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domingo, 17 de abril de 2011

Banquete de tiranos

alberto y yo



Hace 25 años visité Cuba. Eran tiempos de plena guerra fría, inicios de 1986. La “primavera” democrática argentina hacía posible realizar esos viajes, casi furtivos, para visitar Cuba. Me llevó la curiosidad y la necesidad de ver al hombre en su lucha por un mundo mejor y ver en qué laberintos se metía y de cuáles lograba salir. Estuve en ese laberinto por varios días, y sobre todo, en las noches del underground en La Habana.

Muchas cosas descubrí allí. Quiero rememorar algunas que tiene que ver con lo musical y poético. Como todos saben, eran los años dorados de la trova cubana, pero hubo cosas que me conmovieron mucho más, en dos direcciones diferentes. Por un lado, descubrir una generación de adolescentes que sintonizaban más con el punk que con Silvio Rdríguez, y por otro lado, la música y poesía más tradicional, no tan cargadas ni escritas como documentos oficiales como parecen muchas canciones “militantes”.

Sobre esto último, hubo un rescate merecido e importante hace pocos años con el trabajo de Ry Cooder con el “Buena Vista Social Club”. También descubrí un Pablo Milanés mucho más conectado con esa tradición que me deslumbró. Milanés cantando canciones tradicionales, musicalizando poetas y desarrollando el cancionera del “feelin” cubano, o bolero.

Uno de los discos que descubrí en la casa discográfica “Egrem” es un disco de Pablo Milanés dedicado a la poesía de José Martí. Un disco simple, despojado, descarnado e intenso como lo fue José Martí. Se llama simplemente “Versos José Martí”, es de 1973 y me parece que es el primer disco de Milanés, al menos es el que aparece primero en su discografía oficial. O sea tiene esa magia inexplicable que suelen tiene los trabajos iniciales de los grandes.image

Si debiera recomendar un poeta, un militante, un idealista, un hombre de esa isla, no tengo dudas, es José Martí.
Martí vivió entre 1853 y 1895) y extracto una breve reseña sobre él:
Patriota y escritor cubano, apóstol de la independencia de Cuba, última colonia española en América. Nació en el seno de una modesta familia española en la Habana, el 28 de enero de 1853,
donde recibió su educación primaria. A los 16 años por sus ideas revolucionarias fue condenado a seis años de prisión. Con la salud quebrantada, fue indultado y confinado en la isla de Pinos.
Deportado a España en 1871, publicó El presidio político en Cuba, el primero de muchos folletos que abogaban por la independencia cubana de España y La República Española ante la Revolución Cubana. Terminó su educación en la Universidad de Zaragoza; donde en 1874 se licenció en Derecho y Filosofía y Letras. Años más tarde, vivió su destierro en Francia, en 1875 se trasladó a México donde se casó con Carmen Zayas Bazán, y en 1877 fue a Guatemala, donde enseñó por un tiempo en la Universidad Nacional. 

Volvió a Cuba en 1878 pero fue desterrado nuevamente en 1879 por sus continuas
actividades revolucionarias. Se trasladó a EE.UU. donde vivió entre 1881 y 1895 en Nueva York, ejerció el periodismo y fundó en 1892 el Partido Revolucionario Cubano, del que fue elegido delegado para la organización de la lucha independentista. Fue ese año cuando fundó su diario, "Patria". 

En 1895 en la isla de Santo Domingo redactó el Manifiesto de Montecristi, en el que predicó, en el contexto de un mundo despiadado, la “guerra sin odio”, y que firmó con Máximo General Gómez y Baez, el héroe de la independencia cubana. Desembarcó con éste en Playitas, en el este de Cuba, donde murió un mes más tarde, el 19 de mayo de 1895, durante una escaramuza con tropas españolas en Dos Ríos.

Sumergirse en la vida de Martí es una empresa deliciosa y donde el combate entre el amor que él militaba y el odio que lo rodeaba fue permanente. Por ejemplo, hay un verso sencillo, esos que aparecen en los libros escolares, pero que recuerdo siempre porque, además, éste me lo enseñó mi mamá y seguramente ustedes lo conocen o lo habrán leído. Típica simpleza estoica de Martí:

Cultivo una rosa blanca yo, de polizonte en un hotel para turistas con plata
en junio como enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

Vamos al disco. Se puede escuchar de un solo tirón porque es un viaje y Milanés lo canta como si fuera leyendo los versos a medida que pasan las hojas. Siempre me estremeció el “Banquete de Tiranos”, de hecho ya la he puesto anteriormente en el blog. Ojalá vayan a leer a Martí después de esto.





Banquete de tiranos

Hay una raza vil de hombres tenaces
de sí propios inflados, y hechos todos,
todos, del pelo al pie, de garra y diente,
y hay otros, como flor, que al viento exhalan
en el amor del hombre su perfume.

Como en el bosque hay tórtolas y fieras
y plantas insectívoras y pura
sensitiva y clavel en los jardines.
De alma de hombres los unos se alimentan,
los otros su alma dan a que se nutran
y perfumen su diente los glotones,
tal como el hierro frío en las entrañas
de la virgen que mata se calienta.

A un banquete se sientan los tiranos,
pero cuando la mano ensangrentada
hunden en el manjar, del mártir muerto
surge una luz que les aterra, flores
grandes como una cruz súbito surgen
y huyen, rojo el hocico y pavoridos
a sus negras entrañas los tiranos.

Los que se aman a sí, los que la augusta
razón a su avaricia y gula ponen,
los que no ostentan en la frente honrada
ese cinto de luz que en el yugo funde
como el inmenso sol en ascuas quiebra
los astros que a su seno se abalanzan,
los que no llevan del decoro humano
ornado el sano pecho, los menores
y los segundones de la vida, sólo
a su goce ruin y medro atentos
y no al concierto universal.

Danzas, comidas, músicas, harenes,
jamás la aprobación de un hombre honrado.
Y si acaso sin sangre hacerse puede,
hágase... clávalos, clávalos
en el horcón más alto del camino
por la mitad de la villana frente.
A la grandiosa humanidad traidores.
Como implacable obrero
que a un féretro de bronce clavetea,
los que contigo,
se parten la nación a dentelladas.

Pablo Milanés en el Karl Marx, imaginense la cámara que tendría!

Una más de yapa, Martí le dedica unos versos a sus propios versos…

lunes, 25 de mayo de 2009

The end of violence

violencia

Me sucedió la semana pasada. Era Domingo e iba caminando por Av. San Martín (Florida) y repentinamente estallan las bocinas y los gritos. Todo fue producto de algo que se supone fue alguna mala maniobra o algún supuesto mal modo que hirió el orgullo de los ocupantes de un auto deportivo (del cual no tengo la menor idea si era un BMW, un Lotus a un MacLaren). Si bien no existió choque ni toque alguno, el auto se había detenido e impedía avanzar al ómnibus de la línea 130 a la espera de que el chofer bajase ante la invitación a pelear que le ofrecían desde abajo.

Mientras eso ocurría, una larga fila de autos bramaban y se agrandaba minuto a minuto. Partiendo de ese desafío (por decirlo en un termino fino) hacia el chofer del 130, la situación pasó de reacción de orgullo herido a sed de sangre. Así, los dos ocupantes de la cupé sport (sigo sin saber qué auto era!) decidieron bajar y comenzar a golpear al ómnibus y romperle vidrios, espejos y demás artefactos ante la desesperación y terror de su pasaje dominguero cargado de madres y chicos.

Veamos, para despejar lugares comunes, los dos muchachos no eran de la villa 21, no eran marginados del sistema, no salían de sufrir violaciones en “Felices los Niños” ni eran víctimas de la crisis financiera global. Eran dos energúmenos que a lo largo de interminables minutos se dedicaron a destrozar el micro frente al terror de los pasajeros mientras el chofer, un pibe que seguro, él sí venía de un barrio de esos en donde se convive con el “paco” a la vuelta de la esquina y donde se multiplica la miseria humana todos los días. Este último optó por la más sabia, la resistencia pasiva y evitar mover el colectivo, no abrir puertas y dejar que rompan todo.

Finalmente uno de estos ”justicieros” de las calles salió con el auto de meteoro (algo así era el auto) y haciendo gala de sus dotes de piloto apareció como un rayo dando vuelta la manzana. El otro siguió invitando al “gordito” del ómnibus (agregándole calificativos de los más variados) a que bajara.

En el tumulto, y al igual que todos los demás, preferí asistir pasivamente a lo que pasaba. Sabemos que nadie sabe de donde puede salir un arma o lo que fuere y a estas cosas lo mejor es dejar que decaigan solas, mientras lo que se rompe, sean vidrios y fierros. En eso se la agarran con alguien del tumulto, tenían ganas de pelea y alguien tenía que caer!. Y cayó. Allí la cosa se puso seria y sólo atiné a acercarme a separar, como otros (si es sólo a las piñas la cosa, uno siempre puede salir corriendo). Finalmente se fueron. Fueron 20, 25 minutos de dos tarados violentos enloqueciendo a decenas de personas.Dibujo

¿Es esto “sensación” de inseguridad? ¿Es esto la “violencia” que hay en la calle? Bastaba que el dueño del bar de la esquina, que salió pretendiendo sacarlos a patadas y terminó trompeado, o algunos de los dos motonazis, o que el colectivero o alguien del pasaje, o qué se yo quién, sacara un arma y esto terminaba en los noticieros. En ese caso. ¿Sería una noticia favorable de De Narváez? o sería una noticia que sería interpretada por Aníbal Fernández como parte de la “sensación” de inseguridad'?.

Aquí vamos al punto. Vivimos en una sociedad violenta. Vivimos en una sociedad donde la violencia crece día a día. Y frente a ella, se nos propone el espectáculo de dos posiciones antagónicas que buscan que la violencia les sea favorable para sus propios negocios o que no les perturbe la siesta. Dibujo

Un sector, al que algunos llaman la “derecha”, babeantes y con el cucurucho de helado pegado en la frente, repite todas las frases que escuchan de los aduladores de asesinos y criminales de todo tipo, tránsfugas, coimeros, explotadores y gente con las manos llenas de sangre que les dicen… “ya no se puede salir a la calle”.

Del otro lado, el mismo cucurucho, la misma mirada extraviada, repiten tonterías tales como esgrimir estadísticas que indican que en el Bronx es peor, en El Salvador se mata más, en Río no se puede caminar de noche o que en Colombia está más que bravo.

A unos, la violencia les fogonea su proyecto de “seguridad” y “mano dura”, a los otros, la violencia les complica el “modelo” y su abuso de la negación de la realidad.

Sé perfectamente que a unos les sirve multiplicar el mismo asesinato cada 15 minutos en cadena de TV. Otros quisieran que no aparezca. Mientras sea así. La violencia crecerá mientras no se acepte cabalmente que estamos engendrando locos todoterreno, que cobijamos dirigentes violentos, barrabravas mercenarios, 4x4 que andan en base a sustancia ilegales y así hasta el infinito. Y a todo esto esto lo multiplican los dos bandos en la pugna mediática acerca de la seguridad!!

Mientras la “inseguridad”, la “droga”, la “polícía” y tantos otros tópicos molestos sean materias que sólo aparezcan en el vocabulario y la agenda de ciertos candidatos, estamos fritos. Mientras el retro-progresismo no sepa balbucear algo coherente para lo que pasa en las calles de Argentina, estamos fritos. 01

Pero al punto que quiero llegar es: ¿debemos escandalizar o subestimar la violencia? Falsa opción. Hay una única opción: debemos escandalizar la violencia.

Olvidemos por un momento a De Narváez y su mapa del “delito”. Olvidemos por un momento a Aníbal Fernández y sus mediciones de “sensación”. Pensemos seriamente, es infinitamente más saludable una sociedad que se sobresalta por un hecho de violencia o que se escandaliza cuando matan un colectivero en Luis Guillón a una sociedad que acepta convivir con una tasa creciente de violencia, sea cual fuere. No me importa la comparación con otros países, mejor dicho, si me importa, pero para saber hasta dónde se puede llegar.

Si queremos que no crezca la violencia, debe preocuparnos la violencia y nos debe resultar intolerable la violencia. Eso sí, sin distinciones de piel, ni barrio ni billetera.

Jamás leí las noticias policiales de los diarios y no vivo pensando en la inseguridad. Pero me resulta patética y decadente aquella que sociedad que acepta a la violencia como parte de los costos inevitables por su estilo de vida.

En definitiva, claro que ciertos sucesos deben escandalizar y sobresaltar a la gente. Sería de dementes pretender otra cosa.

Cali

En 1997 Win Wenders realizó un film titulado “The End of Violence”, la música es de Ry Cooder y aquí un fragmento: