sábado, 6 de octubre de 2012

Libélulas y pimientos

 

Luis Alberto Spinetta

 

La Bibioteca Nacional será sede de la muestra Los libros de la buena memoria, en homenaje al músico argentino. En este artículo, que acompañará la exposición, el autor de El país imaginado analiza las ideas y los textos que dieron forma al pensamiento del fallecido compositor y sustentaron la singular lírica de sus canciones

 

Por Eduardo Berti | Para LA NACION

 

 

 

 

 

 

Cierto día en que paseaban por el campo, el poeta Matsuo Bashô (1644-1694) y su discípulo Kikaku se extasiaron mirando el revoloteo de las libélulas. En el acto, el discípulo compuso un haiku:

¡Libélulas rojas!
Quítales las alas
y serán pimientos.

El maestro repuso: "No. De esta manera has matado a las libélulas". Y propuso otra versión:

¡Pimientos!
Añádeles alas
y serán libélulas.

La anécdota fascinaba a Luis Alberto Spinetta en sus últimos años, tanto que llegó a contarla en más de una entrevista. Un video realizado por Emilio Cartoy Díaz muestra a Spinetta comentando que, a su entender, el episodio de Bashô resume y confronta "dos visiones del mundo": la destrucción versus la creación.

La crítica de la violencia y de la destrucción fue una constante en la obra de Spinetta y, con certeza, uno de los pilares de la ideología del rock, que nació tras el nazismo e Hiroshima. Un sketch de la película Hasta que se ponga el sol (de Aníbal Uset), filmado en los años de plomo, casi al mismo tiempo que la matanza de Ezeiza, muestra a los músicos de Pescado Rabioso caminando por una calle apacible de un barrio porteño. Aparece una limusina y tras ella va un coche algo destartalado. Una especie de "personaje importante" baja de la limusina. Un tirador baja del otro coche y le apunta con una grosera escopeta. Los músicos se cruzan, por error, en la línea de fuego. Suena un disparo. David Lebón recibe una bala perdida y reacciona indignado frente al tirador. "Tonto", resume Spinetta.

De aquella bala perdida a la bengala perdida del disco llamado nada menos que Tester de violencia y basado en algunos textos de Michel Foucault, la postura de Spinetta ante el instinto de muerte fue siempre activa, siempre creativa. Lennoniana, podría decirse. Un grupo como Pescado Rabioso sondeaba la poesía en los resquicios de la "dureza". Una canción como "Kamikaze" hacía una crítica -no exenta de admiración- de la ética del sacrificio.

"Estoy en contra de la muerte. No concibo la posibilidad de que los hombres se maten ni por inmolación, ni para beneficio de la guerra, ni jugando a los dados o a la ruleta rusa, ni en la calle ni en los accidentes", le decía Spinetta a Gabriel Senanes en una entrevista donde hablaba del libro que le había inspirado esta última canción: Los kamikazes , de Fernando Castro.

Pero, a la vez, el sobre interno del disco (también bautizado Kamikaze ) admitía su perplejidad por la audaz convicción de estos guerreros: "¿Lamentablemente no hay más kamikazes en la vida creativa?" [...]

* * *

Según Bashô, uno de los atributos más importantes de un haiku era el de reunir dos principios opuestos que él llamaba fueki (lo immutable) y ryukô (lo efímero). Estos principios -dicen los estudiosos del haiku- provienen de los conceptos chinos de yin (lo cambiante, lo femenino, la luna, la sombra) y yang (lo estable, lo masculino, el sol, la luz).

La noción de "pescado rabioso" reunía dos conceptos en teoría opuestos o, al menos, irreconciliables. De esa noción (de ese animal de agua que es víctima de una enfermedad de mamífero) nacía algo dulce y violento a la vez: algo próximo a Led Zeppelin, algo que (como el rock en su conjunto) ponía en tela de juicio los límites rígidos, puristas, "tangueros", entre las sensibilidades mal o bien llamadas femeninas y masculinas.

Una canción de Invisible se llama "Encadenado al ánima". Otra se llama "En una lejana playa del ánimus". Comparables en cierto aspecto al yin y al yang, ánima y ánimus son dos conceptos de Carl Gustav Jung, a quien Spinetta leía con interés a mediados de los años setenta. En síntesis, el ánima representaba para Jung el lado femenino de la psiquis del varón y el ánimus era la parte masculina de la psiquis femenina.

"El ánimus ama la vida. El ánima busca la muerte", escribió Jung en El secreto de la flor de oro . "El ánimus es el alma-yang, luminosa, mientras que el ánima es el alma-yin, oscura [?]. Quien al despertar está sombrío y deprimido, encadenado a la figura corpórea, está encadenado por el ánima."

En tal sentido, no deja de ser curioso que la letra de "Encadenado al ánima" (llena de imágenes surrealistas: "La distancia es un caudal de eternidad agazapada sobre la espalda de un león") apareciera firmada no por Spinetta, sino por su padre (Santiago), cultural y generacionalmente "encadenado" al tango.

* * *

El interés que Spinetta sintió durante décadas por la obra de Carlos Castaneda parece otra forma distinta de tender "un puente de inteligencia anímica, interna, entre Occidente y Oriente", como escribe Jung en El secreto de la flor de oro .

Padre simbólico de muchos pensadores de la así llamada "Nueva Era", Castaneda publicó en 1968 su primer libro ( Las enseñanzas de don Juan , un relato que colocaba a un estudiante de antropología ante las mismísimas puertas de la percepción) y en 1973 coronó, aunque no terminó, la serie con Viaje a Ixtlán . Libro a libro, iba narrando en primera persona la lenta y casi siempre desconcertante lección de brujería a la que lo sometía don Juan Matus, un viejo chamán yaqui dispuesto a convertirlo en su joven discípulo.

Castaneda no fue el primero en interesarse por el chamanismo ni tampoco por el uso del peyote y otras plantas alucinógenas en la cultura azteca (el mismísimo Artaud fue uno de los muchos interesados), pero encontró un formato sumamente ameno, no tan académico como el que había empleado a mediados de los años 1950 Aldous Huxley en su The Doors of Perception , el libro que inspirara a Jim Morrison a la hora de bautizar a su banda musical.

Uno de las principios centrales que don Juan Matus le inculca a Carlos es que debe borrar la historia personal, porque "la historia personal es basura": mejor olvidarse del pasado para ser una persona nueva cada día y obtener la libertad de lo imprevisible.

"Sentirse importante lo hace a uno pesado, torpe y vano. Para ser un guerrero, uno necesita ser ligero y fluido", dice don Juan. Los detractores de Castaneda (quienes creen que el libro es mera ficción y que don Juan nunca existió) arguyen que estas ideas provienen directamente de la filosofía budista, que propicia el empequeñecimiento del "yo" o de la identidad personal a favor de un "yo" colectivo.

"El budismo niega el yo", explicaba Jorge Luis Borges durante una conferencia en el Colegio Libre de Estudios Superiores, que fue seguramente el embrión de su libro Qué es el budismo , escrito junto con Alicia Jurado. Y seguía diciendo: "Una de las desilusiones capitales es la del yo. [?] No hay un sujeto, lo que hay es una serie de estados mentales".

Otro escritor que indagó en este sentido fue Octavio Paz, quien pasó muchos años en Oriente y estableció (tanto en su interesantísimo ensayo Vislumbres de la India como en otros libros) diversas analogías no sólo entre la cultura mexicana y la india, sino también entre el budismo y las vanguardias del siglo XX, principalmente el surrealismo. "A más de dos mil años de distancia, la poesía occidental descubre algo que constituye la enseñanza central del budismo: el yo es una ilusión, una congregación de sensaciones, pensamientos y deseos", dice Paz en un ensayo sobre el surrealismo. "La sistemática destrucción del yo -o mejor dicho: la objetivización del sujeto- se realiza a través de diversas técnicas. La más notable y eficaz es la escritura automática; o sea: el dictado del pensamiento no dirigido, emancipado de las interdicciones de la moral, la razón o el gusto artístico." [...]

* * *

Hace unas cinco décadas, el escritor francés Michel Random visitó la casa de Yukio Mishima, en Japón, y le llamó la atención que fuese tan europea en su estilo y en su decoración. "¿Cómo se explica -le preguntó- que en su casa no haya nada japonés?". Mishima sonrió y le dijo: "Aquí tan sólo lo invisible es japonés".

Los grandes artistas poseen el don de comunicar con lo invisible: no únicamente de lograr que lo invisible se vuelva palpable, sino de ayudarnos a ver de otra manera lo que damos por obvio. Las libélulas son pimientos para los ojos creativos. [...]

Cuando muere alguien como Spinetta, dos sensaciones aparecen con la sensata velocidad de los lugares comunes: que la gente como Spinetta nunca muere y que la muerte de la gente como Spinetta hace que muera una parte de quienes crecimos con él y gracias a él.

Nada más cierto que estas sensaciones. Pero la mejor manera de darle gracias, sospecho, es luchar para que no muera en nosotros aquello que nos enseñó su arte.

[...] Ángel-poeta, "hombre de luz" (como rezaba una vieja canción de Almendra), Spinetta nos ayudó salvar la piel (y el alma) en medio de la noche de la dictadura. Nos recordó que, si estamos atentos, la vida tiene música. Que nuestro ego es, en el fondo, "un silbido más en el viento". Que el arte, cuando ataca, es irresistible. Que "deberás crear/ si quieres ver a tu tierra en paz". Que hay que abrirse al "mágico y misterioso" mundo. Que hay que amar y ver si uno es capaz de amar con la libre osadía del viento. Nos enseñó, en fin, que para los días de la vida ("vida siempre", contra el instinto de muerte) hay que pensar que mañana es mejor.

 

agenda

Miércoles 10 de octubre . Inauguración de la exposición, curada por Eduardo Martí, que incluye libros, fotografías y discos de Luis Alberto Spinetta. Concierto de Claudio Cardone y Juan Carlos "Mono" Fontana.

Martes 16 . Charla entre Eduardo Martí, Fernando Spiner y Daniel Roiz, y proyección de sus trabajos relacionados con el músico.

Viernes 19 . Proyección de Pescado Rabioso, una utopía incurable de Lidia Milani.

Sábado 10 de noviembre . Charla entre Juan Carlos Diez, autor de Martropía. Conversaciones con Spinetta, y Rodolfo García, integrante de Almendra.

Martes 13 de noviembre . Charla con los guitarristas de Spinetta, coordinada por Ricardo Mollo. La muestra se extiende hasta el 12 de diciembre. La entrada y las actividades son gratuitas. Inf.: 4808-6000. Int: 1150. 

 

   de Kamikaze (1982)

domingo, 16 de septiembre de 2012

Protestas y desconcierto

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La protesta del pasado jueves fue desconcertante para muchos. No sólo porque la dimensión que tuvo nadie pudo anticiparla, o casi nadie, sino también porque está mostrando la dificultad para hacerla encajar en los dogmas, en los prejuicios y en los “relatos” que se quieren sostener.

A mi juicio, se trató de una sana reacción social frente a una serie de hechos que se enmarcan en un comportamiento soberbio y plagado de hipocresía del Gobierno Nacional. Es una larga serie de hechos, casi todos, de un modo u otro, aparecen reflejados en muchas de las pancartas que graficaron a las protestas en las diferentes localidades del país. Una de las más notables es el zafarrancho que están armando para lograr una reforma constitucional que permita a CFK seguir al mando del Poder Ejecutivo por (al menos) un nuevo período.

No participé de estas protestas, como no suelo participar de actos de esta naturaleza, auto-convocados, porque, si bien la dinámica es interesante, suelen generar el espacio para que cada uno despliegue, de manera exacerbada, sus razonamientos a niveles extremos. De allí que, si bien puedo compartir varias de las demandas genéricas, suelo evitar la incómoda situación de verme rodeado de gente que expresa cosas o sentimientos que no comparto. Por ejemplo, puedo compartir con muchos el rechazo al intento de la reforma constitucional pero no me gusta cuando tal cosa se reclama poniéndole adjetivos insultantes a la Presidenta. No estoy diciendo que todos actúen de ese modo, digo que este tipo de movilizaciones, por su naturaleza, permiten ese tipo de expresiones.

Ahora bien, lo anteriormente dicho, no me permiten restarle ni legitimidad ni potencia a la movilización de la semana pasada.

La estrategia del oficialismo, en sus más amplias expresiones, procura estigmatizar la movilización asociándola a intereses golpistas o anti-populares. Ese es un diagnóstico interesado. No es un diagnóstico cierto. Es una lectura que procura reforzar la idea de que la oposición o crítica a ciertas medidas del gobierno serán, sistemáticamente e invariablemente, catalogadas de antidemocráticas y cipayas. Eso es una trampa fenomenal en la que ha caído buena parte de la dirigencia política y social. Por eso, cuando la gente salió a la calle, desconcertó al gobierno y también a los propios dirigentes de la “oposición”.   

Frente a un cúmulo muy grande de medidas y acciones gubernamentales que resultan incomprensibles, me parece, entonces, un síntoma de salud básico que la sociedad, o un sector de ella, se exprese y se plante para mostrar su disconformidad. No veo nada preocupante en eso, todo lo contrario. En todo caso, lo bueno o lo malo que esto pueda generar, tendrá que ver en cómo se canalizan tales reclamos desde las estructuras políticas y sociales. Cómo lo metaboliza el Gobierno, cómo lo digieren los partidos de la oposición y cómo lo asumen, o no, las organizaciones sociales. A juzgar por las reacciones inmediatas, la respuesta oficial está siendo la peor de todas: ningunear, descalificar y convocar a una contramarcha! Eso es lo que llamo estar perdidos en su soberbia.

Mencioné los exabruptos que suelen expresarse en este tipo de movilizaciones (y en muchas otras). La presencia de elementos autoritarios o individualistas exacerbados no cambia la naturaleza y la representatividad de la protesta. En este punto, creo que debemos procurar mantener una mirada comprensiva sin caer en la trampa de deslegitimar una protesta o grupo social por la presencia de individuos con comportamientos extremos. Recordemos que ese mismo mecanismo se utiliza para deslegitimar desde un grupo piquetero, una movilización de la CGT o una asamblea barrial. La protestas fueron pacificas, tolerantes y generalistas en sus reclamos.

No sirve de nada agitar el fantasma del interés reaccionario ni antidemocrático en gente de a pie que reclama con consignas bastante obvias. Por el contrario, me resulta ciertamente reaccionario, antidemocrático y peligroso, un gobierno que miente, como ocurre en el caso del INDEC, y se enorgullece de hacerlo y es defendido por muchos en mantener esa mentira. Estoy tomando tan solo un ejemplo trivial, INDEC. Esas son el tipo de cosas ciertamente corrosivas para la democracia. Esa es la responsabilidad gubernamental que una protesta como la del jueves pone bajo crítica. No debemos dar vuelta las responsabilidades. El Gobierno deberá dar, o no, una respuesta a esas críticas. Esa es su responsabilidad.

Finalmente, la categorización de “clase media” como sinónimo de “reaccionario” y “anti-patria” es una categorización muy hipócrita de parte de muchos que la expresan. No sólo porque muchos de quienes así califican a las protestas, pertenecen  a la clase media, sino porque se cae en una categorización bastante autoritaria y complicada como es la de idealizar las protestas “propias” y demonizar las “ajenas”. Las contradicciones y las tensiones irresueltas abundan en todas ellas.

Comparto aquí dos notas de opinión sobre el tema de dos intelectuales que siempre es un desafío leer y analizar: Beatriz Sarlo y Martín Caparrós.

Cali

 

Opinión: La maldición argentina de ser hoy un representante de la clase media

Por Beatriz Sarlo | Para LA NACION

Cuando Raúl Alfonsín ganó las elecciones presidenciales, en 1983, se esperó ansiosamente que los peronistas hablaran por televisión reconociendo la victoria. Mucho parecía depender de ese reconocimiento, que iba a dar legitimidad a los resultados. Hacia media noche, el ensayista Jorge Abelardo Ramos (de quien descienden Jorge Coscia y Ernesto Laclau) apareció en las pantallas desconfiando todavía de los escrutinios parciales: "He visto a gente festejando por la calle Santa Fe, vestidos con Pierre Cardin". Ramos era un provocador, pero la frase con la que quería desacreditar un posible triunfo de la UCR tiene una historia que se prolonga hasta el presente.

Invalidar una manifestación por la composición social de sus integrantes fue un tipo de discriminación que se difundió precisamente para atacar al peronismo. Vittorio Codovilla, dirigente del Partido Comunista, calificó a las masas movilizadas por Perón el 17 de octubre como una multitud de marginales y lúmpenes. La oposición a ese primer peronismo reduplicó esa apuesta discriminatoria: negros, cabecitas, fueron los sustantivos que usaron los "cultos" para designar a los obreros.

Décadas después, el lenguaje de la discriminación vuelve a utilizarse para describir a los manifestantes del jueves pasado. De nuevo, las calles que se mencionan son Santa Fe y Callao como centro místico de la convocatoria. Si ese lenguaje podía describir adecuadamente la anterior movilización de caceroleros, que fue pequeña y poco entusiasta, no parece el más adecuado para la última. El cruce emblemático de las dos avenidas de Barrio Norte tuvo decenas de espejos en las ciudades argentinas.

Sin embargo, las críticas kirchneristas a la movilización del jueves se apoyan en datos y citan consignas indiscutiblemente escritas en las páginas de Facebook que propagandizaban la convocatoria. Allí se ha usado el lenguaje del odio contra los planes sociales y la asignación universal ("planes descansar" y "asignación para coger", entre otras frases), que no salió de la cabeza de Cristina, sino de una iniciativa presentada, hace años, por Elisa Carrió. Este despiste ideológico, la antipatía contra la política y el encierro dentro de los propios deseos indican el terreno fracturado en el que se mueve la protesta.

Por televisión algunos relatores periodísticos se entusiasmaron recordando la "primavera árabe". No recordaron, sin embargo, quiénes ganaron las elecciones en Egipto después de esas movilizaciones de masas. Por televisión también se subrayó la ausencia de toda interpelación política. Se olvidó, sin embargo, que es la política la que puede dar una continuidad a las reivindicaciones de quienes se movilizaron el jueves.

La lección de 2001

Todo sucede como si no tuviéramos la posibilidad de aprender de 2001: si se rechaza la política, lo que se consigue, finalmente, es o el activismo permanente (difícil de sostener en una sociedad como la argentina) o la volatilización de las energías llevadas al espacio público, que encuentran muchos obstáculos para seguir allí sin organizaciones.

Las manifestaciones "espontáneas" tienen todos los problemas de la ausencia de la política que, al mismo tiempo, rechazan. Un verdadero dilema que queda de manifiesto cuando se mira el paisaje español, donde son los partidos, rechazados en gigantescas marchas, los que siguen definiendo el futuro inmediato, imponen un ajuste implacable y no escuchan el mensaje de los indignados.

¿Por qué se sostiene el kirchnerismo? En primer lugar porque ocupa por completo, casi sin fisuras, el aparato administrativo y económico del Estado. En segundo lugar, porque se apoya en una vasta organización territorial, que representa a ese Estado en los últimos rincones de la sociedad, donde viven los que más sufren y los que más necesitan.

El aparato kirchnerista no permite desbande ni desmadre. Este arte de la movilización lo conocen bien los peronistas y fue su legado póstumo a Cristina Fernández.

La movilización del jueves pasado mostró a sus integrantes lejos del Estado y del Gobierno, contra el que protestaban, pero también lejos de una armazón que pudiera abrirles el camino del mediano plazo. La política es complicadísima. Nada es menos instantáneo que sus expresiones.

Todo esto es sabido y parece antipático recordarlo ahora, justamente cuando el periodismo oficialista hace una discriminación de clase para acusar a los manifestantes, como si las capas medias no tuvieran el derecho de presentar sus reclamos.

Solitario, aunque también cediendo a la tentación de hablar de "gente paqueta", Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, puso un alerta en su propio campo: "El Gobierno no debe descuidar esto. Es necesario tomar nota de esta importante movilización con cuyos fundamentos no estoy de acuerdo".

Podría decirse que la manifestación del jueves puso en escena un drama de clases. Sin duda, hoy ya no se habla más en esos términos, pero lo que sucedió evocaba ese tipo de divisiones.

Los manifestantes, que provenían de ese vasto sector con muchas diferencias que son las capas medias (que comienzan, recordémoslo, con salarios de 5000 o 6000 pesos), no protestaban solamente porque no podían comprar dólares. Llevaban otras consignas y convertirlas a todas ellas en un pretexto que cubría las ganas de tener divisas a precio oficial implica despreciarlas por completo. Es la versión simétrica a la de quienes afirman que los asistentes a manifestaciones kirchneristas van "por el plan y por el choripán".

Si esa frase es repudiable en el caso de los sectores populares, es igualmente repudiable cuando los que salen a la calle son los ciudadanos que no viven en Soldati. La clase media no debe convertirse en una clase maldita. Conoce sus intereses tanto como los conocen los sectores populares. De ellos los separa un vacío: la ausencia de una política progresista que los exprese generosamente.

Una vez más, éste es el drama. Detestar al kirchnerismo no produce política. Y hoy, en cualquier lugar del mundo, afirmar la primacía absoluta de los derechos individuales (yo hago lo que quiero con lo mío) es una versión patética y arcaica de lo que se cree liberalismo.

Es injusto hacer responsables a los manifestantes de lo que les falta y les sobra a sus consignas. Su movilización indica que hay allí fuerzas dispuestas a jugar en el espacio público.

La responsabilidad cae del lado de intelectuales y políticos que no articulamos una interpelación progresista, democrática y autónoma. No supimos escribir las cosas mejor que en Facebook..

 

 

La ley de la calle

Por: Martín Caparrós | 15 de septiembre de 2012 ((blog Pamplinas http://blogs.elpais.com/pamplinas/)

Cacerolazo

No defendían sus dineros como hace cuatro años; algunos eran los mismos, otros no, y todos salieron a decir que no toleran ciertas conductas del gobierno. Yo acuerdo con muchas de sus críticas y, aún así, creo que no era mi marcha: es más que probable que no comparta con muchos de los movilizados del 13-S casi nada, que nuestras visiones del mundo y sus políticas estén alejadísimas; también es probable que haya unos cuantos con los que sí. Fueron muchos miles: la idea de su homogeneidad es otro de los trucos del relato oficialista: que eran todos de los barrios caros, que eran todos de clase media alta, que no pisaban el pasto para no mancharse, que estaban bien vestidos –enunciado, por supuesto, por gente de clase media alta que vive en barrios caros, que suele “vestir bien” y no pisar el césped. Pero es una reducción: había mucho más que eso. Porque la convocatoria fue dispersa, porque una de las particularidades del gobierno kirchnerista es que algunos de sus actos pueden producir reacciones semejantes en personas muy diferentes, porque las consignas de la noche eran más que variadas.

Lo cierto es que, más allá de sociologías de café y taxonomías interesadas, la irrupción de la calle opositora cambia cosas. Instala una dinámica nueva que vale la pena tratar de pensar.

Está, por un lado, el problema de la ocupación de los espacios: el oficialismo basaba parte importante de su legitimidad en su capacidad de movilización –los jóvenes, los actos, la plaza y otros lugares comunes del relato– y, por lo tanto, la movilización era un recurso que sus voceras y voceros ensalzaban cadena tras cadena; ahora, cuando ya no les pertenece en exclusiva, se lanzaron a hacer malabarismos que, una vez más, se les transforman en esputos ascendentes: si dicen que “también en la cancha de Boca hay mucha gente”, ¿cómo podrán, la próxima vez, jactarse como suelen de su propia mucha gente? Por ahora, el truco consiste en definir movilizaciones malas y movilizaciones buenas; las malas son las de los bienvestidos en la calle, las buenas son las de los bienvestidos en el palco; el argumento tiene sus problemas. Quizás, que es demasiado claro: una definición del populismo.

Pero eso es un detalle. Lo central de la nueva dinámica, creo, será el crescendo. El gobierno y su gobernadora ya dijeron que la salida de los nuevos cacerolos no les importa, que allí no hay nada que escuchar. No por nada, sino porque honestamente no creen que valga la pena escuchar a esa gente.

El gobierno piensa que no debe gobernar para ellos sino para los suyos. No me parece mal: un partido siempre gobierna para una fracción de la sociedad. Es mentira que se pueda gobernar para todos. Siempre se beneficia a unos o a otros –aunque buena parte del discurso y la práctica políticos consista en tratar de disimularlo. El problema es que, en este caso, no está claro quiénes son realmente los suyos. Y, sobre todo, el error del gobierno es que su ataque a los que ataca es mayor en las palabras que en los hechos, cuando debería ser exactamente lo contrario: irritan al pedo. En lugar de hacer, amenazan. Y, cuando hacen, enarbolan esa inepsia con la que manejaron, por ejemplo, el tema del dólar: agregando una regulación nueva cada dos días, mostrando que empezaron sin tener ni idea de dónde iban –como cada vez.

Su otro problema está en pensar que los propios son el famoso 54%. Como si todos esos votos les pertenecieran, como si no se dieran cuenta de que un porcentaje significativo –y todavía no medido– de quienes los votaron no apoyan muchas de sus medidas y sus formas recientes. Pero siguen hablando como si nada de eso. No pueden engañarse tanto; espero –de verdad– que solo sea un recurso retórico, porque si realmente lo creen son peores que lo que uno podría creer.

En todo caso insisten: en las voces de los cacerolos no hay nada que les interese, que quieran o deban escuchar. Los cacerolos, en cambio, descubrieron que tienen con qué hacerse oír. Sería tonto pensar que se van a resignar a esa sordera oficial; sería necio pensar que no van a volver.

Me imagino que en las próximas semanas va a haber marchas parecidas y es probable que sean cada vez más numerosas. Me imagino que en algún momento el oficialismo –que nunca es rápido para corregir sus velocísimos errores– va a querer disputarles la calle. Me imagino que la primavera va a florecer de marchas, contramarchas.

Si eso sucediera, el que pierde es el gobierno: pierde la hegemonía, se convierte en un contendiente cuando, hasta ahora, aparecía como el protagonista indiscutido, el actor único. Quizás prevean su error y no lo hagan. Quién sabe: si no se dieron cuenta de que la Rerre era lo peor que podían lanzar, no veo cómo ni por qué se darían cuenta de esto.

Pero para evitar la pelea por la calle tendrían que desarmar las marchas cacerolas con alguna concesión, algún gesto que sirviera para bajar la tensión y diluir las demandas. No veo cuál sería. O sí: el más probable –el mejor terreno de entendimiento que los oficialistas y los cacerolos podrían encontrar– es la represión. ¿Qué mejor podría ofrecer la doctora CFK que hacerse cargo de los reclamos por la inseguridad y producir un endurecimiento de la intervención policial –que, en última instancia, la favorece de más de una manera? ¿Qué mejor -para ella- que una maniobra que le permitiría recuperar algún favor en los que ahora la critican al mismo tiempo que aumentaría su control de esa calle que ahora teme perder?

Sería siniestrito. Espero, una vez más, equivocarme.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Insensatez (4)

Vamos a seguir degustando algunas versiones de “Insensatez”, un standard de la música universal.

Para buscar en sus orígenes, escuchemos una de las versiones emblemáticas, la de Astrud Gilberto, registrada en su primer disco solista de 1965, The Astrud Gilberto Aldum”. Allí hace “How Insensitive”, versión con letra en inglés, y a partir de la cual el tema gana fama internacional en la voz femenina más reconocida de la bossa nova.

El disco fue arreglado y conducido por Marty Paich y por Antonio Carlos Jobim. Grabado en RCA Studios Hollywood, California; 27-28 de enero de 1965.

 

 

Dando un salto en el tiempo, vamos a una versión, en vivo, de Stanley Jordan y su muy particular estilo en la guitarra. Esto es en el año 2008 en una sesión de músico-terapia, labor a la que Jordan dedica mucho de su tiempo. Según el video esto fue grabado para los pacientes en el Housing Works in the East Village, NY, show promovido por Hearts and Voices.