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miércoles, 13 de abril de 2011

Cuando el viento sopla

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No se muy bien por qué me vino a la memoria “When the wind blows”, película de animación antológica de 1986, con música de Roger Waters y una canción inicial emblemática de David Bowie.

Supongo que fue mientras estaba haciendo una introducción a temas nucleares la semana pasada y al repasar algunas cuestiones me vinieron a la cabeza las imagenes de Jim e Hilda, la pareja de esta extraordinaria película donde la inocencia es la protagonista mientras un mundo siniestro se les viene encima. Inocencia y la absurda fe en la mística de la guerra y los estados nucleares.

La música de Waters, el guión y los dibujos son una obra de arte completa, y sin 3D!!!

 

Primero hay que pegarle una ojeada a este documental instructivo acerca de “cómo sobrevivir a un ataque nuclear”.

 

Título original: When the wind blows
Director: Jimmy T. Murakami
Producción: John Coates (Gran Bretaña, 1986)
Guión: Raymond Briggs, basado en su novela homónima
Fotografía: Peter Turner, Maureen Simons, Roger Chandler y Roy Watford
Música: Roger Waters
Dirección artística y diseño de los dibujos: Richard Fawdry
Dirección artística, diseño de los fondo y del color: Errol Bryant
Director técnico: Peter Turner
Diseño y producción de los efectos especiales: Stephen Weston
Montaje: Grant Taylor
Duración: 86 minutos.

Yo ni me acuerdo dónde fue que la vi por primera vez en los 80, no creo que haya sido el cine, supongo que en el algún reducto antinuclear. La película sigue rankeando entre las mejores filmes de animación de la historia

Aquí un comentario de un espectador de estos días:

Jim y Hilda Bloggs son dos jubilados que viven en una pequeña casa en medio del campo en Inglaterra durante la época de la Guerra Fría, el miedo a una guerra nuclear está en la radio y en los periódicos y Jim decide construir un refugio siguiendo al pie de la letra las instrucciones de unos folletos del Gobierno y el Ayuntamiento.

Esta pequeña historia contada en 1986, desde la actualidad y con perspectiva se ve de una manera muy diferente a, como me imagino, que se vería en la fecha en que se estrenó cuando aún no había caído el Muro de Berlín. Sin embargo, estoy segura de que conmueve hoy en día tanto como lo hacía por aquel entonces.

Cuando el viento sopla(2)

Es una historia realmente triste sobre lo que la ignorancia y la fe ciega en un gobierno pueden provocar en una pareja de ancianos aislados, las sensaciones que puede inducir esta película son muy variadas: desde rabia o angustia pasando por tristeza e incluso alguna pequeña sonrisa en algún momento.

Está realizada con una mezcla de animación e imágenes reales que llama la atención bastante porque crea un ambiente extraño, es como si esas imágenes de la realidad estuvieran ahí para sacar al espectador de la fantasía y recordarle que en realidad ocurrieron hechos parecidos aunque fuera en otro lugar y en otro tiempo.

Cuando el Viento Sopla

Esta película me produjo sensaciones muy diferentes, no me resultó fácil de ver ya que los personajes me ponían muy nerviosa por su ignorancia y por su absurda confianza ciega en el Gobierno de su país. Con esto no quiero decir que sea una mala película sino que tal vez hay que verla con una predisposición diferente a la que yo tenía.

Extraído de este blog. 

 

 

Aquí la película íntegra, doblada al castellano. Al comienzo se ven imágenes del despliegue de misiles en Europa, un ejercicio frecuente en esa época, y también las protestas. 

 
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viernes, 13 de agosto de 2010

Pasaje

image Pasaje en Neuquén (capital) bautizada por vecinos. Se puede ver nota al respecto aquí
La semana pasada fui a ver a Spinetta a San Isidro, teatro Don Bosco. Un show con mucha calma, y mucha mucha gente. Mayormente, en la atmósfera de “Un Mañana” , sólo hacia el final subieron los decibeles y apareció, por ejemplo, una novedosa versión (y van…) de “Rutas Argentinas”. Me resulta increíble tanta gente joven cantando canciones nuevas y antiquísimas, se conocen todo!
“Un mañana” (2009)
Una nota que se publica hoy en Página/12, tiene que ver. Si, qué se yo, sale hoy y a las sincronicidades no hay que dejarlas de lado.
CINE › LEON GIECO PRESENTO MUNDO ALAS EN NUEVA YORK, Y VIAJA A LOS ANGELES

“A mí el Oscar ya me lo dio Spinetta”

Aunque está cumpliendo con los pasos necesarios para presentar la película en competencia, León disfruta la experiencia y los buenos comentarios que despertó el film en Estados Unidos. Y se lleva una perla extra: un encuentro y una charla con Roger Waters.

“Un documental admirable sobre un concierto inusual que promovió León Gieco”, escribió el New York Times.

“Estar en movimiento es maravilloso. Soy una persona que se cansa cuando no hace nada”: León Gieco es de esos artistas que se entregan tanto a lo que hacen que encuentran a cada paso pasiones nuevas. Maravillado, enérgico: así se lo escucha desde Estados Unidos, donde está presentando Mundo Alas, la road movie que retrata la gira que realizó con artistas y músicos discapacitados por el interior del país y que dirigió con Fernando Molnar y Sebastián Schindel. Desde el viernes 6 hasta ayer, el documental se proyectó en un cine neoyorkino, con funciones que incluyeron conciertos, y a partir de hoy se verá en Los Angeles. Uno de los propósitos es buscar la candidatura al Oscar. “Estar acá me da la energía que tenía a los diecinueve años, cuando llegué a Buenos Aires e iba a una radio para hacer mi primer disco. Ahora voy a Univisión a promocionar Mundo Alas. Me hago muy de abajo”, recalca el músico santafesino, que recopila en su mente las anécdotas del viaje con la capacidad de sorpresa intacta. Entre las más preciadas, un encuentro fortuito nada menos que con Roger Waters.
Página/12 conversa con Gieco luego de que se concediera una extensa caminata matutina por los alrededores del Central Park. Al momento de la entrevista le quedaban horas en Nueva York, donde también se presentó en el Festival Cultural Latino. El encuentro anual tuvo lugar esta vez en el Queens Theatre in the Park, con actuaciones de la peruana Susana Baca y el cubano Carlos Varela. El de Gieco, el 6, “fue un gran recital, a sala llena, ante 900 personas”, describe. El entusiasmo se multiplica cuando se dispone a hablar de Mundo Alas –proyecto que tiene a la película como columna vertebral, pero que incluye disco y libro– y de sus repercusiones en EE.UU. “Gracias a Dios la reacción siempre es la misma: a la gente le encanta y termina a los lagrimones”, sostiene. Y pese a que por el AMC Empire 25 pasaron muchos argentinos hambrientos de viejas canciones, asistieron también “chilenos, colombianos y venezolanos, y los norteamericanos que leyeron las buenas críticas” que recibió el film. The New York Times definió lo de Gieco como “un gesto de amor”: “Un documental admirable sobre un concierto inusual que él promovió. Uno termina con ganas de sentarlo en una silla y hacerlo hablar”, puede leerse en las páginas del matutino. En tanto, otro diario relevante de la ciudad, el Daily News, destaca “el profesionalismo de los artistas”, entre los que menciona a Carina Espina, Alejandro Davio y Demián Frontera.
Mundo Alas viene girando internacionalmente –el destino anterior a EE.UU. fue España– y cosechando reconocimientos, dentro y fuera del país. Entre ellos se destacan el Premio del Público del Festival de Cine EDOC (Ecuador), el Premio del Público en Docupolis (España) y al Mejor Documental en el Festival de Cine de Pamplona (España). La intención ahora es ir por el Oscar al Film Documental. “Estamos aquí para mandarlo a la Academia”, indica Gieco. Su estreno en cines estadounidenses es sólo uno de los requisitos. “Hay que mandar cien copias para que las vea el jurado y se necesitan cartas de recomendación. Ya contamos con el apoyo de Luis Puenzo, Juan José Campanella y Eugenio Zanetti. Supongo que tendremos el de Gustavo Santaolalla y Michelle Bachelet”, calcula el músico. “No sé si la Academia va a ver la película. En realidad, el Oscar ya me lo dio Spinetta cuando, antes del concierto que dio en Vélez, dijo que esta gira ‘mágica y misteriosa’ se lo merecía. Es un film que tiene mucho sentimiento, pero que está hecho muy rápidamente y con escasos recursos económicos... no lo hicimos para el Oscar”, aclara. Y en efecto, se lo percibe más contento por el recorrido que motivado por llegar a la meta. “Este es un centro muy importante en el mundo: pasan muchísimas cosas. Le mandé la peli a Pedro Almodóvar, al guionista de Oliver Stone, a David Blum. Es importante estar acá. Me llena de satisfacción.”
Un episodio que Gieco se lleva de su visita a Nueva York es el encuentro con Waters, bajista y cantante de Pink Floyd. “Fuimos a escuchar música a un lugar que se llama Guantanamera. Ahí toca una banda buenísima de latinoamericanos, tres cubanos y un venezolano. El bajista, Alvaro Benavides, me había dicho que a veces caían músicos importantes. Y me mostró una foto de su mujer, Cecilia Molinari, hija de Edelmiro, con Waters y Eric Clapton. Y yo fui y apareció Waters. Bueno... no con Clapton, pero con el gobernador de Nueva York, que también tiene su importancia”, relata Gieco. “Como está tan encantado con todo lo que le pasó en nuestro país, se levantó de su mesa y se vino a la nuestra, toda de argentinos. Y un tipo le tradujo que yo era un músico importante. Lo primero que hizo fue preguntarme por Gustavo Cerati. Me dijo que estaba preocupado. Lo de Gustavo es una pesadilla para todos los músicos. Justo, Waters iba a trabajar en una canción para la Fundación Alas, de Shakira, y estaba realizando unas letras o músicas con Gustavo”, se entristece Gieco. El encuentro quedó sellado en una instantánea. “Fue muy amable.”
–¿Y usted? ¿Qué le dijo?
–Nada. ¿Qué le voy a decir? ¿Que me dio vuelta la cabeza durante treinta años con El lado oscuro de la luna? Ya lo sabe. El fue a ver un grupo que toca increíble, millones de notas todo el tiempo... Pero yo pensaba que este tipo con tres notas le voló la cabeza a medio mundo. Ahora está preparando, otra vez, el espectáculo de The Wall. Es tremendo, increíble... ¿Con todo lo que hizo, qué más va a hacer? Me dio mucha impresión cruzarlo. A él le encanta el público sudamericano y recuerda con mucho amor cómo lo trataron en Argentina. Lo único que le dije es que había estado en el concierto en River, que fue maravilloso.
Gieco también destaca sus acercamientos con el público. Se sabe: le gusta estar cerca de la gente. Antes de las proyecciones de las 20.15 ofrecía conciertos. Y luego, se quedaba para debatir con el público junto a Schindel, que lo acompañó en este viaje. El sistema se repetirá en Los Angeles, hasta el 18 de agosto. “A la gente le encanta que el director presente la película. Tenemos resultados increíbles. Conseguimos sala llena. Además, el público quiere saber todo”, explica Gieco. Es, en cierto modo, la modalidad con la que se viene dando a conocer Mundo Alas. “En la Argentina, con los chicos, presentábamos la película, hacíamos una conferencia de prensa y al día siguiente tocábamos”, compara. Por eso, entre las instantáneas que se lleva, también están las siguientes: “Ay Leoncito, cantame ‘Canción para Carito’” o “León, cantame ‘La colina de la vida’, que me fui hace veinticinco años de la Argentina y no la escuché más.”
Entrevista: María Daniela Yaccar.


“Las cosas tiene movimiento”, con Fito Páez (no tengo datos de esta versión). La que tocó el viernes pasado fue una versión más tranquila, como todo el show.

martes, 27 de abril de 2010

Al final, la pared

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Este domingo tuve una inesperada invitación para ir a ver a The End, una banda tributo a Pink Floyd. Situación extraña porque nunca había ido a ver una banda tributo, aunque sabía de los buenos comentarios de este grupo. Intrigado por este fenómeno que se ha dado en los últimos años donde han aparecido varias bandas de tributo, o que realizan shows emulando a grupos musicales, acepté y allí fui.

Extraña la sensación ¿qué voy a ver? ¿qué encuentra el público en este tipo de conciertos?

Francamente no tengo respuestas. La banda está muy bien. Suena bárbaro, hacen un show excelente, tenían como invitados a algunas figuras que rodearon el trabajo de Pink Floyd y aledaños. Así que lo que pude ver está más que bien. ¿y? No sé.

No se qué es lo que uno aplaude cuando aplaude, ¿la excelente música que unos tipos compusieron hace algunos años? ¿el notable esfuerzo de unos chabones que tocan y sacan cada sonido como si fuera el disco original, o mejor? ¿la proeza de hacer esa música y no pifiarle? ¿uno se debe dejar llevar e imaginarse que está escuchando a Pink Floyd? No, esta última seguro que no. Al menos, no en mi caso.

La verdad que me preguntaba cuando salí del Gran Rex (lleno a full) ¿qué cosa justifica el esfuerzo, el talento, el estudio, la habilidad y la producción que implica realizar semejante show? Si finalmente, todo queda en una fugaz imagen sonora que, al menos, en mi caso, me cuesta disfrutar. Al contrario, a cada compás sufría por los pibes pensando, les saldrá?, llegarán? no sé, es una tontería. Definitivamente, no soy público de bandas tributos.

Una cosa interesante, cuando uno de los invitados, tocando el bajo, improvisó muy bien sobre uno de los temas. Me sentí muy bien, encontré algo distinto. Y no lo digo desmereciendo en nada al grupo. Por el contrario, hay que verlos para ver la perfección que logran. Pero, hay algo que me impide encontrarle la vuelta a un show de ese tipo. Es como que hay una pared que me impide disfrutarlo.

Y hablando de una pared…

The Wall , otra vez en vivo

Roger Waters pondrá otro ladrillo en la pared

El músico presentará la obra de Pink Floyd

La Nación, Lunes 26 de abril de 2010

Roger Waters en vivo en River Plate.

¡Oops! Roger Waters lo hizo de nuevo. Y lo volverá a hacer. Luego de recorrer el mundo con su recreación en vivo de The Dark Side of the Moon (con la que llegó a la Argentina en 2007), Waters confirmó que este año montará un tour de 35 presentaciones en las que interpretará de principio a fin otro de los emblemáticos discos de Pink Floyd: The Wall.

A 30 años de su primera y megalómana puesta en escena -con gigantescos muros en torno de la banda, criaturas inflables sobrevolando el público y animaciones proyectadas- y a 20 de la última -pero en esta ocasión con Waters como único miembro de Pink Floyd y junto con un seleccionado de artistas internacionales que, en Berlín, celebraron la caída del Muro alemán con una peculiar versión de The Wall, Waters reincidirá, ladrillo tras ladrillo, con uno de los espectáculos más grandes que se hayan visto en la historia del rock.

"Treinta años atrás, cuando escribí The Wall, era un joven miedoso -le confesó Waters a la revista Spinner. Me llevó mucho tiempo superar mis miedos. En los años intermedios ocurrió quizá que la historia de mi miedo y pérdida, con su inevitable exposición de ridiculez, vergüenza y castigo, se convirtió en una alegoría del nacionalismo, del racismo, del sexismo, la religión y demás. Todos esos ismos y cosas condujeron a los mismos miedos que tenía cuando yo era joven."

Esta nueva puesta en escena -que intentará mantener el espíritu visual grandilocuente de la original- se estrenará el 15 de septiembre próximo, en Toronto, Canadá, y recorrerá los Estados Unidos durante tres meses.

En el último lustro, la modalidad de reproducir obras clásicas de rock de principio a fin se ha convertido en algo habitual. Así, además de las versiones de The Dark Side... y The Wall, de Waters, artistas como Lou Reed, Brian Wilson y Sonic Youth, entre otros, resucitaron en vivo discos completos, como Berlín y Metal Machine Music, Pet Sounds y Daydream Nation, respectivamente.

Lo anterior y esta noticia me hicieron recordar por estos días un disco en vivo de Roger Waters de 1987. Es la época de “Radio Kaos”. Allí decide hacer también temas de Pink Floyd con absoluta libertad, y suenan a veces deformes y siempre poderosos. Es capaz de deformarlos y también de hacerlos igual o mejor que en el disco, y son siempre memorables. Qué tipo!

Aquí algo de The Wall en esas versiones un tanto desestructuradas de 1987

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domingo, 4 de abril de 2010

Un borrador que llegó

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Hola Cali,

Tu posteo me hizo recordar cómo viví Malvinas, en los años de mi infancia en la base militar de Puerto Belgrano, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Y me puse a escribir mis recuerdos, en el marco de los primeros borradores de mis memorias, que de alguna manera son una micro-historia de la historia mayor que todos tenemos como país. Aquí los transcribo, y comparto preguntas que todavía me hago sobre las consecuencias de lo que pasó en ese tiempo. Como tu posteo es el detonante de este texto, me pareció apropiado compartirlo.

Un abrazo,

Oscar

1982... “clama el viento y ruge el mar...”

Es la mañana del viernes 2 de abril de 1982. Mi madre me levanta de la cama, entusiasmada. Se sienta al lado mío y me cuenta de las Malvinas (era la primera vez que escuchaba ese nombre). Me abraza y me prepara el portafolio. Es un día soleado, aunque frío. A los pocos minutos me lleva a la escuela; veo autos tocando bocinas, la gente está contenta. Ya en la escuela, todos en formación, cantamos Aurora, como de costumbre, pero sorpresivamente la directora nos anuncia que “recuperamos las Malvinas”. Estaba en segundo grado, tenía 7 anos. Los “más grandes” cantan la marcha de Malvinas. Entramos a clase. Un mapa extraño está en la pizarra: parecen dos pájaros en medio del mar.

En las sucesivas semanas dejamos nuestra tarea escolar habitual y nos dedicamos a dibujar y escribir cartas para los soldados en Malvinas. También donamos nuestros chocolates, que dejamos en un buzón cerca de la entrada de la escuela. A la noche, la familia se reúne en la mesa para ver “60 minutos” en un televisor Zenit.

Días mas tarde, la algarabía se transforma en miedo. Las maestras y unos uniformados nos enseñan en unos simulacros cómo ubicarnos debajo de los pupitres y la forma de salir “en caso de ataque”. A la noche, las ventanas de las casas se cubren con cartulinas oscuras y las ópticas de los autos con papel madera (todavía me recuerdo recortando las siluetas de los faros del Renault 12 gris). La calle fría y oscura es absoluto silencio.image

En la escuela y en el canal piden tener calma, pero tenemos miedo. En el grado empiezan los rumores: “mi papi se va a la guerra en un submarino”, “me voy a vivir a otro lado”, “hoy llegan los aviones ingleses y hay que estar debajo de la cama”. A la noche escucho las sirenas, tengo miedo, mi madre me toma de la mano, salimos a la vereda que está a oscuras, un hombre nos pide agarrar una soga para caminar juntos a un sótano grande, nos quedamos allí toda la noche: estamos en silencio, como esperando alguna explosión o algo así, pero no escuchamos nada. El sol se asoma, y nosotros salimos del sótano. Mal dormidos, volvemos a casa, me baño, y vuelvo a la escuela.

Ya han pasado varias semanas de la guerra, de alguna forma nos estamos acostumbrando.

La guerra estaba entre nosotros, en nuestras mentes. Una mancha en la puerta de entrada de la escuela es el rastro de una bomba caída quien sabe cuando, según mis compañeros. Una sirena cualquiera nos hace correr a los pasillos, aunque la maestra nos detiene.

Principios de mayo. Dos compañeros míos vuelven a su casa para encontrarse con sus padres que sobrevivieron del hundimiento del Belgrano. Mi compañero y amigo Juan José le pregunta a la maestra por su padre. La señorita Mabel le dice que vendrá en otro barco, que ya le van a decir a su madre. A la tarde me busca a mi casa y me dice: “querés venir al puerto a esperar a mi papa?”; le pido permiso a mi mama, y nos vamos junto a mi perro Beto. Nos pasamos toda la tarde, pero no llega ningún barco con sobrevivientes. En la espera, jugamos a las bolitas y Juanjo promete que su padre nos llevará a Monte Hermoso, Necochea, Baterías o “a donde queramos”.

image Pasan los días, y las semanas. A la mañana algunos compañeros se burlan de Juanjo: “tu papa murió”, “nunca va a llegar”. Pero el rito de la tarde es el mismo, los días grises y semilluviosos se repiten. Juanjo es mi amigo y lo sigo acompañando al puerto porque me siento solidario frente a su íntima vergüenza de que su padre no regresa y al mismo tiempo tengo miedo de preguntarle.

De repente, una mañana de junio, terminamos de cantar Aurora y cuando mecánicamente nos disponemos a cantar la marcha de Malvinas, la directora nos hace entrar a las aulas. Y no vemos el mapa de la “Hermanita perdida”, tampoco el buzón de los chocolates.

Es agosto, la primavera está llegando a casa. Los días fríos, grises y oscuros se han acabado, mas no así la tristeza y la frustración en las caras de la gente.

Nunca nos dijeron lo que pasó. Años mas tarde, ya fuera de la base, me enteré que la guerra había terminado mucho antes de lo que yo pensaba, que los “aviones ingleses” sobre la base habían sido solo un simulacro, que ese mundo de cambios al que asistía entre 1982 y 1985 no era algo “anormal”, sino todo un proceso para volver -justamente- a la normalidad. Me enteré también que Juanjo se había suicidado luego de una larga y profunda depresión. Me enteré de tantas cosas, que sería largo de contar.

Viéndolo a la distancia, me pregunto si Malvinas era algo que tenía que suceder, casi como una tragedia necesaria. Mis padres dicen que no saben hasta qué punto la democracia “que supimos conseguir” fue mérito de la clase política argentina o de Margaret Thatcher, a quien apodan “la madre involuntaria de nuestra democracia”.

Hasta qué punto Malvinas no adelantó la recuperación de la democracia? Y hasta qué punto el desastre militar, político y diplomático de las fuerzas armadas generó las condiciones para una democracia “no tutelada” (como en Chile) que pudo enjuiciar a sus jerarcas? No lo tengo en claro. Con todo, es un tanto curioso el detalle de la proximidad entre el aniversario de Malvinas y la muerte de Raúl Alfonsín, el único dirigente político que se opuso a la guerra durante la dictadura, el presidente que sometió a las juntas militares a la justicia civil, el defensor de los derechos humanos que creo la CONADEP, el hombre que a pesar de todas sus contradicciones, será recordado como ese estadista que cambio mi vida y la de tantos otros argentinos.

 “The final cut” (1983) Roger Waters

miércoles, 5 de marzo de 2008

Each Small Candle

Colombia, Ecuador, Venezuela... demasiadas armas juntas, mucho uniforme, demasiados milicos, demasiado fascismo trasvestido.

Cali


Each Small Candle (Roger Waters)

Not the torturer will scare me
Nor the body's final fall
Nor the barrels of death's rifles
Nor the shadows on the wall
Nor the night when to the ground
The last dim star of pain, is held
But the blind indifference
Of a merciless unfeeling world
Lying in the burnt out shell
Of some Albanian farm
An old Babushka
Holds a crying baby in her arms
A soldier from the other side
A man of heart and pride
Breaks ranks, lays down his rifle
And kneels by her side He binds her wounds
He gives her food
And calms the crying child
She gives him absolution then
Across the great divide
He picks his way back through the broken

China of her life
And there at the kerb
The samaritan Serb turns..
Turns and waves.. goodbye

And each small candle
Lights a corner of the dark... When the wheel of pain stops turning
And the branding iron stops burning
When the children can be children
When the desperados weaken
When the sea rolls into greet them
When the natural law of science
Greets the humble and the mighty
And the billion candles burning
Lights the dark side of every human mind

Each small candle