lunes, 17 de enero de 2011

Uno de mis deseos para el 2011

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Quería esperar a la confirmación del registro de temperaturas globales del año 2010 para enviar mis saludos de fin de año. Como en mis saludos en los años previos, me voy a referir, en este inicio de 2011, nuevamente al cambio climático.

Tal como se venía perfilando, el año 2010 batió otro record en temperaturas globales registradas desde 1850. Si bien los valores definitivos estarán para marzo, todo indica que el dato publicado la semana pasada por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) será corroborado. En cualquier caso, la curva de incremento de las temperaturas globales continúa su ascenso inexorable. Ascenso que grafica, en relación directa, la inacción generalizada para frenar el calentamiento global.

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Se puede leer el comunicado de la OMM completo aquí.

Para poner un poco en perspectiva estos datos: la temperatura de estos años son las más elevadas de los últimos 1.000 años, en base a los datos obtenidos de observaciones indirectas. Se sabe que existe una correlación entre el contenido de CO2 presente en la atmósfera y el aumento de la temperatura global. Acorde a los datos extraídos de las burbujas de aire atrapadas en los hielos glaciares, se puede ver que la concentración actual de CO2 en la atmósfera es la mayor, por lejos, que las que hubo en los últimos 650.000 años. Cabe esperarse, entonces, una suba de la temperatura global sin precedentes, al menos, en relación a esos 650.000 años. Nuestra especie, el homo sapiens, transita la Tierra desde hace unos 250.000 años.

Las estimaciones más conservadoras indican que estaremos elevando en unos 3 - 4 grados la temperatura hacia finales de este siglo, siempre en referencia a la temperatura promedio previa a la revolución industrial. Una tendencia de emisiones crecientes nos llevará más lejos aún. En unas décadas, por ejemplo, desaparecen los glaciares de Cuyo. Lo menciono ya que esos glaciares fueron el foco del debate más fuerte en materia ambiental en Argentina en el año que pasó. image

Los pronósticos no son para nada alentadores con esas temperaturas, el mundo va camino a ser algo bastante diferente a lo que la humanidad conoció hasta ahora. 

Todo esto, a esta altura del partido, no es nada novedoso. La discusión sobre las precisiones y particularidades del cambio climático no opacan en absoluto el preocupante escenario general. No hay ninguna razón, digna de consideración, que no nos indique que el tiempo de actuar es ahora y que lo estamos desperdiciando. Sin embargo, no estamos yendo a ningún lado y la discusión, en algunos casos, ha tomado el desafortunado rumbo de los tomates.

Luego de la reunión de Copenhague (2009) y Cancún (2010) es evidente que el impulso que había tomado la Convención de la ONU sobre Cambio Climático desapareció o, al menos, está más débil que nunca.

¿Qué hará que la próxima reunión en Sudáfrica, a finales de este año, sea diferente? Nada de lo que se viene haciendo este tiempo. Es evidente que hay que hacer algo distinto.

Vengo escuchando y leyendo opiniones, conversando con colegas y amigos acerca de qué significa el actual estancamiento en las negociaciones climáticas y el debilitamiento de los acuerdos globales. Creo que hay desorientación, en mayor o menor medida, en todos lados.

Ha habido una notable pérdida de liderazgo por parte de la Convención, las negociaciones de Naciones Unidas, el Protocolo de Kioto, los negociadores gubernamentales, el IPCC, etc. etc. Algo de todo eso es lo que se salvó raspando en Cancún, pero, como algunos dicen, “Se salvó. Pero ¿para qué?”.

Ahora bien, ese liderazgo, muy tenue, que alguna vez tuvo el proceso de negociaciones multilaterales y que ahora prácticamente no existe, necesita de renovadas energías para ser nuevamente encaminado. Tal cosa no ocurrirá por más reuniones del SBSTA, SBI, AWG-KP, AWG-LCA y las decenas de siglas que se ponen en marcha previamente a las Conferencias de las Partes (COP). Ese trabajo, aunque imprescindible, no alcanza ni por asomo para abonar un resultado digno en Sudáfrica. No alcanza con reunir técnicos y negociadores, en su mayoría, de tercera y cuarta categoría administrativa.

Lo más grave, a mi juicio, es que el profundo deterioro del proceso indica que no se trata simplemente de la perversidad de los poderosos de siempre y de algunos intereses sectoriales --esa era la ecuación tradicional de los 90 con el Protocolo de Kioto--, ahora estamos fracasando colectivamente, como comunidad internacional. Hay anemia en el Anexo I (industrializados), en los No Anexo I (en desarrollo) y la sociedad civil no logra revertirlo. 

imageTampoco se sale de este cuadro sobreactuando discursos explosivos. Tenemos que hacer de la Justicia Climática una idea seductora y convincente para la gente. También tiene que serlo para nuestros gobiernos y la deben traducir en política nacional e internacional. De otro modo, no es promover un cambio, es la misma demagogia de siempre. 

Se necesita liderazgo político y social. Se necesita que algunos jugadores decidan que no pueden seguir haciendo el papel burocrático que han tenido hasta ahora. Que no se puede estar en ciertos lugares, ocupar ciertos cargos, si no se va a asumir la responsabilidad del momento.

Se necesita un Secretario General de la ONU que decida que su obligación es agarrar el maletín, salir a patear la calle y reunirse con los Jefes de Estado en cada región del mundo. Conocer cuáles son las condiciones que pueden permitir que esos estados estén dentro de un nuevo Acuerdo. Mostrarles a los Jefes de Estado por qué es un imperativo moral el comenzar a actuar hoy a escala nacional, regional y global. Tendrá que encontrar el modo para que los pueblos de cada región conozcan qué piensa el señor Ban Ki Moon. Tendrá que jugarse el puesto. image

“La naturaleza no esperará mientras nosotros negociamos. La ciencia nos advierte que pronto se agotarán las oportunidades de controlar el cambio climático. No podemos seguir permaneciendo a la expectativa de  lo que hagan los demás. El mundo, especialmente las personas vulnerables y las que viven en la pobreza, no puede permitirse el lujo de esperar hasta que se logre un acuerdo perfecto”. Palabras pronunciadas por el Secretario General Ban Ki-moon durante las conversaciones de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (Cancún, 7 de diciembre de 2010).

Se necesitan, con urgencia, líderes que comiencen a hablarle claramente a la gente, que tengan genuino interés en involucrar a la dirigencia política y social de nuestros países, que quieran comprometer a cada uno de los gobiernos, aún a aquellos que, como sucede con Argentina, consideran que nada tienen que ver con el cambio climático. ¿Quién mejor que el Secretario General de la ONU para esa convocatoria?

Lo mismo corre, pimageor ejemplo, para Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención. ¿Cuánto durará en ese cargo?, sospecho que estará allí por uno o dos años. En cualquier caso, no tiene mucho tiempo ¿para qué ser conservador? Se necesita que inicie una gestión de contactos y reuniones al más alto nivel con los gobiernos ¿Qué va a esperar? ¿A lamentarse en Sudáfrica? Sería loable y dignificante verla por Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, a hablar con la prensa, a reunirse con dirigentes políticos y con los Jefes de Estado para acordar los pasos a dar y los acuerdos posibles. Digo esto y hay quienes me dicen que “no la recibirían”, o que “no la pusieron en ese puesto para que lo haga”. Es probablemente cierto. Por eso hace falta que lo hagan. Hacen falta funcionarios que quieran jugar de otro modo. 

Hay mucho más. Hasta cuándo organismos como la CEPAL y tantos otros, internacionales y regionales, van a seguir jugando a pasar desapercibidos, a que nadie les interrumpa la siesta. Cuándo los cuadros técnicos de la CEPAL van a comenzar a desplegar una activa promoción de políticas energéticas y climáticas en nuestros países, asesorando a funcionarios, legisladores, técnicos, promoviendo un cambio real, no pensando en “publicar las experiencias” dentro de dos años, en un seminario.

La inacción ocurre mientras que muchas de las políticas climáticas que se deberían comeimagenzar a aplicar en nuestros países son factibles de realizarse simplemente redireccionado inversiones. El problema no es solamente la perversidad de los intereses económicos que bloquean las negociaciones en la ONU. Tampoco tenemos nosotros una política climática y no la tenemos por decisión soberana.

Un buen ejemplo de “liderazgo” en las negociaciones fue el caso del Embajador Estrada Oyuela, de Argentina.  Su gestión, su negociación, su vocación no burocrática hizo posible el Protocolo de Kioto (1997), y lo logró con la firma de Estados Unidos incluido! Repasar ese proceso y acción muestra lo que representa un negociador que asume realmente la misión para la que fue elegido (recomiendo leer aquí).

Sólo si comienzan a despabilarse unos cuantos y a aparecer nuevos actores, no un mero cambio de nombres, se podrá poner en marcha una nueva conversación que haga posible que algo digno suceda en el 2011, en Sudáfrica, en la comunidad internacional y en nuestros países.

Cali

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