sábado, 17 de enero de 2009

Synchronicity


Se publica hoy en el suplemento adn de La Nación la reseña de un libro que compila diálogos con Juan L.Ortiz entre los años 1968 y 1976. Entre los diálogos figura uno al que hace menos de una semana hice referencia aquí. Una coincidencia o casualidad. “Todo encuentro casual es una cita” decía Hesse. Por eso reproduzco el comentario del libro y de paso algo de la Synchronicity de Carl Gustav Jung, ya que este blog se alimenta bastante de las "sincronicidades".


Cali

Testimonio

Paisaje con palabras

Sábado 17 de enero de 2009

La Nación. Suplemento adncultura


Una poesía del futuro. Conversaciones con Juan L. Ortiz

Por Osvaldo Aguirre (comp.)


Las conversaciones con escritores son un género en el que, además de confluir varios discursos, se convoca un espacio de intimidad que se vuelve público. Acaso porque el vínculo de Juan L. Ortiz (1896-1978) con la poesía parece darse también en la propia vida ("Lo importante es la poesía que se vive, la poesía anterior a su expresión"), las entrevistas con él reunidas en Una poesía del futuro no son sólo el sitio donde se revelan los entretelones de la escritura del gran poeta entrerriano, sino una suerte de prolongación de su obra.


Compiladas por Osvaldo Aguirre, las entrevistas fueron realizadas entre los años 1968 y 1976 por Juana Bignozzi, Francisco Urondo, Tamara Kamenszain, Ricardo Zelarayán, Guillermo Boido y Jorge Conti. El libro incluye también un breve texto autobiográfico del poeta y otro de Urondo, en ocasión de la edición de En el aura del sauce , en 1970. Los diálogos recorren algunas etapas de la vida de Ortiz. Una etapa juvenil, en la que formalizó estudios de magisterio en Gualeguay, asistió a la Facultad de Filosofía y Letras en Buenos Aires y realizó una "vida literaria" en la que buscaba "un poco de contacto". En 1916, de regreso a Gualeguay, consiguió un puesto de empleado en el Registro Civil, con el que se jubilaría. Esa experiencia laboral "inhóspita" y "agobiante", sin embargo, se redime porque en el ámbito provinciano "estaba la luz, estaba el paisaje, estaban muchas cosas. Una hierbita, un insecto, una mujer o un niño". Casado con Gerarda Irazusta, desde 1942 hasta su muerte residió en la ciudad de Paraná.


Las conversaciones revelan un pensamiento articulado de Juan L. Ortiz acerca de la poesía. Se expresan conocimientos notables de literatura y de música, y una concepción política que corresponde a su propia poética, en que el paisaje salpicado de "harapos", niños "hacinados" y "ranchitos" enuncia un relato de dolor que afirma su tormento cuanto más se aleja de un discurso sentencioso: "Como dice Césaire ?la poesía es revolución´ -sostiene-. Si la actitud política es, como la defineron los griegos, todo lo que atañe a la ciudad, y la poesía es lo que ha nacido del hombre, ¿cómo podría la poesía desinteresarse en las manifestaciones de éste? El poeta es el que ve el sufrimiento de una planta, de un insecto, el drama de la luz, cómo no va a ver el sufrimiento del hombre". La vida retirada del poeta Ortiz alentó la elaboración de un mito literario. Si el "mito de Juan L. Ortiz" tuvo alguna función práctica, posiblemente haya sido la de sostener, a pesar de todo, una obra incómoda en el interior de las diversas antologías de los años cincuenta y sesenta. La imagen legendaria de una frágil figura, apartada del bullicio, hacía de Ortiz el paradigma de la autonomía en el sistema poético argentino. Aunque durante décadas no se supo bien dónde ubicar su poesía, un recorte crítico se interesó en el particular vínculo entre la mirada y el paisaje. Situar a Ortiz en una genealogía que repare en el paisaje -tópico insistente en estas conversaciones- es reconocerle un valor al lugar que ocupa la mirada en sus poemas. Lo que se pone en juego es qué tipo de valor estético se le asigna al paisaje como una nueva tentación de escritura. Ese renovado interés por el paisaje resulta singular en el caso de Ortiz, en cuya poesía los objetos del mundo tienen un rostro que no es hermético, pero sí misterioso. "No veo en el paisaje, como Sartre dijo muy bien, solamente paisaje. Veo, o lo trato de ver, o lo siento así, todas las dimensiones de lo que trasciende o de lo que, diríamos así, lo abisma", le dice en estas páginas a Bignozzi. A través de una apertura recíproca del sujeto y de la naturaleza, en la que se derriba cualquier eventual oposición, los rostros del amor y del dolor serán en el pensamiento y en los textos de Juanele (como suele llamárselo) quienes interpelan, como testigos mudos, a quienes leen.


Carlos Battilana

© LA NACION


Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo, figura clave en la etapa inicial del psicoanálisis; posteriormente, fundador de la escuela de Psicología analítica, también llamada Psicología de los complejos y Psicología profunda. Para jugar un poco con las "casualidades" rescato uno de los conceptos más aventurados (como muchos otros) de Carl Gustav Jung, la "sincronicidad". Recurro a wikipedia para una descripción sencilla de tal principio.


Mediante el Principio de sincronicidad, C. G. Jung intenta dar cuenta a una forma de conexión entre fenómenos o situaciones de la realidad que se enlazan de manera acausal, es decir, que no presentan una ligazón causal, lineal, que responda a la tradicional lógica causa-efecto. Coloquialmente remitiría a lo que usualmente llamamos casualidades.


Será a través de dos de sus escritos de 1952 donde expondrá el concepto de sincronicidad:

1. “Sincronicidad como principio de conexiones acausales”, publicado junto a una monografía de Wolfgang Pauli, «La influencia de las ideas arquetípicas en las teorías científicas de Kepler», en Interpretación de la naturaleza y la psique.

2. “Sobre sincronicidad”, conferencia pronunciada en los encuentros Eranos.

En ellos establecerá que la manera en que los fenómenos se vincularían sería a través de su significado. Un típico ejemplo de sincronicidad se da cuando una persona constata que una imagen mental suya, netamente subjetiva, es reflejada, sin explicación causal, por un evento material exterior a él. En términos de Jung , sería la concordancia, en el nivel del significado, de una imagen mental con un fenómeno material que se dan simultáneamente. Por lo tanto, Jung considera que las sincronicidades son "concordancias significativas acausales". Para él, la sincronicidad es "la coincidencia de dos o más acontecimientos, no relacionados entre sí causalmente, cuyo contenido significativo es idéntico o semejante...".

En base a esta sugerente imágen de los eventos en sincronicidad, Sting escribió "synchronicity" para el disco de 1983 de The Police:

Synchronicity I

With one breath, with one flow

You will know
Synchronicity

A sleep trance, a dream dance,
A shared romance,
Synchronicity

A connecting principle,
Linked to the invisible
Almost imperceptible
Something inexpressible.
Science insusceptible
Logic so inflexible
Causally connectible
Yet nothing is invincible.

If we share this nightmare
Then we can dream
Spiritus mundi.

If you act, as you think,
The missing link,
Synchronicity.

We know you, they know me
Extrasensory
Synchronicity.

A star fall, a phone call,
It joins all,
Synchronicity.

It's so deep, it's so wide
Your inside
Synchronicity.

Effect without a cause
Sub-atomic laws, scientific pause
Synchronicity.............


viernes, 16 de enero de 2009

Elogio de la diferencia


Este es para mí uno de los artículos más controversiales de Martín Caparrós. De hecho me generó discusiones. Creo que es poco sólido y un poco terco. Pero como es mucho el respeto que le tengo, lo coloco porque sin duda hace mover la croqueta. Luego me voy a atrever a colocar mis reflexiones sobre lo que dice Caparrós. Aunque él suela enojarse con sus comentaristas y eso, eso no es de izquierda!.

Cali

Elogio de la diferencia

La derecha contemporánea consiste en decir que hay un solo camino y que, por lo tanto, todos dicen lo mismo. Es insostenible.

Martín Caparrós
19.09.2008

El viernes pasado escribí una columna –“Cero a la izquierda”– sobre el peligro de que el gobierno dizque progresista de los Kirchner abra el camino a un gobierno más brutalmente de derecha. Me sorprendió la cantidad de comentarios de lectores que insistían en que ya no hay derecha ni izquierda: que es un concepto antiguo. Como decía uno de ellos: “¿Izquierda/derecha, qué es eso? No busquemos tan lejos, la solución está en respetar la Constitución: instituciones fuertes, división de poderes, federalismo, reglas de juego para invertir, aseguramiento estatal de igualdad de oportunidades de alimentación, educación y salud, democracia representativa, alta participación ciudadana. Es decir, la solución es una república, siempre perfeccionable, lejos de los déspotas. En Canadá y Australia no saben de derechas e izquierdas”. Me impresionó que un joven educado pudiera decir eso: una prueba más de cómo la derecha se apoderó del discurso general. En su definición de una “República como Canadá y Australia” –que, de paso, no son repúblicas sino monarquías constitucionales– hay pautas que parecen tan amplias y son tan limitadas: “Reglas de juego para invertir” es algo que sólo una sociedad capitalista de mercado puede necesitar. Y la izquierda –o lo que muchos entendemos por izquierda– define al capitalismo de mercado como el modo en que unos pocos se apropian de las riquezas de todos.

Pero el discurso de la derecha contemporánea consiste en decir que hay un solo camino y que, por lo tanto, todos dicen lo mismo. Es insostenible: la izquierda y la derecha existen y son completamente diferentes. Me parece increíble escribir esto –y sin embargo tantos lectores escribieron lo contrario. Es cierto que el concepto de izquierda es confuso: años de derrotas, versiones, fracciones, vueltas y revueltas lo han complicado mucho. El viernes pasado traté de explicar qué decía cuando decía izquierda con una pequeña lista obvia, y varios me dijeron que sus puntos eran tan de izquierda como de derecha.

Por eso van aquí algunos ejemplos a propósito de aquella lista: ciertos puntos muy básicos para establecer diferencias. Allí decía que cuando digo izquierda hablo de los que eligen creer que no tiene que haber ricos y pobres –que la diferencia entre los que tienen más y los que menos, si la hay, debe ser muy escasa. (La derecha nunca tuvo problemas con que haya ricos y pobres. Suele presentar la riqueza capitalista como recompensa del esfuerzo; Marx la describió como una forma de apropiación de la fuerza de trabajo ajena, y la izquierda cree que debería desaparecer. Muchos creemos que no debería existir la propiedad privada: todo es de todos y cada cual lo usa como necesita. Es difícil imaginarlo; también era difícil imaginar un mundo sin esclavos o sin reyes).

Que todas las personas deben tener las mismas posibilidades de alojarse, curarse, aprender, trabajar, desarrollarse, y que el Estado sirve para garantizarlo. (La derecha propone, en todas partes, que el Estado debe inmiscuirse lo menos posible en esas cuestiones. En el país más rico del mundo, Estados Unidos, la derecha en el poder ha conseguido que haya más de 30 millones sin cobertura médica, y lo defiende. En Buenos Aires, la semana pasada, el gobierno municipal retiró las becas de 30 mil chicos pobres).

Que debe haber formas reales de participación de los ciudadanos en las decisiones políticas y en el control del gobierno. (La derecha trata de limitar esa participación a la pura delegación –cuando no se erige en dictadura– y habla siempre de esas “instituciones fuertes” que usa para controlar a la población o para desinteresarla de la política. La izquierda cree en la política como participación –aunque muchos gobiernos que se dijeron de izquierda llevaron la tiranía a límites inmejorables.)

Que la Justicia debe hacer justicia. (La derecha querría que este mismo sistema judicial funcionara con más premura y transparencia. En este sistema judicial un rico con un abogado caro tiene una ventaja absoluta sobre un pobre. Y lo que se llama justicia es una construcción ideológica que defiende la propiedad privada, la autoridad, la familia, esas cosas.)

Que ninguna institución religiosa o militar o económica puede imponer sus normas a los ciudadanos. (En la Argentina actual, por ejemplo, el Gobierno permite que la Iglesia le fije la agenda en muchos temas: la cuestión del aborto, entre otras, desapareció del discurso oficial porque Roma lo impuso, y no sólo en Mendoza. Un gobierno de izquierda convocaría a referendos sobre los temas en debate y dejaría que la población decidiera.)

Que el nacimiento, el género, las preferencias sexuales no deben definir el tratamiento que cada cual recibe de los otros. (En los últimos años, la derecha ha oído estos planteos; el resultado es la fantochada de la corrección política, por la cual un negro pasa a ser un afrodescendiente –aunque siga igual de pobre. En la Argentina, por ejemplo, es delito llamar bolita a un boliviano –pero no es delito hacerlo trabajar diez horas diarias por un salario ínfimo.)

Que las personas son más importantes que las patrias. (La patria siempre ha sido el refugio de los canallas de la derecha. En la Alemania de Hitler, la España de Franco, la URSS de Stalin, millones murieron “por la patria”. Aquí, un partido bastante popular definió que primero estaba la patria, después el movimiento, al final los hombres.)

Y esta idea de que no hay izquierda ni derecha tiene un corolario habitual, que un lector retomó con una frase muy en boga. Dijo que “la honestidad no es de derecha ni de izquierda”, y le agregó “como un globo no es ni rojo ni azul, es un globo”. De acuerdo: un globo es un globo, una bolsa de plástico con su boca chiquita que, soplado, guarda aire; el aire lo redondea y le da esa forma que solemos identificar con la palabra “globo”. Todos los globos son eso, pero un globo rojo dice lo contrario que un globo azul en la cancha de Boca, por ejemplo, o en cualquier otro lado. El ser rojo o el ser azul hacen que el globo –que sigue siendo un globo– tenga significados completamente diferentes: realice acciones diferentes.

La honestidad es esa cualidad de quien no quiere apoderarse de lo que no le corresponde por ley o por moral o por costumbre. Y, por extensión, la cualidad del que administra la cosa pública sin aprovecharla para mejorar su cuenta corriente. Pero quien administre muy honestamente en favor de los que tienen menos –dedicando honestamente el dinero público a mejorar hospitales y escuelas– será más de izquierda; quien administre muy honestamente en favor de los que tienen más –dedicando honestamente el dinero público a mejorar autopistas, trenes bala, teatros de ópera– será más de derecha. Quien recaude muy honestamente, sin quedarse con nada, impuestos al consumo de leche y fideos será más de derecha; quien recaude muy honestamente, sin quedarse con nada, impuestos a la renta financiera será más de izquierda. Y sus gobiernos, tan honesto el uno como el otro, serán radicalmente distintos. La honestidad –y la voluntad y la capacidad y la eficacia– son sólo una base. Si existen, deben ponerse al servicio de alguna concepción del mundo: serán, forzosamente, de derecha o de izquierda.

Como todo el resto.

martes, 6 de enero de 2009

Acuarela 4. El vértigo de la vida (Parte 5, final)

Me apareció entre una parva de archivos bajados de Internet, de búsquedas que había iniciado hacía más de un año atrás. Se trata de Spinetta en vivo en el programa “Cuál es”, de Mario Pergolini, en junio de 2007. Ni recordaba haberlo buscado y días atrás lo descubrí ya completo. La sorpresa es más grata ya que allí hace el tema “contra todos los males de este mundo” (tema nada frecuente en su repertorio). Había dicho que el segundo disco de Spinetta Jade era todo un amuleto por allá en los finales del 81. Entonces, antes de continuar, comparto este hallazgo cuyo titulo usé en la entrada anterior.


Hacer este recorrido por los números de Acuarela me hizo volver sobre cuadernos, sobres, cajones, archivos y fotografías que habían quedado cerrados y olvidados. Este ejercicio me motivó, cada vez más, a revisar un montón de papeles y documentos que habían quedado atrás y darles ahora un significado renovado. Estos días, en uno de esos bares de playa que ponen a disposición de los clientes libros y revistas, me encontré con un texto de Tomás Eloy Martínez (“El poder y la historia”, 1996) donde dice “nada refleja tanto el vértigo de la vida como la exhumación de papeles viejos”. Bien.


Con la convicción de que algo de lo que dice Tomás Eloy Martínez realmente sucede, sigo con el contenido del número 4 de Acuarela.

Luego de la nota ya comentada con Paco de Lucía vienen agrupadas una serie de poesías:

"Resolución del instante" de Willy Harvey. "Vienes a mi como un silencio blanco" de Miguel Gomez Drummel. Luego una poesía sin nombre de Mario Perone y la infaltable de Rubén Vedovaldi:

Irene (suelta gorriones a la puesta del sol)

Irene teje y llueve

sus manos viejas

secas de amor

se caen otra vez.


Irene

es el último otoño

su cara está muerta

contra la ventana;


Una blanca y callada

tijera de penas

esta tarde ha cortado

el hilo de su respiración...


Y esa lluvia llama en el cristal

esa lluvia llora en el cristal

esa lluvia rota de esperar


es la tarde final

suelta gorriones a la puesta del sol

suelta dolores a la puesta del sol.


(escrita en el verano de 1975).


Ecología Humana II (Parte 2): Continuando la serie de notas publicadas sobre este tema, que queríamos ubicar en un sitio destacado, quiero citar un fragmento que muestra, por un lado, la fragilidad de nuestro conocimiento en ese momento pero, por otro lado, el temprano alerta que dábamos sobre varios temas, en particular sobre el cambio climático, hoy reconocido como la más grande amenaza ambiental de la humanidad. Repasando el impacto producto de diversas emisiones, la nota dice: “el monóxido de carbono, producido abundantemente por automotores y responsable de la teoría del efecto invernadero, la cual postula el calentamiento terráqueo ya que este óxido impide la salida de calor desde la Tierra al espacio”. Todo bien, excepto que se trata del dióxido de carbono y no el monóxido de carbono! De todos modos, vale señalar que el tema, completamente desconocido entonces, era aún una teoría que apenas había convocado a una reunión en 1980, en el marco de la ONU, sin mayor trascendencia. Recién en 1988 se creó por la Organización Metereológica Mundial (OMM) y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), panel de expertos científicos sobre el tema, y recién en los ´90s llegarán la convención, protocolos y todo lo que hoy conocemos.


El gráfico muestra que las temperaturas medias globales a comienzos de los ´80 estaban en el rango medio de las temperaturas de la segunda mitad del siglo produciéndose un rápido ascenso durante la década siguiente y continuando de manera imparable hasta hoy.


Esta serie de notas sobre ecología estuvieron a cargo de Lelio Acetti (en la foto, enseñándole a armar a Guillermo, siguiendo con la serie de fotos de Carcarañá)



Reunión con Litto Nebbia: Una de las notas más importantes de este número, una entrevista a Litto Nebbia quien había llegado a Rosario como parte de su reencuentro con el público argentino luego de su exilio en México. Nebbia había estado dando una serie de conciertos en La Trastienda y por el interior del país apenas bajado del avión que lo trajo de vuelta a la Argentina. Con su característica hiper-productividad, ese año edita 4 discos, mucho material era parte de grabaciones realizadas en México y Estados Unidos.



Una de las nuevas canciones compuestas en México y que estaba estrenando por aquel año era “sólo se trata de vivir”:




Durante 1981 se produce el regreso al país de varios artistas que se habían exiliado, algunos de manera forzosa, otros, empujados por las malas condiciones de trabajo existentes durante esos años. El retorno de muchos de ellos muestra la ínfima, pero aún así, notoria flexibilidad que ese año tuvo el régimen. La nostalgia y la necesidad de volver al país de muchos de ellos fueron, en realidad, factores más poderosos que el real cambio de circunstancias en el país.


Juan L. Ortiz. Una puerta a la suprasensibilidad: nota dedicada a "juanele", poeta que recién comenzaba a conocer y en eso me ayudó Oscar Bondaz. Esta nota es un aporte importante de Oscar, con algo de biografía y algunas claves sobre el valor de su obra. Juan L. Ortíz , un hombre que desarrolló su obra con humildad y en silencio, hoy valorado por fuera de toda tendencia o forma literaria "firmemente arraigado a su provincia entrerriana y en constante comunión con la naturaleza, vivió para la poesía a la que se entregó enteramente con una inclaudicable fidelidad".

Una aproximación interesante a "juanele" es un reportaje realizado en 1972 y publicado en Crisis (1989). Hay un fragmento del mismo en el diario El Liberal (Santiago del Estero).

En parte, la genialidad de "juanele" y las historias de Oscar (foto abajo) nos decidieron a viajar, ese verano a Entre Ríos para ver si, aunque sea, por ósmosis, nos enriquecíamos de esa poesía y esa gente.

En el disco "Litoral" (2005) de Liliana Herrero se incluye "Fui al río" de Juan L. Ortiz.





“Cacho, el astronauta”: historieta de la cual ya conté la anécdota.


“Nos están diciendo”: una sección que responde a los mensajes que habían comenzado a llegar a partir de la distribución de la revista o referencias publicadas en revistas como “Pan Caliente” o “Expreso Imaginario”. En este caso, cartas desde Montevideo y San Lorenzo fueron las destacadas.


“Propuestas”: página final con los más variados ingredientes. Referencias a la aparición de los números 1 de las revisas rosarinas “Oscar y el reloj” (con ella conocimos a Reynaldo Sietecase), “Cráter” y “Gestus”. También saludamos el número 7 de "Invisible", una referencia importante de la ciudad de Santa Fe. El circuito alternativo crecía en calidad y cantidad.


También hacemos un comentario sobre la trayectoria de un legendario grupo de rock de la ciudad, Oasis (nacidos en 1973). Editaban sus producciones independientes en cassettes. Aún hoy siguen haciendo sus cosas, una alegría saber que no paran.


En materia de radio, destaco la referencia a un programa entrañable realizado en la ciudad de Santa Fe (Radio Nacional Santa Fe), “La Pirámide”, donde se podía escuchar lo más avanzado y desconocido en materia de rock progresivo y experimental. “Jazz & Pop”, por Radio Nacional Rosario. Ciclo antológico de jazz los domingos por la tarde. Pasaron de ser un programa admirado, a ser amigos nuestros y terminamos haciendo programas con ellos. En ese ejercicio de eclecticismo que practicábamos, hicimos por esos días, en "Jazz & Pop" un programa especial por la aparición de “En tránsito” de Serrat. El disco no sólo era bueno e inaugura un nuevo sonido de Serrat, yo ya estaba medio loco armando una nota extensa sobre la obra de Serrat que comenzaría a publicarse en el número 5.



Finalmente entramos en el verano del 81/82 en un vértigo para nosotros inédito. En diciembre sale el número 4, ese enero comienza una serie de conciertos auspiciados por las revistas que durará todo el verano, otras actividades organizadas por Acuarela arrancarían en el mismo mes de enero y no se detendrían en el resto del año. No había tiempo que desperdiciar. Sentíamos que eran meses claves. La llegada de Galtieri a la presidencia había sido una respuesta de los militares a la agitación que había empezado a colarse por las grietas del régimen. El “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar...” surgía de manera tímida pero cada vez más frecuente, podía ser en un recital, una obra de teatro, en un cine…


En la primera quincena de enero del ´82 realizamos un viaje “iniciático” a Entre Ríos, entre otras cosas, a conocer los pagos de Oscar Bondaz, como señalé antes. Un viaje inolvidable del que, por supuesto, no hay foto alguna!: Rosario, Santa Fe, Paraná, Villa Elisa, San José, Colón, Concepción del Uruguay, Gualeguay, haciendo campamento en Banco Pelay y en el camping del viejo molino en el arroyo Urquiza.


De toda lamúsica que sonaba durante esos días en Entre Ríos, entre chamamés, The Wall y otras yerbas, sobresale el trabajo de un, hasta ese momento, desconocido Raimundo Fagner, que se descolgó ese año con su disco "Traduzir-ce". Una mezcla extraña que nos atrapó a todos durante esos meses.