una escalada planificada de cara a la los Juegos Olímpicos en Londres. Quiere “Malvinizar” esos juegos y está construyendo el clima, el relato y la épica a una estrategia que no pasa de la provocación y la búsqueda de la reacción del otro. Una vez lograda la reacción, ya sea un insulto, un chiflido, un gesto de rechazo, entonces sí, el nacionalismo “victimista” tendrá su pieza de colección. ¿Malvinas? no pasará nada, lo que importa es el relato y alimentar la pasión.
El spot malvinero de estos días es una pieza en esa construcción. Torpe por donde se lo mire. Generó el obvio rechazo de los habitantes de Malvinas y de Inglaterra. Pero también provocó rechazo entre los deportistas que participaron de la sexta edición de la Maratón de las Islas Malvinas, oportunidad utilizada subrepticiamente para filmar el spot. Su intención, opuesta al espíritu deportivo con el que se desarrollaron esos juegos, provocó el rechazo de los propios impulsores de la participación argentina en esa maratón. Entre los deportistas que hablaron está el testimonio patético de quien es el protagonista del spot, sin haberlo sabido, aparentemente.
El Comité Olímpico Internacional (COI) reaccionó y pidió que “no se politicen” los juegos y rechazó el aviso. La propia empresa publicitara Young & Rubicam manifestó su desacuerdo con el spot, que sus mismo creativos habían “craneado” y solicitó suspender su emisión. Un papelón importante la de estos muchachos.
Una semana antes la embajadora argentina en Inglaterra, Alicia Castro, protagonizó un episodio en una conferencia del canciller británico, haciendo un reclamo, cuyo contenido pasa a ser lo menos importante, por el contrario, es la forma la que permite encender los ánimos de manera confusa. Una estrategia más apropiada para una organización que procura visibilizarse que la de un representante gubernamental. No quiero decir que deben guardarse a rajatabla las formas diplomáticas recoletas y pacatas. Pero, la estudiantina, protagonizada por un funcionario de un gobierno que ejerce plenamente su poder, me parece una frivolidad que pulveriza la seriedad del reclamo. La ubicación de Alicia Castro en funciones diplomáticas en Londres este año, saliendo de Venezuela, obedece al plan malvinero a desarrollarse de cara a los Juegos Olímpicos.
Hoy leo que el ciclista Luis Curuchet, quien participará en los Juegos de Londres, teme que los atletas argentinos sean silbados en las competencias. Tal episodio, en realidad, sería el resultado buscado por el gobierno. Si eso ocurre, habrá sido un éxito y los atletas podrán ser recibidos como nuevos “héroes” de Malvinas en la Casa de Gobierno.
Nada tiene que vincularse entre el deporte y los conflictos políticos, mucho menos, cuando ha corrido sangre debido a ese conflicto. Pero la estrategia elegida es la más riesgosa, de altísimo impacto, no hay duda, pero de muy dudosos resultados.
También leo hoy que el gobierno nacional ha cerrado varios nuevo contratos para importar gas licuado por vía marítima durante 2012. Uno de esos contratos es con la petrolera británica BP.
Para la tribuna que lo mira por TV.  


domingo, 8 de abril de 2012

Hubo uno que no fue

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Veo que se ha hecho una reivindicación merecida a Raúl Alfonsín en relación a Malvinas. Me parece un ejercicio de memoria en serio.
Se suele decir que los “chicos de Malvinas” murieron por la patria. Siempre me pareció un patraña esa frase. Obvio que no hablo del sentimiento  con que los chicos actuaron allá. Me refiero que al decirlo, unos cuantos, muchos, esconden sus agachadas. No murieron por la patria, murieron por un gobierno asesino y miles de cobardes que aplaudieron.
Entre esos miles de cobardes, hubo algunos con enorme responsabilidad y que nunca hicieron su autocrítica. Entre ellos, la dirigencia política de entonces. Los actuales dirigentes políticos de esos mismos partidos jamás hicieron una revisión de tal actuación.
Me refiero a todo esto en varios artículo aquí, por ejemplo, en ¿Pedirán perdón alguna vez?
Clarín, 08/04/12
“En 1982, partió un avión militar con los principales dirigentes de todo el arco político para apoyar la guerra. Hubo uno que no fue”. Ese es el texto del afiche que muestra la foto de Raúl Alfonsín y que salió a pegar la UCR-Morena, la agrupación que lidera Ricardo Alfonsín. El afiche recuerda que, ante la Guerra de las Malvinas, Alfonsín fue uno de los pocos políticos argentinos que se opuso a la acción militar en las islas y sostuvo que su finalidad era lograr el “fortalecimiento de la dictadura”. El ex presidente no participó del viaje de varios dirigentes políticos y sindicales para asistir a la asunción del nuevo gobernador militar de las islas, el general Mario Benjamín Menéndez.

lunes, 6 de febrero de 2012

Malvinas: abusos y olvidos selectivos

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Durante la semana pasada tuve una serie de mensaje de supuestas agrupaciones de la JP vía twitter donde se me acusaba de “cipayo”, entre otras cosas, debido a mis reflexiones sobre los dichos de CFK en relación a Malvinas. He dicho entonces, y reitero nuevamente, aquella expresión “el patriotismo es el último refugio de los canallas” y Malvinas ha servido y sirve como excusa para muchas canalladas.
CFK, entre otras cosas, criticó al “ambientalismo” por no decir nada sobre la depredación de los recursos naturales en el área de Malvinas. Una mentira, una picardía, que mezclada con el caldo malvinero, no dudo en calificarla de canallada.
Malvinas ha dado para todo. Hay mucho publicado en este blog al respecto. Una sola cosa quiero repetir, antes de dar lugar a una excelente nota de Beatriz Sarlo, de hace unos días: ¿cuándo el Partido Justicialista, al igual que la mayoría de la partidocracia argentina, pedirá perdón por haber apoyado a los militares en la aventura de 1982?
Cali
La memoria de la guerra de Malvinas sigue siendo inabordable como mito nacional

El patriotismo despótico

Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION 27/1/12

 
La reaparición de la presidenta Cristina Kirchner trajo dos buenas noticias. La primera fue la reafirmación de una voluntad de diálogo pacífico con Gran Bretaña sobre la cuestión Malvinas. La segunda, la difusión, por primera vez pública, del Informe Rattenbach. Frente a lo que podría haber sido una escalada verbal, se adoptó el más firme y modesto camino de la sensatez. ¿Por qué se ha tardado treinta años para que el Estado diera a conocer el Informe Rattenbach? Malvinas es un absceso envenenado de la sensibilidad patriótica nacional. Hagamos un poco de historia.
En abril de 1982, el país consumía el alucinógeno del patriotismo despótico, cuya visión era "Ya ganamos", en la que se mezclaban la bravata y el desconocimiento. Celebrityland estaba a sus anchas. Después de años de entonar el estribillo de la dictadura -"los argentinos somos derechos y humanos"-, muchos "famosos" (periodistas incluidos) se emocionaban por una causa buena. En las kermeses televisivas se donaban joyas para la gran guerra en la que "nuestro ejército" (el mismo que había exterminado a miles) se cubría de gloria en el Atlántico Sur. Alrededor del Obelisco, pacíficas mujeres tejían para los soldados. En las escuelas, los chicos escribían conmovedoras cartitas, destinadas a los paquetes de provisiones y de regalos (muchos de esos paquetes se encontraron luego en la reventa). En Plaza de Mayo, Galtieri, rodeado de una multitud, se entregaba con desparpajo a la exaltación del machismo belicista. Fue una borrachera: "Si quieren venir que vengan -dijo-, les presentaremos batalla". Parecía una novela latinoamericana de dictadores. Aunque, si pensamos en la literatura, fue la novela de Fogwill, Los pichiciegos , la que dio la versión más realista de la guerra. Para leer hoy en el colegio secundario.
Flamearon los pañuelos blancos de las Madres con la curiosa leyenda "Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también". Casi sin excepciones, lo que quedaba del peronismo setentista y la izquierda se hizo malvinero, con la descarrilada ilusión de que se ganaba la guerra y, acto seguido, se cambiaba el fusil de hombro y se pasaba a desalojar a la dictadura. Muchos exiliados querían participar y hubo para todos los gustos, desde documentos y foros hasta planes para embarcarse hacia las islas desde algún aeropuerto latinoamericano, como si eso fuera posible. En Plaza de Mayo se agitaron más banderas argentinas que durante el Mundial del 78, un récord difícil de empatar y que también está esperando un análisis crítico.
Los políticos de la multipartidaria desvariaban, y sólo Raúl Alfonsín se animó a llamar a la guerra "un cepo patriótico". Contadas excepciones dentro del territorio argentino: el marxista Carlos Brocato, y un grupo casi invisible de intelectuales que hicieron circular sus ideas como pudieron, ya que la prensa no publicaba posiciones contrarias a la guerra.
En San Telmo, Adolfo Pérez Esquivel hablaba con unos pocos, y organizaba con músicos jóvenes un concierto por la paz. Graciela Fernández Meijide recuerda que la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos no pudo lograr una posición única. El triunfalismo fue el hipnótico sueño de casi todos: se podía derrotar a Gran Bretaña; Estados Unidos abandonaba a su aliado del Atlántico Norte, y los militares, que hasta ese momento sólo habían demostrado ser diligentes ejecutores de gente mayormente en cautiverio o derrotada, tenían cualidades para organizar una guerra de verdad.
El Informe, que el ejército encargó al respetado general Benjamín Rattenbach, fue abiertamente crítico de la preparación militar y diplomática, la estrategia y la conducción de la guerra. Es una pieza fundamental de la historia militar de Malvinas. Sin embargo, no se difundió. En 2006, este diario publicó una entrevista con su hijo, el músico y coronel Augusto Rattenbach, quien sostuvo que al Informe se le arrancaron páginas. Los treinta años de la guerra son una gran oportunidad y la Presidenta lo ha comprendido. El Informe caracteriza a la guerra como "aventura". Esto no complica solamente a los responsables sino que obliga a revisar el sentimiento nacionalista malvinero de los civiles.
En la Argentina, el gobierno y muchas organizaciones sociales han abierto un nuevo capítulo de "políticas de la memoria". No es el primero, como se pretende, pero es el más extenso y detallado. El deber de recordar ha sido defendido con tanta fuerza como el derecho a recordar. El gobierno reivindica las políticas de la memoria como articulación central de su política de derechos humanos. No se clausura el pasado y, en ese sentido, hay razón, porque el pasado fue demasiado terrible como para desplazarlo de la conciencia del presente. Desde el Nunca más hasta hoy, el conocimiento y la condena se han extendido. No muchos países en el mundo pueden presentar tal récord de juicios y condenas, realizados en democracia, en tribunales locales, con jueces locales.
Sin embargo, la memoria de la guerra de Malvinas hasta ahora ha seguido siendo inabordable como mito nacional. En un reportaje reciente, el canciller Timerman cuenta que, hace muchos años, en un primer diálogo con Cristina Kirchner, tanto lo impresionó su posición respecto de las islas que le dijo: "Sos muy malvinera". Era una comprobación, no una crítica. Pero el adjetivo "malvinero" no es neutro.
En 1982, la Argentina cometió un error gigantesco que llevó a la muerte a cientos de conscriptos y afectó la vida de miles, atropellando el principio de que los conflictos territoriales no deben abordarse jamás por medios armados. Y desestimando que la población de las islas parece tener una opinión adversa a vivir bajo soberanía argentina. Ese error es parte de la memoria reconquistada por la democracia, sobre todo porque la acción de la dictadura fue apoyada por amplias mayorías.
La difusión del Informe Rattenbach rompe oficialmente un tabú. Ese tabú existe porque, en el caso Malvinas, no es posible adjudicar todo el mal a los militares. También la sociedad argentina tiene que revisar su historia de entusiasmo frenético. También los políticos, que en su mayoría apoyaron la invasión, deben mencionar explícitamente que esa acción errónea e injusta fue un abalorio de la política interior, y que las islas fueron usadas del mismo modo por Thatcher, y ahora por David Cameron, que por Galtieri. Cameron acusó a la Argentina de ser una potencia colonialista. Dicho por un británico, la frase es absurda. Tan absurda que no provoca en el gobierno una escalada, ni siquiera verbal. En su discurso del miércoles, la Presidenta ha dado señas de comprender que el tema Malvinas exige un discurso tranquilo, no patriotismo de agitación. Hace pocas horas se designó a Alicia Castro como embajadora en Gran Bretaña. Castro viene del mismo cargo en Venezuela y su chavismo es ardiente. Los símbolos pesan en la diplomacia. Sin embargo, confiemos en que, como sucede con los funcionarios kirchneristas que quieren retener su cargo, no abrirá la boca fuera del guión presidencial.
El martes pasado, en un acto a metros de la embajada de Gran Bretaña, los asistentes, organizados por la Juventud Peronista del Movimiento Evita, gritaban "fuera ingleses de las Malvinas, fuera yanquis de América latina", tal el lema de la convocatoria. En ese clima, la consigna más exaltante era un clásico futbolero: "el que no salta?". Sobre el palco, que compartía con Emilio Pérsico, Fernando "Chino" Navarro mostró más prudencia. "Esta iniciativa -dijo- tiene que ver con la paz; le reclamamos a Gran Bretaña que negocie racionalmente. Lo queremos hacer en el marco de la paz y el diálogo. Le decimos a la Presidenta: cuente con nosotros en el marco de la paz y la legalidad, para que las Malvinas sean argentinas, pero también cuente con nosotros para que, en la patria, no haya un solo pobre". De algún modo, en las frases citadas hay una advertencia. En cinco minutos exactos, se repite "paz y diálogo" unas diez veces. Y también se pone un horizonte: el presente no culmina en una reivindicación territorial sino social. Por eso el acto comenzó con el Himno y terminó con la marcha peronista transmitida desde los equipos de sonido del palco.
En efecto, es una pobre identidad la que se sostiene como identidad territorial, sobre todo en el caso de una nación como la Argentina que, lejos de lo que se piensa en círculos donde el irredentismo es una mística, no padeció una historia de despojos en sus fronteras, sino de despojos fronteras adentro: pueblos originarios, viejos y nuevos pobres de todo origen, recursos naturales, depredación del medio ambiente, ésos son los temas abiertos. Los otros quedan para un museo razonado del desvarío nacionalista sin principios y para los tiempos lentos del diálogo en los foros internacionales.
La Presidenta tiró toda la responsabilidad sobre la locura malvinera a los militares. Es una verdad a medias, exculpatoria de una sociedad que se dejó arrebatar y aceptó que la dictadura se travistiera con un neblinoso manto patriótico. En un país que quiere una memoria completa del pasado, es necesario reconocer estos hechos, entre otras razones para honrar a los caídos y hacer justicia a los veteranos. No para convalidar el nacionalismo malvinero, sino para ofrecerles un lugar como víctimas, separado de los jefes que los condujeron a la aventura.

martes, 5 de abril de 2011

Nunca más! (no al “nunca digas nunca”)

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Debo confesar que la creciente movilización, expresiones de repudio y actividades vinculadas a la memoria del 24 de marzo de 1976 me despierta sentimientos contradictorios. Preferí que pasaran unos días de la fecha conmemorativa para poder escribirlo sin los calores del aniversario y procurando ser todo lo claro que pueda ser.
Por supuesto que es todo ganancia que haya una convicción cada vez más fuerte y masiva de que algo así no debe suceder “Nunca Más”
Lo que que también me sucede, como con muchas otras cosas que pasan en la Argentina actual, es que estas expresiones me resultan sobreactuadas, con mucho gesto y cotillón para la tribuna y con muy poca autocrítica, diría que ninguna. Un “nunca más” convertido en efeméride simplista, casi escolar, con una lectura con buenos muy buenos y malos, muy malos. Una lectura que no alcanza a dimensionar la espesura de lo que aconteció en la Argentina.
Francamente, me pone en alerta de que algo no está del todo bien cuando veo que muchos espectros que deberían quedar atrás con un verdadero “Nunca Más”, están encaramados en varios de los escenarios de estos actos desde donde dictan cátedra de “memoria”, “derechos humanos” y apego a la “democracia”. Cuidado, que si ejercitamos la memoria, el “Nunca Más” se llevaría puestos a varios del top ten gubernamental y opositor. O por lo menos, deberían bajar el dedito acusador o usarlo con más cuidado.
Se que lo que digo va en dirección opuesta a la opinión mayoritaria. Pero bueno, tengo un compromiso conmigo que no me permite tener memoria selectiva para con estos temas tan  básicos y definitorios.
No creo que sea necesario que me extienda aquí recordando y destacando a los criminales de la dictadura. No creo que eso sea necesario. Por las dudas, aclaro a quienes me conocen poco, que desprecio en forma absoluta y radical cualquier cosa que se asimile al alma militar y sus instituciones. Mi desprecio, parafraseando a Serrat, es un desprecio de antes de la guerra.
Pero es mi profundo asco a la matanza sucedida y el estropicio que generaron que se me hace imposible olvidar el activo “colaboracionismo” (antes, durante y después) con la dictadura de muchos, realmente muchos, de los que hoy están en el coro de esta “cruzada” por la memoria. No entiendo eso. Yo no los olvido en el papel que jugaron, no tienen ante mí excusa alguna, sólo pedir perdón, una autocrítica o hacer un respetuoso silencio. Por supuesto que me parce valioso verlos en el sitio que ahora se ponen, pero que no se hagan los jueces de los demás.
Vamos por partes: 
ANTES de la dictadura.
Creo que no hace falta que me detenga en los dinosaurios cuarteleros. Ahora bien, ¿Hace falta mencionar el absoluto desprecio por la democracia, sus propias vidas y de las ajenas con que militaban fervientemente en ese entonces una enorme cantidad de dirigentes políticos y sociales? Algunos de ellos, sobrevivientes de lo que ocurrió, son hoy funcionarios, legisladores y dirigentes sociales que encabezan y participan en muchos de los actos de los 24 de marzo? Y no hablo sólo del “oficialismo”.  
La democracia era para ellos una tontería burguesa. Despreciaban cualquier defensa del sistema democrático. El coctel que generaron junto con los golpistas de siempre, la mentalidad retrógrada de militares y políticos que vivían en las cavernas del pensamiento más brutal, fue determinante para que la sociedad argentina aceptara mansamente la llegada de los militares nuevamente al poder. Esta vez con la furia más grande que hayamos presenciado.
Nunca una autocrítica. Nunca una reflexión sincera.
Cuando uno dice estas cosas, rápidamente surge el “vos defendés la teoría de los dos demonios”. Nunca entendí cabalmente esa expresión. Si eso supone equiparar responsabilidades y el peso de los crímenes cometidos, definitivamente, no es así. Lo peligroso de esa frase es que me suena a tratar de anular la existencia de un infierno en la Argentina donde varios demonios hacían pata ancha a los tiros. Yo no puedo olvidarlo ni ignorarlo. El que opte por una historia simplona, que lo haga. Pero será una historia injusta, y como toda injusticia, es dolorosa. Un ejercicio de memoria ficticia no alcanza para un verdadero “nunca más”.
Lo sucedido en la Argentina a partir de marzo de 1973, cuando se realizan las elecciones en las que resulta elegido Héctor Cámpora, para mí no admite atenuantes. La feroz interna peronista generó un caos en la que por derecha e izquierda, lo que menos importaba era la opinión de la gente, del “pueblo”, como se decía entonces, y poco importaba el derecho de los demás, incluso el de elegir un gobierno. image
El verdadero poder se disputaba por medio de los “fierros”, aparatos y matones. Por derecha e izquierda. Lo que podía caer en el medio, poco importaba. Unos defendían lo que entendían era el espíritu más puro de la nación, una réplica en escala de la ideología del nazismo, otros querían una revolución “fast track” y sin tanto papeleo.
Durante esos años, 1973, 1974 y 1975, hubo una acción política enferma de militarismo, violencia y soberbia. Quien profundice en esos años verá con horror cómo nos deslizábamos hacia el abismo. Muchos activos dirigentes de esa locura tenían una ambivalente actitud frente al golpismo que esperaba agazapado. Eso también es “colaboracionismo”, diferente, pero de igual efecto letal como el que se pregonaba desde algunos partidos políticos y medios de comunicación. Aunque ahora sólo se quiera mirar y poner el acento en el “rol de los medios”.

DURANTE la dictadura.
Y comienza la masacre a una escala inédita. Caen detenidos dirigentes políticos y sociales de todo orden, algunas se salvarán, la mayoría no. Afuera, el colaboracionismo era importante. Se habla mucho de los medios de comunicación. Pero muy parcialmente.
No es mi idea al escribir esto, estar tirando nombres, primero porque son muchos, y porque, a priori, me suena mal hacerlo. Pero de cada cosa que menciono, hay nombres y nombres. Pero hay un caso que es sublime por lo ridículo del caso y porque ha estado en el candelero hace un año atrás, en el anterior aniversario del golpe. Uno de los principales ministros del actual gobierno publicaba en esos días inaugurales de la masacre un diario especialmente dedicado a defender la dictadura y la “oportuna” intervención militar. Insisto, quisiera evitar dar nombres, no quiero caer en eso de tirar prontuarios (como hoy se acostumbra), pero el caso de Twitterman es un chiste, grotesco y criminal.image
Lo anterior, sólo lo señalo como ejemplo de la endeble seriedad que tiene el cargar las tintas de manera excluyente sobre los medios de comunicación. Es cierto, hubo mucho canalla en los medios. Pero también hubo refugios, entrelíneas y actitudes nobles en casi todos los medios, incluso en los tan vapuleados en estos días. El colaboracionismo era importante en los dirigentes empresariales, la iglesia, y desde la grasada artística en que se convirtió la TV y el cine en esos años. Algunos de esos personajes, luego fueron democráticos, militando en las filas de partidos populares, llegando incluso a puestos claves de gobierno.
Hay nobles y heroicas excepciones. Hay bajezas increíbles.
La cúspide del colaboracionismo se vivió durante la guerra de Malvinas. Casualmente, esta semana se cumple un nuevo aniversario que debería también ser asociado a la consigna “Nunca Más!”. Quien frecuente este blog, sabrá que para mi es una de esas cúspides de la bajeza moral de la dirigencia política y del pueblo argentino. Los máximos dirigentes políticos y muchos militantes de base, algunos de ellos ahora en el gobierno y en el congreso, aplaudieron, colaboraron y vivaron esa masacre de pibes indefensos. Lo hacían con intrincados argumentos y alambicados conceptos histórico-ideológicos, todos empujaron esa locura. Viajaron con los militares a las islas a bendecir la operación, por supuesto antes de que silbaran las balas.
Los recuerdo a los representantes de los partidos políticos nacionales y populares allí, felicitando a Galtieri y Menéndez. ¿Qué pasaba en las cárceles clandestinas en ese momento?. ¿Qué pasaba con las madres desesperadas entonces?. ¿Qué pasaba si Thatcher decidía que el entuerto Malvinas lo dejaba para resolver más adelante? Lo pienso, y me da escalofríos. ¿Cómo pudieron ir a las islas? ¿Cómo pudieron bendecir lo que iba a ser una masacre de pibes o un indulto fenomenal para la dictadura?. Cualquiera de las dos hipótesis era inaceptable. Pero las aceptaron. Es bueno tomarse el trabajo de investigar si algún partido político tuvo el atrevimiento de decirlo que NO a los militares. Repito, muchos de los que alentaron todo eso, hoy son legisladores. Algunos en las primeras líneas del oficialismo y también de la oposición.
Por supuesto, luego fueron los críticos de la improvisación de la operación y se despegaron apresuradamente.
Hay nobles y heroicas excepciones. hay bajezas increíbles.
Entre las figuras políticas de la época, cabe mencionar a Alfonsín, como lo he hecho anteriormente. Es una de esas excepciones, aunque no se lo quieran reconocer, por especulación política y porque llevaría implícitamente un mea culpa.
¿Recuerdan la auto-amnistía de los militares en 1983?. En abril de ese año, mediante decreto, los militares ordenan la destrucción de toda la documentación existente sobre la represión y asesinatos de desaparecidos. Se emite un documento “final” sobre esos años. Luego, en septiembre, se dicta la "Autoamnistía", llamada ley de Pacificación Nacional, para los miembros de las fuerzas armadas por los actos cometidos en la guerra contra la subversión.
El “dialogoguismo” de alguna dirigencia política y sindical durante esos meses le permitieron creer al gobierno militar que podían ponerle un apresurado punto final a sus delitos. Ese dialoguismo fue denunciado por Alfonsín en marzo de 1983, el llamado “pacto sindical-militar”. No quiero extenderme en opiniones personales, me parece que hay opiniones infinitamente más autorizadas que la mía. Tomo un reportaje a Alberto Piccinini, secretario de la UOM de Villa Constitución, del 1 de abril del 2009 (La política on line)
Cuando en 1983 se recuperó la democracia se quería recuperar la representación en todos los ámbitos. Por eso, la propuesta de Raúl Alfonsín era hacer elecciones libres en todos los gremios. La idea era que se limpiaran los sindicatos de los dirigentes aggiornados que habían sido cómplices de la dictadura militar y se eligieran democráticamente nuevas autoridades. Pero en la Cámara de Diputados, donde había mayoría peronista no se aprobó el proyecto de ley. No hubo la relación de fuerzas suficiente.
¿Le faltó apoyo de la oposición dentro del Congreso solamente o tampoco lo tenía dentro del movimiento obrero?
No, de los dos.
¿Qué sectores del sindicalismo eran los que presionaban más para que nada cambiara?
No eran sólo sectores del sindicalismo, sino también sectores políticos allegados a los gremios y a los militares. Para dar una idea, a nosotros nos metieron presos gente del sindicato en el gobierno de Isabel Perón en 1975. Hubo muchas complicidades. Era lo que en ese entonces se le decía el pacto sindical-militar. Cuando cae en el Congreso, comienza a debilitarse Alfonsín frente al sindicalismo aggiornado. Ahí –en 1984- fue cuando Antonio Mucci se tuvo que ir del Ministerio de Trabajo. Su ida fue una concesión que le dio Alfonsín al sindicalismo de Saúl Ubaldini. Quizás si hubiera usado más la fuerza, la democracia se hubiera profundizado.
¿Qué tipo de fuerza?
Tendría que haber aplicado la autoridad que le había dado la mayoría del pueblo argentino en las elecciones. Ante una dictadura militar había que intervenir todos los sindicatos y llamara a elecciones democráticas libres, donde los compañeros pudieran participar. El gobierno que recibió la mayoría de los votos populares, debería haber intervenido todos los sindicatos porque en muchos de ellos se encontraban dirigentes que habían sido cómplices de la dictadura militar. Se tendría que haber removido a todas las autoridades y reelegirlas en un proceso democrático.
Pero no lo hizo.
¿Pero podía hacerlo frente a un sindicalismo que le hizo 13 paros nacionales en seis años?
Creo que sí.
¿Cómo ve a la distancia esos 13 paros nacionales que el sindicalismo le realizó a Alfonsín?
Fue la manera de demostrar la relación de fuerzas. La lucha política se define de esa manera. Yo no estaba de acuerdo. Pero eso demuestra que los sectores antidemocráticos querían cercenarle el proyecto democrático que quería establecer Alfonsín.
¿Se los podría considerar en aquella época como actos golpistas?
Sí, claro. No me gusta el término, pero sí. Los paros nacionales eran actos para cercenarle el poder.
Quien reproduzca el discurso de que el golpismo y el colaboracionismo fueron propiedades excluyentes de Clarín, flaco favor le hace a la verdad.

POST- Dictadura
Cuando lo militares estaban aún de pié y las pistolas aún calientes, el juicio a las juntas fue de los actos más heroicos y determinantes de la democracia. Aún así, el final de Alfonsín comienza con la entrega del “punto final” (diciembre 1986) y la “obediencia debida” (junio 1987), limitando así las investigaciones a los militares. Esa claudicación obedece a una debacle política y social que excede a los efectos de la hiperinflación y la impericia radical. Desde el final de los juicios, en 1985, el gobierno estuvo permanentemente amenazado por las Fuerzas Armadas que se negaban a aceptar los enjuiciamientos. La democracia parecía tambalear en cualquier momento.
La Ley de Punto Final tampoco fue suficiente y en la Semana Santa de 1987 se produce una nueva rebelión militar de los “carapintadas” al mando de Aldo Rico. Eran los “héroes de Malvinas” y no estaban dispuestos a obedecer al Alfonsín. El país estuvo al borde del colapso otra vez. La fuerzas Armadas no obedecían al gobierno civil. En junio se aprueba la “Obediencia Debida”. Tampoco fue suficiente, hubo nuevo planteos militares del sector “carapintada”, con Rico y Seineldín a la cabeza, durante 1988, el 18 de enero y 1 de diciembre, y un permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas. Por si algo faltaba al golpismo reinante, el MTP produce el copamiento del regimiento La Tablada en enero de 1989.
En medio de la hiperhinflación, la violencia y el fenómeno, no siempre espontáneo, de los saqueos, las elecciones nacionales que debieron haber sido en diciembre de 1989, se adelantaron para mayo de ese año. Todos los sectores que hicieron caer o facilitaron la caída del gobierno (mercados, medios y oposición) condicionaron de manera suicida a lo que vendría después. Y  vino, por supuesto. Y no era nada difícil advertirlo por esos días. Otra vez, no hay atenuantes. image
Con Carlos Menem, vinieron los indultos. Ya no era ponerle un límite a la actuación de la justicia, ahora se trataba directamente de borrar lo ya juzgado. Menem asume en julio de 1989. La primera serie de indultos los firma en octubre de 1989, la segunda serie, en diciembre de 1990. Los indultos les cabían a militares ya juzgados, lideres guerrilleros y hasta a los líderes de las rebeliones militares de los años recientes.
El de Menem era un gobierno que nació con una política en materia de derechos humanos muy clara desde el primer día. Sin embargo parece ser que muchos que fueron parte de ese gobierno, o lo aplaudieron, o simplemente callaron, descubrieron recientemente qué cosas pasaron en los 90.
Muy tarde para mi gusto. Cobardía, acomodarse a los tiempos y/ flojitos de convicciones.
Mientras las cosas pasaban, muchos de los hoy notables promotores de escraches a periodistas, gobernaban provincias, intendencias, eran ministros, militantes del justicialismo gobernante o del principal partido aliado de Menen, la UCD, cuando la UCD tuvo su momento de gloria. En este “colaboracionismo” con la impunidad hicieron su aporte primeras líneas del actual gobierno y a buena parte de la oposición.
Todos los que fueron parte del gobierno de Menem, que duró hasta finales de 1999, fueron cómplices de semejante estropicio. Todos los que callaron teniendo importantes cargos y posiciones, también. Son contadas las excepciones de los funcionarios nacionales de primer rango que hayan hecho oír su voz en esos días. No lo hizo Néstor Kirchner, por más que ahora lo quieran canonizar. Ni tantos otros ministros actuales y pasados. 
A mi juicio el “Nunca Más” debe representar un categórico repudio al golpismo, al colaboracionismo y un sincero acto de autocrítica por parte de quienes trabajaron, de un modo u otro, para la impunidad y el olvido. Antes, durante y después. Cuando veo los afiches con la cara de Mirtha Legrand o Magdalena Ruiz Guiñazú, siento un profunda injusticia y por supuesto, sospecho un linda manera de desviar la atención, buscando chivos expiatorios y no hacerse cargo nada.
Por eso me es tan contradictorio estas plazas de los 24 de marzo.
Cali
PS: lo que sigue es… no sé como calificarlo.
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Llevan a niños a escupir fotos de periodistas

El Día de la Memoria frente al Congreso, varios chicos escupieron fotos de Grondona, Morales Solá y Mirtha Legrand, entre otros.
29.03.2011 (diario Perfil)
Mirtha Legrand, uno de los personajes escupidos por los chicos.
"Escupí tu bronca". Con esos carteles, justo arriba de inodoros apostados en la puerta del Congreso, la asociación La Poderosa armó un gran "escupidero público" el pasado 24 de marzo, para escrachar a periodistas, empresarios y otros personajes públicos al conmemorarse el Día de la Memoria.
Acompañados por sus padres, se pudo ver a gran cantidad de niños que, casi como un juego infantil, escupían las fotos de personalidades como Mirtha Legrand, la dueña de Clarín Ernestina Herrera de Noble, el periodista Joaquín Morales Solá o el empresario Franco Macri, entre otros. Los mayores los observaban entre risas.
Este evento fue parte de una campaña ese día, que incluyó una pegatina por toda la Avenida de Mayo con las fotos de distintos periodistas y personalidades bajo el título “Cómplices”.
A través de un fotomontaje, se podía ver en los carteles a periodistas como Mariano Grondona, Chiche Gelblung, Morales Solá, Mauro Viale y Aldo Proietto, entre otros, con gorros similares a los usados por las Fuerzas armadas.

domingo, 4 de abril de 2010

Un borrador que llegó

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Hola Cali,

Tu posteo me hizo recordar cómo viví Malvinas, en los años de mi infancia en la base militar de Puerto Belgrano, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Y me puse a escribir mis recuerdos, en el marco de los primeros borradores de mis memorias, que de alguna manera son una micro-historia de la historia mayor que todos tenemos como país. Aquí los transcribo, y comparto preguntas que todavía me hago sobre las consecuencias de lo que pasó en ese tiempo. Como tu posteo es el detonante de este texto, me pareció apropiado compartirlo.

Un abrazo,

Oscar

1982... “clama el viento y ruge el mar...”

Es la mañana del viernes 2 de abril de 1982. Mi madre me levanta de la cama, entusiasmada. Se sienta al lado mío y me cuenta de las Malvinas (era la primera vez que escuchaba ese nombre). Me abraza y me prepara el portafolio. Es un día soleado, aunque frío. A los pocos minutos me lleva a la escuela; veo autos tocando bocinas, la gente está contenta. Ya en la escuela, todos en formación, cantamos Aurora, como de costumbre, pero sorpresivamente la directora nos anuncia que “recuperamos las Malvinas”. Estaba en segundo grado, tenía 7 anos. Los “más grandes” cantan la marcha de Malvinas. Entramos a clase. Un mapa extraño está en la pizarra: parecen dos pájaros en medio del mar.

En las sucesivas semanas dejamos nuestra tarea escolar habitual y nos dedicamos a dibujar y escribir cartas para los soldados en Malvinas. También donamos nuestros chocolates, que dejamos en un buzón cerca de la entrada de la escuela. A la noche, la familia se reúne en la mesa para ver “60 minutos” en un televisor Zenit.

Días mas tarde, la algarabía se transforma en miedo. Las maestras y unos uniformados nos enseñan en unos simulacros cómo ubicarnos debajo de los pupitres y la forma de salir “en caso de ataque”. A la noche, las ventanas de las casas se cubren con cartulinas oscuras y las ópticas de los autos con papel madera (todavía me recuerdo recortando las siluetas de los faros del Renault 12 gris). La calle fría y oscura es absoluto silencio.image

En la escuela y en el canal piden tener calma, pero tenemos miedo. En el grado empiezan los rumores: “mi papi se va a la guerra en un submarino”, “me voy a vivir a otro lado”, “hoy llegan los aviones ingleses y hay que estar debajo de la cama”. A la noche escucho las sirenas, tengo miedo, mi madre me toma de la mano, salimos a la vereda que está a oscuras, un hombre nos pide agarrar una soga para caminar juntos a un sótano grande, nos quedamos allí toda la noche: estamos en silencio, como esperando alguna explosión o algo así, pero no escuchamos nada. El sol se asoma, y nosotros salimos del sótano. Mal dormidos, volvemos a casa, me baño, y vuelvo a la escuela.

Ya han pasado varias semanas de la guerra, de alguna forma nos estamos acostumbrando.

La guerra estaba entre nosotros, en nuestras mentes. Una mancha en la puerta de entrada de la escuela es el rastro de una bomba caída quien sabe cuando, según mis compañeros. Una sirena cualquiera nos hace correr a los pasillos, aunque la maestra nos detiene.

Principios de mayo. Dos compañeros míos vuelven a su casa para encontrarse con sus padres que sobrevivieron del hundimiento del Belgrano. Mi compañero y amigo Juan José le pregunta a la maestra por su padre. La señorita Mabel le dice que vendrá en otro barco, que ya le van a decir a su madre. A la tarde me busca a mi casa y me dice: “querés venir al puerto a esperar a mi papa?”; le pido permiso a mi mama, y nos vamos junto a mi perro Beto. Nos pasamos toda la tarde, pero no llega ningún barco con sobrevivientes. En la espera, jugamos a las bolitas y Juanjo promete que su padre nos llevará a Monte Hermoso, Necochea, Baterías o “a donde queramos”.

image Pasan los días, y las semanas. A la mañana algunos compañeros se burlan de Juanjo: “tu papa murió”, “nunca va a llegar”. Pero el rito de la tarde es el mismo, los días grises y semilluviosos se repiten. Juanjo es mi amigo y lo sigo acompañando al puerto porque me siento solidario frente a su íntima vergüenza de que su padre no regresa y al mismo tiempo tengo miedo de preguntarle.

De repente, una mañana de junio, terminamos de cantar Aurora y cuando mecánicamente nos disponemos a cantar la marcha de Malvinas, la directora nos hace entrar a las aulas. Y no vemos el mapa de la “Hermanita perdida”, tampoco el buzón de los chocolates.

Es agosto, la primavera está llegando a casa. Los días fríos, grises y oscuros se han acabado, mas no así la tristeza y la frustración en las caras de la gente.

Nunca nos dijeron lo que pasó. Años mas tarde, ya fuera de la base, me enteré que la guerra había terminado mucho antes de lo que yo pensaba, que los “aviones ingleses” sobre la base habían sido solo un simulacro, que ese mundo de cambios al que asistía entre 1982 y 1985 no era algo “anormal”, sino todo un proceso para volver -justamente- a la normalidad. Me enteré también que Juanjo se había suicidado luego de una larga y profunda depresión. Me enteré de tantas cosas, que sería largo de contar.

Viéndolo a la distancia, me pregunto si Malvinas era algo que tenía que suceder, casi como una tragedia necesaria. Mis padres dicen que no saben hasta qué punto la democracia “que supimos conseguir” fue mérito de la clase política argentina o de Margaret Thatcher, a quien apodan “la madre involuntaria de nuestra democracia”.

Hasta qué punto Malvinas no adelantó la recuperación de la democracia? Y hasta qué punto el desastre militar, político y diplomático de las fuerzas armadas generó las condiciones para una democracia “no tutelada” (como en Chile) que pudo enjuiciar a sus jerarcas? No lo tengo en claro. Con todo, es un tanto curioso el detalle de la proximidad entre el aniversario de Malvinas y la muerte de Raúl Alfonsín, el único dirigente político que se opuso a la guerra durante la dictadura, el presidente que sometió a las juntas militares a la justicia civil, el defensor de los derechos humanos que creo la CONADEP, el hombre que a pesar de todas sus contradicciones, será recordado como ese estadista que cambio mi vida y la de tantos otros argentinos.

 “The final cut” (1983) Roger Waters

viernes, 2 de abril de 2010

¿Pedirán perdón alguna vez?

imageFoto clave. Veteranos de La Plata reconocieron al soldado asesinado por el paracaidista inglés en la foto publicada en Londres.

No hace mucho decía que lo mejor que podían hacer los partidos políticos en relación a Malvinas es cerrar el pico y sólo abrirlo para pedir perdón. Porque no me voy a poner redundante con la criminalidad del ejército inglés o la barbarie del ejército argentino. Nada puedo pedir a esas máquinas de matar. Pero a la dirigencia política es a quien le exijo el ejercicio del pensamiento, la reflexión y una visión de las cosas.

He puesto muchas entradas sobre Malvinas en el blog. Hoy se cumple un nuevo aniversario. El diario Crítica coloca en su tapa un nuevo hallazgo, la identidad de un saldado, un conscripto de apenas 18 años, fusilado por un soldado inglés. A ese conscripto lo ejecutó un criminal del ejército inglés. Pero lo pusieron allí, en esas garras asesinas, la política argentina, de manera idiota y sin escrúpulos.

image No tengo palabras para describir lo que pienso de lo que hicieron los partidos políticos en esos años. Sólo quiero colocar aquí una extensa nota sobre este punto. Tiene seguramente aspectos parciales, pero es bastante abarcadora. Quienes no lo vivieron, pueden hacerse una idea de lo que hicieron los políticos argentinos, muchos que hoy estarán en algunos actos. De los muchos actos que habrá. Prometo poner aquí cualquier frase que exprese la dirigencia política hoy que se parezca a algo como pedir perdón sinceramente.

Voy a poner a continuación un extenso artículo escrito por un nacionalista con el que no comulgo demasiado, pero es un artículo amplio, con bastante rigurosidad y documentación. Sucede que sobre este aspecto de la historia nadie se hace cargo, por eso no hay mucho. Creo que la figura de Alfonsín no queda debidamente resaltada, pero vale la pena recorrer el artículo.image

Sobre el papel de la Multipartidaria ya he escrito y recuerdo que, tal como se pude leer en wikipedia, Raúl Alfonsín representó un sector minoritario que planteó hasta donde pudo su oposición desde el primer día. Alfonsín no hizo el acto más ominoso de los partidos políticos argentinos, concurrir a las islas a brindar apoyo a su gobernador Mario Benjamín Menéndez. 

Va el artículo, ya hechas las aclaraciones esenciales.

Cali

PS: las negritas son mías, las puse para identificar mejor a los actores.

Posición de los Partidos Políticos Durante la Guerra del Atlántico Sur

ENRIQUE MAZAEDA

Camaleón: persona que muda fácilmente de doctrina u opiniones por carácter, o a impulsos del favor o del interés. (Sapiens. Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana)

 

INTRODUCCION

El desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas el 2 de Abril de 1982 constituyó sin lugar a dudas un suceso político y militar de relevancia histórica. Cuando nos acercamos a juzgar los más importantes acontecimientos de la historia mundial, observamos que el análisis objetivo nos permite aprehender la trascendencia que en sí mismos tienen dichos sucesos. Y más allá de las diversas apreciaciones que podamos realizar respecto de lo ocurrido en aquella fecha, seguramente llegaremos a la conclusión de que, por sí mismo, conforma un hito en nuestra historia nacional.

Numerosos actores sociales se pronunciaron durante los setenta y cuatro días que duró la Guerra del Atlántico Sur, entre los cuales se encontraban los Partidos Políticos, quienes constituyen el objeto del presente análisis. Estos demostraron a lo largo del conflicto un importante y progresivo deslizamiento discursivo, que va desde la euforia incontenible hasta el repudio más enérgico. Justamente esta evolución coincide con el desarrollo de las operaciones militares en los archipiélagos australes, desde el desembarco en Port Stanley (luego Puerto Argentino) hasta la caída del mismo. Sin embargo sería erróneo manifestar que la totalidad de los partidos políticos y sus principales dirigentes hayan tenido comportamientos irresponsables, de complicidad u oportunismo político, aunque en líneas generales muchos de ellos reflejaron conductas cercanas a las mencionadas. Esto es lo que intentaré demostrar, fundando mi argumentación en los documentos periodísticos de aquellos días.

MULTIPLES ADHESIONES AL DESEMBARCO DEL 2 DE ABRIL

Habiendo transcurrido sólo tres días luego de la brutal represión a la marcha convocada por la Confederación General del Trabajo para el 30 de Marzo de 1982, las Fuerzas Armadas en ejercicio del poder de facto desde marzo de 1976, se lanzaban -en medio de un clima enrarecido y tenso por un conflicto suscitado en las islas Georgias del Sur- a ocupar los archipiélagos australes usurpados por la corona británica desde 1833. image

A partir de este acontecimiento, la agenda política partidaria consistente en los contínuos reclamos por una pronta apertura democrática y el llamado a elecciones generales, junto con la exigencia de respuestas a las necesidades sociales que padecían vastos sectores de la población -afectados por la perversa política económica de Martínez de Hoz-, comienza a disiparse para ser relegada a un segundo plano. Los partidos políticos, aún sin renunciar del todo a esta agenda y sin dejar de diferenciar entre la política general del “Proceso” y la recuperación de las islas Malvinas, se manifiestan a través de comunicados oficiales y por boca de sus principales dirigentes, en su casi totalidad, a favor del operativo militar del 2 de abril.

Desde la izquierda a la derecha, con un espacio intermedio ocupado por la Multipartidaria, la coalición de partidos que encabezaba a las principales fuerzas políticas argentinas, como la UCR y el PJ entre otras (1), hubo prácticamente un unánime respaldo al desembarco (2). En líneas generales podríamos decir que el discurso de los Partidos ponía gran énfasis, entre otras cosas, en la decisión de la Nación en reparar sus derechos lesionados (3), pues se habían dado las condiciones para justificar la recuperación por la vía de la fuerza (4), lo cual constituía un hecho histórico que nos llenaba de alegría (5), ya que la firme actitud (6) asumida por el gobierno no solo estaba justificada sino que además era imperativa (7). Expresaban un total e irrestricto apoyo a la recuperación (8), una absoluta adhesión (9) a un acto positivo (10) que nos conmovía y llenaba de gozo (11), por lo cual el pueblo entero debía sumarse encolumnado tras la Bandera Argentina (12). Era necesario recuperar las Malvinas y felizmente las Fuerzas Armadas habían sabido escuchar el clamor del pueblo argentino (13), razón por la cual manifestaban el apoyo a las acciones militares (14), remarcando una total adhesión al magno acontecimiento (15). En concordancia con lo antedicho, acerca del respaldo al desembarco pero sin abandonar las exigencias que formaban parte de la agenda política, la Multipartidaria se expresaba en los siguientes términos: "Ante la recuperación de las islas Malvinas por las Fuerzas Armadas de la Nación, esta Multipartidaria Nacional expresa su total apoyo y solidaridad con la acción llevada a cabo, y reitera su decisión de respaldar todas las medidas conducentes a la consolidación de la soberanía argentina. Este pronunciamiento no implica la declinación de las conocidas posiciones por este nucleamiento frente a la política del gobierno en los distintos campos de la vida nacional" (16). image

Antes de detenernos a analizar estos posicionamientos, es importante agregar para enriquecer aún más el contenido de los mismos, las adhesiones que continuaban in crescendo en los días que siguieron al magno acontecimiento. Nuevamente la Multipartidaria, en un tono de adhesión crítica, sostenía su solidaridad con el operativo militar de reconquista, pero advirtiendo que la "soberanía es indivisible", por lo que se exigía al gobierno la institucionalización del país (17). En una intentona de "simbiosis" por el poder, los partidos políticos intentaban "coparticipar" la responsabilidad por las decisiones tomadas, al tiempo que negaban que la recuperación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur fuera una decisión unilateral de la Junta Militar. Este sueño de juventud (18), que quebraba la última dependencia colonial que sufría la Argentina por parte del Imperio Británico (19), era una decisión inspirada en la justicia histórica (20). Y fueron justamente dos de los principales dirigentes de la Multipartidaria quienes sostenían que no se trataba de una acción unilateral de las Fuerzas Armadas, sino que era del pueblo todo (21), un hecho trascendente que no había sido decidido por un gobierno sino por todo un pueblo (22). A todo ello debemos destacar la presencia de numerosos y destacados dirigentes políticos en el acto de asunción del Gral. Mario B. Menéndez como gobernador militar de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur (23), hecho político que expresaba un notable respaldo a la decisión del gobierno de facto de recuperar los archipiélagos australes usurpados por Gran Bretaña desde hacía casi 150 años.

Esta idea que apuntaba a poner el acento en la Unidad Nacional en la que todos, partidos políticos, gobierno y la sociedad en su conjunto debían confluir, se expresaba claramente en las declaraciones de diversos dirigentes partidarios. Los políticos destacaban el sentimiento de unidad nacional. Se instaba a suspender las discrepancias con el Gobierno ante un hecho trascendente que nos convocaba a estar unidos tras la bandera nacional (24), dejando de lado intereses sectoriales (25), ya que los acontecimientos parecían señalar -según estas expresiones- el comienzo de la unión nacional (26). Es por estas razones que lo más importante era mostrarnos unidos y solidarios con los combatientes (27), puesto que esta decisión del pueblo (28) constituía un acto de soberanía (29), una firme determinación (30) que el pueblo argentino masivamente respaldaba (31).

La algarabía y el furor emanados de las numerosas declaraciones y documentos de los partidos políticos hacían absolutamente inobjetable y amparado de toda crítica, a la decisión del gobierno de facto de recuperar las islas Malvinas, con lo cual supo controlar una situación social y política desbordante, aprovechando el fervoroso sentimiento nacional que realmente anidaba en vastos sectores de la población. Se insistía en que esa acción inclaudicable (32), era una expresión patria de reafirmación de derechos soberanos (33), decidida por todo el pueblo argentino (34). Y aunque el gobierno no era constitucional, representaba la voluntad de los distintos sectores del quehacer nacional (35), porque se trataba de una legítima y justiciera recuperación (36), que corresponde a una causa digna, justa y legítima del pueblo argentino (37). Los partidos políticos reconocidos coincidían en apoyar el accionar de las Fuerzas Armadas (38).

Paralelamente a las múltiples adhesiones hacia un acto de soberanía como lo era la reafirmación efectiva de nuestros derechos en los archipiélagos australes, se hacía -en un contexto de "unión nacional"- un llamamiento al gobierno de facto para que regularizara la actividad partidaria, para iniciar el camino hacia la vida democrática. Se instaba a volver a las instituciones de la Constitución (39), a una rápida y ordenada institucionalización democrática (40), puesto que la soberanía no era solamente territorial, ya que es indivisible, y por lo tanto no podía soslayarse la necesidad de recuperar también la soberanía del pueblo (41). Además debemos recordar que a menos de una semana de celebraciones y entusiasmo generalizado posterior al 2 de abril, y a caballo de una pretendida "solidaridad en la responsabilidad" -desde los partidos políticos hacia el “Proceso”- por la recuperación de las islas Malvinas, se hablaba de un gabinete de coalición nacional. El hecho de existir una compartida adhesión de los partidos de todo signo al operativo militar (42), llevó a la conformación de un frente interno que se cimentaba -aún con los acostumbrados cuestionamientos hacia el gobierno de facto- en el asumir plenamente la soberana determinación (43) por parte de los partidos políticos, quienes buscaban constituir un "gobierno de coalición nacional", un "gabinete ampliado" que permitiera mayor representatividad en la cumbre del poder (44). image

El primer mes del conflicto estuvo pletórico de celebraciones, entusiasmo y múltiples adhesiones a lo actuado el 2 de abril. Nos resta, antes de pasar al siguiente período, realizar algunas observaciones, a saber:

a) Definiciones terminológicas del 2 de abril: debemos tener presente los diversos adjetivos elogiosos ("firme determinación", "magno acontecimiento", etc.) que mereció el desembarco en las islas Malvinas, ya que como luego veremos, la referencia a esa fecha tras la rendición del 14 de junio sería a partir de calificativos negativos.

b) Agenda política en suspenso: los partidos políticos optaron por dejar en suspenso cuestiones hasta entonces dominantes en la agenda política, no obstante la persistencia de las mismas por parte de algunos sectores, sobretodo en lo concerniente a la institucionalización y vuelta a la vida democrática del país.

c) Abandonar intereses sectoriales: justamente el suspenso de parte de la agenda temática política se llevó a cabo en aras de la ambicionada unión nacional, el encolumnamiento tras la bandera argentina, haciendo a un lado intereses sectoriales que obstaculizaban la ansiada unidad en momentos por demás críticos. Un hecho que certifica este clima de unidad fue la nutrida presencia de dirigentes políticos en la ceremonia de asunción como gobernador de los archipiélagos australes del Gral. Mario B. Menéndez.

d) Identificación con la decisión militar: una unidad cimentada en una pretendida simbiosis por el poder, o más bien una búsqueda de "coparticipación de responsabilidades" por las determinaciones tomadas, con la intención -de parte de los partidos políticos- de identificarse con el gobierno de facto en cuanto a la acción emprendida el 2 de abril (45).

e) Gabinete de coalición: enancándose aún más en esa identificación y en la ambicionada “unión nacional”, es de donde partían los principales dirigentes políticos para llegar a esbozar la posibilidad de conformar un "gabinete de coalición", con el fin de aprovechar el enorme crédito político que el “Proceso” estaba disfrutando hasta ese momento.

EL FRENTE INTERNO DURANTE LA CONTIENDA BELICA

image En todo el período que se extiende desde el ataque a Puerto Argentino el 1° de Mayo de 1982, hasta la rendición incondicional del Gral. Menéndez el 14 de Junio, los partidos políticos van progresiva y concomitantemente deslizándose desde un espíritu nacional enardecido por la guerra (46) hacia un manifiesto anhelo de negociar una paz justa y digna, como insistentemente se decía. Mientras el presidente de la Nación, Gral. Leopoldo F. Galtieri, sostenía en su discurso en cadena emitido el día del primer ataque británico en suelo malvinense, que “les hemos respondido y les responderemos con el fuego y esa será siempre nuestra respuesta si el enemigo intenta convertir nuevamente en colonia la tierra argentina”, la conducción del Partido Justicialista se expresaba en los siguientes términos: "Aspiramos a que las Fuerzas Armadas de la Nación, depositarias activas hoy del mandato libertario de San Martín y Bolívar, presenten batalla y tomen represalias, devolviendo golpe por golpe" (47).

Si bien en los primeros tramos de la contienda bélica hubo voceros de diversos sectores de la dirigencia política que confirmaban su "vocación patriótica" y su asistencia al gobierno, el discurso iría paulatinamente menguando a medida que la guerra se iba desarrollando en la dirección que finalmente terminó. Las Fuerzas Armadas entonces, traducían con las armas del pueblo, la voluntad, el entusiasmo, coraje y renunciamiento popular (48). Mientras se reiteraba una total identificación de los partidos políticos con la causa patriótica (49), no faltaban elogios hacia el Gral. Galtieri a quien "se le notaba gran vocación de sacrificio", un soldado con capacidad y coraje cuyo objetivo era ganar la guerra para el país (50). Con motivo de conmemorarse un nuevo aniversario del Día de la Patria, dirigentes políticos de diversos partidos asistieron al acto de izamiento de la bandera en la Plaza de Mayo, especialmente invitados por el ministro del Interior, quienes sostenían -entre otras cosas- que en esos momentos difíciles debíamos "enfrentar a los imperios que actúan contra la Nación" (51). La identificación con la decidida afirmación de la soberanía argentina en las islas australes, fue manifiestamente expresada en una declaración difundida por la Unión Cívica Radical, en el cual -entre muchos otros conceptos centrados en torno al fortalecimiento del frente interno- señalaba la imperiosa necesidad de "robustecer el frente interno con las pautas inmediatas que hagan posible la organización de los partidos y la puesta en marcha de la recuperación institucional de la Argentina" (52). image

No obstante, comenzaba a perfilarse una orientación del discurso político hacia una de las cuestiones clave de la agenda política en suspenso: la reinstauración del régimen democrático. La unificación lograda tras la empresa iniciada el 2 de abril serviría "para el establecimiento de una renovada democracia representativa" (53), como corolario del "esfuerzo de un pueblo que posterga sus legítimas reinvindicaciones, ya que aún en la guerra el espíritu republicano nos debía convocar a la democracia del mañana para poner en marcha la recuperación institucional de la República" (54). Es en este sentido que la Multipartidaria expresaba la necesidad de los partidos políticos y las organizaciones gremiales, y el levantamiento de la veda política pues, como curiosamente señalaba un representante de la Democracia Cristiana, el emprender los pasos concretos hacia la democracia aventaría la imagen de que el gobierno argentino es una dictadura (55).

Dentro de este marco político, volvía a cobrar fuerza la idea de un gobierno de coalición, y la posibilidad de dar paso a un gobierno de transición que sería presidido por un civil. En tal sentido, el entonces titular del Movimiento de Renovación y Cambio del radicalismo, Raúl Alfonsín, insistía en postular al ex presidente Arturo Illia para la presidencia de la Nación, con el objeto de ejercer un gobierno de transición hacia la democracia, confiando en que las FF.AA. apoyarían dicha iniciativa, agregando que postular a Illia como presidente "de facto" no era contrario a la tradición radical, pues de lo que se trataba era de llegar al poder para asegurar la democracia y concretar -como decía Yrigoyen- la reparación nacional" (56). No obstante, el vicepresidente del justicialismo, Deolindo Felipe Bittel, afirmaba que "no le seducía la idea de un gobierno de coalición", al tiempo que -y con respecto al mencionado proyecto radical- no compartía la postulación de Illia para la presidencia de la Nación para un período de transición, pues sostenía que el gobierno de las FF.AA. debía convertirse en el gobierno de transición, rechazando toda transición de otra naturaleza (57).

image En vísperas de la visita del Papa a nuestra tierra, desde diversos sectores de la clase política nacional se hablaba, por un lado, de no ceder los legítimos derechos soberanos que nos corresponden sobre las islas del Atlántico Sur, pero al mismo tiempo, se insinuaba un giro político orientado hacia la necesidad de entablar negociaciones para obtener una paz digna y justa. Dentro de estos parámetros se enmarcaban las declaraciones de los principales dirigentes partidarios, que insistían en la defensa del honor nacional hasta sus últimas consecuencias (58), afirmando que no íbamos a ceder nada (59), ya que no podíamos aceptar, luego de todo lo que jugamos, el abdicar de nuestros derechos (60). Como decíamos, junto a esta perseverancia en la defensa de lo recuperado, se exteriorizaba la voluntad de que nuestro país estaba dispuesto a toda clase de negociaciones para lograr una solución pacífica (61), pues la negociación es una posibilidad siempre deseable (62). Estas expresiones de deseo de negociar una paz honrosa (63), no era considerada -en algunos casos- como un síntoma de derrota o, al menos, de admitir escasas posibilidades de triunfo, por lo que -según se creía- la paz no implicaba derrota ni rendición (64), y tomar partido por la negociación no significaba que estuviéramos derrotados (65).

Descendiendo un poco más sobre la pendiente discursiva, aparecían algunas voces discordantes que, con el desarrollo de los acontecimientos en el Atlántico Sur, irían encontrando menos resistencias. Aunque la suerte de las armas aún no estaba echada hasta -prácticamente- la llegada de Juan Pablo II a nuestro país, había quienes juzgaban como errático el operativo militar del 2 de abril, aunque entendiendo que una vez en el barco había que hacer cuanto fuera posible para salir adelante (66). El énfasis puesto en el imperativo negociador, hacía que el hecho bélico en sí mismo fuera tomado como un acontecimiento que, mal o bien, se estimaba su pronta extinción o, al menos, no se le daba la importancia que el mismo revestía (67). Además, en estas jornadas previas a la derrota, un destacado dirigente de la Multipartidaria como lo era el Dr. Oscar Alende, se pronunciaba en un lenguaje que -tras la rendición- sería dominante en la verborragia política, sobretodo de parte de quien luego sería electo presidente constitucional de la República: "Este es un tema -el de las negociaciones- de absoluta responsabilidad del poder de facto existente". Es decir, se buscaba deslindar responsabilidades en la toma de decisiones, previendo que la derrota sería cargada exclusivamente en la cuenta del “Proceso”, de las Fuerzas Armadas a las cuales daba pleno apoyo, pero señalando -y este es un punto de los reclamos por la normalización institucional del país- que no debía olvidarse al Congreso de la Nación (68). image

Hay cinco aspectos de este período bélico que merecen los siguientes comentarios:

a) Intensificación del frente interno: tras los primeros ataques británicos de principios de mayo, los partidos políticos se identificaron plenamente con las acciones emprendidas por las Fuerzas Armadas, y se afanaron por demostrar un encendido "espíritu patriótico" en momentos en que nuestros soldados se batían a muerte en las islas Malvinas.

b) Reiteración del reclamo democrático: las constantes manifestaciones a favor de las decisiones adoptadas por la Junta Militar, eran acompañadas -con el fin de obtener una "lealtad recíproca"- de reclamos de normalización institucional, ya que una de las partes respaldaba (los partidos políticos), la otra (Junta Militar) debía acceder a tales peticiones.

c) Transición civil: mediante la fórmula de un gobierno de coalición, se buscaba instalar en la presidencia de la Nación a un reconocido dirigente político, el cual -de común acuerdo con las Fuerzas Armadas- sería el encargado de realizar la transición política hasta la asunción de un presidente constitucional surgido de las urnas.

d) La cuestión de la paz: a principios de junio, en vísperas de la visita papal, se lanzaba la consigna "negociar una paz justa, digna y con honor". La magnitud de los sucesos en el Atlántico Sur, hacía que el entusiasmo reinante durante el inicio de las acciones bélicas, fuera cediendo lugar a la persistente idea de entrar en negociaciones para obtener una paz en los mejores términos posibles.

e) Posturas críticas: junto a la constante demanda de negociaciones por la paz, se sumaban algunas voces críticas, cuyo eje discursivo gira en torno a la restauración de las instituciones democráticas, conjuntamente con un escaso entusiasmo por obtener la victoria en el terreno militar.

ARRECIAN LAS CRITICAS TRAS LA RENDICION DEL 14 DE JUNIO

image En el seno de la Unión Cívica Radical se observaban dos posturas diferenciadas -a partir de la rendición incondicional del Gral. Menéndez en Puerto Argentino- respecto de la guerra y de su trágico final. Una de ellas, la que guardaba mayor coherencia con el respaldo inicial dado a la Junta Militar, se expresaba a través de Carlos Contín (titular del comité nacional), quien expresaba:"A las Fuerzas Armadas las hemos de recibir en triunfo... soy solidario como siempre con mis Fuerzas Armadas en los trágicos acontecimientos de esta hora... así como hemos confiado en la brillante acción de las FF. AA., los hombres civiles debemos tener confianza en que éstas, que tienen la responsabilidad mayor en estos momentos, van a actuar de acuerdo a las circunstancias, peleando hasta donde sea posible, pero evitando también un sacrificio innecesario de vidas... nosotros hemos de avalar lo que hagan las FF.AA." (69). Por el contrario, las manifestaciones del futuro presidente de la República, el hasta entonces cauteloso Dr. Raúl Alfonsín, se expresaba en términos muy duros hacia el gobierno de facto, reclamando un urgente retorno a la vida democrática: "El gobierno debe irse ya, debe cesar la usurpación del poder, y hoy mismo se debe poner en marcha un período de transición civil hacia la democracia; es hora de escuchar la voz del pueblo... es la hora de recuperar la racionalidad, la realidad y la moral, ya que se han silenciado los cañones... Basta de decadencia, de irracionalidad y de muerte" (70).

En general las posturas críticas son predominantes a la hora de evaluar los resultados de las acciones militares en el Atlántico Sur. Si bien hubo quienes sostenían que no debía perderse la serenidad, "ya que la batalla militar adversa -agregaba el justicialista Angel F. Robledo- era el soporte de un triunfo político, siendo una etapa costosa que finalmente resultaría ser útil y provechosa" (71), las críticas arreciaban. Se calificaba al otrora "magno acontecimiento" de irresponsable aventura de un régimen carente de toda legitimidad, que no había consultado a ningún sector democrático y popular, y que se había cometido una verdadera irresponsabilidad (72). Así como las adhesiones provenían de todos los partidos políticos, sin distingos de color ideológico, igualmente ocurría al momento de defenestrar todo lo actuado. Destacados dirigentes del Movimiento de Integración y Desarrollo afirmaban que el gobierno nos había llevado a una guerra, sin consultar debidamente al país y, por lo tanto, tenía que asumir cabalmente su responsabilidad política (73). Habiendo serios errores de apreciación que empezaban a salir a la luz (74), el gobierno debía cambiar totalmente, debían irse todos (75). Se exigía un juicio de responsabilidades a quienes nos habían llevado a esa tremenda derrota, pues no pudimos opinar ni fuimos consultados (76). Hasta el mismísimo ex comandante de la primer Junta Militar, el almirante Emilio Eduardo Massera, manifestaba que el único derrotado era el gobierno, responsable de todo lo que se había perdido, exigiendo la plena institucionalización democrática (77). Para que un ex "hombre fuerte" del gobierno militar se pronuciara en estos términos, evidentemente el clima político daba para que cualquier dirigente hiciera leña del árbol caído, porque fueron los mismos que se "pavoneaban" con los funcionarios procesistas cuando a principios de abril celebraban "emocionados" la recuperación de los archipiélagos australes. image

Mientras el Gral. Jeremy Moore lograba el triunfo de las armas británicas, la Multipartidaria y sus principales dirigentes, aceptaban fatídicamente el desenlace final, poniendo la mirada en el futuro proceso democrático que se abría en nuestra vida nacional (78). En este sentido, Deolindo Bittel declaraba que lo fundamental era conservar la calma, que el gobierno debía cumplir la promesa reiteradamente formulada y dar pasos concretos para establecer la democracia, además de la inmediata sanción del estatuto político, el cronograna electoral y un programa de emergencia nacional (79). En similares términos se expresaban Oscar Alende (80), la U.C.R. (81) y Francisco Manrique (82).

A la exigencia por el retorno inmediato al imperio de la Constitución, se le sumaba la crítica de "recuperar por la fuerza" a las islas Malvinas, aislando el hecho del 2 de abril como una "decisión militar" (83). Puesto que no era una decisión que hubiéramos tomando soberanamente, nunca jamás deberíamos volver a empuñar las armas por la guerra (84). Todo lo ocurrido fue una "locura disparatada", y los políticos se embarcaron junto al gobierno en esta aventura, jugaron toda su plata a esa acción belicista del gobierno, declaraba un tradicional dirigente centrista, en lo que quizás constituya una de las más duras críticas que pudieron hacerse a la dirigencia política argentina por su desempeño durante la guerra de Malvinas (85). No obstante el diluvio de críticas y reproches, había quienes se conducían con mayor mesura a la hora de evaluar las consecuencias del conflicto, como Américo Ghioldi (Partido Socialista Democrático), quien consideraba el heroico sacrificio de los militares, que más allá de la inmensa tristeza, le parecía un error terrible salir a silbar a quienes lucharon, agregando que él no quería discutir al gobierno argentino, y se preguntaba: "¿de que valen ahora los reproches?", al tiempo que señalaba que había llegado el momento de acelerar los pasos para ir a elecciones generales (86).

image Antes de arribar a la última parte del presente trabajo, quisiera realizar algunos comentarios acerca del tramo final del conflicto malvinense:

a) Búsqueda de equilibrio: los sectores más moderados de la dirigencia política buscaban afanosamente que la derrota militar no se convirtiera en un caos político, por lo cual llamaban a la serenidad, la calma y el equilibrio.

b) Deslindar responsabilidades: se carga a la cuenta de la Junta Militar todo el peso de la responsabilidad por las acciones emprendidas, ya que los políticos necesitaban desligarse de la complicidad con que habían procedido (como lo remarcaba el mencionado dirigente centrista).

c) Doble postura: según el desarrollo del conflicto, el sector de los dirigentes políticos más proclive a avalar todo lo actuado fue expresándose contínuamente hasta que la guerra terminó en derrota, momento en el cual aparecen los duros y críticos dirigentes de los mismos partidos que anteriormente venían respaldando al gobierno militar. Tal fue el caso, por ejemplo dentro de la Unión Cívica Radical, de Carlos Contín y Raúl Alfonsín. Lo mismo sucedió en el Partido Intransigente, con Oscar Alende y Raúl Rabanaque Caballero.

d) Perder para ganar: la pérdida de la batalla por la soberanía en los archipiélagos australes sería compensada, como empezaba a decirse, por el triunfo de la batalla por la soberanía política del pueblo, que se traducía en el proceso de transición –estatuto de los partidos políticos mediante- hacia la instauración del régimen democrático.

e)  Viraje terminológico: cuando repasamos los diversos y elogiosos conceptos que mereció el operativo militar de reconquista, vemos que tras la derrota se produce un gran viraje en cuanto a la calificación de aquellos sucesos. De poner el acento en la "patria" se pasa a la "república", o más aún, de calificar como "lucha soberana" a las acciones militares pasando a llamarlas "aventura irresponsable".

CONCLUSIONES

image No podemos dar término al presente trabajo sin antes preguntarnos acerca de las premisas iniciales del mismo: los partidos políticos, ¿han pecado de ser cómplices y de obrar en forma desacertada con el proceso militar durante la guerra del Atlántico Sur, o no les quedaba otro camino que el seguido en pos de la ansiada apertura democrática? ¿Ha sido el oportunismo un comportamiento arquetípico de los partidos políticos durante este período? ¿Fueron la mayoría de los partidos quienes se plegaron incondicionalmente a las Fuerzas Armadas para encolumnarse tras la bandera nacional? ¿Procedieron correctamente cuando decidieron suspender la agenda política de reclamos, abandonando intereses sectoriales y trabajando mancomunadamente con otros sectores sociales iluminados por el espíritu de la unidad nacional? ¿Debían actuar de otro modo?. Este ejercicio de preguntas nos resulta útil a los efectos de realizar una evaluación acerca del desempeño de los partidos políticos durante la guerra de las Malvinas. No podemos preguntarnos respecto de qué hubiera ocurrido si se hubiese actuado de tal o cual forma, porque debemos atenernos a los hechos concretos que tuvieron lugar durante los setenta y cuatro días que duró el conflicto con Gran Bretaña.

En principio, y como señalo en la introducción, hubo una generalizada actitud de colaboración de los partidos políticos con el gobierno de facto, como lo expresan las numerosas declaraciones citadas en el presente trabajo. Pero convengamos en que cualquier país en guerra, o al menos en la mayoría de los casos, el conjunto de las fuerzas sociales se arremolinan en torno a la defensa de intereses comunes que, en este caso, consistía en la defensa de la soberanía argentina en los archipiélagos del Atlántico Sur. Lo que resulta lamentable es que luego de la rendición incondicional en Puerto Argentino, todos aquellos dirigentes que se habían dado a la tarea de solidificar el frente interno, terminaron repudiando y renegando de todo lo actuado, como si los políticos no hubieran tenido nada que ver con lo ocurrido y descargando exclusivamente a las espaldas de las Fuerzas Armadas todo el peso de la responsabilidad política. Si bien es cierto que fueron éstas las que ejercieron el mando político de la Nación, ello no le resta trascendencia a las actitudes asumidas por los partidos políticos.

image El final de la guerra terminó forjando el principio de la restauración democrática. El periodista Rodolfo Terragno señalaba en abril de 1982 que "la victoria robustecería a las Fuerzas Armadas, y las habilitaría para perpetuarse de hecho en el poder... La derrota provocaría un agrietamiento de las FF.AA., lo cual sería útil para promover un cambio más profundo" (87). Si esta perspectiva analítica era común entre los dirigentes políticos no podemos saberlo, pero pareciera que, ante la eventualidad de un triunfo en el terreno militar, algunos sectores políticos buscaron -como hemos visto- aliarse al poder, pretendiendo la instauración de un gobierno de transición civil hasta la definitiva normalización institucional. Y la derrota de las FF.AA. significó, ante la negativa a compartir el poder con los partidos, que tuvieran que hacerse cargo del desastre, lo que produjo una crisis de poder que, como señalaba Oscar Alende, se produjo cuando la Armada y la Fuerza Aérea decidieron desvincularse de la conducción, dando por terminado el llamado "Proceso" (88).

Cuando procuramos clasificar a los partidos políticos de acuerdo a la postura sostenida durante el conflicto, podemos decir que la línea de corte no estuvo dada, de ninguna manera, por la variable ideológica. La izquierda y la derecha no se diferenciaban en términos de apoyo o rechazo, pues ambas posturas eran comunes en todo el arco político. Sería complejo trazar una cuadrícula donde pudiéramos colocar a los distintos posicionamientos, pues a lo largo de la guerra hubo dirigentes políticos que apoyaron el desembarco del 2 de abril, y luego renegaron o, al menos, se sumaron al coro de voces condenatorias tras la rendición del 14 de junio. Pero hubo también quienes, como es el caso concreto de Carlos Contín (UCR) y Américo Ghioldi (PSD), que se mantuvieron “leales en las malas”, hacia las Fuerzas Armadas responsables de las acciones bélicas. Destaquemos además, un hecho no mencionado anteriormente, que es el concerniente a la propuesta de realizar una gira hacia los distintos países latinoamericanos que encabezarían los principales dirigentes políticos, con el objeto de transmitir el respaldo del conjunto de las fuerzas políticas argentinas hacia el gobierno de facto por la recuperación de las islas Malvinas (89). Y este no fue un hecho aislado, ya que formaba parte de un conjunto de acciones tendientes a reforzar el frente interno durante la guerra. "Casi todos los dirigentes se han presentado espontáneamente y su apoyo ha sido bien recibido", señalaba el vicealmirante Lacoste (90), al tiempo que el general Saint Jean sostenía que los jefes de los partidos políticos le habían expresado que no se diera un paso atrás en el tema de las Malvinas y que postergaban todo tipo de reclamaciones (91).image

Para terminar, y remitiéndonos nuevamente a la introducción, donde expresaba que la guerra de las Malvinas constituye en sí mismo un hecho histórico trascendente para nuestro país, es importante señalar dos cosas: primero, que objetivamente es innegable la influencia que revistió para la reinstauración del régimen democrático el trágico resultado del conflicto malvinense; y en segundo lugar, que los enfoques analíticos que podamos emplear para comprender lo sucedido pueden ser múltiples, y que como consecuencia de ello, el presente trabajo constituye uno de ellos.-

 

NOTAS

MULTIPLES ADHESIONES AL DESEMBARCO DEL 2 DE ABRIL

1) Los cinco partidos integrantes de la Multipartidaria eran, además de los dos mencionados, el Partido Intransigente, el Partido Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo.

2) "Malvinas. Esta es la historia", de Nicanor Costa Mendez. El ex canciller cita en la página 189 del libro, algunas de las múltiples adhesiones de parte de destacados dirigentes políticos: "Zavala Ortiz (UCR) manifestaba su solidaridad y absoluta adhesión a las medidas y pasos seguidos por la diplomacia argentina; Francisco Rabanal (UCR) declaraba que el episodio que vivimos fue anhelado por varias generaciones de argentinos...". Análogamente se expresaban Oscar Alende (Partido Intransigente), Rafael Martínez Raymonda (Partido Demócrata Progresista), Martín Dip (Partido Demócrata Cristiano) y Deolindo Bittel (Partido Justicialista). También señalaron su adhesión los dirigentes Acuña Anzorena, Ricardo Balestra, Mario Amadeo y Oscar Camilión.

3) Acuña Anzorena (Línea Popular), en "Crónica" del 3 de abril de 1982, pág. 4: “Es una expresión elocuente del espíritu de paz con que la Argentina enfrentó originalmente este problema... frente a las permanentes evasivas a las gestiones para recuperar las islas, que configuraron otros actos ed agresión, la Nación ha decidido reparar sus derechos lesionados... el gobierno puede cumplir con su deber en la seguridad que el pueblo va a cumplir con el suyo”.

4) Angel Federico Robledo (Consejo Coordinador de Acción Justicialista), en "Crónica" del 3 de abril de 1982, pág. 4: “Se han dado las condiciones para justificar la recuperación de la soberanía argentina en las islas por la vía de la fuerza. Emprendido este camino por el gobierno, el honor de la República está echado y detrás de la salvaguarda de ese honor están todos los argentinos sin distinción de banderías políticas”.

5) Deolindo F. Bittel (vicepresidente del Partido Justicialista), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4: “Este hecho nos une a todos los argentinos y nos llena de alegría, porque en definitiva es la reinvindicación histórica de algo que es nuestro toda la vida... esperamos de aquí en más contar con la solidaridad internacional para reafirmar este hecho, lo que en derecho nos corresponde desde hace tantos años... a los argentinos a veces hay cosas que nos separa o nos dividen, hechos como éstos nos convocan a todos porque es un hecho histórico”.

6) Rafael Martínez Raymonda (secretario general del Partido Demócrata Progresista), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4: “Apoyamos la firme actitud asumida por el gobierno, que significa también, la terminación de las dilaciones a que nos tenía obligados Inglaterra... si los ingleses hubieran tenido la inteligencia suficiente para haber reconocido con tiempo nuestros reclamos, no se habría llegado a una situación como la actual”.

7) Alvaro Alsogaray, en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 4: “He sido un poco sorprendido por el acontencimiento, si bien eso se estaba tramitando y ha habido un tiempo para meditarlo. Cuando se cuenta con el respaldo de un derecho tan indiscutible y tan universalmente reconocido como el que tiene nuestro país, todo esto no solo está justificado, sino que es imperativo”.

8) Jorge Abelardo Ramos (Frente de Izquierda Popular), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 4. Seguidamente, el presidente del FIP manifestaba su apoyo a las acciones militares desarrolladas en el sur argentino: “Ante esta decisión debe concretarse una inmediata paz con Chile... la soberanía es indivisible, por ello debe recuperarse, antes que sea tarde, la soberanía económica”.

9) Miguel Angel Zavala Ortiz (Unión Cívica Radical, ex canciller de Arturo Illia), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4.

10) Ricardo Balestra (Fuerza Federalista Popular), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “La recuperación de las islas constituye un acto positivo de reafirmación de nuestra soberanía”.

11) Américo Ghioldi (Partido Socialista Democrático), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Me he sentido profundamente conmovido y lleno de gozo por la decisión de las Fuerzas Armadas, intérpretes fieles del sentimiento popular más profundo de los argentinos”.

12) Manuel Anchorena, en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Más allá de todas las banderías e individualidades, el pueblo entero debe sumarse encolumnado tras la Bandera Argentina”.

13) Carlos Menem (ex gobernador justicialista de La Rioja), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Mi opinión se ha visto confirmada en los hechos. Era necesario recuperar las Malvinas y ante el fracaso de las vías diplomáticas se imponía la vía de los hechos... Felizmente las Fuerzas Armadas supieron escuchar el clamor del pueblo argentino”.

14) Jorge A. Ramos, en "Crónica" del 03/4/82, pág. 5.

15) Luis León (secretario del comité nacional de la UCR), en Crónica del 03/4/82, pág. 5.

16) Multipartidaria, en "Crónica" del 03/4/82, pág. 5

17) Multipartidaria, en "La Nación" del 7/4/82, pág. 7. Acerca de la "indivisibilidad" de la soberanía, Julián Licastro (secretario político de la Presidencia durante el último gobierno del Gral. Perón) sostenía en "Clarín" del 4/5/82, pág. 6: "En la doctrina peronista la soberanía abarca dos conceptos solidarios, que no pueden existir separados: la soberanía nacional, que es la libertad de la Patria, y la soberanía política, que es la libertad del pueblo". Para Jorge Abelardo Ramos (FIP), la soberanía territorial era indivisible de la económica (Crónica, 03/4/82, pág. 4).

18) Ismael Amit (Fufepo), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

19) Jorge A. Ramos, en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

20) Movimiento Nacional Yrigoyenista, en "La Nación" del 7 de abril de 1982, pág. 7: “La acción del 2 de abril es una decisión inspirada en la justicia histórica”, expresando posteriormente la “adhesión ilimitada a la resolución del gobierno nacional de defender y consolidar la soberanía nacional en las islas Malvinas y restantes del Atlántico Sur, cualquiera fuese la amenaza o el peligro”.

21) Carlos Contín (U.C.R.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Hay que demostrarle al mundo que esto no es una acción unilateral de las Fuerzas Armadas, sino que es del pueblo todo... Quizás se necesitaba un hecho de esta magnitud para darnos cuenta de que nos estamos sectorizando por problemas que no tienen la trascendencia que debieran”.

22) Deolindo F. Bittel (P.J.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Es un hecho trascendente y un viaje histórico, y demuestra que los argentinos podemos tener discrepancias, incluso nuestras diferencias con el Gobierno, pero en esta emergencia de ese hecho trascendente nos unimos todos detrás de la bandera nacional... podemos pelearnos, pero cuando está en juego nuestro honor, nuestra soberanía nacional, siempre estaremos unidos... Cuando en el mundo se den cuenta que esta medida no es la decisión de un Gobierno sino de todo un pueblo, entonces estoy seguro que otros pueblos reveerán las decisiones que algunos gobiernos adoptaron ahora”.

23) "La Nación", 08/4/82, tapa. Entre otros dirigentes, se menciona la presencia del titular del radicalismo Carlos Contín, del socialista popular Enrique Inda, del demócrata cristiano Francisco Cerro, del conservador popular Julio Amoedo y del desarrollista Américo García. También asistieron a la ceremonia el dirigente sindical Saúl Ubaldini y el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla.

24) Deolindo F. Bittel (P.J.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

25) Alberto Robredo (Partido Federal), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Todo el pueblo argentino debe mostrarse, tal como lo está haciendo, más unido que nunca, dejando de lado intereses sectoriales en pos del supremo interés, el de la Nación Argentina... la acción militar ha sido una demostración de nuestro firme propósito por recuperar una parte del territorio nacional que durante casi 150 años permaneció bajo el dominio de los usurpadores ingleses”.

26) Julio Amoedo (Conservadurismo Popular), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Este acto reinvindicatorio puede ser el comienzo de la unión nacional, reclamada tanto por el Gobierno como por las fuerzas políticas actuales... es necesario que el Gobierno baje un escalón, como lo hemos hecho nosotros sin distinción de matices políticos”.

27) Eduardo de Cara (Democracia Progresista), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Ahora lo más importante es mostrarnos unidos y solidarios con quienes están en las islas Malvinas dispuestos a defender a la Patria”.

28) Deolindo F. Bittel, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. Con motivo de la convocatoria gubernamental a la Plaza de Mayo, expresó: “Estoy de acuerdo con la convocatoria a Plaza de Mayo, que debe servir el objetivo de mostrar la solidaridad del pueblo para con la situación que vive el país... para mostrar la decisión del pueblo de recuperar definitivamente la soberanía sobre las Malvinas s islas del Atlántico Sur”.

29) Guillermo Estévez Boero (Partido Socialista Popular), en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4: “Reafirmamos que este acto de soberanía, será irreversible en tanto se sustente sobre una efectiva unidad nacional, vertebrada en los principios de independencia nacional, libertad y respeto a la voluntad popular. Repudiamos el intento de agresión colonialista de Inglaterra, entendiendo que la movilización del pueblo es la mejor defensa a la integridad de nuestra patria”.

30) Documento del Partido Demócrata Progresista, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4, firmado por el apoderado del partido en Capital Federal, Dr. Elías Hamra, con motivo de la convocatoria a Plaza de Mayo.

31) Alberto Robredo, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. Respecto de la mencionada convocatoria, sostuvo que se trataba de “una expresión masiva del pueblo argentino en respaldo de lo actuado, y es altamente positiva porque sirve para demostrar y despejar las dudas de algunos países respecto de las verdaderas intenciones de la República”.

32) María Cristina Guzmán (Fufepo), en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4: “Apoyo el acto de confirmación de nuestra vocación, por una acción inclaudicable en procura de defender nuestros derechos sobre las islas del Atlántico Sur”.

33) Documento del Conservadurismo Popular, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. El comité nacional del partido había resuelto concurrir a Plaza de Mayo “como una expresión patria de reafirmación de los derechos soberanos argentinos en las islas Malvinas reconquistadas”.

34) Centro Socialista Democrático de La Plata, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. En adhesión a la convocatoria del gobierno, y con la firma del Dr. José Ernesto Rozas, dicha entidad señalaba que “este acto de reafirmación de la soberanía argentina en las islas australes signficará ante el mundo que esta recuperación no fue solamente una decisión del Gobierno sino de todo el pueblo argentino”.

35) Documento de Línea Popular, en "La Nación" del 17/4/82, tapa: “Si bien el Gobierno no fue elegido por la ciudadanía, en este hecho cuenta con total consenso y es representante de la voluntad de los distintos sectores del quehacer nacional”.

36) Documento del Partido Justicialista, en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “El país vive horas difíciles, luego de la legítima y justiciera recuperación de las islas Malvinas por las Fuerzas Armadas de la Nación... el asunto Malvinas es indudablemente prioridad uno de la Patria... unido a él, se encuentran otros cuya dimensión y naturaleza forman parte indisoluble de la propia identidad nacional... es necesaria la implementación de un verdadero plan de emergencia nacional con un cronograma efectivo y preciso, donde se establezcan en forma definitiva y tajante parámetros aseguradores de un gobierno representativo de la voluntad popular como de todos los sectores democráticos que son la razón de ser de la vida institucional en la República... ese será el mejor homenaje que se puede en estos momentos brindar a la patria, para asegurar en forma definitiva el cese de los desencuentros y la real unidad entre todos los argentinos”.

37) Cristina Guzmán, en" La Nación" del 14/4/82, pág. 10. Con motivo de una gira de dirigentes políticos a países de Europa y América, para clarificar la posición de la Argentina en el conflicto planteado con Gran Bretaña, la política jujeña en vísperas de viajar a los Estados Unidos, precisaba que “fundamentlamente marcaré que esta acción corresponde a una causa digna, justa y legítima del pueblo argentino por la recuperación de las islas Malvinas y la necesidad de la unidad de América en este eventualidad, y solicitaré la solidaridad con nuestro país”.

38) Partidos Políticos en "La Nación" del 21/4/82, tapa. La nota destaca que los jefes de los partidos políticos reconocidos –tras su reunión con el ministro del Interior- coincidieron en señalar su apoyo al mantenimiento de la soberanía en las islas Malvinas. No habiendo cuestionamientos globales al gobierno, todos los asistenes coincidieron en el apoyo al accionar de las Fuerzas Armadas. Mientras el subsecretario de Asuntos Institucionales, coronel Bernardo Menéndez señalaba que en la reunión no hubo ningún tipo de disenso, el ministro del Interior, Gral. Saint Jean, agradecía a los políticos convocados por el pergamino que le fué entegado, en recuerdo de la asunción del gobernador militar en las islas Malvinas, el general Mario B. Menéndez.

39) Documento del Partido Justicialista, en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “Debe pues sin más trámite, el gobierno militar que rige los destinos actuales del país, hacer cesar toda medida que implique una excepcionalidad jurídica y la vuelta a la instituciones de la Constitución, la participación efectiva de la soberanía del pueblo en las decisiones de la Nación, y de las fuerzas políticas en las medidas que se dicten y que afectan sin lugar a dudas a todos los intereses nacionales”.

40) Documento del Partido Demócrata Cristiano en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “La recuperación de las Malvinas puede abrir un camino hacia la reconciliación y la unidad nacional sólo en la medida en que se adopten con urgencia decisiones en el plano interno que aborden con verdad, con justicia y con caridad, hondos problemas que aún laceran el alma nacional y abran el país a un sistema de libertad y de derecho en el camino hacia una rápida y ordenada institucionalización democrática argentina... sería saludable y ejemplificador en esta alternativa crucial en que debemos apretar fuerzas frente al enemigo, el juzgamiento de los responsables del desastre económico que aqueja al país, por la destrucción del aparato productivo nacional, indispensable para el desarrollo de las teras que demande la consolidación de la soberanía del Atlántico Sur... nos unimos a la voluntad fervorosa de nuestro pueblo que luchará si es necesario, formulando nuestro mejores votos por una paz con honor”. Firman la declaración el presidente del partido, Hugo Conza, y los secretarios generales Martín Dip y Carlos Auyero.

41) Partidos políticos metropolitanos en "La Nación" del 30/4/82, pág. 14. (Sobre este concepto de soberanía, ver las manifestaciiones de Julián Licastro citadas anteriormente). Dirigentes metropolitanos de once partidos políticos, sostuvieron en un documento que “el histórico momento que vive la patria con la recuperación de las islas Malvinas no puede soslayar la necesidad de recuperar también la soberanía del pueblo, para que éste sea el único que decida su destino”. Firman los partidos Justicialista, Demócrata Cristiano, Intransigente, Socialista Popular, Socialista Unificado, Confederación Socialista, Comunista, Conservador Popular, Movimiento Progresista, Movimiento Yrigoyenista y Línea Popular.

42) Rafael M. Raymonda en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 8.

43) Antonio Tróccoli (U.C.R.) en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 7. Aclaremos que, con respecto al mentado gobierno de coalición, el Dr. Tróccoli sostenía que en tales circunstancias, la iniciativa de un gobierno de esa naturaleza "sería inconveniente, inoportuna y desacertada".

44) Rafael M. Raymonda en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 8.

45) "Clarín", 4 de mayo de 1982, pág. 6. En una reunión informativa que sostenía el Ministro del Interior, Gral. Alfredo Saint Jean, con dirigentes políticos entre los que se contaban los ex senadores José Antonio Allende (democristiano), Eduardo Paz (Conservador Popular), el ex diputado peronista Ernesto Corvalán Nanclares y el ex canciller Mario Amadeo, le formularon al ministro –además del habitual “apoyo irrestricto” a la histórica decisión de recuperar las Malvinas- la sugerencia de consolidar "la unidad fraterna entre los argentinos", comenzando por "una amplia convocatoria a todos los sectores políticos y sociales", con el propósito de compartir responsabilidades en la actual emergencia. Otros encuentros ministeriales para solidarizarse con las Fuerzas Armadas contaron con la presencia de los justicialistas Raúl Matera y Luis Rubeo.

EL FRENTE INTERNO DURANTE LA CONTIENDA BELICA

46) Documento del Partido Federal en "La Nación" del 02/5/82, pág. 8: “El Reino Unido eligió el camino de los cañones y los argentinos aceptaremos el desafío, pero debe saber Londres que la guerra ha enardecido el espíritu nacional, en lugar de apaciguarlo”. La agresión inglesa también mereció el repudio de la Comisión Popular en Defensa de la Soberanía que, si bien no constituía un partido político en sí mismo, estaba integrada por numerosos dirigentes de centro-izquierda, entre ellos Simón Lázara (Socialismo Unificado), Fernando Nadra (Comunista), Néstor Vicente (Democracia Cristiana), Raúl Rabanaque Caballero (Intransigente), Vicente Solano Lima (Conservadurismo Popular) y Aldo Tessio (Radical).

47) Documento del Partido Justicialista en "La Nación" del 02/5/82, pág. 8: “La agresión consumada en las islas Malvinas por aviones británicos constituye otra agraviante actitud colonial e imperialista del Reino Unido, dentro de su permanente y contínua agresión”. Posteriormente agregan que “los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos, anacrónicamente y a espaldas de sus propios pueblos a quienes ocultan la justa causa de reinvindicación argentina, pretenden al final del siglo XX, sojuzgar, recolonizar y dominar a otros pueblos libres de Occidente”.

48) Francisco Manrique (Partido Federal) en "La Nación" del 14/5/82, pág. 18: “Resulta emocionante ver cómo un pueblo noble se alinea con entusiasmo, coraje y renunciamiento ante objetivos y motivaciones auténticas... las Fuerzas Armadas recogen el reconocimiento de su profesionalismo por encima de tantos errores políticos que nuestras generaciones acumulan... nuestras FF.AA. traducen en este momento, con las armas del pueblo, esa voluntad popular. De ahí en más, si se procede inteligentemente, todo quedará facilitado para que la Argentina sea, realmente, la Argentina que hemos soñado en pluralidad política y en coincidencia de dignidad y personalidad nacional”.

49) Documento de la Comisión Coordinadora de Partidos Políticos Metropolitanos en "La Nación" del 14/5/82, pág. 18. En reunión con el Intendente de la Capital Federal, Dr. Guillermo Del Cioppo, le expresaron la total identificación con la causa patriótica de las islas Malvinas, destacando la inmejorable predisposición para apoyar toda medida que beneficie los propósitos argentinos reinvindicatorios y de soberanía. Asistieron al encuentro los dirigentes Italo Tempra (Línea Popular), Guillermo Battigliani y Antonio Monsesino Díaz (Partido Republicano), Jorge Biondi y Néstor Legani (Partido Justicialista), Víctor Alderete y Horacio Farenga (Unión Cristiana Democrática), Carlos Borda y Juan G. Bello (Partido Demócrata Progresista), Juan J. Poderoso y Juan Montenegro (Partido Socialista Democrático).

50) Declaraciones de Francisco Manrique en "La Nación" del 09/5/82, tapa. Tras una audiencia con Galtieri, puso de relieve la coincidencia ideológica, política y de objetivos comunes en todo lo referido a la defensa de la causa nacional. Dijo que había hablado “con crudeza” con Galtieri y que salía del encuentro presidencial con tranquilidad, proque había notado “una gran vocación de sacrificio y de seguir luchando en la búsqueda del objetivo final”. Señaló además que, si bien con los militares argentinos se puede discutir, lo que no puede ponerse en tela de juicio, porque son indiscutibles, son su capacidad y coraje. Finalmente, sostuvo que “fué una charla larga, cruda. Pregunté. El Presidente aceptó con humildad republicana mi interrogatorio. Y bueno, noté que hay un soldado, un ser humano que, en definitiva, tiene un objetivo muy claro: ganar esto para el país”.

51) "Clarín", 26/5/82, pág. 22. El acto contó con la presencia del desarrollista Arturo Frondizi, el intransigente Oscar Alende, el democristiano Carlos Auyero, y el socialista popular Enrique Inda. La referida declaración pertenece al Dr. Oscar Alende. También estuvieron presentes Juan Carlos Varela Barrios (demócrata progresista), Cristina Guzmán (federalista), Enrique Giannoni (socialista democrático), Julio Amoedo (conservador popular) y Jorge Abelardo Ramos (izquierda popular).

52) "Clarín", 30/5/82, pág. 22. El mismo documento exhortaba a los responsables de la conducción del Proceso "a extremar la apertura de los caminos tendientes a materializar dicha participación". Asimismo expresa que “las decisiones fundamentales en torno al conflicto armado, por sus proyecciones históricas, exigen la participación de todos los sectores de la comunidad... resulta imperativo adoptar las modificaciones necesarias para que la política económica se adecúe a las necesidades e intereses reales del país... la afirmación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur ha sido una constante histórica del partido y que esa requisitoria hoy está acompañada por el esfuerzo de un pueblo que posterga sus legítimas reinvindicaciones en procura de ese objetivo nacional. La Unión Cívica Radical participa de ese esfuerzo sin declinar de su condición de partido en actitud crítica frente al gobierno”.

53) Documento del Partido Socialista Democrático dirigido a la Internacional Socialista, en "La Nación" del 13/5/82, pág. 14: “El país entero sostiene la decisión adoptada... el pueblo argentino no admite ser propiedad de ninguna superpotencia, ni prisionero del colonialismo en ninguna de sus formas... la Argentina se ha unificado monolíticamente, lo que servirá en el plano interno para facilitar la marcha ya iniciada hacia la normalización institucional y el establecimiento de una renovada democracia representativa”.

54) Carlos Contín (U.C.R.) en "Clarín" del 30/5/82, pág. 22: “Nada mejor que una solidaridad auténtica ha de permitir que pese a todo, aún en la guerra, el espíritu republicano nos debe convocar a la democracia de mañana”.

55) Documento de la Multipartidaria, en "Clarín" del 9/6/82, pág. 19. El dirigente democristiano era Martín Dip.

56) "Clarín", 21/5/82, pág. 23. Tras insistir en la psotulación de Arturo Illia para la presidencia del comité nacional, también insistió en postularlo para la presidencia de la Nación, pues en el país se insinúan dos tendencias con miras al ejercicio del poder: una de fachada democrática, de carácter gatopardista, que busca que todo siga igual, y la otra de tendencia nacionalista y componentes autocráticos. Pronosticó que la eventual confrontación de ambas tendencias podía llevar a graves enfrentamientos, mientras que la presidencia ejercida por Illia neutralizaría ese riesgo y aseguraría la transición hacia la democracia. Rechazó que postular a Illia como presidente “de facto” sea contrario a la tradición radical, pues de lo que se trata es de llegar al pdoer para asegurar la democracia y concretar –como decía Yrigoyen- la reparación nacional. A pocos días de la rendición de Puerto Argentino, volverá a insistir sobre la cuestión de una transición civil hacia la democracia.

57) "Clarín", 21/5/82, pág. 23. También opinaban otros políticos sobre el tema, mientras Arturo Illia descartaba un gabinete de coalición (“La Prensa”, 21/5/82, pág.4). Pero Raúl Alfonsín insistirá en la presidencialidad de Illia (“Crónica”, 2/6/82, pág.8). Tras la rendición en Puerto Argentino se mencionó para ocupar la presidencia en carácter de “transición civil” hasta el llamado a elecciones generales, de Alejandro Orfila, un destacado diplomático de amplia trayectoria en el servicio exterior de la Nación.

58) Antonio Tróccoli (UCR) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “No vamos a renunciar a continuar los esfuerzos a favor de la paz... pero esta propensión manifiesta por evitar el conflicto no nos puede llegar a confundir con una actitud derrotista que debilita nuestras defensas frente al enemigo y consecuentemente vamos a defender el honor nacional hasta sus últimas consecuencias... no tenemos otra posibilidad más que aguantar desde nuestras posiciones”.

59) Carlos Contín (UCR) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág.24: “La Argentina está ganando la batalla de Malvinas. Ha logrado concluyentes victorias militares dejando fuera de acción el 50% de la flota agresora... Siempre fuimos y somos un pueblo de paz... para ganar la paz podemos llegar hasta el fin que impone nuestro honor y dignidad... nada cederemos que nos corresponda por derecho”.

60) Alberto Robredo (Partido Federal) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24: “La Argentina no puede ceder su soberanía sobre los archipiélagos del Sur. Puede negociar sistemas de explotación conjunta... no podemos aceptar, luego de todo lo que jugamos, abdicar de nuestros derechos soberanos”.

61) Raúl Matera (Movimiento de Reafirmación Doctrinaria Justicialista) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “La Nación Argentina está dispuesta al diálogo y a toda clase de negociaciones... el gobierno y el pueblo de mi país aspiran a alcanzar una solución pacífica”.

62) Amércio Ghioldi (PSD) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 23: “Desde que a la guerra no se la considera como un acto de vida o muerte, como un factor absoluto, es que aún en la guerra hay siempre un espacio esperanzado de negociaciones... la negociación es una posibilidad siempre deseable... para asegurarse el respeto y la dignidad mutua”.

63) Deolindo F. Bittel en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 23: “Ningún país civilizado puede desechar la paz. No existen las rendiciones incondicionales... la gran mayoría del pueblo argentino va a aceptar con beneplácito una paz honrosa que salve el honor y la dignidad de la Nación... Sí, hay que negociar la paz”.

64) Rafael M. Raymonda en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24: “La paz no implica derrota, ni rendición. Se puede negociar la paz, no la derrota”.

65) José Antonio Allende (Partido Popular Cristiano) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “Nuestra Cancillería se ha desempeñado acorde a las necesidades del país... no estamos derrotados porque el objetivo de la batalla como tal lo hemos logrado... Toda guerra tiene como objetivo final la paz... soy partidario de la negociación... no poner en riesgo de pérdida irreversible lo que nos correponde en derecho”.

66) Alvaro Alsogaray en "Clarín" del 22 /5/82, pág. 18. En un debate con Angel Federico Robledo organizado por la Universidad Católica de La Plata, oficiando como coordinador el periodista Bernardo Neustadt, se le interrogó sobre cómo hubiera actuado el 1° de abril respecto de las islas Malvinas: “Jamás lo hubiera hecho, porque hubiera violado la Carta de las Naciones Unidas que firmamos y no cumplimos. Ahora estamos todos en el barco y debemos hacer cuanto sea posible para salir adelante. Pero el 1° de abril no”.

67) Angel F. Robledo (PJ) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 25. En la oportunidad, el dirigente justicialista se expresa en estos términos: "Entiendo que naturalmente más allá de las batallas mismas -que espero sean victoriosas para la Argentina- el tema Malvinas tendrá que resolverse con una negociación que podrá ser tanto o más prolongada según sea el resultado del enfrentamiento militar".

68) Oscar Alende (Partido Intransigente) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24. El veterano dirigente sostenía que las negociaciones eran de plena incumbencia del poder de facto existente, y que más allá del amplio respaldo dado a las Fuerzas Armadas de la Nación en su defensa militar de la soberanía territorial, no debía olvidarse que al Congreso de la Nación le corresponde fijar los límites definitivos de la República, y aprobar o desechar los acuerdos y tratados con otras naciones.

ARRECIAN LAS CRITICAS TRAS LA RENDICION DEL 14 DE JUNIO

69) Declaraciones de Carlos Contín en "La Nación" y "Clarín" del 15/6/82, pág. 5 y 9, respectivamente: “A las Fuerzas Armadas, vencedoras o con un revés en las islas Malvinas, las hemos de recibir en triunfo, porque han recuperado el prestigio del país... me encuentro con una gran ansiedad y solidario como siempre con mis Fuerzas Armadas en los trágicos acontecimientos de esta hora... nosotros hemos de avalar lo que hagan las Fuerzas Armadas, ya que lo importante es que hoy el país está totalmente unido y esta unidad habrá que aprovecharla para que, por sobre todas las cosas, este hecho de reinvindicación nacional sirva para el provecho del país”.

70) Declaraciones de Raúl Alfonsín en "La Nación" y "Clarín" del 15/6/82, pág. 5 y 9, respectivamente: “Las Fuerzas Armadas no merecen este destino, y el país no merece este Gobierno, por ello debe irse ya, debe cesar la usurpación del poder... es hora de escuchar la voz del pueblo, ésa es la voz de los oficiales y soldados que lucharon en el frente contra el imperialismo, es la de los obreros y productores que soportan la rapiña sin límites de las riquezas del país, es la voz de los intelectuales y estudiantes que vieron destruida la libertad de pensar, es en fin, la voz de la inmensa mayoría de los argentinos que no quieren ser más usados ni manipulados... es también la voz de los hombres de las Fuerzas Armadas que han visto comprometida su institución y su misión por el manejo de una minoría dispuesta a todo para aumentar su poder... es la hora de recuperar la racionalidad, la realidad y la moral, ya que se han silenciado los cañones y es hora de escuchar la voz del pueblo. Una voz que ya dice basta. Basta de decadencia, de irracionalidad y de muerte”. En “La Nación” del 20/6/82, pág. 7, nuevamente enfatiza que el único camino para revertir el estado de la sociedad al borde de disolución, es “iniciar un período de transición civil hacia la democracia, como única forma de demostrarle al pueblo que la esperanza puede renacer”. Recordemos que anteriormente había postulado al ex presidente Arturo Humberto Illia para ejercer de facto la presidencia de la Nación.

71) Angel F. Robledo en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “No tiene ningún sentido defender una batalla perdida... Esto puede ser una batalla militar adversa, pero puede ser también el soporte de un triunfo político... se ha cumplido una etapa costosa, pero que en definitiva yo estimo que va a ser útil y provechosa, cualquiera sea el resultado final”.

72) Raúl Rabanaque Caballero (Partido Intransigente) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Ante la gravedad de la situación que atraviesa la Nación, ha quedado comprometida hoy más que nunca su soberanía nacional, a raíz de una irresponsable aventura encarada por un régimen carente de toda legitimidad, que ha gobernado en contra de la Constitución y de todo otro interés nacional durante seis años... el P. I. adhirió a la recuperación de las islas Malvinas, y proclamó junto a todo el pueblo argentino, su euforia por ese acto, a pesar de no haber sido consultado ningún sector democrático y popular de la vida nacional... Hoy vemos con profundo dolor que todo esto ha sido una verdadera irresponsabilidad, y se han inmolado miles de jóvenes vidas de argentinos, sin que se cumpliera con la promesa de que la recuperación de las Malvinas se iba a defender a cualquier precio”.

73) Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio (Movimiento de Integración y Desarrollo) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Los argentinos estamos viviendo un momento muy triste de la vida nacional... Cabe distinguir el heroísmo de nuestros combatientes y la vocación de sacrificio evidenciada por nuestro pueblo respecto de la conducción política del gobierno que nos llevó a este resultado tan gravoso para el país en vidas, en pérdidas materiales y en frustración del sentimiento popular... Se nos llevó a una guerra que no podía terminar sino como ha terminado... Los que no consultaron debidamente al país sobre una cuestión tan trascendente; los que desinformaron a la población y fomentaron un triunfalismo que hoy alimenta la frustración, tienen que asumir cabalmente su responsabilidad política, siendo preciso evitar que toda la Nación se sienta responsable, y para ello se requiere el acto higiénico de que queden identificados quienes verdaderamente lo son... No es admisible que el Gobierno, al margen de la voluntad popular, haya dicho que la guerra continúa en un postrer intento de ocultar su responsabilidad”.

74) Emilio Hardoy (Partido Nacional de Centro) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Creo que hay que decirle la verdad al pueblo, sobre todas las cuestiones y, principalmente, sobre todo lo actuado en el conflicto con las Malvinas. Con ello se evitará incrementar la incertidumbre que seguramente podría conducir al caos y a situaciones sumamente graves. Además, ha habido en esta cuestión tan grave, serios errores de apreciación que hoy salen a la luz con mayor nitidez”.

75) Juan Carlos Pugliese (UCR) en "Clarín" del 16/6/82, págs. 14 y 15: “En estos momentos lo que hace falta es tener independencia de juicio, ser equilibrados y tener la responsabilidad de no aprovechar el momento para circunstancias particulares, sino para las circunstancias generales que el país y el pueblo nos va a reclamar... Este gobierno debe cambiar totalmente, deben irse todos, en todas las áreas. Debe iniciarse la tarea de restitución de las instituciones democráticas del país... Tiene que empezar un viraje de 180 grados en la política”.

76) Miguel Unamuno (P.J.) en Clarín del 16/6/82, pág. 15: “Los civiles vamos a exigir un juicio de responsabilidades a quienes nos han llevado a esta tremenda derrota que la Argentina no se merece... nosotros no pudimos opinar ni fuimos consultados sobre la iniciativa y oportunidad de la reconquista”. También se expresaban en similares términos: "Partidos Políticos", en "La Nación" del 19 de Junio, pág. 4: “La mayoría de los políticos se inclinaron por un proceso de democratización con un llamado a elecciones, mientras un dirigente justicialista expresaba que si se pudo tomar la decisión de hacer una guerra, cómo no se va a poder hacer una elección”. Y Alberto Robredo (Partido Federal) en "La Nación" del 20/6/82, pág. 7: “Un conjunto de irresponsables decidió por sí y ante sí, iniciar los actos que nos condujeron a la guerra, sin haber medido los alcances de su decisión y la posibilidad de afrontarlos... estos señores deben ser sometidos a proceso, a consejo de guerra, por el derramamiento de sangre más inútil de la historia”.

77) Emilio Eduardo Massera (Partido Para la Democracia Social) en "La Nación" del 19/6/82, pág. 4. Entre los puntos programáticos aludidos se mencionaba la eliminación de toda veda partidaria. La magnitud de estas expresiones son inversamente proporcionales a las realizadas en vísperas del desembarco en las islas Malvinas: "La acción debe reemplazar a las palabras... la soberanía ni se negocia ni se conversa, se defiende. Los argentinos estamos demasiado habituados a perder en la mesa de negociación lo que ganamos en el campo de batalla. Por eso, en las Malvinas la hora de la negociación ya se agotó..." (“Clarín”, 2/4/82, pág. 11).

78) Documento de la Multipartidaria en "Clarín" del 16/6/82, pág. 18. Entre otras cosas decían: "Formulamos un llamado a la reflexión de todos los argentinos para que el país no detenga su marcha hacia la democracia y las instituciones y con fe en nuestro propio destino alcanzar la definitiva reconstrucción nacional".

79) Deolindo F. Bittel en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “En estos momentos difíciles lo fundamental es conservar la calma... La sangre derramada debe servir para galvanizar la unidad de los argentinos”.

80) Oscar Alende en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15. Al tiempo que pedía gran serenidad, el dirigente intransigente señalaba que Argentina era un país que no se manejaba civilizada y organizativamente en el cumplimiento estricto de su Constitución y de su vida republicana. En su libro "COMPLOT CONTRA LA DEMOCRACIA" (El Cid Editor / Fundación para la Democracia Argentina), señalaba el incumplimiento a la palabra empeñada y que se había perdido hasta el honor (p. 252), y que habían solicitado al general Bignone el estricto cumplimiento de la Constitución Nacional, pues las lecciones de Malvinas nos obligaban a mirar al futuro (p. 254).

81) Documento de la Unión Cívica Radical en "La Prensa" del 21/6/82, pág. 6. En el mismo se exigía una rápida democratización y el funcionamiento pleno de las instituciones previstas en la Constitución Nacional.

82) Francisco Manrique en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15. Remarcaba la necesidad de emprender la batalla republicana para lograr la normalidad institucional.

83) Documento del Consejo Superior Justicialista en "La Prensa" del 21/6/82, pág. 6: “La decisión de recuperar por la fuerza las islas Malvinas fue tomada en circunstancias que el país atraviesa graves y críticos problemas económicos, sociales, institucionales y políticos... La decisión militar no estuvo acompañada de medidas diplomáticas... Tampoco se previó, en toda su intensidad, la reacción británica... a pesar de esas circunstancias, la decisión militar tuvo el apoyo de la casi totalidad de los argentinos... actitud que no debe confundirse con apoyo al gobierno de las Fuerzas Armadas... la pérdida de la batalla de las Malvinas no significa que se haya perdido la guerra”. Sobre la cuestión de "recuperar por la fuerza" las islas australes, recordemos su justificación por parte del justicialista Angel Robledo en “Crónica” del 3/4/82, pág. 4.

84) Carlos Auyero (Democracia Cristiana) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15: “La paz que se materializa en este momento, aún una paz patética y trágica para nosotros, debemos conservarla, y hacer cierto aquel vibrante llamado del papa Paulo VI en las Naciones Unidas: ´Nunca, jamás, la guerra´. Que nunca, jamás, los argentinos, con una decisión que no tomemos soberanamente, volvamos a empuñar las armas por la guerra”.

85) Pablo González Bergez (Partido de Centro) en" Clarín" del 16/6/82, pág. 15: “Todo esto estaba previsto de antemano y fué una locura disparatada que indudablemente tenía que terminar así... Para mí la Junta Militar está muerta. El problema es que también los políticos lo están, que se embarcaron junto al Gobierno en esta aventura... Los partidos políticos jugaron toda su plata a esta acción belicista del gobierno y ahora les fué mal. ¿Qué van a hacer?... Lo que han hecho con el pueblo no tiene perdón de Dios. Ahora sí, perdimos las Malvinas para siempre”.

86) Américo Ghioldi en "Gente" n° 882 del 17/6/82, pág. 118 a 121: “La prolongación de la guerra habría significado un ahondamiento del descontento... la guerra continuará como lucha de espíritu... en una guerra, hay una fracción que triunfa y otra que es derrotada... Señores, ¿no se han sacrificado los militares heroicamente?... comprendo que se esté dolorido, entristecido. Pero salir a silbar a quienes han luchado, y echarles la culpa, me parece que es un error terrible... Yo no quiero discutir al gobierno argentino. Yo propongo solamente que el gobierno, en algún momento, escriba el libro blanco de la guerra... mirar lo que ha ocurrido con dolor y con tristeza, pero también con frialdad mental... ¿De qué valen ahora los reproches?... La guerra ni debe ser amada, ni debe ser odiada... Y a esta guerra había que entenderla, no odiarla... Creo que ha llegado el momento de acelerar los pasos para ir a elecciones generales... la guerra acelera todos los problemas, todos los conflictos, todas las dudas y todas las disidencias”. El P.S.D. era uno de los partidos políticos que respaldaban al “Proceso” desde marzo de 1976.

CONCLUSIONES

87) Nota publicada en "El Diario" de Caracas, Abril de 1982.

88) ALENDE, op. cit., pág. 253.

89) ALENDE, op. cit., pág. 244. Sobre los viajes al exterior para explicar la posición de nuestro país por el conflicto en las islas Malvinas, hubo dirigentes políticos y sindicales que llevaron adelante esta tarea, entre los que estaba la ya citada Cristina Guzmán –en Estados Unidos- y Walter Costanza, del socialismo democrático –viajando a España y Portugal- (“La Nación” del 14/4/82, pág. 10). En el mismo diario, pero del 20/4/82, pág. 10, vemos a dirigentes del radicalismo realizando gestiones diplomáticas para esclarecer la posición argentina. Arturo Mathov viajó a Colombia, mientras el Dr. Perette lo hizo a México. Ricardo Balestra del Fufepo viajó a Francia por indicación del ministro del Interior. Sobre estas “misiones esclarecedoras al exterior”, ver “La Prensa”, páginas 2 de los días 14 y 17 de abril de 1982, respectivamente.

90) Declaraciones del ministro de Acción Social, vicealmirante Carlos Alberto Lacoste, en "La Nación" del 14/4/82, pág. 10. Consultado en referencia a los dirigentes políticos que viajaban al exterior para explicar cuál era la posición argentina con respecto a las islas Malvinas, dijo que “casi todos los dirigentes que han partido para el exterior, se pagan de su bolsillo sus viajes. Nadie del gobierno maneja a ningún dirigente. Ellos se han presentado espontáneamente y su apoyo ha sido bien recibido”.

91) Declaraciones del ministro del Interior, general Alfredo Saint Jean, en "La Nación" del 22 de abril de 1982, pág. 16: “Los que de alguna manera son los representantes de la opinión pública nacional, o sea los jefes de los partidos políticos, han expresado, y creo que interpretan cabalmente al pueblo argentino, que no se dé un paso atrás en el tema de las Malvinas... Ellos mismos lo han expresado, postergan todo tipo de reclamaciones hasta que podamos terminar este tema tan importante... Este diálogo es lo más sano y lo mejor que nos puede haber ocurrido”. Recordemos que en declaraciones reproducidas por “Clarín” del 22/5/82, pág. 18, se refería a las reuniones que mantenía con los dirigentes políticos, como momentos que disfrutaba mucho, puesto que “algunos dirigentes ya son buenos amigos y siempre se puede aprender algo de ellos”.-

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“Esto va para atrás”, Moris, “Cintas Secretas” (2005)