lunes, 11 de febrero de 2013

Irán, AMIA y la conexión nuclear

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En la anterior entrada señalé algunas de las razones por las que resulta altamente inconveniente la ratificación por el Congreso Nacional del “Memorándum de Entendimiento” firmado recientemente con Irán. Quiero recordar ahora la historia detrás de la acusación a Irán por el atentado a la AMIA. Historia que involucra delicados y temerarios negocios nucleares con ese país.

Cuando se establece la relación entre energía nuclear y problemas de seguridad, no vinculada únicamente a accidentes radiológicos, los argentinos tenemos aquí un dramático ejemplo. La energía nuclear es una fuente de riesgos e inestabilidades políticas como pocas tecnologías.

Su tradicional vínculo de origen con la fabricación de armas nucleares se ha ido ramificando en situaciones intermedias, en donde ha pasado a ser clave la mera posesión de ciertas capacidades de manipulación de materiales radioactivos por parte de distintos actores, ya no sólo de los Estados. Es decir, la energía nuclear hoy es una fuente de inestabilidad y riesgo para la seguridad internacional mucho más diversificada y compleja que durante la clásica confrontación durante la guerra fría.

Esta semana Le Monde Diplomatique publica una nota acerca de las limitaciones del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) a la hora de controlar la proliferación de materiales sensibles y sus potenciales usos no pacíficos. Quiero rescatar una histórica cita que allí se hace de Joseph Rotblat:   

El concepto “Atomos para la paz”, que se convirtió en el slogan del Organismo, trata de enmascarar el horror de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, presuponiendo que el uso militar y civil de la energía atómica son dos cosas distintas. El único físico que se retiró del “proyecto Manhattan” (nombre del código del programa de investigación que desembocó en la primera bomba atómica) antes de la destrucción de Hiroshima en agosto de 1945, el profesor Joseph Rotblat, sin embargo, advirtió: “el vínculo intrínseco entre los aspectos pacífico y militar de la energía nuclear, el hecho de que es imposible producir electricidad a partir de un reactor que funciona a base de uranio sin, al mismo tiempo, producir plutonio, material de las armas nucleares, significa que a fin de cuentas, o bien la civilización será destruida, o bien la energía nuclear, basada en la fisión, tendrá que abandonarse”.    

Reproduzco a continuación un fragmento de una historia que reconstruí en el año 2001 acerca del rol jugado por INVAP en las últimas décadas. Pertenece al “Informe de Greenpeace sobre INVAP. Una historia que la industria nuclear quiere ocultar”. Para entender de dónde viene la acusación a funcionarios iraníes en relación a la AMIA.

 

Irán: otro escándalo internacional.

A comienzos de 1990, el secretario para Asuntos Especiales de la Cancillería, Alfredo Karim Yoma, inició conversaciones con el titular del gobierno iraní, Hashemi Rafsanjani, para arribar a un acuerdo de transferencia nuclear hacia ese país. El acuerdo incluía proyectos nucleares por un total de 300 millones de dólares -50 millones por año- más la provisión de dos reactores para la central de Busheir y el suministro de plantas de irradiación de alimentos totalizando 500 millones de dólares.(61)

El acuerdo despertaba enormes sospechas a nivel internacional e incluso dentro del gobierno
argentino. El entonces canciller Domingo Cavallo y el director de Seguridad Internacional y Asuntos Nucleares del palacio San Martín hicieron duras críticas a las gestiones de Yoma. Finalmente, en Julio de 1990 se produce la renuncia de Karim Yoma y los acuerdos con Irán quedan suspendidos, especialmente al participar Argentina en septiembre de ese año en el bloqueo marítimo en el Golfo Pérsico.

En realidad, los negocios con Irán habían comenzado unos años antes. Durante 1987 la cancillería informó que se había firmado un convenio para que INVAP realizara modificaciones en un reactor experimental en Irán. Tal acuerdo incluía la exportación de uranio enriquecido a ese país.(62) Esta información se hizo pública como resultado de denuncias realizadas desde el exterior, especialmente desde los Estados Unidos, que por ese entonces propiciaba un embargo para evitar que Irán obtuviera tecnología nuclear. Se pudo saber entonces que la Argentina, a través de INVAP, se disponía a vender, entre otras cosas, uranio enriquecido a Irán.(63)

Según un informe realizado en 1992 por Robert Gates, director de la CIA durante la administración Bush, la Argentina, junto con Brasil y Paquistán eran los principales países que suministraban tecnología para el enriquecimiento de uranio a Irán. Esta cooperación venía siendo seguida de cerca por los observadores estadounidenses e israelíes.

Pasado el conflicto bélico con Irak (1988), Irán vuelve a la carga para reactivar los acuerdos con Argentina. Es entonces cuando las presiones norteamericanas se multiplican para evitar nuevos envíos nucleares hacia ese país. Fruto de estas presiones se detuvo en enero de 1992 en el puerto de Campana (Buenos Aires) el primer embarque de máquinas, herramientas y tuberías «de uso dual» -es decir que pueden ser utilizadas para usos pacíficos o militares- destinado a una planta piloto para la purificación de uranio y fabricación de combustibles.(64)

Las protestas iraníes y la tensión diplomática generada por el incumplimiento de los contratos con INVAP se agravaron luego de producido el atentado a la embajada de Israel en Buenos Aires dadas las acusaciones que del lado argentino señalaban a Irán como promotor de tales actividades terroristas. Esta situación requirió de reuniones diplomáticas entre argentinos e iraníes en Francia para intentar alcanzar nuevos acuerdos. Se apostó entonces a realizar todo nuevo acuerdo nuclear bajo la aprobación de la Agencia Internacional de Energía Atómica.(65)

Hay que recordar que Argentina no era aún miembro del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), acuerdo al que se resistía firmar desde su creación en 1970 y al que recién se sumó en 1995. Durante marzo de 1995 la cancillería argentina tuvo que salir a desmentir la existencia de acuerdos nucleares con Irán denunciados por fuentes israelíes. La cancillería enfatizó entonces que desde 1992 no había acuerdos con Irán, si bien se reconocía la participación de INVAP en el rediseño de un rector experimental de la Universidad de Teherán.(66)

En 1995, un informe de Kenneth Timmerman, Director de Middle East Data Project, dice que en 1989, INVAP firmó un contrato por 18 millones de dólares con Irán para construir instalaciones sin salvaguardias para procesar uranio. El objetivo era procesar combustible para un reactor que Irán había adquirido ese mismo año a China y que luego sería reprocesado para obtener plutonio.(67)

La suspensión abrupta de los contratos nucleares con Irán ha sido relacionada con los actos terroristas ocurridos posteriormente en la Argentina (68). Un testigo de identidad reservada en el caso AMIA ha dicho que los atentados a la Embajada de Israel (1992) y de la AMIA (1994) fueron promovidos y organizados por los servicios secretos iraníes, en represalia por el incumplimiento argentino de contratos de transferencia de tecnología nuclear (69). Según la revista Nueva, «hacia 1991, presumiblemente por presión de otros países, la Argentina desistió de las operaciones, algo que sin duda debe de haber disgustado al país comprador».(70)

«Se trataría de una respuesta monstruosa» respondió el vocero de INVAP, Tomás Buch. Lo cierto es que la cancelación del negocio con Irán tuvo diversas consecuencias. INVAP debió revisar varios de sus negocios en marcha, ya que la mayoría de los países con los que tenía relaciones comerciales eran árabes. Es así que un contrato con Siria debió ser cancelado posteriormente.

Como uno de los coletazos del escándalo con Irán, el Presidente Menem decidió crear la «Comisión Nacional para el Control de las Exportaciones Sensitivas y de Material Bélico» con el objetivo de monitorear todas las operaciones de venta de insumos y equipos militares o tecnologías de uso estratégico. INVAP ajustó entonces sus posteriores contratos a este nuevo régimen de fiscalización. Sin embargo, el mismo no dio pruebas de eficacia, ya que pocos meses más tarde se producen las ventas ilegales de armas a Ecuador y Croacia.(71)

Otra de las consecuencias de esta operación de INVAP fue el reclamo económico que esta empresa le hizo al estado argentino por haberle hecho perder los 18 millones de dólares de los iraníes. Un informe de la entidad decía: «Ante la decisión del Poder Ejecutivo de cancelar/suspender los contratos con Irán, INVAP ve repentinamente amenazada su existencia».(72)

Así es que el Gerente General de INVAP, Héctor Otheguy, encabezó entonces una fuerte operación de lobby sobre diputados y Gobierno Nacional en la búsqueda de un «resarcimiento» económico para INVAP. Esa gestión tuvo éxito y el Parlamento, vía el Presupuesto Nacional, condonó a INVAP deudas impositivas para recuperar los 18 millones de dólares que había perdido por su fracasada venta a Irán.(73) Más tarde se sabrá que la Argentina también debió negociar una indemnización a Irán. La negociación se realizó en Viena, a instancias de la AIEA, con el gobierno iraní e INVAP.(74) Irán habría amenazado con un juicio por daños y perjuicios por 34 millones de dólares. Según algunas fuentes el gobierno nacional habría pagado unos 5 millones de dólares.(75) Esta es una nueva ocasión en que los argentinos terminan pagando las riesgosas aventuras de INVAP.

 

61. «Convenio nuclear con Irán». Ambito Financiero, 19/5/1987.

62. «Auxilio nuclear a Irán». Editorial de La Capital (Rosario), 26/5/1997.

63. «Los versos satánicos», Walter Goobar, Página/12, 4/9/1994.

64. La detención de este cargamento constituye una de las situaciones más escandalosas en las que se vio involucrado INVAP. El cargamento estaba cargado en el Fathulkhair, un barco de carga iraní

65. «Los versos satánicos», Walter Goobar, Página/12, 4/9/1994.

66. «La cancillería negó que exista un acuerdo nuclear con Irán». Clarín, 3/3/1995.

67. «Iran’s Nuclear Program: Myth And Reality», Kenneth R.Timmerman, Middle East Data Project, Inc. 1995

68. En marzo de 1992 un atentado terrorista hizo explotar un artefacto en la Embajada de Israel en Buenos Aires. Murieron 24 personas y 150 fueron heridas. En julio de 1994 una explosión, presumiblemente proveniente de una camioneta con explosivos, derrumbó el edificio de la Asociación Mutual Israelita (AMIA), en Buenos Aires. El saldo fueron 89 personas muertas, 12 desaparecidos y 206 heridos.

69. «La cancelación de un embarque nuclear a Irán, móvil del ataque», La Nación, 16/5/1998.

70. «Irán-Argentina: El conflicto que supimos conseguir», revista Nueva, 18/6/1998.

71. «INVAP rechazó una hipótesis de la represalia iraní», diario Río Negro, 19/5/1998.

72. «INVAP perdió plata y dice que el Gobierno la tiene». Diario Página/12, 12/3/1992.

73. «INVAP rechazó una hipótesis de la represalia iraní», diario Río Negro, 19/5/1998.

74. «Argentina indemnizará a Irán», diario La Reforma, Gral. Pico, La Pampa, 5/6/1996.

75. «Ventas de armas. Hombres de Menem», Daniel Santoro, Editorial Planeta, 1998, 2001. ISBN 950-49-0797-0.

sábado, 9 de febrero de 2013

El acuerdo con Irán y la pista nuclear

Desde una posición eco-pacifista, por ende comprometida con asegurar la vigencia universal de los derechos humanos, pienso que no se deben pasar por alto las implicancias de la actual negociación que lleva adelante el Gobierno argentino con la República Islámica de Irán.

Señalo esto por varias razones. En primer lugar, porque el origen de esta negociación es, ni más ni menos, uno de los mayores atentados terroristas que se hayan concretado en nuestro país. Segundo, porque tratándose de Irán, un país muy poco amigo de la transparencia y con una muy particular lectura de la historia y de las relaciones internacionales, debemos prestar cuidadosa atención a todo este proceso.

Tercero, y agregando un ingrediente clave, debemos recordar que la hipótesis más sólida para acusar a Irán de ese atentado, es la represalia por el no cumplimiento por parte de Argentina de un acuerdo de transferencia de tecnología nuclear que había sido pactado años antes por la empresa INVAP. Si, INVAP, la empresa que acompaña a este gobierno en cuanta gira comercial emprende por el mundo. Recomiendo, para hacer un poco de historia, leer el capítulo “Irán: otro escándalo internacional“ dentro del “Informe de Greenpeace sobre INVAP. Una historia que la industria nuclear quiere ocultar”. También pueden remitirse a la nota del diario La Nación que da cuenta de la formalización de la acusación por parte de los fiscales Alberto Nisman y Marcelo Martínez Burgos, quienes tienen a cargo la investigación.“Los fiscales señalaron que, por diversos testimonios, establecieron que el motivo por el cual se produjo el ataque en nuestro país fue la suspensión unilateral por parte del gobierno argentino del programa de transferencia de tecnología nuclear, que Irán consideraba clave.”

Como resultado de las conversaciones que viene manteniendo el actual ministro de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman, con funcionarios del gobierno iraní, el pasado 27 de enero se firmó un “Memorándum de Entendimiento” entre los representantes de ambos países. (El texto completo se coloca al final de esta nota).

En la práctica, cuando en una negociación se arriba a un acuerdo acerca de cómo proceder con determinada cuestión, y para que ese arreglo no quede en palabras, se documenta en una pieza que en la jerga diplomática suele denominarse “Memorándum de Entendimiento”. Esto es lo que básicamente ha sucedido. Allí se acordó conformar, de manera conjunta, una “Comisión de la Verdad” para revisar la documentación y las evidencias del caso para, finalmente, emitir sus opiniones y recomendaciones. Hasta aquí, uno puede bien discutir si tal paso es apropiado o no, si es correcto o si resulta inútil.

Ahora bien, para el caso en cuestión, el acuerdo genera enormes dudas en relación a las implicancias concretas que tendrá para el desarrollo futuro de la causa judicial lo que vaya a producir la Comisión de la Verdad creada. Tampoco resulta claro qué alcances tendrán los “interrogatorios” o entrevistas con los sospechados, ya que aparecen diferencias de interpretación entre ambas partes.

Por otro lado, el Memorándum firmado no llegaría a revestir las características propias de un Tratado o Acuerdo, debido a las ambigüedades que arroja. El mismo carece, además, de elementos que justifiquen elevarlo a la categoría de Tratado Bilateral legalmente vinculante. Es por ello, que no es pertinente que Congreso Nacional lo ratifique. Recordemos que, de ser ratificado como un Tratado o Acuerdo, este Memorandum tan particular, adquiriría una jerarquía jurídica superior a las leyes y, dadas las ambigüedades mencionadas, esta situación resultaría por demás peligrosa. Recordemos el Artículo 75 de la CN cuando señala las atribuciones del Congreso.

Art.75, inciso 22: Aprobar o desechar tratados concluidos con las demás naciones y con las organizaciones internacionales y los concordatos con la Santa Sede. Los tratados y concordatos tienen jerarquía superior a las leyes.  

En condiciones normales, un "Memorándum de Entendimiento" no es un documento legalmente vinculante que deba ser ratificado por el Congreso. Pero parece que este no es el caso. Estamos ante una situación especial: se pretende otorgar una jerarquía inusual a una incierta “Comisión de la Verdad”, conformada con un país cuya concepción de la justicia y la verdad difiere notablemente con la que existe en la Argentina. Será un compromiso de difícil cumplimiento y de resultados más que inciertos. Si la Cancillería quiere explorar ese camino, debería hacerlo sin comprometer la justicia y el orden jurídico nacional. El Congreso Nacional no debe ratificar ese Merándum.

En esta misma línea, recomiendo leer el excelente artículo escrito esta semana por el ex-canciller Dante Caputo, “Ahmadinejad ama la verdad“.

Es necesario que el atentado a la AMIA, así como el atentado a la Embajada de Israel, se esclarezcan por la legítima vía de la justicia. Si las evidencias apuntan sobre funcionarios del Estado de Irán y el nexo con la cooperación nuclear trunca, deberá ser la justicia la que avance. Al mismo tiempo, la dirigencia argentina debe hacer una revisión en lo que respecta a la política nuclear que ha seguido el país en las últimas décadas. Deben reflexionar sobre cuáles han sido las alianzas establecidas y qué desarrollos futuros debemos emprender para contribuir a una comunidad internacional más pacífica y transparente. La diplomacia nuclear nunca contribuyó a esos objetivos y nadie pude creer que lo haga alguna vez.

Juan Carlos Villalonga

Texto completo del "memorándum de entendimiento" entre Argentina e Irán

El siguiente es el texto completo que difundió la Presidencia de la Nación respecto del "Memorándum de Entendimiento" que firmaron los cancilleres Héctor Timerman y Ali Akbar Salehi, de Irán, sobre los temas vinculados al ataque terrorista a la sede de la AMIA:

1. Establecimiento de la Comisión. 
Se creará una Comisión de la Verdad compuesta por juristas internacionales para analizar toda la documentación presentada por las autoridades judiciales de la Argentina y de la República Islámica de Irán. La Comisión estará compuesta por cinco (5) comisionados y dos (2) miembros designados por cada país, seleccionados conforme a su reconocido prestigio legal internacional. Estos no podrán ser nacionales de ninguno de los dos países. Ambos países acordarán conjuntamente respecto a un jurista internacional con alto standard moral y prestigio legal, quien actuará como presidente de la Comisión.

2. Reglas de Procedimiento. 
Luego de consultar a las partes, la Comisión establecerá sus reglas de procedimiento que serán aprobadas por las partes.

3. Intercambio de Información. 
Una vez que la Comisión haya sido establecida, las autoridades de Irán y de la Argentina se enviarán entre ellas y a la Comisión la evidencia y la información que se posee sobre la causa AMIA. Los comisionados llevarán adelante una revisión detallada de la evidencia relativa a cada uno de los acusados; la Comisión podrá consultar a las partes a fin de completar la información.

4. Informe de la Comisión. 
Luego de haber analizado la información recibida de ambas partes y efectuado consultas con las partes e individuos, la Comisión expresará su visión y emitirá un informe con recomendaciones sobre como proceder con el caso en el marco de la ley y regulaciones de ambas partes. Ambas partes tendrán en cuenta estas recomendaciones en sus acciones futuras.

5. Audiencia. 
La Comisión y las autoridades judiciales argentinas e iraníes se encontrarán en Teherán para proceder a interrogar a aquellas personas respecto de las cuales Interpol ha emitido una notificación roja. 
La Comisión tendrá autoridad para realizar preguntas a los representantes de cada parte. Cada parte tiene el derecho de dar explicaciones o presentar nueva documentación durante los encuentros.

6. Entrada en vigencia. 
Este acuerdo será remitido a los órganos relevantes de cada país, ya sean el Congreso, el Parlamento u otros cuerpos, para su ratificación o aprobación de conformidad con sus leyes. 
Este acuerdo entrará en vigencia después del intercambio de la última nota verbal informando que los requisitos internos para su aprobación o ratificación han sido cumplimentados.

7. Interpol. 
Este acuerdo, luego de ser firmado, será remitido conjuntamente por ambos cancilleres al Secretario General de Interpol en cumplimiento a requisitos exigidos por Interpol con relación a este caso.

8. Derechos Básicos. 
Nada de este acuerdo pondrá en riesgo los derechos de las personas, garantizados por ley.

9. Solución de controversias. 
Cualquier controversia sobre la implementación o interpretación de este acuerdo será resuelta por medio de consultas entre ambas partes.


Firmado el 27 del mes de enero del año 2013 en la ciudad de Adis Abeba, Etiopía en dos ejemplares, en los idiomas farsi, español e ingles. En el supuesto que hubiere una disputa sobre la implementación prevalecerá el texto en inglés.

martes, 8 de enero de 2013

Pistas para salir de la crisis de civilización

Edgar Morin y François Hollande

A finales de 2012 se publicó el libro “Diálogo sobre la política, la izquierda y la crisis” (Editorial Paidós) que reproduce un interesante diálogo entre Francois Hollande y el filósofo Edgar Morin. Al momento de desarrollarse este diálogo Francois Hollande era candidato a la presidencia de Francia, que ganó el 6 de mayo de 2012. Le Monde publicó un fragmento de ese intercambio previo a la segunda vuelta en esas elecciones, el 4 de mayo. El libro contiene una versión más completa de este interesante intercambio.

Aquí comparto el fragmento publicado por Le Monde publicado en el blog español “En campo abierto” el mismo 6 de mayo, cuando acababan de cerrar los comicios. 

Del progreso al pacto social. Pistas para salir de la crisis de civilización.

Debate entre François Hollande, candidato electo a la presidencia de la República  y Edgar Morin, filósofo y pensador de la complejidad.

François Hollande acaba de ser elegido Presidente de la República francesa. Una parte importante de Francia y de Europa ven en esta elección una esperanza, relativa pero esperanza al menos, de poder frenar las políticas de vaciamiento de las conquistas sociales de los últimos años. El periódico Le Monde publicó el pasado 4 de mayo un debate entre François Hollande y Edgar Morin acerca de las propuestas de salida de la crisis y el futuro de Francia y de la civilización en general. Por su interés lo publicamos, traducido, en este sitio.


¿Cuál es su concepción de la izquierda?

Edgar Morin: Para mí se trata de volver a las tres fuentes del siglo XIX, la libertaria, la socialista y la comunista, que se han separado y enfrentado en la Historia. La idea comunista se ha degradado en su versión estaliniana y maoísta; la socialdemocracia se ha secado; en cuanto a la libertaria, se ha quedado aislada, con excepción de una franja de la izquierda radical. Hoy, es necesario regenerar estas tres corrientes y vincularlas de nuevo para ocuparse a la vez por el desarrollo de los individuos, por una sociedad mejor y por la fraternidad. Añadiría una cuarta fuente, más reciente, que es la ecológica: nuestro porvenir necesita un esfuerzo para salvaguardar a la vez la naturaleza y nuestra propia naturaleza humana.

François Hollande: Estas tres fuerzas, en efecto, han conocido remolinos, a veces se han secado, pero las tres permanecen vivas. La familia socialista tiene más responsabilidades aún que en el siglo XIX porque está confrontada con el ejercicio del poder. Se ha reforzado por la voluntad de alcanzar su compromiso en la cúspide del Estado y en el seno de las colectividades locales. La izquierda debe marcarse como horizonte el cumplimiento del diseño republicano pero también debe plantear una reconquista: hacer que la democracia se haga más fuerte que los mercados, que la política retome el control de las finanzas y domine la globalización.

La izquierda debe abrir caminos, imaginar políticas nuevas. El progreso es posible, el futuro puede todavía ser una fuente de realización para las generaciones venideras. La humanidad sigue  su marcha. Nosotros debemos estar en la evocación de nuestra historia y en la invención de nuestro futuro. En esta perspectiva histórica yo sitúo mi proyecto presidencial: quiero ser un continuador y un renovador.

Abolición de la pena de muerte y ascenso del yupismo, precio único del libro y triunfo de Bernard Tapie, el mitterandismo reforzó o hizo caer a la izquierda?

E.M. : El mitterandismo se sustentó en un gran impulso de esperanza. Se comprometió con grandes reformas, como la abolición de la pena de muerte o las leyes Auroux[1], pero su balance es ambivalente. Hay que tener en cuenta sus debilidades, sus fracasos y sus insuficiencias. ¿Qué balance hace usted, François Hollande, de la izquierda en el poder? A partir de 1981, es evidente que la izquierda llevó a cabo reformas importantes pero ¿no es menos verdad que también convirtió a la sociedad francesa al neoliberalismo, lo cual favoreció el desarrollo del capitalismo financiero que usted denuncia? El Frente popular, por ejemplo, fue un momento magnífico pero aquel gobierno no tuvo el coraje o la energía de intervenir en España, lo que habría podido parar la victoria del nazismo.

F.H. : No seamos demasiado severos con la izquierda de los años 80: permitió modernizar nuestro país, adaptarlo, producir mutaciones que vencieron la inflación y restablecieron el crecimiento. Gracias a ella Francia ha alcanzado su posición. Pero es verdad que la izquierda  fue pronto arrastrada por una construcción europea concebida más como un gran mercado que como un gran proyecto. Es verdad también que esta Europa ha terminado por representar el liberalismo ante los ojos de los ciudadanos. La izquierda ha pagado este error, ha corregido el tiro.

La izquierda debe proponer grandes esperanzas pero no puede reducirse a grandes momentos. Su vocación no puede ser la de intervenir cada veinte años para hacer reformas. Quiero, por el contrario, situar a la  izquierda en la vía de largo recorrido. No soy candidato para distanciarme de la derecha, introducir algunas innovaciones políticas y sociales y enseguida abandonar el sitio. Quiero iniciar una transformación de la sociedad a largo plazo que pueda convencer más allá de la propia izquierda.

Mi responsabilidad es ser el presidente de la salida de la crisis. Eso supone una transición económica, energética, ecológica, generacional también, que permita que la juventud sea capaz de cumplir su propio destino. En cada época la izquierda debe saber por qué combate. Yo estoy para facilitar el paso de una sociedad a otra, de una época a otra. Para facilitar que Francia entre en el siglo XXI.

E.M. : No será acaso una transición entre un mundo viejo y un mundo nuevo, entre una lógica política que permanece ciega y decadente y una nueva lógica política?

F.H. : Sí, es lo que acabo de indicar. Esta nueva lógica política consiste precisamente en actuar para alcanzar una transición ligada a todos esos ámbitos. No aislar los problemas sino ver y saber que deben ser tratados conjuntamente. Tejer los lazos. Cruzar los enfoques. Pensar la complejidad, por utilizar una palabra muy querida por usted. Por eso es necesario tener una visión a largo plazo y un modelo de gobierno duradero.

¿Debe la izquierda actualizarse con la idea de progreso y de crecimiento o, por el contrario, debe esquivar este proyecto?

E.M. : Desde Condorcet, el progreso se ha concebido como una ley automática de la historia. Esta concepción ha muerto. Ya no podemos considerar el progreso como el vagón arrastrado por la locomotora tecno-económica. Tenemos que concebir el progreso de una forma nueva, no como una mecánica inevitable sino como un esfuerzo de la voluntad y de la conciencia. El progreso se ha asimilado frecuentemente con la técnica, con el desarrollo económico, con el crecimiento, en el marco de una concepción cuantitativa de las realidades humanas. Frente a la crisis del crecimiento, frente a los daños y catástrofes engendrados por el desarrollo tecno-científico o frente a los excesos del consumismo, ¿no es necesario romper con el mito del crecimiento infinito? El ejemplo de Japón muestra que un país desarrollado lo ha podido ser con un 1% de crecimiento antes de la crisis.

Pero sobre todo hay que superar la estéril disyuntiva crecimiento/decrecimiento y promover el desarrollo de la economía verde, de la economía social y solidaria… Y al mismo tiempo hacer decrecer la economía de los productos fútiles, de efectos ilusorios, pero ensalzados por la publicidad, hacer decrecer la economía de productos desechables o cuya obsolescencia está programada, suprimir las depredaciones de los intermediarios como las grandes cadenas de supermercados que imponen precios muy bajos a los productores y precios elevados a los consumidores. Promover los circuitos cortos…

F.H. : El progreso no es una ideología pero es todavía una idea fecunda. Yo soy militante del progreso. La acción política debe permitir a la humanidad avanzar y al individuo esperar un destino mejor. Rechazo todas esas ideas que ponen en causa el progreso científico, social y ecológico. Pero no podemos creer ya en el automatismo del crecimiento, en una mecánica que conduciría, bien por las fuerzas del mercado o bien por el contrario por la intervención del Estado, a una mejora del poder de compra o de la calidad de la vida. Rousseau nos lo enseñó: no hay equivalencia entre progreso técnico y progreso moral, entre progreso económico y progreso humano. Debemos batirnos por un progreso humano, solidario, mundial.

Y aquí interviene la distinción entre mercado y no-mercado, todo lo que no puede ser reducido al intercambio y a la valorización. El papel de la izquierda es vigilar para que el mercado sea eficaz y competitivo pero también desarrollar el no-mercado. En cuanto a la oposición crecimiento/decrecimiento, yo estoy por un mayor nivel de crecimiento a pesar de que sabemos que la tendencia para los próximos diez años es a lo mejor de recuperar 2 o 2,5 puntos de crecimiento, es decir, la mitad de lo que hemos conocido durante los “treinta gloriosos”  y un tercio de lo que hemos podido conocer en 1974. De ahí la importancia de dar a este crecimiento contenidos en empleo, en actividad, en riqueza, en ecología sobre todo.

Hay también sectores que deben decrecer porque son una fuente de despilfarro. La tecnología nos puede ayudar. Luchar contra lo que daña la salud es un factor para reducir nuestros gastos colectivos y es por tanto una recomendación suplementaria para financiar otras propuestas de solidaridad. La austeridad no es lo contrario de la prosperidad. No es un expolio sino una libertad que debemos ofrecer a cada uno.

¿Debe aumentar la globalización o por el contrario hay que iniciar una desglobalización?

E.M. : La competencia es algo natural pero la competitividad lleva a la empresas a reemplazar a los trabajadores por máquinas, a oprimirlos con limitaciones. La explotación económica contra las que luchan los sindicatos ha sido suplementada por una alienación de acuerdo con las normas de productividad y eficacia. Será necesario por tanto una política de humanización de la economía deshumanizada. Por otro lado hay que reimplantar un control humano, ético y político de la ciencia. Tratándose  de la globalización, ciertamente uno se puede felicitar de que países que se denominan subdesarrollados registren una mejora de sus niveles de vida y, en ese sentido, las deslocalizaciones han podido jugar un papel útil.

Pero, ante los excesos de las deslocalizaciones y la desertificación de nuestra industria, hay que tomar medidas de protección. También hay que a la vez mundializar y desmundializar, continuar con todo aquello que la globalización aporta en cooperación, en intercambios fructíferos, en relaciones culturales y en destino común, pero salvando los suelos, recuperando  las agriculturas de subsistencia, salvaguardando las autonomías. Hay que tomar partido más allá de la alternativa globalización/desglobalización.

F.H. : Son debates que han marcado ya la vida política y económica y que se sitúan en condiciones nuevas: las técnicas evolucionan, el capitalismo mismo conoce una mutación pero continúan los mismos interrogantes y los mismos desafíos. El papel de la política es el de determinar los límites y los problemas del progreso científico. La ética no se fundamenta sólo en las convicciones personales: debemos definir juntos lo que es posible y lo que no lo es. Este debate no debe ser confiado a una elite sino al conjunto de los ciudadanos.

¡La globalización no es una ley de la física! Es una construcción política. Lo que los hombres han decidido y construido otros hombres lo pueden cambiar. La política debe intervenir para luchar contra la economía de casino y la especulación financiera, para preservar la dignidad del trabajador y basar la competencia sobre normas medioambientales y sociales.

El trabajo no es un valor de la derecha sino un valor ciudadano: el derecho al trabajo es por otra parte reconocido en la Constitución, garantiza unos ingresos, un lugar en la sociedad, una relación con los otros.

El periodo que vivimos es el del exceso: exceso de remuneraciones, de beneficios, de miseria, de desigualdad. El papel de la política es luchar contra el exceso, los riesgos, las amenazas y reducir las incertidumbres. Tenemos necesidad de humanización, si no perderemos el sentido de aquello por lo que producimos, intercambiamos, comerciamos. Tenemos también necesidad de unidad, de reencontrarnos en torno de los grandes valores pero esta unidad no puede aplastar la diversidad. Se trata de ser justos, de mostrar a la vez justicia y justeza. Debemos a la vez inspirar confianza y dar confianza a los ciudadanos en sus propias capacidades.

Edgar Morin, usted sugiere a los candidatos inscribir en la Constitución que “Francia es una república una, indivisible, pero también multicultural. ¿Cuáles son esas razones?

E.M. : Francia es una realidad multicultural: los vascos, flamencos, alsacianos son étnicamente heterogéneos; en un proceso histórico de integración hexagonal [francisation] se han convertido en franceses. Decir que Francia es una, indivisible y multicultural es reconocer una realidad donde la unidad impide el comunitarismo y refuerza  la integración de aquellos que vienen de fuera, pero que reconoce la diversidad fecunda de las culturas que integramos. No hablo sólo de inmigrados sino también de antillanos o de franceses de la isla de Reunión, que quieren que se les reconozca su especificidad.

F.H. : Francia está constituida por integraciones sucesivas, primero de sus provincias y después de sus poblaciones que han venido a enriquecer la nación. Es lo que hacía escribir a Fernand Braudel que “Francia se llama diversidad”. Sin embargo, el concepto de multiculturalismo crea ambigüedades y daría que pensar que somos una sociedad donde no habría ya señas de identidad comunes. No se trata de ocultamiento o de indiferencia al respeto de los orígenes diversos sino de asegurar que los franceses se reconozcan en la República. Yo prefiero reforzar la laicidad en la Constitución porque ésta es un gran principio de libertad –todos los ciudadanos, todas las religiones son tratadas de la misma forma – y de fraternidad –la laicidad nos permite vivir todos juntos, con los mismos derechos y los mismos deberes.

E.M. : Tras el drama de Montauban y de Toulouse, ¿no habría que organizar un gran encuentro gigante con los franceses de todos los orígenes, creoles, askenazis, sefarditas, árabes y bereberes magrebíes, africanos franceses, que sería como la repetición en 2012 del 14 de julio de 1790 donde las delegaciones llegadas de todas las provincias (verdaderas etnias culturales entonces) vinieran a proclamar: “Queremos formar parte de la gran nación”?

F.H. : ¡El mitin que describe lo he venido haciendo decenas de veces desde hace meses! El reagrupamiento de los franceses no debe estar ligado a un acontecimiento particular, es un combate de cada instante. Este es mi proyecto: reagrupar a los franceses para enderezar Francia. Y hacerlo en el marco de la justicia.

No creen ustedes que, en las actuales condiciones de una crisis sin precedente, no nos hace falta una presidencia “normal” sino más bien una “presidencia de salvación pública”, como ha sugerido Edgar Morin?

F.H. : ¿Qué he querido decir con esta fórmula? Que quiero estar cerca de mis conciudadanos, encontrar la armonía y el apaciguamiento. Pero este paso debe estar al servicio de una gran causa. Hay que luchar contra el fatalismo, que nos lleva a la cólera o a la resignación. Debemos sobreponernos colectiva e individualmente. O, para llegar a donde queremos, debemos tener confianza. Vivimos en la inmediatez, nuestro horizonte difícilmente va más allá de fin de mes. El papel de la política es recuperar una visión de largo alcance que permita superar esta situación. El candidato normal debe tener el ánimo de salud pública. Tener el ánimo de salud pública es renunciar a nuestros intereses privados y corporativos, poner a la juventud en el centro de nuestras decisiones, promover una transición y una altitud de miras.

E.M. : La crisis que vivimos no es sólo económica; es una crisis de civilización. Un presidente debe ser capaz de marcar la dirección de salvación pública para que Francia reencuentre su papel de país pionero. No se puede restablecer la confianza ni la esperanza si no es proyectando un camino nuevo. No solamente se debe prometer la salida de la crisis sino cambiar la lógica dominante. Con una confluencia de reformas múltiples hay que volver a movilizar al país, poner la confianza en las capacidades creadoras de los ciudadanos. Sugeriría que el candidato responda a aquello que decía Beethoven en su último cuarteto: “Muss es sein? Es muss sein. [¿Debe ser? Tiene que ser] ¿Es posible? Sí, hay que mostrar que es posible.

F.H. : No solamente digo que es posible, no solamente quiero mostrar que es posible; ¡yo quiero hacerlo!

¿Cuál sería la gran política económica que podría acompañar a esta política de civilización?

E.M. : En mi opinión una política económica de gran perspectiva implica la supresión del poder absoluto de la finanza especulativa para salvaguardar el carácter competitivo del mercado. Como dije antes se trata de superar de la alternativa crecimiento/decrecimiento subrayando precisamente lo que debe crecer: una economía plural, incluyendo el desarrollo de la economía verde, de la economía social y solidaria, del comercio equitativo, de la economía de la convivencia, de la agricultura de granja y biológica, de la empresa ciudadana. Pero también marcando aquello que precisamente debe decrecer: la economía creadora de necesidades artificiales, de lo fútil, lo desechable, lo perjudicial, lo derrochador, lo destructor. ¿Acaso no hay que poner en marcha una gran política del consumo, que incite a los ciudadanos a instruirse sobre los productos y que conduzca a una acción educativa sobre las intoxicaciones y adicciones consumistas, lo cual, favoreciendo la calidad de los productos, favorecería la calidad de la vida y de la salud de las personas? ¿No habría que prohibir los múltiples productos desechables o de obsolescencia programada lo cual favorecería a los pequeños talleres de la reparación? ¿Acaso no hay que poner en pie una gran política de rehumanización de las ciudades que actúe sobre la desagregación social, que penalice las ciudades-aparcamiento a fin de favorecer los transportes públicos y la peatonalización y que potencie la vuelta de los comercios de barrio? ¿Acaso no se debería promover una nueva política para la Francia campesina a fin de abandonar la agricultura y la ganadería industrializadas que han envenenado los suelos, las aguas, a los consumidores y, por el contrario, favorecer la agricultura de granja y biológica? Este modelo revitalizaría los campos, repoblándolos con un nuevo campesinado, implantando allí oficinas de correos y dispensarios locales y a su vez incitaría a reinstalar en los pueblos panaderías, colmados y pequeñas tiendas. Este modelo agrícola instauraría la autonomía de consumo lo cual nos ayudaría en caso de grave crisis internacional.

F.H. : En su intervención hay numerosos puntos que son eco de lo que he propuesto en mi programa.  Cuando digo que mi adversario son las finanzas yo no hablo por supuesto de esos instrumentos mercantiles que permiten financiar la economía, conservar el ahorro, financiar las inversiones de las empresas. Hablo de la finanza loca y desbocada, especulativa, que se ha desconectado e independizado de la economía real. La ideología liberal ha sido hegemónica. Sion embargo hemos visto sus límites, sus peligros, sus fracasos. Esta ideología es la arcaica, la superada. Se impone una nueva vía y es responsabilidad de la izquierda de llevar adelante esta nueva exigencia.

Usted habla del problema del consumo. Voy a poner un ejemplo: haciendo la transición energética construimos la Francia del futuro. Esta transición no es independiente de un verdadero proyecto de sociedad. La reducción de la cuota nuclear –y no su abandono como la derecha, mintiendo, nos achaca-, el desarrollo paralelo de energías renovables, la renovación del hábitat, todas estas iniciativas deben permitirnos construir una sociedad de la austeridad y de la eficacia energética. Es una necesidad medioambiental pero también una oportunidad social  e industrial. Es igualmente una señal potente: controlaremos mejor el consumo, reduciremos el despilfarro. Usted alude a una “educación para el consumo”, consumir mejor para preservar los recursos terrestres que sabemos que no son infinitos. Creo que este modelo convencerá a los ciudadanos y cambiará las actitudes y los hábitos de consumo. Tenemos que reformar las actitudes y cambiar las mentalidades.

Finalmente, quiero iniciar un nuevo acto de descentralización para reforzar los poderes y los dinamismos locales y para armonizar las capacidades y el atractivo de todos los territorios.

¿Quiénes son los pensadores y políticos que os han inspirado vuestras batallas políticas? ¿Hugo, Marx, Jaurès? ¿Y por qué razones?

E.M. : Todos los pensadores que me han llevado al pensamiento complejo han jugado un papel en la formación de mis ideas políticas. Entre  ellos citaría a Heráclito, Montaigne, Pascal, Rousseau, Hegel, Marx, von Foerster. Todos los autores que me han hecho alérgico ante la humillación, en primer lugar Dostoyevski y el Hugo de Los miserables, y todos aquellos que me han inducido a aspirar la emancipación de los oprimidos han alimentado mi sensibilidad de izquierda. En fin, he incorporado en mi propio ser la llamada a cambiar la vida de Rimbaud y Breton.

Mis compañeros más cercanos en materia política fueron, desde 1956, Claude Lefort y Cornelius Castoriadis. Creo que todo pensamiento político debe formularse a partir de un diagnóstico del momento de la era planetaria en la que vivimos y concebir una vía de salvación y, a partir de ahí, proyectar una política francesa. Creo que hay que superar las insuficiencias y carencias de la idea de reforma y de revolución por un nuevo concepto de “metamorfosis”, que combine conservación y transformación.

F.H. : La obra de Marx es todavía útil para comprender lo que es el capitalismo. Pero convengamos en que ha cambiado de forma y dimensión. Jaurès es una de las más grandes referencias del socialismo pero también de la República. Por su inteligencia prodigiosa, por su cultura, por su nivel intelectual, por su búsqueda obstinada de la síntesis. Sé que al pensamiento de Edgar Morin le gusta conectar los antagonismos y mostrar aquello en que, lejos de oponerse, son complementarios. Es un buen ejemplo. En mi forma de ver la política la defensa del ideal y la acción sobre lo real van parejas.

Es también aquello que quería decir Aimé Césaire en su magnífica fórmula “la esperanza lúcida”. Victor Hugo es el tumulto. La fuerza de la cólera y la lucidez. ¡Qué sentido de la justicia! El joven dandi monárquico y romántico se ha transformado en un gran republicano habiendo resistido al despotismo, aquel de “El pequeño Napoleón”, con el coraje de enfrentarse al exilio… Me refiero también a Albert Camus, que nos recuerda que el combate por la humanidad debe ser reclamado en cada instante.

Nicolas Truong, LE MONDE | 04.05.2012

Traducción de Javier Aristu


[1] Se refiere a las cuatro leyes promovidas por Jean Auroux, entonces Ministro de Trabajo del gobierno Maurois, en 1982, referentes a nuevas reglas en el derecho de los trabajadores.