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domingo, 23 de noviembre de 2014

Energía en las ciudades. Innovación ante el Cambio Climático

La energía solar ha ido ganando un rol cada vez más protagónico cuando se evalúan escenarios energéticos de mediano y largo plazo. Así como ocurrió hace algunos años atrás con la energía eólica cuando irrumpió como un nuevo actor en el mercado de la energía, la solar fotovoltaica se consolida año tras año como otra potente opción energética limpia y renovable.

Durante los últimos diez años la potencia fotovoltaica instalada a escala global aumentó anualmente en un promedio del 48%. En tan sólo 5 años su capacidad instalada se multiplicó seis veces. Estamos en presencia de la opción energética más dinámica y todos los pronósticos le auguran un crecimiento sostenido durante las próximas décadas.

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Este crecimiento ha sido producto de una serie de decisiones políticas enfocadas en la necesidad de introducir fuentes energéticas limpias y renovables en procura de disminuir nuestra dependencia de los combustibles fósiles y así reducir emisiones de gases que provocan el calentamiento global. Aunque también el actual auge de la energía fotovoltaica tiene un factor determinante en la drástica reducción en sus costos. En pocos años hemos asistido a una caída en picada de sus costos de instalación. Durante los últimos 5 años su costo de capital se redujo a la mitad.

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Una característica distintiva de la energía solar fotovoltaica es que su utilización a gran escala no implica necesariamente el desarrollo de grandes instalaciones de gran potencia, más bien lo contrario. Su gran aporte energético se dará a través de múltiples unidades de generación distribuida. Tanto desde techos de viviendas particulares como edificios públicos o corporativos, los paneles solares inyectarán energía limpia a la red eléctrica.

Un reciente informe publicado por la Agencia Internacional de Energía muestra que, con los adecuados instrumentos de promoción, la energía solar (fotovoltaica y térmica concentrada) puede ser la principal fuente de electricidad a nivel global para el año 2050, superando a todas las otras fuentes convencionales.

Cabe aquí señalar que el año pasado se instaló mayor proporción de potencia en energías renovables que lo instalado en convencionales como carbón, gas, derivados del petróleo o uranio. Un cambio de tendencia a observar con atención, ya que esto ocurre en un mundo con la “cancha inclinada” en favor de las convencionales, que son las que acaparan la mayor tajada en subsidios y apoyos gubernamentales. 

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La generación distribuida permitirá desplegar el enorme potencial renovable existente en todo el país, particularmente en materia solar. Para hacerlo es necesario contar con la factibilidad regulatoria de incorporar la generación distribuida integrada a la red. Varias ventajas justifican esta opción. En primer lugar disminuye la demanda desde los grandes centros de consumo con una consecuente disminución de pérdidas de energía en el transporte. Permite además desplegar un potencial enorme para la energía solar distribuida en espacios urbanos como así también para la eólica en pequeña escala.

Además, esta generación a baja escala, desplaza electricidad en el punto de consumo, donde mayor es el precio de la energía. Es allí donde solar podrá competir más rápidamente. En aquellos sitios del país donde la energía eléctrica no tiene el nivel de subsidios que goza el área metropolitana de Buenos Aires, la generación distribuida tiene mayores chances de tornarse competitiva con muy pocos incentivos.

Para poder contar con este potencial de energía distribuida debe disponerse de una normativa técnica que sea adoptada por los organismos que regulan el servicio eléctrico en las diferentes jurisdicciones del país de modo tal que las potencias y parámetros técnicos que deben cumplir los equipos a integrarse a la red sean similares en todo el país. Los criterios de incentivos a los usuarios generadores deberán ser diseñados para cada región acorde a sus condiciones naturales y regulatorias.

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La energía fotovoltaica, como ninguna otra fuente energética, tiene su rol protagónico en la generación eléctrica distribuida, ubicada en el lado de la demanda, es decir, del lado del consumidor. Su integración en el paisaje urbano deberá ser una variable a considerar en el diseño de espacios públicos, edificios y estructuras de nuestras ciudades.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires posee un importante potencial para la generación de energía fotovoltaica debido a la irradiación solar que recibimos en esta latitud. A los pasos que la ciudad ya ha dado en materia de uso de tecnologías de alta eficiencia energética, como la iluminación LED en espacios públicos, ahora debemos dar un nuevo paso hacia el diseño de una ciudad que aproveche la arquitectura urbana para generar energía limpia.

Hasta ahora se han instalado unos pocos sistemas integrados a la red, los dos de mayor potencia se encuentran en la Legislatura de la Ciudad y el otro en el CIFA, uno de los edificios de APrA. (1)

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Una ciudad que aproveche la energía solar es perfectamente posible, la tecnología para hacerlo está disponible. Sus costos son cada vez más accesibles y la necesidad de promover la integración de fuentes renovables es innegable dada la emergencia ambiental que representa la amenaza del cambio climático. Las grandes ciudades representan hoy alrededor del 70% de la emisión de gases de efecto invernadero. Convertir a las ciudades en sistemas energéticamente eficientes y de bajas emisiones de carbono es uno de los grandes desafíos de este siglo. La Ciudad de Buenos Aires ya ha iniciado esa transición.

 

Juan Carlos Villalonga

Pte.Agencia de Protección Ambiental (APrA)

Gobierno Ciudad de Buenos Aires

(1) Para una información más completa de lo que sucede con la energía solar en la Ciudad de Buenos Aires, se puede ver “Energía Solar en la Ciudad de Buenos Aires” (APrA)

sábado, 6 de septiembre de 2014

“La agenda verde es productiva en términos políticos”

Entrevista con

Juan Carlos Villalonga: "El gobierno porteño entendió que la agenda verde es productiva en términos políticos"

publicado por La Nación, Suplemento Enfoques,

Domingo  8 de junio de 2014

 

El presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad cree que, en temas ecológicos, la urgencia es hacer cumplir las leyes y unificar acciones con la provincia

Por Lorena Oliva

 

Tras ser durante largos años uno de los principales referentes locales del ambientalismo, primero desde Greenpeace y después desde el partido Los Verdes, los vaivenes de la política han colocado a Juan Carlos Villalonga ante una curiosa situación: como presidente de la Agencia de Protección Ambiental (APRA), perteneciente al Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño, es el funcionario que debe cumplir con leyes y disposiciones que él mismo promovió desde sus antiguos roles para sanear el Riachuelo y también para encontrarle una solución definitiva al manejo de la basura en la ciudad.

Convencido de la voluntad del ciudadano a la hora de reciclar o de separar sus propios residuos, así como de la importancia que la opinión pública le otorga a la cuestión ambiental -lo que se refleja en una nutrida regulación-, Villalonga reconoce, sin embargo, falencias en el plano de la gestión pública a la hora de hacer cumplir las leyes. Algo que, asegura, la Ciudad está revirtiendo desde 2011.

"Yo creo que el gobierno de la ciudad ha entendido que la agenda verde es productiva en términos políticos", asegura, consciente de la existencia de razones para nada triviales detrás de este convencimiento: la falta de acuerdo con el gobierno provincial en materia de gestión metropolitana de residuos, así como la certeza de que la vida útil de los rellenos sanitarios va llegando a su fin.

-Tuviste un rol fundamental, hace casi diez años, en la sanción de la ley de basura cero. ¿Cómo se siente ser hoy parte del gobierno que la tiene que cumplir?

-Yo viví con angustia y dedicación la tarea de quebrar cierta inercia que existió desde el año 2005 hasta hace un par de años con basura cero.La ley no estaba siendo percibida con la urgencia necesaria. Pero creo que a partir de 2011 hay un drástico cambio en la ciudad de Buenos Aires, un poco por convencimiento y un poco también porque llegó algo que todos sabíamos que iba a llegar: el fin de la vida útil de los rellenos sanitarios. Me pasa algo parecido con el tema Riachuelo, pero allí uno ha estado históricamente del lado acusador, demandante, y ha sido parte de los que han impulsado finalmente el fallo de la Corte. En definitiva, la Corte condenó a la Ciudad, a la provincia y a la Nación a cumplir una pena, que es recomponer la cuenca, y ahora estoy sentado como condenado, estoy cumpliendo la pena: hoy estoy teniendo que sanear el Riachuelo, ser parte de esa solución.

-¿Qué función cumple la Agencia en el caso Riachuelo?

-Por un lado, estamos monitoreando todos los conductos pluviales de la cuenca, para detectar todas las conexiones clandestinas. Por otro lado, estamos en el consejo directivo de Acumar, que es el máximo cuerpo político que toma decisiones en cuanto a qué se hace. APRA también contribuye en el monitoreo del Riachuelo, y tiene a su cargo la recomposición de biodiversidad y de espacio verde de todo el borde costero. En la medida en que la Ciudad va pudiendo hacer el traslado de los asentamientos hacia nuevas viviendas, viene la recomposición. Lo que se está recomponiendo no es simplemente un paseo; se está logrando restituir todo lo que se pueda el hábitat natural. ¿Es suficiente? No, porque no lo podemos hacer solos, pero lo que tenemos que hacer es nuestra parte.

-¿Se puede gestionar y proyectar en términos ambientales dentro de los límites de una ciudad?

-No. Ahí viene lo fascinante del desafío que tiene Buenos Aires como área metropolitana. Tenemos que lograr ciertos consensos y cierta armonía. Ni el tema basura ni el tema Riachuelo se pueden resolver con una sola jurisdicción. Pensemos en todo lo que significa el manejo de cuencas y el desafío que plantea el régimen de lluvias que estamos teniendo. Eso exige una mirada regional. Hay que compatibilizar una mirada a largo plazo para poder pensar en soluciones acordes y en sintonía.

-Hasta ahora no venía siendo muy clara esa sintonía y las consecuencias emergieron dramáticamente con las lluvias de principios del año pasado?

-No? Yo creo que esto ha generado la percepción de que la sintonía debe estar, aunque lamentablemente no ocurre del todo.

-¿Cuáles son los principales problemas que requieren miradas que exceden lo puramente jurisdiccional?

-En términos de lo que estamos haciendo nosotros, te diría que el Riachuelo es el más desafiante. Después enfrentamos otro problema: los residuos especiales. La Ciudad está tratando de mejorar la gestión de esos residuos, pero eso no lo podés hacer como jurisdicción única; eso requiere una ley nacional. Comencé a trabajar por una ley de residuos electrónicos en 2008, pero lamentablemente todavía no la tenemos. Ya es la segunda vez que se cae un proyecto de ley. Necesitamos esa ley.

-¿Y qué puede hacer una jurisdicción cuando le falta un instrumento como una ley nacional, cuya sanción no depende de ella?

-Por un lado, podés elaborar instrumentos interinos para que los residuos electrónicos tengan la mejor gestión posible dentro de una jurisdicción. Y, por supuesto, la ciudad de Buenos Aires puede presionar a nivel nacional para que esa ley se obtenga. Porque, si no, lo que va ocurriendo es que, producto de no tener ésta u otras leyes nacionales, como la ley de envases, se van generando múltiples legislaciones locales o provinciales incompatibles entre sí y eso genera el peor de los escenarios.

-¿Qué relevancia creés que tiene lo ambiental para la ciudadanía? (

Para la opinión pública lo ambiental es prioridad. Eso no quiere decir que el argentino promedio puede dedicarle a lo ambiental una militancia o ser un consumidor hiperconsciente, porque estamos atravesados por mil problemas que nos llevan a que no podamos elegir siempre el producto más ecológico; a veces compramos el más barato.(2)

Publicado por Vida Silvestre (realizado por Poliarquía)

-¿Y a nivel político?

-La sociedad civil logró consensos importantes dentro de la política que se resumen en leyes votadas por el Congreso. Hemos logrado una cantidad de legislación muy buena: basura cero, la ley de bosques, glaciares, renovables, la sentencia como la de la Corte? Creo que lo que falla es la política pública, la ejecución, en lo que estamos muy atrasados y donde no hay un convencimiento en llevar a la práctica esas cosas. La ley de bosques sigue siendo una pieza extraordinaria desde el punto de vista legislativo, pero te encontrás con un gobierno nacional y muchas provincias perezosas a la hora de ponerla en práctica.

-Estuviste hace poco en San Francisco, una ciudad paradigmática en reducción de residuos. ¿Qué similitudes y diferencias encontraste?

-Lo que muestra San Francisco es la continuidad. Ellos tienen ya 25 años de trabajar en una misma dirección. Recuerdo que, cuando salió basura cero, en marzo de 2006, hicimos un seminario en la Legislatura y trajimos a alguien de San Francisco para que contara la experiencia. Me encontré a esa persona ahora en San Francisco y sigue siendo funcionario, es decir, hay continuidad, y eso permite la prueba, el error, la corrección, el ir ajustando la política, el ir encontrando el formato exacto que se adapte. Creo que a veces se piensa que, en los temas ambientales, que nunca son de corto plazo, la pelota está del lado del gobierno de turno, y la verdad es que pasan a ser una política de Estado cuando la pelota está del lado de todos. Más allá de quién gobierne en 2015, el desafío va a seguir siendo mayúsculo. No se le puede aflojar un milímetro al esfuerzo. Y eso la Ciudad lo ha entendido. De hecho, los niveles de reducción de residuos en 2013 se cumplieron perfectamente. Estamos en el nivel de 2006.

-¿Y en 2014 cómo venimos en materia de cumplimiento de niveles de reducción?

-La Ciudad va a comenzar a transitar por un período complicado a partir de este mes?

-Ahora...

-Sí, que es cuando dejamos de cumplir en la medición diaria lo que estaba previsto en los objetivos que se firmaron con Scioli. Hasta ahora se vino cumpliendo. Ahora, ¿cómo se piensa corregir eso? Con el esfuerzo que se está haciendo en poner equipamiento en los centros verdes se va a dar un gran salto en la capacidad de gestión y de procesamiento que tienen, que hasta ahora era bastante limitada. Se está poniendo mucha maquinaria para que los recuperadores puedan tener un mayor volumen de recuperación. Otra gran meta es mejorar la planta de MBT [N. de la R.: Planta de Tratamiento Mecánico Biológico] de José León Suárez, que tuvo muchos problemas.

-¿Cuáles son las razones por las que ahora se deja de cumplir?

-Porque la separación y la cantidad de volumen que se recupera en los centros verdes es un proceso lento. Naturalmente lento. Para 2015 ya va a estar en marcha una segunda planta, gracias a que se logró rezonificar un par de terrenos. Porque, además, producto de una relación no armónica con la provincia, la Ciudad ha tenido que procurar que todas estas plantas estén dentro de su territorio, y eso no es lo más racional. Lo racional sería aprovechar terrenos de la Ceamse, instalar grandes plantas de procesamiento de orgánicos, compostaje, todo eso en las afueras de la ciudad. Pero eso requiere una armonización de políticas que hoy no existe.

-Venían con un ritmo de reducción que ahora se corta de manera un tanto abrupta. Parecería que alguna de estas variables los hubiera tomado por sorpresa?

-Hay cosas que se esperaba que dieran cierto resultado y no lo dieron, y eso se mejora. No es que vos podés comprar un modelo, ni siquiera el de San Francisco, lo traés y lo replicás y vas a tener el mismo resultado. Porque San Francisco parte de una cultura totalmente distinta, en la que se recolecta la basura sólo algunos días a la semana. Nosotros no, venimos de otra cultura, y ahora vamos a recolectar los 7 días de la semana. Yo creo que el cuello de botella es que tenemos que tener una mayor productividad y eficiencia en la separación en los centros verdes, ésa es la gran apuesta.

-¿Y qué pasa con el ciudadano? ¿No se creyó, tal vez erróneamente, que iba a ser una pieza más eficaz en este proceso, en lo que implica, por ejemplo, la separación en origen?

-Yo soy de los que confían absolutamente en que la gente quiere separar. No sólo quiere, sino que sabe que tiene que hacerlo. Lo que pasa es que desde 2004 hasta ahora ha habido múltiples intentos en distintas oleadas de comunicación que han ido cambiando el color y el nombre de las campañas y por eso no se produjo un fenómeno acumulativo.

-Faltó esa continuidad de la que hablabas?

-Exacto. Ahora, la idea es perfeccionar, pero sin cambiarle la bocha al vecino cada seis meses o una vez por año. Yo recuerdo que, en un momento, había tres consignas al mismo tiempo. Bueno, son errores que hay que asumir como tales y no volver a repetir. Y creo que se ha comprendido que hay que tener una comunicación mucho más uniforme y clara hacia el vecino.

-Los ganadores de este nuevo esquema ya los conocemos. Pero? ¿hay perdedores? ¿Qué sectores deberán reconvertir sus actividades a partir de basura cero?

-Creo que el paradigma va hacia el abandono del enterramiento masivo de basura. Eso fácilmente se reconvierte en una cantidad de actividades de reciclado y fundamentalmente de procesamiento de los residuos orgánicos. Creo que no hay perdedores, al contrario. Es revitalizar la economía generando más empleo, más actividades económicas y menos extractivismo ¿Te convencí?

-¿No hay sectores que se resistan a pesar de las bondades de este modelo?

-El que está haciendo un buen negocio en alguna actividad tal cual está hoy en día por supuesto que va a preferir mantener el statu quo, pero si mirás el cuadro grande, no estás dejando sectores en la ruina.(1)

-Los grandes volúmenes de basura que se venían manejando hasta ahora significaban negocios para determinados sectores.

-A ver? ¿negocio para quiénes? ¿Para la Ceamse? A la Ceamse se le acabaron los espacios. Vamos a tener que seguir dependiendo de rellenos sanitarios en toda esta etapa de transición, pero nadie quiere rellenos cerca de su casa en Buenos Aires y alrededores.

-Greenpeace, Los Verdes y ahora APRA. ¿Debiste flexibilizar alguna convicción al convertirte en funcionario?

-¿Sabés que no? Cuando me hicieron la propuesta y empezamos a hablar, pensaba que en algún momento me iba a venir el "pero" o el "hasta aquí". Te juro que no? y esto para mí fue una sorpresa, una grata sorpresa. Me he encontrado dentro del gobierno con un respeto por mi trayectoria a niveles conmovedores y esto me pasa en todos los niveles en los que estoy interactuando. El gobierno de la ciudad ha entendido que la agenda verde es productiva en términos políticos en cuanto a que le da un valor agregado a la gestión, en términos simbólicos y en términos de apreciación de la gente, y además le abre un horizonte de temas y vinculaciones a nivel internacional.

-Cuando te incorporaste al gobierno decías que no era una alianza de Los Verdes con Pro. ¿Cómo es tu estatus dentro de Los Verdes en la actualidad?

-Sigo siendo parte de Los Verdes, tenemos nuestra actividad.

-Hoy ejercés una función cuyos frutos son capitalizados por otro partido político.

-Primero, no hay que ser necio. Segundo, no hay que ser egoísta. Creo que si uno fuese egoísta y se quedara esperando a que las cosas las haga quien uno esperaba que las hiciera, no está entendiendo el mundo en que vivimos. No tiene idea de la cornisa sobre la cual estamos transitando. Desde las ONG les he brindado oportunidades para sacar leyes a todos los partidos. Seguimos actuando como Los Verdes porque para mí es importante tener una referencia sólida de lo que queremos. Porque, si no, la gestión te lleva al día a día, que por ahí te distrae de lo importante, y ese faro tiene que estar.

-¿Y seguís pensando que el vínculo que hoy te une con el gobierno no califica como alianza?

-Hoy soy parte del gobierno porteño. Y no tengo problemas. Probablemente, llegado 2015, habrá que tomar alguna decisión más orgánica o ir para otro lado? no lo sé. Yo sé que éste es un gobierno que arrastra mala prensa y prejuicios, pero yo estoy seguro de que si uno hiciera borrón y cuenta nueva, diría que este tipo de políticas las está llevando adelante un gobierno "progre".

 

 

Mano a mano

¿Un ambientalista en la mira del Pro?

En no pocas ocasiones, a lo largo de la conversación, Juan Carlos Villalonga se repreguntó a sí mismo acerca de si tal medida era la correcta o si tal política era suficiente, como si también el ambientalista estuviera entrevistando al funcionario. Con casi tres décadas de activismo por la ecología y públicos enfrentamientos con el macrismo en un pasado no tan lejano, hoy no tiene complejos en ponderar positivamente la gestión de Pro que, según se rumorea, está tratando de sumarlo definitivamente a sus filas. Villalonga nació en Rosario hace 54 años. Es padre de Manolo y Juana, a quienes les dedica gran parte de sus fines de semana como una forma de compensar el ritmo intensivo de trabajo que tiene a lo largo de la semana. Se considera fanático del jazz. "Tengo un pasado rockero, pero el rock me abandonó", refiriéndose, casi sin querer, a la desaparición de Luis Alberto Spinetta. "No me hagas hablar de él porque me pongo a llorar... Su muerte es algo que todavía no termino de asumir", reconoce. De esta nueva etapa como funcionario destaca un detalle: "Yo siempre fui medio jefe y acá soy tropa. Es un aprendizaje interesante".

 

Un futuro posible, según Villalonga

El programa basura cero, ¿marca el inicio del fin de los rellenos sanitarios en el país?

Salvo poquísimos ejemplos, en el resto del país, en su gran mayoría, tenemos basurales a cielo abierto. Pasar de un basural a cielo abierto a un relleno sanitario me parece un paso consciente, pero el paradigma es la recuperación de materiales y el relleno es el complemento que va tendiendo a cero. Esto es la base de una economía distinta de materiales. Y si estamos pretendiendo aproximarlo a lo que debiera ser la economía verde, una economía de materiales más racional, que rompa con el paradigma del "úselo y tírelo", esta economía lineal del "extraigo de la naturaleza, proceso, genero un producto, lo tiro y sigo sacando de la naturaleza" comienza a estar en crisis. El circuito tiene que ser circular, tenemos que procurar que los materiales vuelvan al circuito productivo. Esto, que puede parecer un problema de gestión de residuos, es un problema de gestión de recursos y es un pilar fundamental de una nueva economía. Por supuesto que siempre vas a tener que estar buscando materias primas, porque el modelo no es perfecto, pero bajás el nivel de extracción. El planeta no aguanta. Ya estamos superando la capacidad de recomposición del planeta..

 

(1) Sobre esto recomiendo leer “Intereses, ideología y clima”, por Paul Krugman. Cuando hablé para esta nota hice referencia a lo que sucedía con el cambio climático, donde a pesar de que grandes sectores e intereses pueden verse afectados en el corto plazo por las políticas de mitigación, el cuadro general es beneficioso para todos.

(2) El cuadro que aparece pertenece al trabajo “La situación Ambiental de la Argentina), Marzo 2014, publicado por Fundación Vida Silvestre y elaborado por Poliarquía Consultores. Se puede ver el trabajo completo aquí.

sábado, 18 de enero de 2014

Hoy las acciones locales son claves

por Juan Carlos Villalonga, presidente Agencia de Protección Ambiental,

especial para diario Z, publicada el 16/1/14

La Ciudad de Buenos Aires, y buena parte del país, acaba de atravesar la ola de calor más extensa de su historia, al menos desde que se tiene registro, desde 1906. La frecuencia de olas de calor a las que se están viendo sometida la Ciudad de Buenos Aires se duplicó durante los últimos 30 años. Antes, se desarrollaban en promedio 9 olas de calor por década, pero entre los años 1980 y 2010 pasaron a ser 18, según un estudio científico que fue realizado a pedido del Gobierno porteño llevado a cabo por Inés Camilloni, investigadora del Conicet y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

El estudio citado pronostica que la frecuencia crecerá aún más y pondrá más en riesgo a la población. Hoy se estima que las olas de calor son la causa del 10% de las muertes que se producen en verano en la ciudad. Dicho estudios consistió en el análisis del clima durante las últimas cinco décadas, como las temperaturas, las lluvias, las tormentas y las olas de calor, como la que se sufrió Buenos Aires a partir del 13 de diciembre, tanto en la Ciudad como otras regiones del país.

clip_image002El mapa refleja la máxima persistencia de la ola de calor para todo el país entre el 01-12-2013 y 01-01-2014. En las localidades marcadas, las cuales quebraron el récord de máxima persistencia de los últimos 52 "semestres cálidos" al no contarse con registros previos (Octubre a Marzo).

¿Es este un síntoma del cambio climático o calentamiento global? Como siempre conviene remarcar, es imposible asociar un evento meteorológico particular con el cambio climático, si uno puede asociar una tendencia de ciertos eventos con lo que pronostican los modelos climáticos influenciados por el calentamiento global. Allí la correlación entre los eventos registrados y la teoría son preocupantes y deben servir de advertencia para todos aquellos que aún no han dimensionado la magnitud de los impactos que tendrá el aumento de la temperatura global.

Hoy el mundo no cuenta con instrumentos globales legalmente vinculantes que comprometan a la comunidad internacional a realizar reducciones de las emisiones de gases de efecto invernadero, los causantes del calentamiento global. Básicamente, la quema de combustibles fósiles: gas, carbón y petróleo. Debemos esperar, en un esfuerzo de optimismo, que en el año 2015 se alcance un nuevo cuerdo que recién entrará en vigor en el 2020.

Pero los tiempos corren y las emisiones no paran de crecer. Todo indica que nos encaminamos a una catástrofe climática. Por eso las acciones locales pasaron a ser, en el corto plazo, de extrema importancia. Tanto en los esfuerzos de mitigación, es decir reducción de emisiones, como en los ya necesarios e ineludibles esfuerzos de adaptación dado los impactos que comienzan a sentirse y serán cada vez más pronunciados en los años venideros.

La ciudad de Buenos Aires forma parte del C40, un conglomerado de las principales ciudades del planeta que tomaron el desafío y comenzaron a coordinar actividades y realizar un esfuerzo colectivo para que las ciudades asuman un rol de liderazgo en esta materia frente la preocupante ausencia de los Estados en esta crucial década.

Debemos destacar que antes del año 2020 el mundo debe estabilizar sus emisiones globales, es decir llegar a su punto máximo para comenzar un decrecimiento pronunciado durante el resto del siglo. Un esfuerzo que cada año de atraso significa más dificultades para mantener la temperatura dentro de ciertos límites de “tolerancia”, procurando minimizar unos costos económicos gigantescos, pérdidas de ecosistemas y un drama humanitario de proporciones inéditas.