domingo, 26 de septiembre de 2010

Estoy verde (2)

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A raíz del nuevo libro de Martín Caparrós la revista “Veintitrés” publicó la nota “verde que no te quiero verde” que ya puse aquí. En esa nota hago referencia a un artículo en el que Caparrós desarrolló por primera vez su particular visión del ecologismo, “Ecololós”. Quiero publicar esa nota porque es un texto, para mí, “histórico”. Lo fue en su momento, por eso guardé ese recorte por años, y lo es, ya que ahora vuelve potenciado en “Contra el cambio” (Anagrama, 2010).

Argumentaciones como las expresadas por Caparrós se escuchan con bastante frecuencia. Pero se vuelven de particular importancia cuando las dice alguien como él, con una estatura intelectual tal, que hace que merezcan una revisión prolija. Uno suele encontrar esa lectura “pavota” o “descalificante” del movimiento verde, por ejemplo, en boca de periodistas como Rolando Hanglin o como en el caso de Eduardo Ferreyra, un ex milico vuelto observador permanente (por decirlo elegantemente) de las organizaciones verdes.

Uno de los comentarios de la entrada anterior decía: “ojalá que el debate pueda darse porque no le haría mal al ecologismo poder polemizar sobre cuestiones más de fondo y menos coyunturales”. Estaría bien, sin duda, pero…

…hay algo que lamentablemente (o afortunadamente) caracteriza al movimiento verde y es que no es un movimiento intelectual. Digo esto con el mayor respeto y reconocimiento a los muchos intelectuales, escritores y teóricos que le dieron marco a las múltiples expresiones del movimiento verde. Si bien yo soy devoto de algunos “popes” del ecologismo intelectual, debo decirlo con franqueza, no es en ese terreno donde se despliega el brillo del combate verde. No es allí donde podemos salir a mostrar el libro más gordo ni que tenemos la teoría más larga.

El ecologismo es profundamente “pragmático” y “activista”. Por eso, lamentablemente o saludablemente, se lo ve siempre envuelto en peleas “coyunturales”. Para hacer referencia a esto me interesa citar a un trabajo de Manuel Castells donde dice: “Si hemos de evaluar los movimientos sociales por su productividad histórica, por su repercusión en los valores culturales y las instituciones de la sociedad, el movimiento ecologista del último cuarto de este siglo se ha ganado un lugar destacado en el escenario de la aventura humana”. Lo mismo que le desagrada a Caparrós con la “popularización” de lo verde, es lo que fascina a Castells por el grado de “productividad histórica”, por su poder de impacto en tan corto plazo.

La cita pertenece a capítulo 3 de la "Introducción: Nuestro Mundo, nuestras vidas", del Volumen II, "El Poder de la Identidad", de la obra "La Era de la Información. Economía, Sociedad y Cultura" de Manuel Castells de 1997. Agrega en otro párrafo: El ecologismo no es sólo un movimiento de concienciación. Desde sus comienzos, se ha centrado en hacer que las cosas cambien en la legislación y el gobierno. En efecto, el núcleo de las organizaciones ecologistas (como el denominado Grupo de los Diez de los Estados Unidos) dirige sus esfuerzos a presionar para obtener legislación y a apoyar o oponerse a candidatos políticos atendiendo a su postura sobre ciertos temas. Hasta las organizaciones orientadas a acciones no tradicionales, como Greenpeace, han dedicado cada vez más su atención a presionar a los gobiernos e instituciones internacionales para obtener leyes, decisiones y la aplicación de decisiones sobre temas específicos. De forma similar, a nivel local y regional, los ecologistas han hecho campaña en favor de nuevas formas de planificación urbana y regional, medidas de salud pública y el control del desarrollo excesivo. Es este pragmatismo, esta actitud orientada a un tema concreto, la que ha otorgado al ecologismo la delantera sobre la política tradicional: la gente siente que puede hacer que las cosas sean diferentes aquí y ahora, sin mediación o demora. No existe distinción entre los medios y los fines”.

Volveré sobre estas cuestiones, pero antes de colocar la nota “histórica” de Martín Caparrós, quería destacar que si bien existe un ecologismo “teórico”, que explica su razón de ser a través de la crítica radical al “desarrollismo”, tanto capitalista como estatista; que como ninguna otra expresión política muestra la necesidad de construir equidad en el presente y equidad inter-generacional, que como ninguna otra expresión ideológica es radicalmente global e internacionalista, por ende, pacífica y no violenta, que como ninguna otra expresión ideológica ha puesto el ojo crítico en las ortodoxia tecnocrática; que ha reivindicado lo local frente al orden imageimperial (sea cual fuere la bandera, marca o logo uniformador), y que si bien hoy son diversas las iglesias que militan en algunas de estas cuestiones, debemos ver en dónde tomaron cuerpo esas ideas, y es esa “productividad” histórica del movimiento verde, la que señala Castells.

Bueno, va la nota escrita por Caparrós en 1992, unos meses después de la reunión de la Cumbre de Río de Janeiro (ECO´92).

Cali

 

Ecololos (Martín Caparrós)

El oso bailoteaba agitando sus cascabeles como aquella duquesa sus joyas en ese recital de los Beatles. Albert may, 1964. Pero el oso estaba en una calle de Atenas o, mejor, en la televisión. La televisión mostraba al oso junto con sus dueños y explicaba, porque la televisión siempre explica.

-Y sus dueños, una familia de gitanos croatas, no han encontrado mejor forma de sobrevivir en su nuevo exilio que maltratando al nuevo animalito…- explicaba con acento español la tele; que los dueños del oso habían tenido que huir de su país devastado por la guerra; que estaban vagando por Grecia sin más recurso que las limosnas de la gente; y que pobre oso. Pobre oso, por suerte somos gente educada, sensible: ecológica.

El fantasma empezó recorriendo, como corresponde, Europa, pero ahora es tan internacional como cualquier sesenta. Y ha ido cambiando, poco a poco, con el tiempo.

Ahora la ecología es algo así como la solidaridad de los individualistas, la excusa de una época de escépticos. Y tiene sobre las demás opciones una gran ventaja: ofrece mejoras personales evidentes. Hubo momentos en que alguna ideología- cristianismos, socialismos- había convencido a mucha gente de que no podía ser feliz si su prójimo no lo era, no podía sentirse satisfecho si su vecino tenía hambre. Ahora, que tales antigüedades han quedado en el desván de la historia, la ecología triunfa como una actriz de Hollywood: es fácil darse cuenta de que la degradación del medio ambiente no deja- en principio- a nadie a salvo, que si el agujero de ozono se agujerea el sol saldrá para todos, y que preocuparse por la conversación de las rain forest sudamericanas no es puro altruismo, ni requiere el esfuerzo de imaginar la desgracia de un chico morochito: su destrucción amenaza muy directamente el régimen de aguas del planeta, el calor y la lluvia sobre el propio sombrero.image

Lo cual es muy sensato. Pero tan pequeño…que es necesario arruinar mejor el planeta ni se discute. El mundo es para el hombre y no hay que ordeñarlo al punto de que ya no de leche. Pero es esto: puro sentido común, banalidad. Hacerse ecololó- hacer de eso la preocupación principal- es otra historia.

El hombre es el peor desastre para el medio ambiente. Desde que se civilizó produjo las peores catástrofes ecológicas. De todo tipo. Francia era hace mil años un gran bosque, y los franceses se morían de hambrunas y de gripe. Los ecololós hubieran alertado contra la destrucción de ese patrimonio forestal que dejaría sin madera a las generaciones venideras. Sin madera, indispensable para estructuras y combustibles. Y, sin embargo, desde entonces, el hombre ha inventado otros materiales estructurales, otros combustibles. La ecología, entre otras cosas, supone que las mismas técnicas requerirán siempre los mismos recursos naturales, y se aterra porque proyecta las carencias futuras sobre las necesidades actuales.

Es una de sus grandes ventajas: la ecología es la forma más prestigiosa del conservadurismo. Es, en sentido estricto, un esfuerzo por conservar – los bosques, los ríos y las montañas- y eso tras tantos años de suponer que lo bueno era el cambio, debe ser muy tranquilizador. Fantástico, haber encontrado una forma de participación que no suponga riesgos, beneficie directamente a uno mismo y proponga la conservación de lo conocido. Fantástico: y sirve, incluso, como materia para enseñarles a los chicos en la escuela.

Está claro: la peor amenaza para cualquier ecosistema sigue siendo el hombre, lo cual no nos autoriza a suprimirlo inmediatamente. Y además, no cualquier hombre. Según un informe reciente del Banco Mundial, para el año 2000 se supone que habrá 9000 millones de personas: el 80% de ellos, en los países pobres. Y esto es muy malo para el medio ambiente, porque esa gente quiere comer en lo inmediato y carece de la visión de futuro necesaria para pensar en que, si arrasan una selva para plantar comida, algún ecosistema se desequilibrará de aquí a veinte años. por eso los ecololós americanos hacen helados con frutos del Amazonas: así contribuyen a que los nativos no desarbolen sus selvas, y contribuyen a sus propias conciencias sintiéndose los benefactores del planeta tierra. y su calidad de vida aumenta sin tapujos.

Hubo otros tiempos: recuerdo que hace quince años, en Francia, en los indicios del auge ecologista, algunos estábamos contra las centrales nucleares no porque ensuciaran el arroyuelo circundante, sino porque significaban la más formidable concentración de energía- de poder- que nunca se había visto. Era hace años, un poco antes de que Greenpeace empezara a surcar los mares y las pantallas con su barco con camarotes de primera para el capitán y los jefes, y de segunda para la tropa.

Hay- supongo que hay, y además esto siempre hay que decirlo- algunos ecologistas realmente rebeldes. Pero cada vez más se ven, so pretexto de ecología, todo tipo de Alsogarayes preocupados por el oso, el chancho y los demás animalitos.

- Ay, estos negros ensucian todo, son tan poco ecológicos…

- Sí, son tan nocivos para el futuro de la humanidad.

Su modelo deben ser los baños alemanes. A mí me encantan los baños alemanes. Son tan cuidados, tan limpitos. Los baños de los turcos son mucho peores: hasta el jabón es peor. Y, además, no usan ese papel higiénico adorable, tan terso, tan suave, tan tentador, que dice cada dos hojitas que es papel reciclado: que no amenaza la supervivencia de las selvas del Tercer Mundo. Alemania vende armas a todas las guerras que se arman en el mundo, para mayor lisura de las autopistas con Porsche, y usa papel higiénico que no ofende a la naturaleza.

Los ecololos son así, han encontrado su lugar en el mundo, su prisma perfecto. Yo cada vez los soporto menos. Son tan bien educados, tan bien intencionados, tan dueños de la buena palabra. Son- casi- como los mimos. Son buenos, comprensivos. Incapaces, se supone, de matar a una mosca. Es más: si te llegaran a ver matando a una, serían capaces de romperte la cabeza.

(Página/12, 28 de octubre de 1992)

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Acabo de escuchar a Litto Nebbia cantando esta canción de Los Iracundos, así que comparto la música de esta entrada, je.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Estoy verde

Esta nota se hizo unos días atrás mientras estaba en San Juan con Mauro y Alberto, apenas unos minutos antes de salir del hotel para la audiencia que, inesperadamente, nos había dado el gobernador José Luis Gioja para discutir sobre la Ley de Glaciares. A pesar del apuro en esos minutos, bien valía hacer un alto con glaciares para hacer algunos comentarios sobre las opiniones de Caparrós en su último libro.

Quienes me conocen saben de mi valoración sobre los libros y artículos de Martín Caparrós, de hecho en el blog hay parva de textos de él. Aunque mi admiración no me imposibilita disentir enormemente en cantidad de temas. Este es uno de ellos, que sigo desde aquella primera nota titulada “ecololos” de hace una pila de años.

Cali

 

Veintitresimage

Caparrós acusa a los ecologistas de conservadores y Greenpea ce le contesta

Verde no te quiero verde

Defensa. Para el representante de Greenpeace, el debate que plantea Caparrós es anacrónico.

16-09-2010 /  En su última obra, Contra el cambio, el escritor afirma que los ambientalistas se oponen a las transformaciones. Le responde el conservacionista Villalonga.

Por Diego Rojas

La ecología no sólo se conforma mediante voluntades que se unen para salvaguardar la naturaleza sino que, dicen, también se trataría de un discurso conservador, fruto de una ideología que carece de proyecto de futuro, además de un motor de negocios formidable. No lo dice mister Burns, el dueño de la contaminante planta nuclear que baña con sus residuos la laguna de Springfield, hogar de los Simpson. Tampoco lo dice algún empresario de la curtiembre que no duda en arrojar los desechos químicos al Riachuelo. Y ni siquiera el responsable de la Barrick Gold Corporation en defensa del uso de ácido sulfúrico en las minas a cielo abierto. No. Lo dice Martín Caparrós: escritor y periodista, una persona dada a pensar lateralmente las cosas de la vida y autor de Contra el cambio (Anagrama), que se plantea algunas dudas respecto del cambio climático, la ecología y los ecologistas. Los “ecololós”, como los llama el escritor. Bah, esos conservadores.

Caparrós afirma que quizá la amenaza del cambio climático no es nueva, sino que la alarma generalizada se debe a que hoy contamos con las herramientas necesarias para mensurar ese cambio. Como ejemplo, escribe que, en 1975, la revista Newsweek alertaba contra un inminente enfriamiento global y la opinión científica señalaba la posibilidad de una nueva era de hielo. El escritor especula que el abroquelamiento actual en torno a la ecología no sólo es una fuente inconmesurable de nuevos negocios capitalistas, sino que es la expresión de un conservadurismo que impera debido a la falta de un proyecto político que mire hacia el futuro: el ecologismo sería una ideología que valora no sólo que las condiciones naturales se mantengan como están, sino que tampoco cambien las condiciones sociales ni la estructura de clases de nuestra época. A lo largo de crónicas realizadas en distintos lugares del planeta, Caparrós fundamenta su desconfianza hacia la ideología verde.

“El ecologismo calma las buenas conciencias en general, no solamente las de la progresía –describe Caparrós–. En los países centrales es una de esas ideas comunes en la que casi todo el mundo está de acuerdo. De allí que concluyan que lo mejor que le puede pasar al mundo es estar como está y que cualquier cambio que se produzca es negativo.”

–Su libro señala que el cambio climático se ha transformado en una amenaza apocalíptica general. ¿Sostiene que no es un riesgo para el planeta?image

–No sostengo eso ni lo contrario. Hay científicos que dicen que lo es y otros que no. Sin embargo, a pesar de que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que es la autoridad científica sobre la cuestión, señale ese carácter, creo que aun así sería infinitamente menos urgente que otros problemas a los que se les presta menos atención, como el hambre y la distribución de los ingresos. Esta idea de miedo al cambio refleja la falta de proyectos de futuro. Me parece que se puede pensar el ecologismo en relación a la revolución francesa. Después del racionalismo y la ilustración, y como reacción a ellas, hubo un auge del romanticismo, que exaltaba la naturaleza y la vida salvaje en oposición al desarrollo industrial y al progreso. El ecologismo funciona del mismo modo en relación a los proyectos políticos revolucionarios del siglo XX, a la apuesta por el socialismo.

Juan Carlos Villalonga, representante de la sección local de Greenpeace, no podría estar más en desacuerdo con Caparrós: “Si la preservación del ambiente va primero y después el desarrollo económico o al revés, es un debate anacrónico. Nadie en el ambientalismo propone un ‘no desarrollo’. Lo que se discute son modelos, premisas de ese desarrollo: por ejemplo, que sólo los índices económicos den cuenta de él. La felicidad de la población no se puede medir solamente mediante el producto bruto interno. Por supuesto que si voy a un barrio marginal sus habitantes estarán atravesados por infinitos problemas más allá del cambio climático. Pero si el cambio climático persiste, las condiciones para acabar con esa marginalidad probablemente sean más complicadas. No sólo se debe discutir la distribución de los bienes y del capital, sino que vivimos una época en la que se erosionan los recursos. Hoy hay que actuar en todos los frentes para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin poner en riesgo la posibilidad de que las generaciones futuras se queden sin recursos. Es una discusión que está saldada, lo que no quiere decir que sepamos cómo se logra. Pero desde el punto de vista teórico, hay que ser muy obtuso para negarlo.

Caparrós señala concordancias entre el conservacionismo y el conservadurismo: “Un paper que se filtró aconsejaba a políticos norteamericanos que no usaran el término ‘ambientalistas’ sino que usaran ‘conservacionistas’, que tiene implicancias que no apelan al cambio –explica y, luego, ejemplifica–. La España del siglo XII era un bosque. Se decía que un mono podía ir desde Gibraltar hasta los Pirineos sin tocar el suelo, tan poblada de árboles estaba la región. Pero la madera era un elemento indispensable de tal modo que, nueve siglos después, España se convirtió en una llanura yerma, pero capaz de sostener a diez veces más personas que en el siglo XII que, además, vivían el doble de años que aquellos. Los ecologistas habrían alertado contra la deforestación porque suponen un mundo estático donde se requerirán siempre los mismos recursos naturales.”

–Sin embargo, plantean desarrollos alternativos para la energía.

–Dicen que debería ser eólica o solar. Sin embargo, Al Gore, uno de sus representantes (que cuando empezó sus conferencias ecologistas declaraba tener dos millones de dólares de patrimonio y ahora tiene 100), dice que ese tipo de energías no están preparadas para funcionar todavía y que entonces hay que pensar en la energía nuclear. Se produce la paradoja de que los ecologistas terminan promoviendo una forma de energía de las más riesgosas y que, además, supone una concentración de poder enorme.image

Villalonga se indigna: “El movimiento ambiental no propone tal cosa. Caparrós cae en tres errores. Primero, el rechazo a la energía nuclear es una definición que no está en duda, no sólo por los riesgos que supone, sino por los valores ambientalistas. Segundo, cree que Al Gore representa al ambientalismo, cosa que no es así, aunque Al Gore no necesita a Greenpeace para que aclare sus posiciones. Tercero, más allá de esa aclaración, Al Gore no dice eso. Cuando analiza las alternativas de energía, deja un interrogante y un rechazo al pensar la energía nuclear. Caparrós tendría que leer el libro de Gore sobre el asunto, pero se basa en prejuicios. Conoce bastante poco sobre el movimiento ambientalista. No pronunciarse sobre el cambio climático implica que se comió el verso de quienes quieren hacer pasar algunas ideas negacionistas que no tienen fundamento científico. Es probable que haya diferencias respecto de los tiempos o algunas otras variables, pero no hay bases sólidas para avalar ese negacionismo. Es más, muchos de quienes lo sostienen responden a intereses petroleros. Caparrós escribió en los ochenta un artículo en Página 12 llamado ‘Ecololós’ y no ha salido de esa posición”.

- ¿Pero tienen los ecologistas un proyecto político sobre el futuro?

–No hay un programa político detrás de los nuevos movimientos sociales, en los que el ambientalismo tiene preponderancia. Sin embargo, se puede afirmar que valores esenciales, como la democracia y los derechos humanos (que las ideologías tradicionales defendieron o no según su conveniencia), son parte de sus valores permanentes. Tanto la economía de mercado ortodoxa como los socialismos hicieron desastres en esas áreas. Aunque no tengamos un programa político, sí tenemos un enfoque pragmático, superador: no estamos esperando acceder al poder para acceder a tal reivindicación.

Caparrós, como en las casi trescientas páginas de su libro, no se queda sin argumentar: “Dicen que Al Gore no es ambientalista, pero lo es: así es percibido por la mayoría de la población. De todos modos, James Lovelock, el creador de la teoría Gaia y uno de los más reconocidos ambientalistas, publicó numerosos artículos en los que señala que la única opción es la energía nuclear. No digo que todos los ecologistas sean iguales, pero los hegemónicos, los líderes de la tendencia, actúan de manera paralela a los intereses del establishment y de los grandes intereses económicos que el ecologismo puso en circulación. Hasta la banca Morgan hace negocios en África con hornitos ecológicos que le permiten no sólo recaudar entre 150 y 350 millones de dólares, sino que además quedan bien y pueden decir que ayudan a la gente pobre. Pero en algo coincidimos: los grandes movimientos del siglo XX que se propusieron crear sociedades que fueran justas crearon monstruos, aunque la conclusión que yo saco es que hay que buscar nuevas formas de crear esas sociedades justas. Sin duda que los ecologistas son pragmáticos y han decidido renunciar, mediante ese pragmatismo, a producir cambios importantes en nuestras sociedades. Yo lo llamaría resignación”.

Las cartas están echadas y el debate puesto en circulación. Siempre es positivo que la sociedad discuta los alcances políticos de los movimientos que dicen defenderla. Habrá que ver hasta qué punto esta discusión contamina o nos salva de la polución.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La cigarra en una… (5)

21-70Cafe

Cigarra!”. Inmediatamente la llamada a Milton Nascimento. Ese sería el nombre del disco y necesitaba una canción. Así nació la Cigarra. Sigo ahora con el repaso cronológico de la edición de “O Canto da Cigarra nos Anos 70”. El nuevo disco se edita en 1978 y ya el nivel de popularidad de Simone era algo inusual. Poco a poco se convierte en artista predilecta para varios autores emblemáticos de Brasil y Simone comienza a ser un personaje mimado por la TV para la realización de shows dedicados a su carrera y homenajes de lo más variados. Increíblemente, estos homenajes se repiten casi sistemáticamente año tras año, hasta hoy. Desde entonces, Simone es adoptada masivamente por el público.

Esto es “Cigarra” en vivo, con Milton Nascimento, en 1980.

Simone e Milton Nascimento em especial da Rede Globo, gravado ao vivo no Teatro Globo, no Rio de Janeiro, e levado ao ar no dia 2 de março de 1980. O programa, chamado "Simone Bittencourt de Oliveira", foi o primeiro programa da série "Grandes Nomes"

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En esos últimos años de los ‘70 Simone se convierte en una artista popular con algunos rasgos que me resultan poco frecuentes. Si bien esa popularidad se basaba en cantar de manera impecable algunos temas que rápidamente se instalaron en la memoria colectiva, hay que sumarle a eso, por lo menos tres elementos que la hacen muy particular: por un lado, se convierte en ese momento en una especie de “sex-symbol” andrógino, seguida por hombres y mujeres, hecho que además, se profundizaba con un repertorio que, a veces, rozaba lo “publicable” en esta materia; a lo anterior hay que sumarle que esos son los años más “politizados” de Simone, son años de fuerte resistencia a la dictadura y Simone interpretaba a artistas emblemáticos de esa resistencia; por último, y contrariamente a lo que podría supponerse, su popularidad no encontraba barreras generacionales ni sociales. Si bien aquí, en Argentina, circulaba esencialmente en círculos universitarios, en Brasil nunca dejó de ser una artista que se la podía ver y escuchar los domingos a  la noche por la TV.

 “Diga lá, coracao”, con Gonzaguinha, su autor.

Recordemos que Brasil vivía bajo dictadura militar desde 1964, la que duraría hasta 1985, y que ésta había tenido periodos particularmente duros con los artistas. Uno de ellos, durante fines de los 60, que es cuando deben irse al exilio Gilberto Gil y Caetano Veloso. Para 1973, ya de regreso en el país, comienza para ellos un período de crecimiento internacional notable. En esa década se produce otra nueva ola de furor internacional por la música de Brasil con una camada extraordinaria de músicos. Si antes Joao Gilberto y Tom Jobim eran las figuras internacionales por excelencia, en los 70 los músicos brasileños que atraían al púbico global eran muchísimos. El cambio de gobierno a manos de Gral. Geisel en 1974 inició una política más liberal disminuyendo la censura en la prensa y en las actividades políticas.

  “Entao vale a pena”, con Gilberto Gil, su autor, en guitarra.

 

Es en el nuevo contexto de mayor flexibilidad política lo que permitió en esos últimos años de los 70 el regreso del exilio de numerosos brasileños y un clima anti-militar muy marcado. Esta es la etapa de mayo popularidad de Simone. La que alcanzará su momento más importante con los dos discos de final de la década, “Pedacos” (1979) y “Simone Ao Vivo” (1980).

Como adelanto de esa etapa, haciendo un tema emblemático de esos tiempos ante un estadio con 90.000 personas en 1982.

A imagem está em preto e branco - assim que possível será disponibilizada em cores - e no final há também um trecho do especial de Simone, 'Corpo e Alma', (Globo, 1982) quando ela deixa o palco do Morumbi.

Pra não dizer que não falei de flores – Caminhando (Geraldo Vandré)
show 'Canta Brasil' (1a. Edição) *
Gravado em 7 de fevereiro de 1982, Estádio do Morumbi, São Paulo SP. Exibido em 17 de fevereiro de 1982 Rede Globo

Simone Bittencourt de Oliveira nasceu duas vezes. A primeira, em 1949, num bairro de classe média de Salvador, na Bahia. A segunda, na noite de 7 de fevereiro passado, no estádio do Morumbi, em São Paulo, quando ergueu um coro de 90.000 vozes na apoteose do show 'Canta Brasil', com a canção 'Caminhando' nos nos lábios e lágrimas nos olhos. Quando terminou de cantar, era mais uma estrela no céu”.

Okky de Souza, Revista VEJA, 24 de março de 1982
Sobre o CANTA BRASIL

“Em 7 de fevereiro, Clara foi chamada por Chico (Buarque) para participar do 'Canta Brasil', um show com aquelas características dos espetáculos do 1o. de Maio, de cunho político, cujo objetivo era, mais uma vez, arrecadar fundos para sindicatos ou campanhas políticas, como o 'Diretas Já'. O 'Canta Brasil era uma continuidade dos shows de 1o. de Maio. A TV Globo, para não se comprometer, transmitiu a apresentação que reunia Chico, Simone, Clara, Milton e mais um time de mambas da música brasileira como sendo um especial em memória de Elis Regina, que acabara de morrer. Argumento tolo, inventando pela emissora, para não explicar o reaa motivo do espetáculo: uma frente de resistência da classe artística à situação político-partidária do Brasil.
Simone, inclusive, protagonizou um dos mais belos momentos daquela fase de abertura quando cantou, emocionada, 'Pra não dizer que não falei de flores', acompanhada pelas cerca de 90 mil pessoas que lotavam o Morumbi, em São Paulo.
Por causa de uma forte chuva que caíra no dia 5, data em que o show seria realizado, um adiamento para o dia seguinte foi solicitado pela TV Globo. Todos toparam. Clara encerrou o show, aberto por Paulinho da Viola”.

Excerto do livro 'Clara Nunes, Guerreira da utopia', de Vagner Fernandes, Ediouro, 2007

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* Além desta edição do 'Canta Brasil' no Morumbi, foram realizadas mais 3 edições. A SEGUNDA em abril de 1982 no Estádio Beira-Rio em Porto Alegre RS, exibida em 23/07/1982 na TV RBS, a TERCEIRA no dia 01/05/1983 no Anhembi, São Paulo e a QUARTA (esta sem a participação de Simone) realizada em  junho/1984 na Praça da Apoteose, Rio de Janeiro.
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Recomiendo la entrada Cigarra para complementar este tramo. Allí se puede ver a Simone haciendo este mismo tema para el público argentino en 1984 en nuestra “primavera” democrática.

 

Anexo Milton Nascimento

Uno de las figuras que en esos años brillaban a nivel internacional era Milton Nascimento. Podía tener sonando en las radios algunos de sus temas más populares o estar tocando en cualquier escenario del mundo siendo mimado tanto por los músicos y el público de jazz. Por esa época, la “plata dulce” argentina permitía comprar discos importados y traer mucho de éstos artistas, así conocimos la movida brasileña que entusiasmaba tanto en el mundo.

Aquí pongo dos videos de esa e´poca, el primero tocando con Wayne Shorter y el segundo con esa maravilla que es Elis Regina (sentada, creo que por su embarazo)