viernes, 11 de abril de 2008

Protestas y democracia liberal (+ Free Tibet)

Hoy me encuentro con este interesante artículo de Vicente Palermo, de quien ya he reseñado algunas cosas, sobre las protestas durante el conflicto agropecuario y las actitudes del Gobierno, en repuesta de una nota, como las que abundan en ese diario, absolutamente acríticas con la labor del Poder Ejecutivo.

No quiero olvidarme que hoy pasa por Buenos Aires la antorcha olímpica y ojala haya quienes hagan oír su voz en contra de las violaciones a la libertad y el "olímpico" desprecio a los Derechas Humanos del país anfitrión. Para los que quieran saber un poco más, recomiendo los informes de Amnesty sobre China y, en particular, sobre el Tibet.

Cali

Página/12
Viernes, 11 de Abril de 2008
OPINION

Protestas y democracia liberal

Por Marcos Novaro, Vicente Palermo y Alejandro Bonvecchi *

El artículo de Sebastián Etchemendy y Philip Kitzberger publicado por Página/12 el 3 de abril plantea una crítica de argumentos que los autores denominan “liberal-democráticos” y que serían voceados por dirigentes y columnistas en distintos medios. Según esta crítica, “los liberal-democráticos” condenan como incompatibles con la democracia liberal los piquetes de desocupados pero no los piquetes rurales, la incursión de D’Elía contra los caceroleros en Plaza de Mayo el pasado 25 de marzo, pero no el lockout agrario por tiempo indeterminado, la identificación lisa y llana de los caceroleros con golpistas en el discurso presidencial pero no el desabastecimiento “antisistema” perpetrado por los dirigentes ruralistas. Para los autores, estos argumentos “liberal-democráticos” son inconsistentes con la democracia liberal y marcan que sus proponentes sólo prefieren ese régimen político cuando están del lado de los ganadores.

Ocurre, sin embargo, que esta crítica invierte, casi puntualmente, las valoraciones atribuidas a los “liberal-democráticos” y, por eso mismo, coloca a sus autores en una posición que sería, también, incompatible con un punto de vista democrático-liberal.

Esta inversión de las valoraciones sobre cada uno de esos actos o interpretaciones tiene lugar por medio de un procedimiento que los autores llaman “poner en perspectiva”.

Puesto en la perspectiva de que los ruralistas integran, para los autores, los sectores socioeconómicos dominantes, el uso del piquete como forma de protesta es injustificado porque los ruralistas tendrían a su disposición otras formas de protestar. Podría concederse ese punto, pero hacerlo implicaría condonar el uso del piquete como herramienta, cuya legalidad y legitimidad resulta ampliamente discutible, y que para nosotros no es tal. Puesto en la perspectiva de que los ruralistas producen y controlan el alimento que consume el resto de la sociedad, el paro por tiempo indeterminado aparece como una medida excesiva y desestabilizadora. Podría, de nuevo, acordarse con ello, pero hacerlo sin condenar inequívocamente otros comportamientos equivalentes como la incursión de D’Elía en Plaza de Mayo alentada y avalada por el gobierno implicaría condonar la violencia de abajo porque es de abajo –y creemos que ningún comportamiento violento debe condonarse, y en particular no el de fuerzas de choque paragubernamentales–. Puesto en la perspectiva de que en 2001 el cacerolazo precedió a la caída de dos gobiernos, la protesta en Buenos Aires y otras capitales del interior resultaría un acto de desestabilización institucional, que busca comunicar el deseo de derrocar al actual gobierno nacional. Podría, una vez más, concederse que tal asociación haya pasado por la cabeza de alguno, pero ello implicaría atribuir, sin fundamento empírico ni criterio alguno más que la existencia de esa misma asociación en la mente de los autores, tales intenciones a los caceroleros, y creemos que semejante atribución equivale a una acusación de “crimen del pensamiento”, al decir de Orwell en 1984, práctica que entendemos completamente incompatible con la forma de vida democrática.

El argumento de los autores se acerca, así, al tipo de manipulaciones y falsificaciones históricas de que está plagado el discurso presidencial –en ocasión del conflicto con el campo pero, lamentablemente, también mucho antes del mismo–. Esas manipulaciones tienen, invariablemente, la misma forma: plantean una distinción entre “el primer gobierno en la historia que garantiza plenamente la vigencia de los derechos humanos” y “la derecha golpista que quiere volver”, y la superponen con prácticamente toda opinión opositora acerca de cualquier tema de debate público. El resultado de la manipulación es doble: por un lado, las opiniones opositoras quedan deslegitimadas por su identificación con “la derecha golpista que quiere volver”; por el otro, la acción del Gobierno o de cualquiera de sus aliados en contra de estas opiniones opositoras queda justificada, precisamente por la radical ilegitimidad de esas opiniones. Ello permite justificar la acción de D’Elía en Plaza de Mayo, pero también los piquetes contra empresas, la destrucción del sistema estadístico, la “letra escarlata” destinada a los columnistas disidentes, etc. Estos comportamientos son, para nosotros, también incompatibles con la práctica democrática, que requiere de los gobiernos el resguardo de los derechos de los ciudadanos y de los actores colectivos, no su violación o puesta en riesgo por mano estatal.

Por último, las manipulaciones que el artículo condona son también problemáticas porque consagran falsificaciones graves. Este Gobierno dista de ser “el primer gobierno en la historia que garantiza plenamente la vigencia de los derechos humanos”: no sólo porque otros que lo precedieron desde 1983, y también antes, lo han hecho, sino también porque esa garantía no es, como sugiere el discurso gubernamental, tarea ni mérito exclusivo del Poder Ejecutivo, y proponer que lo es resulta deletéreo para la división de poderes y el imperio de la ley, que están en la base del estado de derecho.

Este Gobierno dista de apoyarse, como sostienen los autores, en una “alianza con sectores populares organizados”, salvo que se considere que los grupos económicos a los que ha protegido y compensado con su política económica y su esquema de subsidios, y que son los que financian su superávit fiscal y su campaña presidencial, merezcan esa denominación. Este Gobierno dista de poder arrogarse el monopolio de la virtud moral, salvo que se considere que el éxito presente de algunas de sus políticas lava los pecados de las que la mayoría de sus miembros implementó en el pasado. Estas falsificaciones pueden formar parte de discursos políticos que tengan como estrategia reescribir la historia, pero no cabe confundirlas con la historia. Al condonar estas falsificaciones, los autores hacen un flaco favor al Gobierno que apoyan: le dan argumentos para insistir en visiones del mundo y cursos de acción que justifican la violencia como forma de acción política, la persecución a las ideas opositoras y la identificación del punto de vista del Gobierno con el interés general de la nación. Y con esto le hacen, también, un flaco favor a la democracia argentina.

* Novaro y Palermo son sociólogos (UBA-Conicet), Bonvecchi es politólogo (UTDT).

martes, 8 de abril de 2008

Algo de Paz


Dioses de cartón, los valores
Abuso de poderes, sus horrores
Mitología del siglo XX


Nueva adquisición, “Reina Madre” de Raúl Porchetto (1983). Un oportuno rescate de Página/12 que edita en CD, y luego de 25 años, un LP muy significativo de los años de la transición hacia la democracia. Página/12 sabe hacer estas cosas y para este nuevo aniversario de la guerra Malvinas rescató del olvido a Raúl Porchetto. Va la nota y links a notas complementarias. Finalmente un video histórico, Raúl Porchetto haciendo “Algo de Paz” en el “Festival de la Solidaridad”, en plena guerra y acoso belicista.

Cali

Página/12
Sábado, 29 de Marzo de 2008

Raúl Porchetto habla de reina madre, el disco que se presenta mañana con pagina/12

“Lo siento como un reconocimiento”

A veinticinco años de su publicación original, aparecerá por primera vez en CD. Porchetto relata las circunstancias que rodearon la creación de ese álbum y de la canción que le da título, una de las más lúcidas que se escribieron sobre Malvinas.

Por Claudio Kleiman

Raúl Porchetto dice que Reina Madre, su álbum originalmente aparecido en 1983 –que se edita, por primera vez en CD, con la edición de mañana de Página/12– llegó a vender en su momento más de 300.000 ejemplares. La cifra, impensable para la realidad actual de la alicaída industria discográfica, sorprende también al pensar en la música de Porchetto, un artista que nunca encajó dentro de los standards de las canciones de consumo masivo. Un buen ejemplo es “Reina Madre”, el tema que da título al álbum, que evoca la guerra de Malvinas desde un ángulo inesperado, el de un soldado inglés que se cuestiona “por qué estoy luchando, por qué estoy matando”. Es lento, dramático, comienza con unos efectos de sonido, y dura más de 5 minutos. Es decir, prácticamente todo lo contrario del pensamiento establecido sobre lo que debería ser un hit radial.

El éxito de Raúl continuó hasta el fin de la década, alcanzando un pico con su álbum Noche y Día –el de “Bailando en las veredas”–, pero durante los años ’90, el cantante sufrió una especie de ostracismo, debido a hechos que no quiere mencionar públicamente, y también a lo que reconoce como cierto cansancio del esquema disco-giras-notas de promoción, más la falta de respaldo de algún sello grabador. “Nunca me peleé con la música –aclara–, pero quería seguir componiendo canciones cuando tuviera ganas.”

En la última década del siglo XX, comenzó un retorno con bajo perfil, editando sus álbumes en forma independiente y actuando fundamentalmente en el interior, donde se lo recuerda con afecto. En 2007 estrenó una nueva obra integral, Yo soy, que incorpora danza y proyecciones, aún sin registro discográfico.

Veinticinco años después de la aparición de Reina Madre, Porchetto –que conserva cierta expresión aniñada a los 58 años–, se sienta en un bar de Belgrano a rememorar episodios de su vida y su carrera. Especialmente, las circunstancias que rodearon a la creación de ese álbum –un hito dentro del rock argentino de los ’80–, y de la canción que le da título, una de las más certeras escritas sobre el tema de la Guerra de Malvinas.

–Es curioso que Reina Madre no se haya reeditado hasta ahora en CD, siendo un disco tan significativo...

–No se daba el hecho de poder editarlo bien hasta ahora, y como el master era mío, lo pude manejar, porque hay algunos discos que, antes que estar mal, prefiero que no estén. Hay otros discos que no son míos y tampoco están, como los que salieron por el sello Music-Hall; de los que grabé en EMI, recientemente se reeditaron Mundo y Volando de vida. A través de Internet recibo constantemente mails, incluso del extranjero, que me preguntan dónde se pueden conseguir algunos discos. Y en vinilo tienen una cotización increíble. Incluso Porsuigieco ya no se puede conseguir, después de la reedición que hizo Página/12. Por eso también valoro muchísimo el apoyo del diario para sacar este disco, lo siento como un reconocimiento, un premio.

–Reina Madre fue una producción independiente, algo bastante inusual para ese momento.

–Sí, yo venía de varios discos que habían pegado fuerte, Metegol, Televisión, Che Pibe, y me podía jugar con eso. Era difícil hacer algo independiente, pero para la producción me ayudaron Pity (Iñurrigarro) y Ohanian, y tuve el apoyo de Interdisc para la distribución. Las reglas estaban empezando a cambiar, y eso era algo que yo quería marcar.

–¿Cómo se armó la banda que luego sería G.I.T.?

–Yo lo conozco a Willy (Iturri), y él graba en el disco Mundo (1979). Luego viajo a Estados Unidos, y descubro toda una movida de música nueva. Eso me moviliza, y cuando volví quería cambiar el sonido. Le cuento este proyecto a Willy y él me recomienda a Pablo Guyot, con el que había tocado en Banana. Nos faltaba un bajista, y justo nos encontramos con Alfredo Toth, que estaba tocando con Nito Mestre. Nos pasábamos horas en la sala de ensayo para encontrar un sonido, trabajábamos como si fuera una banda de afuera. Fue un cambio de sonido, de concepto de producción, y hasta de estética.

–Un hecho muy discutido en 1982 fue el Festival de Solidaridad, del que participó.

–En plena guerra se hace el Festival de Solidaridad, que se cierra con “Algo de paz”. A mí, antes de subir, un coronel con una 45 me dice, “che Raúl, hoy no es para cantar algo de paz, no sé si entendés”. Yo subí con un miedo bárbaro, pero al final la terminé cantando, y esa imagen dio la vuelta al mundo, 60.000 tipos jóvenes cantando “Algo de paz”. Por eso cuando alguien me dice que el Festival de la Solidaridad fue una colaboración, yo pienso, “la ignorancia es atrevida”.

–Además de “Reina Madre”, varios de los temas del álbum orbitaban en torno de esa temática.

–Luego de componer “Reina Madre” empiezo a armar todo un cuadro alrededor de eso, con una serie de temas que salieron tanto en Reina Madre como en Che Pibe, porque la composición de esos dos álbumes fue casi simultánea. “Este hermanito a casa volvió” hablaba de lo que pasaba después de la guerra. Varios temas hablan de lo que estaba pasando, yo no podía entender cómo gente a la que 15 días antes la habían corrido de la Plaza, estaba alabando a un genocida. Reina Madre tiene un poco de ese espíritu y esa rebelión. Después un poco me pasaron la factura.

–¿A qué se refiere con lo de la factura?

–A diferentes niveles. Hace tres años, cantando “Reina Madre” en Trelew, cuando terminé estaba guardando la guitarra, y se me acerca un tipo y me dice: “No lo cantés nunca más acá porque no salís vivo”. Y fue hace muy poco. Por eso, también me da bronca cuando alguien te ubica nada más que por “Bailando en las veredas”. Porque yo no reniego de ningún tema, “Bailando en las veredas” me encanta, pero no me agoté ahí. Tengo más de 300 temas grabados, y desde el ’80 hasta el ’87 todos mis álbumes fueron Disco de Oro, muchos fueron de Platino y algunos Doble Platino.

–El negocio del rock cambió muchísimo desde aquella época.

–Yo siempre digo que la dictadura triunfó en los ’90. Es decir, su ideología. Si bien hay gente que en los ’90 hizo cosas impresionantes desde el rock, como Fito, León o los Redondos, hubo otras cosas que se llamaron rock pero no tenían nada que ver, eran híbridos. Porque no hay nada mejor para destruir algo que deformarlo hasta que ya no sepas qué es. El rock del comienzo tenía un denominador común, que era el hecho artístico, porque Spinetta, Pappo, León Gieco, Charly García, Miguel Cantilo, no se parecían en nada, los estilos y los sonidos eran totalmente diferentes. Pero la gente le daba una identidad de rock nacional a todo eso. Sabíamos lo que era, porque lo que llamábamos rock era una movida de contracultura. Entonces cuando ya no lo es, es como una familia que sigue usando el apellido, pero hace exactamente lo contrario. No estoy en contra de nada, pero que cada uno tenga su nombre y lo pelee desde ahí.

Subnotas



...Y la versión original grabada para el disco "Metegol" (1980)


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sábado, 5 de abril de 2008

Milonga del Muerto

Hoy a la mañana escuché por radio el testimonio de un ex-combatiente de la guerra de Malvinas, Alejandro Rey, un testimonio distinto y valiente que estaba en ese momento visitando las Malvinas. Me sorprendió su visión crítica y poco frecuente acerca de dicha guerra y de la sociedad malvinense, una mirada respetuosa y despojada de arbitrariedades y simplezas. Bueno, estuve en silencio durante estos días donde pasó el “feriado” que, le pongan el nombre que le pongan, conmemora la peor estupidez de la clase política argentina y la ceguera colectiva en la que estuvimos inmersos por esos días, 2 de abril de 1982. He colocado algunas entradas al respecto. Quiero a modo de recuerdo de esos días trágicos, compartir un poema de Jorge Luis Borges que ha sido musicalizado e interpretado luego por varios artistas:

Milonga del muerto
Jorge Luis Borges

Lo he soñado en esta casa
entre paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.

Lo he soñado mar afuera
en unas islas glaciales.
Que nos digan lo demás
la tumba y los hospitales.

Una de tantas provincias
del interior fue su tierra.
(No conviene que se sepa
que muere gente en la guerra).

Lo sacaron del cuartel,
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.

Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.

Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la nieve y los arenales.

Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
Él sólo quería saber
si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento
en que le entraba la herida.
Se dijo "No tuve miedo"
cuando lo dejó la vida.