domingo, 27 de abril de 2008

Percepciones

Ya comenté que realicé dos compras recientes. Una de ellas es un disco de Paula Shocron, rosarina a quien hace rato quería escuchar porque son realmente muy buenas todas las referencias que he leído de ella. Opté por “Percepciones” de Shocron-Gutfraind Cuarteto del 2006. Paula Shocron es una figura de la generación reciente del jazz argentino, un numeroso grupo de músicos que han generado una movida diversa y de un virtuosismo destacable. Para una referencia sobre ella voy a citar un reportaje que le realizó Marcelo Morales en el sitio “El Intruso”. Sobre esto último quiero hacer referencia que ese sitio es el modo que un notable programa de radio que deambuló por los márgenes de las FM de Buenos Aires, siempre de una calidad superlativa.

Recuerdo que a mi llegada a Buenos Aires en 1993, dentro de la desorientación de haber dejado Rosario y comenzar una nueva etapa de mi vida,”El Intruso” fue una de las referencias que me hacían sentir a Buenos Aires un poco más amigable. Para mantener un puente con Rosario, “El Intruso” era grabado en decenas de casetes, las que luego enviaba a Rosario para que Pedro De Carlo pudiese compartir conmigo semejante joya. Así, los casetes iban y venían para ser recargados de más música que obligaba a expandir la apertura del coco y las orejas. Bueno este es un pequeño homenaje a ese programa, “excéntrico” sólo por ser un programa dedicado al arte de la música sin interferencias de ningún tipo. Va la primera parte de ese extenso reportaje a Paula Shocron que luego deberán seguir leyendo en “El Intruso”.

Cali

Paula Shocron. 8/1/2008 (El Intruso)

Sabemos todos que diciembre es un mes bastante complicado. Lo es al menos a la hora de intentar concertar una entrevista con un músico. En pleno conocimiento de los posibles inconvenientes, decidimos hacer un listado con diferentes alternativas y opciones. Algunos de los que incluimos en la lista nos daban verdadera vergüenza, pero confiábamos en no tener que llegar al puesto número 215.

Habíamos ideado incluso algunas excusas engatusadoras que incluían al año bisiesto, la penetración de la internet en nuestras vidas (dentro de poco será posible mandarle mensajes de texto a Graham Bell), la inminencia de un nuevo campeonato ganado por el Racing Club (señal inequívoca del advenimiento del Apocalipsis), que era el músico en cuestión o la forzada reivindicación de Caravelli, Santos Lipesker y Fausto Papetti, que la no aceptación implicaba el sometimiento a las nuevas siete plagas y la obligación de recitar en hebreo las cartas a los Corintios so pena de mancillar el buen nombre del posible entrevistado.

Nada de ello hizo falta. Plan A: la pianista argentina Paula Shocron
Instrucciones en mano, hicimos la propuesta. Ante la inmediata respuesta afirmativa, no me obliguen a contarles lo que hube de hacer con el machete en cuestión...

Antes de hablar, ya tocaba el piano; realizó sus primeros estudios recibiendo una formación clásica; pero luego de ingresar a la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario en la carrera de Composición, se dio cuenta de que la historia no se escribiría por ahí. Completó la carrera pero no se recibió.
Es que el piano había vuelto a gobernar su vida artística.
El jazz fue ganando espacio y en el 2000 comenzó a tomar clases con Ernesto Jodos. Comenzó a repartir su tiempo entre Rosario y Buenos Aires; obtuvo una beca del Berklee College of Boston, pero debido a la profunda crisis económica existente en la Argentina (finales de 2001), la deshechó.

En su ciudad natal participó de dos grupos: Fuga de cerebros (junto con Franco Fontanarrosa y Alexis Perepelycia) y La Revancha (con Julio Kobryn, Mariano Sayazo y Sebastián Mamet) con el cual grabara La intensidad del juego.

En el 2003, ya en Buenos Aires, conformó un trío con otras dos mujeres: Daniela Horovitz (voz) y Ada Rave (saxos). Paralelamente surge el Shocron – Gutfraind Cuarteto, con el que grabaran el álbum Percepciones. También participó en los proyectos del baterista Pepi Taveira (grabando Bs. As. Inferno) y Dialecto Oir, del guitarrista Juan Pablo “Colo” Arredondo. Con el armoniquista Franco Luciani formó un dúo con el que realizaran un homenaje al pianista y compositor argentino Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

En 2005 debutó discográficamente como solista con el solo piano La voz que te lleva, que fuera reseñado en este site y que nos sorprendió, encantó y subyugó.
Fue premiada como artista revelación en los Premios Clarín de 2005 y acaba de editar su nuevo álbum, Urbes, editado por el sello Blue Art. Aquí la acompañan Carto Brandán en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo, contando además con la presencia del saxofonista Rodrigo Domínguez como músico invitado.

Una rara avis en el ambiente jazzístico argentino (porque exceptuando a las cantantes, pocas mujeres se dedican al género y, mucho menos, con el talento y las condiciones de quien nos ocupa), nos propone encontrarnos en un pequeño bar del barrio de Belgrano, por la noche. Simpático lugar, pero extraño; pues la charla se desarrolló de manera veloz, cordial, con chicanas y humor y un largo etcétera. Así y todo, cuando fuimos a desgrabar nos encontramos con un pequeño inconveniente.

Pero antes, Saravia.
En el formidable libro “El amor enfermo” de Gustavo Nielsen, Saravia, el protagonista, luego de que su novia terminara unilateralmente la relación por teléfono, cae en una profunda depresión. Con el agregado de un singular problema auditivo: escucha lo que ocurre a una distancia considerable; pero nada de lo que acontece en la cercanía.
O sea: escucha de lejos, pero no de cerca.

Pues bien, a la hora de intentar desgrabar, un servidor se encontró con las voces de otros parroquianos del lugar, ruidos de tazas, vasos y cafeteras, bocinazos de taxis y colectivos, pero poco y nada de lo que habíamos conversado.

El pánico cundió pero sólo en parte: debimos ecualizar de manera insana para que, a un volumen rayano en la imposibilidad de la tolerancia, pudiéramos realizar nuestra faena.
Y vaya si valió la pena...

Porque cuando Shocron habla, habla. Con el mismo desenfado con el que toca, aceptando el golpe por golpe, sin poner reparos de ningún tipo y con ímpetu y entrega desbordantes.

No sé cómo (esto no es atribuíble al barcito) surgió el nombre del pianista Gabriel Paiuk (¿para cuándo el regreso de la gran revista Techesko?)... ¡y el yoga!

Lo mío es más bien terapéutico; hago desde hace más de 5 años y la verdad que me sirve mucho.

¿Y a la música le sirve?

Yo creo que le sirve a uno como músico.

¿Por qué?

Porque (piensa) le sirve a uno como persona...

¿Uno refleja en la música lo que es?

Y, sí...

¿Sí?

En mi caso, sí. Si no, no habría concordancia entre lo que sos con lo que tocás.

Según lo que decís, es difícil que un cretino haga una música “celestial”.

Salvo que sepa mentir bien. Por lo general se nota cuando se es genuino o no.

¿Cómo se nota?

Ehhhh... me mataste... (piensa) Yo creo que se debe notar. Ahora... el “cómo”... no sé...

A ver... Shocron como oyente, se da cuenta o intuye...

Intuye. Yo creo que cualquier persona lo intuye. Tal vez el oyente no sepa el por qué, pero siente que “algo” no está bien. Se siente cierto malestar o desconfianza aunque no se sepa con certeza a qué atribuirlo.

¿Es algo universal’

Yo creo que hay cosas que sí y otras que no. Tiene que ver con la percepción.

Se me ocurre Rod Stewart cantando standards.

Si canta como canta Rod Stewart va a ser genuino. Si trata de imitarlo a Goyeneche... es muy probable que lo haga muy mal (acá me entró la duda; tal vez Shocron entendió que en lugar de “standards”, mencioné “tangos”. El ejemplo vale igual).

Mirá cómo de la nada nos metimos en un lindo trote... ¿empezamos?

Dale

¿Cómo estás?

Bien, con disco nuevo, vida nueva, me voy a vivir a Brasil... (sonríe), es un chiste... empezamos otra etapa...

¿Un disco es comenzar una etapa nueva?

O terminar con una anterior.

¿Y en este caso?

Todavía no lo sé (sonríe). Se termina una etapa en el sentido de que se plasmó en un disco la música que veníamos tocando. Ya estamos pensando en lo próximo y que no es el disco grabado. Ya hay temas, cositas... No hay un CD entero como para grabarse, pero desde que se terminó “Urbes” todo lo que surge es nuevo.

Ahora... ¿le damos bola al disco? Porque hay que presentarlo, tocarlo, defenderlo...

Por supuesto. No sé si con las otras músicas ocurre lo mismo, pero en el jazz el proceso generalmente indica tocar mucho el material y después grabarlo. En el pop o en el rock primero se graba y después se hace la “presentación” del CD.
Quizás juega también la realidad circundante. Es difícil que venga alguien y te proponga que compongas y grabes y después, con el disco, ver qué ocurre.

¿También complica el tema de los ensayos?

No creo... tiene más que ver con cómo es la historia de sacar un disco en la Argentina. Uno graba, hay que ofrecerlo...

No existe eso de “te contrato por tres discos”

Y.. a mí nunca me pasó...

O sea que Shocron...

Decime Paula por favor... Schocron suena... (sonríe)

O sea que la pianista (risas) se encuentra con un material determinado, lo banca...

En parte...

Perfecto, pero hay una erogación, mayor o menor, se busca quien lo edite y la manera de recuperar lo invertido...

¿Recuperar?

Y...

Eso casi no existe. No es la manera de recuperar sino encontrar la gente que se haga cargo del resto del trabajo. Porque si no, no te queda energía para tocar.

Digamos que se recupera de manera indirecta

Sí; tocando, dando clases... el disco aquí no es una manera de ganar dinero pero sí un canal de difusión importante. Y también es el registro de los momentos que vas pasando. Así por lo menos es como está seteada mi cabeza ahora... Que venga un sello y te proponga grabar y correr con todos los gastos y que el músico se tenga que ocupar solamente por la música, le pasa a algunos en otro lugar; y aquí a muy pero muy pocos. En el jazz, al menos.

¿Cómo empezamos, cómo apareció el piano?

En mi familia hay muchos músicos no profesionales. En la familia de mi mamá todos tocaban algo. Mi abuela el piano, mi abuelo la batería, mi mamá cantaba, había un cellista... Mi abuela paterna tenía instrumentos en la casa. Y yo crecí rodeada de música. Genes había. Yo no sabía ni hablar y ya me sentaba al piano. Mi mamá era maestra jardinera y daba clases de música y expresión corporal. Sabía además tocar el piano y la guitarra y, mínimamente, escribir música. Entonces yo me sentaba con ella y repetía lo que ella tocaba. Y me quedaba todo memorizado. Sinceramente no sé a qué edad comencé. Es más, escribía cosas incluso...

Continúa la entrevista aquí.



sábado, 26 de abril de 2008

"Artaud". El mejor disco de la historia del rock nacional

Rescato este artículo del blog anterior, con toda la arbitrariedad de decir qué es lo "mejor" y lo "peor" vale como muestra de algo de la discografía más relevante del denominado "rock nacional" y algunas obras indestructibles por el tiempo.
Cali

por Pablo Schanton
Revista Rolling Stone - 2007

Según una encuesta de la revista Rolling Stone, Artaud es el mejor disco de la historia del rock nacional

Aniversario sobre aniversario. Para festejar los 40 años del rock argentino y los 9 de su edición local, la revista Rolling Stone saldrá mañana a los quioscos con una edición doble. Así, a la publicación habitual se sumará un especial de colección: "Los 100 mejores discos del rock nacional".

Se trata de una gran encuesta, confeccionada con el voto de 180 personas relacionas con el género, entre músicos, periodistas, fotógrafos y productores. El primer lugar lo ocupa Artaud, aquel disco de 1973 y tapa irregular de Luis Alberto Spinetta (aunque, por asuntos contractuales, salió bajo el nombre de Pescado Rabioso); a éste lo siguen Clics Modernos de Charly García; Manal , el primer trabajo del trío de Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina; Octubre , de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Divididos por la felicidad, de Sumo.

Los cien álbumes están acompañados de un comentario a cargo de periodistas (salvo el caso de Clics... , en el que escribió el propio García).

Entre los músicos que participaron están Gustavo Cerati, el Indio Solari, Andrés Calamaro, Adrián Dárgelos, Skay Beilinson, Fito Páez, Germán Daffunchio, Gustavo Santaolalla, Vicentico, Litto Nebbia y Andrés Ciro.
Sus opiniones, y el resultado general, sirven para repasar lo fructífero de estas cuatro décadas.

Los 100 mejores discos del rock nacional
El disco de 1973 de Luis Alberto Spinetta lidera la lista de los 100 mejores del rock nacional, formada por el voto del jurado de notables encuestado por Rolling Stone.

Artaud - Pescado Rabioso
por Pablo Schanton

Antonin Artaud nunca quiso que su obra fuera considerada literatura. Del mismo modo, Artaud nunca quiso ser un disco, sino un gesto de vanguardia. Sin embargo, ahora lo es: el mejor de la historia del rock nacional, según esta votación.

Es cierto: el álbum de L. A. Spinetta firmado por Pescado Rabioso ("¿Vieron? Pescado era yo"), como si fuera el tercer LP del grupo, y bautizado como el poeta maldito francés, contiene música registrada en unas líneas circulares sobre un plástico negro.
¿Entonces?
Entonces empecemos por recordar la mítica tapa, que de mera decoración o funcionalidad tenía poco. Spinetta la llamaba la "deformé". El boceto que le envió al diseñador Juan O. Gatti ni siquiera podría considerarse "estrella", es inclasificable. Claro; el primer problema de ese pack era ubicarlo en las bateas y discotecas hogareñas. Efectivamente, el disco-objeto era un inadaptado: denunciaba con su deformidad la cuadratura, la falta de libertad y el sometimiento a la geometría industrial del resto.

Qué mejor síntesis sobre la vida y obra de Antonin Artaud.
Decía el escritor francés en "Surrealismo y revolución" (1936): "Más que un movimiento literario, [el surrealismo] ha sido una revolución moral, el grito orgánico del hombre, las palabras de nuestro ser contra toda coerción. En primer lugar, contra la coerción del Padre". Para neurosis de los coleccionistas es imposible encontrar una tapa original de Artaud sin las puntas ajadas: ese desafío a los patrones (padres) geométricos e industriales se pagaba con la degradación.
Otra forma de hablar del trágico destino de Artaud. Y eso que todavía no pasamos de la tapa.

Sigamos.
En el booklet del disco, que parecía prospecto de remedio, también se leía: "«Acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos de la muerte, el verde para la resurrección y el amarillo para la descomposición y la decadencia?» (Antonin Artaud, carta a Jean Paulhan, París, 1937)". De ahí las tonalidades de la portada y el gag de salir a escena con guantes verdes en uno de los shows de presentación del álbum en el Astral, durante la primavera de 1973.
En realidad, Spinetta buscaba redimir el mensaje nihilista y el contagio de dolor que acarrea la obra artaudiana. Artaud funcionaba como un antídoto contra Artaud.
La contrafigura siempre es Lennon (de ahí el "She Loves You" en el collage de "A Starosta, el idiota"). "Para él [Artaud], la respuesta del hombre es la locura; para Lennon es el amor.
Yo creo más en el encuentro de la perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que mediante la locura y el sufrimiento", le aclaraba a Eduardo Berti en los 80.
La interpretación spinettiana era bien rockera.

En un reportaje de 1973 aparecido en Gente, Spinetta resumía: "Artaud fue un tipo que vivió la vida de un rockero, como si fuese Hendrix". El Artaud-Hendrix spinettiano empujó a muchos a la lectura del poeta, produciendo lo que la revista Algún Día en 1974 llamó "la onda Artaud que se ha desatado en Argentina". Luis Alberto sabía que tenía que ser didáctico: en sus shows exhibía "diapositivos" (sic) con textos de Artaud y entregaba un manifiesto "Rock: música dura, la suicidada por la sociedad", donde denuncia la "profesionalización" y el "negocio" del rock, además de oponerse a la etiqueta de "música extranjerizante" en boga en aquellos días en que el rock era una subcultura de domingos a la mañana y una música "progresiva" que se oponía a la oficial, la "complaciente" de los Palitos y los Sandros.

Aquel ritual de mil quinientos roqueros un domingo a la mañana en el teatro Astros era descripto por Jorge Pistocchi en una nota de Pelo: "Cada uno se prepara a entender. Nos dan un papel escrito, con claves que no son gratuitas. En él se reúnen distintos estallidos de Kerouac, Artaud, [Miguel] Grinberg, Thomas Merton, Luis, Timothy Leary, etcétera. Y nos abren el paso".

Eran tiempos pre YouTube, tiempos en que los libros y cierta forma de arte alimentaban la idea de contracultura.
Hasta el dúo folk naif Vivencia usaba una pintura de Van Gogh en su disco Mi cuarto y los duros de Vox Dei en La nave infernal instalaban un collage de Max Ernst en tapa y un poema de Rimbaud en la contra.

En los recitales del Astral, de "teloneras" se usaban películas mudas como El perro andaluz, El gabinete del doctor Caligari y cortos del argentino Hidalgo Boragno, todo musicalizado por El lado oscuro de la luna, Pompa y circunstancia de Edward Elgar y Héroe de guerra de Hendrix.

La palabra clave en la Argentina de 1973 era "liberación". Volvían la democracia y Perón a escena: el candidato del justicialismo, Héctor Cámpora, prometía una "patria liberada".

A comienzos de aquel año, los roqueros porteños comenzaron a reunirse los domingos en Parque Centenario para debatir sobre cuál sería el lugar del rock.

Músicos como Spinetta, Emilio Del Guercio, Rodolfo García, Gustavo Spinetta (estos tres fueron los únicos músicos que acompañaron a Luis Alberto en Artaud ), Miguel Abuelo y otros se sentaban a la sombra a charlar con periodistas como Grinberg o Pistocchi, y quienes eran su público.
"Teníamos una visión más holística de la revolución", nos recuerda Del Guercio.

"Nos preocupaba saber cuál iba a ser el lugar del arte y la cultura en la sociedad por venir, cómo la transformación personal de cada uno y la comprensión del otro podían modificar la sociedad.

" De ese cuestionamiento total es hija la libertad de Artaud. El rito del Centenario terminó "y ahora nos reprimen igual que antes del triunfo de Perón. (...) Vos sos parte de la liberación.

No tiene que ser espectacular, estará formada de pequeños gestos y grandes ternuras", escribía resignado Grinberg en su revista Rolanroc, donde también figuraba el manifiesto "Rock: música dura...". En ese manifiesto, Spinetta recurría a la misma idea "micropolítica" de liberación: denunciaba su "yo enfermo" por su incapacidad de expresarse de manera más directa (más artaudiana), consigo y con los demás.

Como su primer disco solista post Almendra, Spinettalandia y sus amigos (72), Artaud funcionaría como un "automanual de autoayuda".
Esa autoliberación implica aislarse, despojarse de todos y de todo: otra vez, el Lennon post Beatles que busca purgarse; su mensaje de amor a Yoko redime todo el nihilismo de Artaud.

Aquellos 70 eran años de "psicodelia reflexiva", como se puede comprobar en la letrística de Molinari, Smilari o Pappo y su dialéctica de "pensamiento versus locura". A Spinetta, la "divina tragedia del pensar" de Artaud (como la llama Susan Sontag) y el disco El lado oscuro de la luna le sirven para articular esa problemática relación entre alucinación y alienación, como queda claro en las voces internas de "A Starosta" o en "La sed verdadera" y sus enajenaciones espaciotemporales.
Otro tema esencial: encontrar una forma de vida en la madurez.
Como sucede en Floyd y en el Graham Nash de "Teach Your Children", "Todas las hojas son del viento" provee leves instrucciones para rockeros que van madurando y formando familias, y deben afrontar la paternidad siendo antipaternalistas.

El "yo enfermo" que quiere liberarse sabe que "las palabras nunca son/ lo mejor para estar desnudos".
Así, Artaud fue un laboratorio de la canción.
Por un lado, la letra.
Aquí se llega al máximo de desarticulación del discurso poético en "Por", construido a partir de sustantivos sueltos que surgen de las líneas melódicas. Hay un redescubrimiento de la dimensión poética de las palabras que sólo puede lograrse liberándolas de la oración.

Por otro, la música.
Resaltan los nueve minutos de la "Cantata de puentes amarillos", que continúa el formato fluido de una rapsodia o una canción "muy celular" como la llamaban los Incredible String Band, en quienes los Beatles se inspiraron para "Happiness Is a Warm Gun". El modo en que se canta la palabra-fetiche "mañana" (de ahí viene el que ya es un refrán clásico del rock nacional: "Mañana es mejor") es un punto alto.

También la burocracia versosestribillos o tensión-distensión ("Superchería") es puesta en duda.
¿Qué significa que Artaud sea elegido el mejor disco del rock nacional en el año 2007? El paso del tiempo obligó a su reducción: de vinilo con tapa "deformé" a vinilo con tapa cuadrada en los 80, luego cd diez años después, ahora mp3 almacenado en un disco rígido.

¿Qué queda de aquel Artaud que no quería ser sólo un disco sino un acto cultural liberador y lo repetía desde la molestia de su tapa? ¿Sólo grandes canciones? Más: un aura de algo irrepetible.

Un pelo de pincel en el color.
El aura de una forma de hacer y ser rock más directa, más artística, más artesanal y menos masiva que ya no existe desde 1982.
O sea, un ayer mejor: todo lo contrario de lo que el álbum quería enseñarnos en 1973.

Discos del rock nacional: el Top Ten

Te presentamos los resultados de la encuesta que RS le hizo a músicos, fotógrafos, periodistas y diferentes miembros de la industria musical. Este jueves revelamos el voto del público.
Te presentamos los 10 elegidos por el jurado de músicos, fotógrafos, periodistas y diferentes miembros de la industria musical encuestados por Rolling Stone:

1 - Artaud - Pescado Rabioso
2 - Clics modernos - Charly García
3 - Manal - Manal
4 - Oktubre - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
5 - Divididos por la felicidad – Sumo
6 - Almendra – Almendra
7 - La era de la boludez - Divididos
8 - 30 minutos de vida – Moris
9 - Canción animal - Soda Stereo
10 - Alta suciedad – Andrés Calamaro

lunes, 21 de abril de 2008

El último deseo de un blogger

- ¿Alguna última petición?
- ¿Puedo poner una última entrada en mi blog sobre esto?