martes, 27 de abril de 2010

Al final, la pared

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Este domingo tuve una inesperada invitación para ir a ver a The End, una banda tributo a Pink Floyd. Situación extraña porque nunca había ido a ver una banda tributo, aunque sabía de los buenos comentarios de este grupo. Intrigado por este fenómeno que se ha dado en los últimos años donde han aparecido varias bandas de tributo, o que realizan shows emulando a grupos musicales, acepté y allí fui.

Extraña la sensación ¿qué voy a ver? ¿qué encuentra el público en este tipo de conciertos?

Francamente no tengo respuestas. La banda está muy bien. Suena bárbaro, hacen un show excelente, tenían como invitados a algunas figuras que rodearon el trabajo de Pink Floyd y aledaños. Así que lo que pude ver está más que bien. ¿y? No sé.

No se qué es lo que uno aplaude cuando aplaude, ¿la excelente música que unos tipos compusieron hace algunos años? ¿el notable esfuerzo de unos chabones que tocan y sacan cada sonido como si fuera el disco original, o mejor? ¿la proeza de hacer esa música y no pifiarle? ¿uno se debe dejar llevar e imaginarse que está escuchando a Pink Floyd? No, esta última seguro que no. Al menos, no en mi caso.

La verdad que me preguntaba cuando salí del Gran Rex (lleno a full) ¿qué cosa justifica el esfuerzo, el talento, el estudio, la habilidad y la producción que implica realizar semejante show? Si finalmente, todo queda en una fugaz imagen sonora que, al menos, en mi caso, me cuesta disfrutar. Al contrario, a cada compás sufría por los pibes pensando, les saldrá?, llegarán? no sé, es una tontería. Definitivamente, no soy público de bandas tributos.

Una cosa interesante, cuando uno de los invitados, tocando el bajo, improvisó muy bien sobre uno de los temas. Me sentí muy bien, encontré algo distinto. Y no lo digo desmereciendo en nada al grupo. Por el contrario, hay que verlos para ver la perfección que logran. Pero, hay algo que me impide encontrarle la vuelta a un show de ese tipo. Es como que hay una pared que me impide disfrutarlo.

Y hablando de una pared…

The Wall , otra vez en vivo

Roger Waters pondrá otro ladrillo en la pared

El músico presentará la obra de Pink Floyd

La Nación, Lunes 26 de abril de 2010

Roger Waters en vivo en River Plate.

¡Oops! Roger Waters lo hizo de nuevo. Y lo volverá a hacer. Luego de recorrer el mundo con su recreación en vivo de The Dark Side of the Moon (con la que llegó a la Argentina en 2007), Waters confirmó que este año montará un tour de 35 presentaciones en las que interpretará de principio a fin otro de los emblemáticos discos de Pink Floyd: The Wall.

A 30 años de su primera y megalómana puesta en escena -con gigantescos muros en torno de la banda, criaturas inflables sobrevolando el público y animaciones proyectadas- y a 20 de la última -pero en esta ocasión con Waters como único miembro de Pink Floyd y junto con un seleccionado de artistas internacionales que, en Berlín, celebraron la caída del Muro alemán con una peculiar versión de The Wall, Waters reincidirá, ladrillo tras ladrillo, con uno de los espectáculos más grandes que se hayan visto en la historia del rock.

"Treinta años atrás, cuando escribí The Wall, era un joven miedoso -le confesó Waters a la revista Spinner. Me llevó mucho tiempo superar mis miedos. En los años intermedios ocurrió quizá que la historia de mi miedo y pérdida, con su inevitable exposición de ridiculez, vergüenza y castigo, se convirtió en una alegoría del nacionalismo, del racismo, del sexismo, la religión y demás. Todos esos ismos y cosas condujeron a los mismos miedos que tenía cuando yo era joven."

Esta nueva puesta en escena -que intentará mantener el espíritu visual grandilocuente de la original- se estrenará el 15 de septiembre próximo, en Toronto, Canadá, y recorrerá los Estados Unidos durante tres meses.

En el último lustro, la modalidad de reproducir obras clásicas de rock de principio a fin se ha convertido en algo habitual. Así, además de las versiones de The Dark Side... y The Wall, de Waters, artistas como Lou Reed, Brian Wilson y Sonic Youth, entre otros, resucitaron en vivo discos completos, como Berlín y Metal Machine Music, Pet Sounds y Daydream Nation, respectivamente.

Lo anterior y esta noticia me hicieron recordar por estos días un disco en vivo de Roger Waters de 1987. Es la época de “Radio Kaos”. Allí decide hacer también temas de Pink Floyd con absoluta libertad, y suenan a veces deformes y siempre poderosos. Es capaz de deformarlos y también de hacerlos igual o mejor que en el disco, y son siempre memorables. Qué tipo!

Aquí algo de The Wall en esas versiones un tanto desestructuradas de 1987

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domingo, 25 de abril de 2010

Fantasmas del viejo pasado

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Me estoy reiterando si digo, como tantas otras veces, que estoy asombrado por los supuestos debates políticos de estos tiempos. Porque no son “debates”, son un ejercicio intensivo de la consigna, y  no se corresponde a “estos tiempos” porque se sigue decodificando la realidad anclados en el pasado. Como eternos adolescentes viviendo los años 70.

A partir de esto que se ha dado llamar “kirchnerismo” se ha generado una atmósfera de confrontación, a mi entender, anacrónica. La dichosa “crispación”, palabra con la que será recordada esta etapa de la historia. En tal dinámica, la política puede ser, por momentos, peligrosa, en otros, tragicómica, pasando también por el enredo, la estudiantina y el papelón.

Entiendo que para el carácter adolescente es funcional la confrontación con ciertas figuras para ir conformando una personalidad. En la edad adulta andar buscando enemigos para hacerse de una personalidad, es patético. En eso andan un conjunto de señores mayores cuyo rasgo común lo definen como “Kirchnerismo”.

El kirchnrismo, así lo demuestra su práctica,  necesita de enemigos. La construcción de imageenemigos le demanda buena parte de sus energías, del tiempo de su gestión y de su pericia administrativa. Esos “enemigos” permiten construir a cada instante epopeyas ficticias y tergiversar cualquier hecho, presente o pasado.

Los enemigos se generan en toda circunstancia: Clarín, los medios, el campo, los canales clandestinos en Areco, Botnia, Uruguay, el “yuyo”, Obama, la puta oligarquía, Cobos, el golpe destituyente, el país “virtual”, etc. etc.

No estoy negando la existencia de conflictos de intereses, pujas, mezquindades y los mil y un atropellos que tenemos que resolver. Eso es una cosa. Otra bien diferente es estar creando todas las semanas una escena desgarradora donde pareciera que las instituciones de la patria y la vida de los argentinos está en peligro por alguna monstruosidad. Es raro. Es raro porque además, los verdaderos conflictos e intereses ni siquiera se rozan.image

El gobierno viene procurando instalar desde hace tiempo un clima de “golpe”, de “destitución inminente”. No ahorra nada en esa construcción. Abusa de la memoria y de la causa de los derechos humanos. Abusa en colocarse como víctima de todas las conspiraciones pasadas, presentes y futuras. Esta dinámica polariza, confronta, es maniquea. Si hay peligro de golpe, entonces estás de un lado o estás del otro. El gobierno conserva de ese modo apoyos y le permite colocarse en la historia como un gobierno “progresista”, ya que todo golpe es “reaccionario”.

Es un modo complicado de hacer política. Lo que se genera no es bueno.

imageResulta que en su “lucha contra los medios golpistas” el nuevo capítulo es el escrache a periodistas. Una brutalidad que no tiene correlato con la actual realidad. Además, en un intento permanente de ubicar como “golpistas” y “colaboracionistas” de la dictadura a muchos de ellos. Un ajuste de cuentas a destiempo y por demás discutible. Al punto que algunas figuras del gobierno tuvieron que salir a despegarse. Pero no importa. Lo que importa es el enemigo creado, la pelea instalada y la polémica en marcha. ¿Para qué? ¿que se quiere dirimir? ¿qué se piensa hacer? Por parte del gobierno, nada que sea confesable. Para los entusiastas “K”, tienen otra estudiantina para interpretar.image

Quiero dar un ejemplo. No me voy a poner a defender a ningún periodista en particular. Sólo un ejemplo, uno de los números de este circo. El actual embajador en Estados Unidos, Héctor Timerman, duro crítico de Clarín. Mantuvo una polémica con ese diario durante febrero de este año por algunas opiniones vertidas en uno de sus blogs. La polémica no cesó y en el mes de marzo, para el aniversario del golpe, Clarín sacó a relucir, algo que yo desconocía, que el actual embajador fue director de La Tarde, un diario creado con el golpe, para el golpe y a favor del golpe del 76. Timerman, reconoció tal cosa, pero de un modo muy particular, diciendo que prefería “no explicar” y siguió, en su respuesta, criticando como si nada. Sólo dijo: “No voy a explicar las razones o realizar una reflexión sobre esos meses de mi vida. No lo hago porque prefiero seguir como desde hace 34 años recriminándome por esa acción. Tampoco hablo de mi trabajo por los derechos humanos porque nada de lo que vengo haciendo desde 1977 quiero que me sirva de alivio. Mi único y silencioso consuelo es la actual amistad de quienes fueron mis compañeros de militancia y sobrevivieron con más dignidad que yo”.

Luego de tal cosa, siguió criticando, sigue siendo hoy embajador en Estados Unidos de este gobierno y por supuesto, no aparece en los afiches de los periodistas colaboracionistas. Imaginen si algo de esta magnitud se destapa de alguien de la oposición. ¿Se imaginan 6,7,8?

Así las cosas, no resultó sorprendente la curiosa frase de esta semana del presidente uruguayo, José Mujica, cuando le preguntaron por el corte de ruta de Gauleguaychú y contestó “dejenmé hablar con la dueña del circo primero”.

El siguiente artículo es de Jorge Sigal. Lo tengo guardado del año pasado, de aquellas semanas en las que Abel Posse fue nombrado por Macri como Ministro de Educación en la Ciudad de Buenos Aires. Apoteótico momento donde la más rancio de la derecha y de la izquierda revivían los bueno viejos tiempos de la guerra fría de entonces. 

Vale rescatarlo ahora que todo sigue igual.

Cali

Guerra fría en la ciudad

Al cambalache nacional le estaba faltando una contribución de la derecha. Y entonces llegó Abel Posse. Como intelectual, resultó sólo un provocador rencoroso y poco original. La incontinencia verbal no es un mérito, generalmente es un síntoma.

Por Jorge Sigal, 13 de Diciembre de 2009. Diario Crítica.

La única ventaja de ser setentista en la Argentina es que el tiempo no pasa. Si no fuera por la imagen –a veces patética– que devuelve el espejo, uno podría imaginar que, como lo anunció el politólogo Francis Fukuyama, la Historia ha finalizado. Nada nuevo alumbra el porvenir.

image Detener el paso del tiempo, se sabe, es una obsesión recurrente de la especie. Por eso, los viejos de alma suelen ser conservadores o francamente reaccionarios. Pujan, desesperadamente, por frenar el movimiento, para retornar a un mundo conocido, controlable, a un sitio más previsible. El cambio asusta porque es la constatación palpable de que la vida es un tránsito leve. Y, muchas veces, un inapelable certificado del fracaso.

Para confirmar que todo es eterno le estaba faltando al cambalache nacional una contribución teórica por derecha. Y entonces llegó Abel Posse. Debido al aporte del intelectual, reciclado funcionario por obra y gracia de la posmodernidad gerencial que gobierna la ciudad, se ha logrado que el círculo finalmente cierre. Ahora podremos decir, con comodidad, que la Guerra Fría no ha terminado, que los fantasmas de antes gozan de buena salud.

Ya llegamos al pasado. A partir de este momento, nos dedicaremos al juego que más nos gusta y mejor jugamos: decodificar el lenguaje de nuestra eterna juventud. Con un poco de suerte, a partir de las funciones que tendrá Posse como ministro de Educación porteño, los veteranos de guerra podremos ser convocados para explicarles a las hordas de la “indisciplina juvenil” en qué consiste “la visión trosco-leninista” que demolió las “instituciones militares” durante nuestra apacible adolescencia. Será, sin duda, un recorrido reconfortante para las nuevas generaciones, esas que hoy divagan, sin rumbo, por el alienado mundo de la internet, y que nada saben de patrias, banderas y otras glorias.

Volverán los bellos días de la “sinarquía”, “el trapo rojo” y “el mejor enemigo es el enemigo muerto”. Entonces, también veremos renacer el “cinco por uno, no va a quedar ninguno”, el “paredón, paredón” y otras creativas fórmulas de la vida simple. Un paraíso ordenado, donde los unos y los otros se alinean prolijamente. Como sucedía en los buenos tiempos.image

La bravata de Posse ha recogido sólo dos tipos de adhesiones. Por un lado, la utilizada en su alegato final por el condenado Luciano Benjamín Menéndez, sentenciado a perpetuidad por aberrantes crímenes durante la represión ilegal. Por el otro, con pretendida sofisticación, la de aquellos que, esbozando la importante trayectoria intelectual del flamante ministro, lo hicieron en nombre de la “provocación”, supuesta cualidad de los rupturistas e innovadores. La primera fue descalifica por peso propio. La segunda es, como mínimo, una pobre justificación. ¿Qué aporte hizo el inefable Posse al debate de ideas? ¿Rescatar a las instituciones militares? ¿Cuáles? ¿Las del pasado reciente, las de la tercera guerra mundial? ¿Equiparar a la justicia con actos de venganza? ¿Descubrir una supuesta “persistencia gramsciana” del kirchnerismo? ¿Desempolvar la antigua amenaza de la revolución “socialguevarista”?

Posse como intelectual resultó, en esta oportunidad, sólo un provocador. A secas. Un detractor, apenas, rencoroso y poco original. Nada hay en su discurso de ruptura e innovación. La incontinencia verbal no es un mérito, generalmente es un síntoma.

No tenemos demasiados recursos para armar el futuro, sólo la experiencia y la creatividad nos aproximan a lo desconocido. Sin embargo, tanto los que proponen “archivar el pasado” sin más trámites como aquellos que sugieren volver a fórmulas “ya probadas”, ignorando nuevas realidades y viejos fracasos, se complementan en una perversa danza que atrapa y distrae. Son dos caras de una misma moneda. ¿No sería más creativo reconocer que estamos ante conflictos que no admiten soluciones simplistas? ¿Nada más hay para decir, a derecha e izquierda, que las mismas verdades reveladas de siempre? ¿Por qué el pasado es el único bien no renovable en la Argentina?

Tienen suerte los adversarios del macrismo. Si éste es el inicio de la batalla de ideas que desarrollará la derecha de ahora en más, sólo deben limitarse –como lo han hecho hasta el presente muchos de ellos– a desempolvar viejas consignas. Y echarse a dormir. No hay nada nuevo bajo el sol: la historia empieza a repetirse como farsa.

El tío Carlos tenía razón. Mal que le pese a Posse.

 

Por eso del fantasma del viejo pasado, “Volvió una noche” (Gardel – Lepera), por Hugo Díaz

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sábado, 17 de abril de 2010

Uno de aquellos

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Me tomó algunos días escuchar el disco de Serrat. Tampoco quería disparar opiniones apresuradas. No quería que los prejuicios que me he hecho sobre sus últimos discos me influyan demasiado. Es, sin duda, uno de los mejores de los últimos años. Pero son pocos los temas que alcancen esa combinación casi perfecta entre la poesía, música e interpretación que solía alcanzar con tanta facilidad. Es esa combinación la que hizo que en anteriores oportunidades, cuando uno encontraba en texto los versos del poeta musicalizado, uno empezara a leerlos e inmediatamente terminara entonando la canción de Serrat. La canción que casi de manera inmediata alcanzó ese rango es “Hijo de la Luz y la Sombra”, que puse en el comentario anterior (antes de ir a comprar el disco). Va de nuevo, pero ahora con imágenes, para ponerlo de un modo distinto.

Hay varios temas en un segundo lugar, me gusta “Uno de aquellos” dedicado a los brigadistas internacionales llegados a pelear por la república de España. Ultima utopía revolucionaria del siglo XX. image

 

Por una mezcla de cuestiones, nunca diré que un disco de Serrat no es un gran disco, pero en este caso, no hay que hacer un gran esfuerzo para decirlo.

La semana  pasada buscando en cajones de Rosario, me encontré con uno de esos objetos que por alguna razón me guardé como tesoros representativos de una época. Me encontré con un posavasos del bar “JM”, en Rosario, donde a comienzos de los 80 íbamos con frecuencia porque allí toda la música era Serrat (y un poco de rock nacional). En una de sus paredes había un fotografía inmensa con la tapa del disco “Para piel de manzana” (1972). Pasé muchas horas allí y puedo recordar la potencia que tenía Serrat para nosotros en aquellos tiempos.img043

Bueno, también como mezcla de recuerdos de aquel primer trabajo de Serrat con Miguel Hernández y este nuevo disco, rescato esta nota hace poco publicada en Página/12.

Cali

 

 

Suplemento  Radar (Página/12), Domingo, 21 de marzo de 2010

SERRAT VUELVE A CANTAR A MIGUEL HERNANDEZ

Siempre se vuelve al primer amor

En el año del centenario del nacimiento del poeta al que musicalizó en sus comienzos y que lo convirtió en un abanderado de la memoria de la República, los caídos de la Guerra Civil, la resistencia contra el franquismo y los olvidados del exilio, Joan Manuel Serrat vuelve a Miguel Hernández. Y lo hace de gran modo. María Rosa Lojo recorre el impacto de ese poeta, de su generación y de aquel disco en España y la Argentina. Y Diego Fischerman celebra la salida de Hijo de la luz y de la sombra.

Por María Rosa Lojo

El diáfano y oscuro Miguel Hernández, poeta extremo del amor y de la muerte, nació en 1910, en Orihuela, dentro de una familia de pequeños criadores de ganado, y murió en 1942 en una prisión de Alicante. Tras un fracasado intento de fuga a Portugal, al concluir la Guerra Civil Española con la derrota de la República, había sido primero condenado a la ejecución por su notoria actividad política. Luego se le conmutó esta sentencia por treinta años de cárcel que –enfermo de tuberculosis– no llegaría a cumplir. Menos de una década le había bastado para dejar una obra extraordinaria, que enhebra, entre otros, los títulos Perito en lunas, El rayo que no cesa, Quién te ha visto y quién te ve, Viento del pueblo, Cancionero y romancero de ausencias. Su poética relee y reescribe a los líricos del Siglo del Oro (como la de los autores de la generación del ’27, donde lo ubican unos, mientras que otros lo hacen en la del ’36). En cualquier caso, el único e inclasificable Miguel Hernández cruza este legado con potentes y audaces imágenes surrealistas.image

En 1972, un joven cantautor catalán decide musicalizar algunos de los poemas de Hernández. Ya había emprendido una tarea similar tres años antes, con la obra de Antonio Machado, en un álbum que trascendió largamente las fronteras de España. Joan Manuel Serrat soportaba entonces el poco eficaz silenciamiento de la censura franquista. Aunque estaba prohibido promocionar su obra por los medios de prensa y difusión, los españoles seguían comprando sus discos. Se convirtió en frecuente visitante de Sudamérica y de la Argentina en particular a partir de ese tributo machadiano, y logró ser muy pronto uno de los afortunados artistas bendecidos simultáneamente por el gran éxito de público y la aprobación de la crítica.

Serrat cuenta, en la edición mexicana de su primer homenaje a Hernández, cómo lo descubrió en las “maravillosas ediciones” de Austral que llegaban desde la Argentina. Nuestro país le devolvió con creces esa gratitud. Todo en Serrat nos resultaba atractivo: su estilo innovador, que le ponía ritmos y melodías personales a la gran poesía española del siglo XX, en castellano y en catalán, sus elecciones temáticas, su juventud contestataria, su posición coherente contra el régimen franquista, que lo llevó incluso a tener pedido de captura y a permanecer en obligado exilio en México durante un año. En todo el período que, desde 1969, precedió a la muerte de Franco y al golpe militar del ’76, las nuevas generaciones de argentinos descubríamos a un tiempo la música de Los Beatles, el folklore nacional, la teología de la liberación, y la literatura y la filosofía en general.image

Serrat, a la vanguardia de ese presente, reconstituía los vínculos con una España entrañable, sumergida durante el franquismo, y que ya había llegado a la Argentina a través del rico aporte de los exiliados, pero no era difundida tanto ni tan popularmente como hubiera podido esperarse. El abrió las puertas hacia la comprensión admirativa, por parte de los más jóvenes, de los ideales de la República y de sus héroes (ejecutados, encarcelados dentro de su patria o fuera de ella, en la invisible prisión de su nostalgia). Pero también anticipó, como su implícito embajador, vocero y representante, la España que vendría inmediatamente después. La de la transición democrática, la de la reivindicación de las libertades, la que comenzaría su largo proceso de integración con Europa. El “Nano” (como se lo llamó y se lo llama entre nosotros), con su Alberti, su Hernández, su Machado, su Cernuda, sin restarles jerarquía artística (por el contrario, añadiéndoles el plus de su propia creatividad), nos hizo (re)conocer una poesía memorable y también una agenda ética, en un clima de ebullición social, marcado por los debates intelectuales y, crecientemente, por la violencia política.

En el primer álbum, Serrat había seleccionado diez poemas: “Menos tu vientre”, “Elegía”, “Para la libertad”, “La boca”, “Umbrío por la pena”, “Nanas de la cebolla”, “Romancillo de mayo”, “El niño yuntero”, “Canción última” y “Llego con tres heridas”.

En el segundo recoge trece: “Uno de aquellos”, “Del ay por el ay por el ay”, “Canción del esposo soldado”, “La palmera levantina”, “El mundo de los demás”, “Dale que dale” (del poema original “Silbo del dale”), “Cerca del agua”, “El hambre”, “Tus cartas son un vino”, “Si me matan bueno”, “Las abarcas desiertas”, “Sólo quien ama vuela” e “Hijo de la luz y de la sombra”.

No hay repeticiones de textos y tampoco de estilos fuera de lo que es lógico, tratándose del mismo poeta y el mismo músico. El análisis de Agustín Sánchez Vidal, en El País, destaca que Serrat ha buceado en zonas de la obra del poeta recuperadas para el libro en los últimos años (desde su muerte hasta 1992, en que aparecieron las Obras completas, el material impreso y reunido de Hernández se quintuplicó), y marca asimismo la variedad y la riqueza en la musicalización, que incluye elementos del folk, del son cubano, del flamenco.

image Ambas selecciones conforman una muestra seductora de la poesía hernandiana y sus “tres heridas”: la de la vida, la de la muerte, la del amor. Ecos de la copla, del romance, de la anónima voz popular se entrelazan con metáforas arriesgadas y exquisitas, que tocan siempre, infalibles, el límite de la experiencia. Algunos nudos temáticos: el varón en guerra por la libertad amenazada, la espera de las cartas de la esposa, que son como el vino, la reverencia ante el misterioso poder germinativo y erótico del vientre femenino, el dolor indignado ante la humillación de una clase condenada desde la niñez (que une “El niño yuntero” con “Las abarcas desiertas”), el vuelo liberador de la pasión que todo lo puede.

Esta última selección es más representativa de lo que podría considerarse como el centro simbólico de la cosmovisión de Hernández: la materialidad trascendente del cuerpo. Aun pulverizado, destruido, descompuesto, el cuerpo es sagrado porque guarda como una escritura indeleble, en la memoria más profunda de las células, la imagen del amor que se encarna, finalmente, en el “Hijo de la luz y de la sombra”. Serrat elige sólo algunos versos de ese extenso poema, prefiriendo los que describen la pasión de los esposos, como: “Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje / su avaricioso anhelo de imán y poderío” (...) “Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta, tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida”.

Pero vale la pena recordar también el magnífico cierre de esta composición en tres partes, que nos remite al poeta de “Nanas de la cebolla”, el que después de haber sufrido la muerte del primer hijo, sabe, en la cárcel, que su mujer tiene sólo pan y cebolla para alimentarse mientras amamanta al segundo. A pesar de todo, insiste tercamente la poesía, “aún tengo la vida” (“Para la libertad”). Por sobre la indigencia y el desamparo totales triunfará la esperanza de ese legado: “Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos, / seguiremos besándonos en el hijo profundo./ Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos, / se besan los primeros pobladores del mundo”.image

Si Serrat contribuyó decididamente a la difusión popular de Hernández y otros autores españoles que fueron sus contemporáneos y sus hermanos en la sensibilidad, la poesía argentina, desde la generación del ’70 en adelante, no acusó demasiado recibo de este impacto. Mucho más cerca de Hernández, en cambio, están los poetas del ’60, como Juan Gelman, Miguel Angel Bustos, Juana Bignozzi y sobre todo, quizá, la intensa y aterciopelada Nira Etchenique, tanto menos conocida: “Sin embargo recuerdo / Un cuarto piso / Gorriones que venían con espejos / Un suave olor a nardo / Un suave olor a sexo / Un suave olor a noche / Un suave, suave, suave / Un suave olor a humano / Entonces las ventanas se abrían como madres / Y el cigarrillo ardía / Y ardía la campana, la lámpara, el abismo / Del muslo que gemía, del labio que quemaba / Del áspero silencio sangrando boca arriba”.

Todos ellos se vinculan con Hernández por el fuerte compromiso político que afectó radicalmente sus vidas y determinó, en algunos casos, sus muertes. Pero no se trata sólo de eso sino de estéticas afines: una diafanidad musical de la lengua, una entrega sin retaceos de la palabra al mundo y a los otros, con fervorosa confianza en su poder movilizador y conmovedor. No temen a la expresión desembozada de las pasiones –visceral, violenta, luminosa–, ni a la desmesura de esas pasiones que pueden modificar la realidad hostil. Es así, tensando hasta lo insoportable el registro pasional, exacerbando la fuerza del deseo, apostando por el exceso, como se realiza en plenitud la experiencia vital, en lo acerbo y también en lo dulcísimo. Dice Juan Gelman: “Un hombre deseaba violentamente a una mujer, / a unas cuantas personas / no les parecía bien, / un hombre deseaba locamente volar, / a unas cuantas personas les parecía mal, / un hombre deseaba ardientemente la Revolución / y contra la opinión de la gendarmería / trepó sobre los muros secos de lo debido, / abrió el pecho y sacándose / los alrededores de su corazón, / agitaba violentamente a una mujer, / volaba locamente por el techo del mundo / y los pueblos ardían, las banderas” (“Opiniones”, Gotán, 1962).

No temen tampoco estos poetas, ciertamente, a esas palabras-cliché (corazón, alma), gastados vehículos de la afectividad y la interioridad, que toman para darlas vuelta y que saben renovar de manera deslumbrante. Dice Hernández: “Ayer, mañana, hoy / padeciendo por todo / mi corazón, pecera melancólica, / panal de ruiseñores moribundos. / Me sobra corazón. / Hoy descorazonarme, / yo el más corazonado de los hombres,/ y por el más, también el más amargo” (“Me sobra el corazón”, Poemas sueltos).

image Se ha dicho que la pena es un tema central de la poesía hernandiana. Recurre en ella, sin duda, pero nada sería más equivocado que asociarla a una suavidad melancólica. Es una pena visceral, de cante jondo, que traspasa la médula. No implica disminución del tono y la temperatura vitales sino, más bien, estallido y apogeo. La potencia es la clave de sol en la cual se inscribe toda esta poética. Potencia verbal y erótica, que elige como imágenes la sangre y el fuego; sensibilidad desollada y rabiosamente viva, capaz de transformar la desesperación en fe: “Soy una abierta ventana que escucha / por donde va tenebrosa la vida. / Pero hay un rayo de sol en la lucha / que siempre deja la sombra vencida” (Poemas últimos).

Miguel Hernández fue en mi adolescencia un “poeta de cabecera”. Hoy día, lejos de haber perdido actualidad para mí, la ha acrecentado. En la madurez, cuando todos, o casi todos, podemos afirmar con él “pintada, no vacía, / pintada está mi casa / del color de las grandes pasiones y desgracias”, el valor ético y estético de sus versos se multiplica. Lejos de la ingenuidad, su “dejadme la esperanza”, resuena en lo profundo de la memoria y sus decantados dolores como la afirmación de una palabra trasfundida en ser que, a pesar de todo, resiste frente al destino.

   Ana Belén/Víctor Manuel (Himno de la CNT)

domingo, 11 de abril de 2010

Nobleza obliga

 

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En la entrada sobre la historia de los cines de los pueblos y mi referencia sobre Juncal cometí un error.

El nombre del cine-teatro de Segura no sería “La Mar Chiquita”, sino “La Mar Chica”. A pesar de las consultas hechas, la confusión proviene de la nebulosa en los recuerdos míos y de quienes fueron consultados. Ahora parece haber mayor consenso en que el nombre es “La Mar Chica”.

También recuerdo que en la cartelera semanal, colocado en el centro del pueblo, tenía las letras pintadas tan pegadas entre sí que no sabría decir con certeza si las palabras van separadas o pegadas.

Bienvenidos los memoriosos que puedan ayudar a hacer justicia con el cine de Juncal

Cali

 “Moviola”, Spinetta Jade (1981)

martes, 6 de abril de 2010

Antes de ir a la disquería

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Voy a comprarme “Hijo de la luz y la sombra”, aunque confieso bastante temor, por eso todavía no me animé. Serrat ha sido (y es) alguien muy importante para mi y el disco negro con poemas de Miguel Hernández está allá arriba. Ahora Serrat volvió sobre el poeta y eso me intriga y, la verdad, tengo temor.

Sucede que los discos de Serrat tienen, para mi gusto, un desnivel notable que arranca con “El sur también existe” (1985), aquel con poemas de Mario Benedetti. Desde entonces, ningún disco logra remontar las cumbres logradas en su carera anterior, las que casi rozan la perfección (por supuesto, es una exageración, pero no tanto!!).

La última gran etapa de Serrat, es su etapa ochentosa, inaugurada con “Tal com raja” (1980), seguido por “En tránsito” (1981), “Cada loco con su tema” (1983), finaliza de manera fantástica con un disco en vivo, “En directo” y con “Fa vint anys que tinc vint anys” (1984). Ese ciclo lo cierro ahí y, la verdad, mi discoteca se detiene allí, en 1984. Tengo discos posteriores, pero no es lo mismo. Salvo algunos chispazos y a su calidad interpretativa en vivo, no he escuchado discos de Serrat de la magnitud de aquellos.

Seguramente, otros gustarán de un modo muy diferente la obra de Serrat.

Pero bueno, voy a comprar éste porque es Serrat, es Miguel Hernández, está en la tapa la bandera rojinegra y, además, le gustó a Diego Fischerman!!

Cali

(un tema del disco en cuestión)

Suplemento Radar (Página/12), Domingo, 21 de marzo de 2010

El círculo y el disco

Por Diego Fischerman

Si toda obra es abierta (ecos de Eco, qué duda cabe), la del cantante popular lo es en extremo. ¿Cómo escuchar sólo sonido allí donde hay identificaciones, un personaje amado, un pacto autobiográfico; donde cada canción se supone una confesión o una declaración y en ese territorio donde la frontera entre el autor y su ficción se borra? Es decir, ¿cómo escuchar a Serrat sin saber quién es Serrat, cuál es su historia y, tal vez más importante, la historia que con él ha compartido, en secreto, quien lo escucha?

Hijo de la luz y de la sombra no es un disco cualquiera sino un disco de Joan Manuel Serrat, y ni siquiera es uno más de sus discos sino aquel en el que vuelve –y luego de una enfermedad a la que, todos lo saben, casi siempre se vuelve– a cantar poemas de Miguel Hernández. El que pintó como pocos la España un poco rural, atravesada por pasados espesos, del final del franquismo, y convirtió en estrellas populares a los poetas de la Guerra Civil, regresa a ese universo con el inocultable gesto de quien cierra un círculo.

Con sus puntos más altos en las canciones más íntimas –“Cerca del agua”, “Tus cartas son un vino”– y en un exquisito valsecito –“Las abarcas abiertas”–, Serrat ronda la clase de melodías y arreglos que convirtió, a lo largo de más de cuatro décadas, en marca de fábrica. Hay también allí una sensación de vuelta al hogar imprescindible para quienes lo sienten parte de sus vidas, y posiblemente incomprensible para los otros. La voz tiene un vibrato mucho más marcado que en los años de juventud. Y lo que importa, en todo caso, como en esa mujer que sale de una pileta en el comienzo de una novela de Kundera, es la manera en que tras las arrugas y el cuerpo trajinado se trasluce ese movimiento antiguo; ese guiño, esa coquetería, esa mirada infantil.

Hay, además, una canción que podría, salvo por unos coros demasiado concesivos con estos tiempos, ser de las viejas. Que podría haber estado en aquel álbum de tapa casi negra y textura granulada cuyos bordes se redondeaban en el tránsito de casa a casa y, a veces, de hogares a exilios. “Hijo de la luz y de la sombra”, con esa exacta –o exactamente serratiana– combinación entre erotismo y épica, es el cierre –no podría ser otro– del cierre. Quizá sea una clausura provisoria. Así como aquel éxito de “Tu nombre me sabe a hierba”, los comienzos en catalán e incluso el disco con poemas de Machado fueron un poco el preludio de esa historia que comenzó con Hernández, lo que llegue después de esta vuelta al paisaje del poeta se convertirá necesariamente en comentario. En apostilla. Nadie dice que no habrá otros discos. Serán epílogos.

 

Bueno, les dejo un video que no tiene nada que ver, pero como me tomé el trabajo de subtitularlo, lo pongo. Es un tema de 1973, aunque en el subtítulo puse 1974, je.

domingo, 4 de abril de 2010

Un borrador que llegó

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Hola Cali,

Tu posteo me hizo recordar cómo viví Malvinas, en los años de mi infancia en la base militar de Puerto Belgrano, en el sur de la provincia de Buenos Aires. Y me puse a escribir mis recuerdos, en el marco de los primeros borradores de mis memorias, que de alguna manera son una micro-historia de la historia mayor que todos tenemos como país. Aquí los transcribo, y comparto preguntas que todavía me hago sobre las consecuencias de lo que pasó en ese tiempo. Como tu posteo es el detonante de este texto, me pareció apropiado compartirlo.

Un abrazo,

Oscar

1982... “clama el viento y ruge el mar...”

Es la mañana del viernes 2 de abril de 1982. Mi madre me levanta de la cama, entusiasmada. Se sienta al lado mío y me cuenta de las Malvinas (era la primera vez que escuchaba ese nombre). Me abraza y me prepara el portafolio. Es un día soleado, aunque frío. A los pocos minutos me lleva a la escuela; veo autos tocando bocinas, la gente está contenta. Ya en la escuela, todos en formación, cantamos Aurora, como de costumbre, pero sorpresivamente la directora nos anuncia que “recuperamos las Malvinas”. Estaba en segundo grado, tenía 7 anos. Los “más grandes” cantan la marcha de Malvinas. Entramos a clase. Un mapa extraño está en la pizarra: parecen dos pájaros en medio del mar.

En las sucesivas semanas dejamos nuestra tarea escolar habitual y nos dedicamos a dibujar y escribir cartas para los soldados en Malvinas. También donamos nuestros chocolates, que dejamos en un buzón cerca de la entrada de la escuela. A la noche, la familia se reúne en la mesa para ver “60 minutos” en un televisor Zenit.

Días mas tarde, la algarabía se transforma en miedo. Las maestras y unos uniformados nos enseñan en unos simulacros cómo ubicarnos debajo de los pupitres y la forma de salir “en caso de ataque”. A la noche, las ventanas de las casas se cubren con cartulinas oscuras y las ópticas de los autos con papel madera (todavía me recuerdo recortando las siluetas de los faros del Renault 12 gris). La calle fría y oscura es absoluto silencio.image

En la escuela y en el canal piden tener calma, pero tenemos miedo. En el grado empiezan los rumores: “mi papi se va a la guerra en un submarino”, “me voy a vivir a otro lado”, “hoy llegan los aviones ingleses y hay que estar debajo de la cama”. A la noche escucho las sirenas, tengo miedo, mi madre me toma de la mano, salimos a la vereda que está a oscuras, un hombre nos pide agarrar una soga para caminar juntos a un sótano grande, nos quedamos allí toda la noche: estamos en silencio, como esperando alguna explosión o algo así, pero no escuchamos nada. El sol se asoma, y nosotros salimos del sótano. Mal dormidos, volvemos a casa, me baño, y vuelvo a la escuela.

Ya han pasado varias semanas de la guerra, de alguna forma nos estamos acostumbrando.

La guerra estaba entre nosotros, en nuestras mentes. Una mancha en la puerta de entrada de la escuela es el rastro de una bomba caída quien sabe cuando, según mis compañeros. Una sirena cualquiera nos hace correr a los pasillos, aunque la maestra nos detiene.

Principios de mayo. Dos compañeros míos vuelven a su casa para encontrarse con sus padres que sobrevivieron del hundimiento del Belgrano. Mi compañero y amigo Juan José le pregunta a la maestra por su padre. La señorita Mabel le dice que vendrá en otro barco, que ya le van a decir a su madre. A la tarde me busca a mi casa y me dice: “querés venir al puerto a esperar a mi papa?”; le pido permiso a mi mama, y nos vamos junto a mi perro Beto. Nos pasamos toda la tarde, pero no llega ningún barco con sobrevivientes. En la espera, jugamos a las bolitas y Juanjo promete que su padre nos llevará a Monte Hermoso, Necochea, Baterías o “a donde queramos”.

image Pasan los días, y las semanas. A la mañana algunos compañeros se burlan de Juanjo: “tu papa murió”, “nunca va a llegar”. Pero el rito de la tarde es el mismo, los días grises y semilluviosos se repiten. Juanjo es mi amigo y lo sigo acompañando al puerto porque me siento solidario frente a su íntima vergüenza de que su padre no regresa y al mismo tiempo tengo miedo de preguntarle.

De repente, una mañana de junio, terminamos de cantar Aurora y cuando mecánicamente nos disponemos a cantar la marcha de Malvinas, la directora nos hace entrar a las aulas. Y no vemos el mapa de la “Hermanita perdida”, tampoco el buzón de los chocolates.

Es agosto, la primavera está llegando a casa. Los días fríos, grises y oscuros se han acabado, mas no así la tristeza y la frustración en las caras de la gente.

Nunca nos dijeron lo que pasó. Años mas tarde, ya fuera de la base, me enteré que la guerra había terminado mucho antes de lo que yo pensaba, que los “aviones ingleses” sobre la base habían sido solo un simulacro, que ese mundo de cambios al que asistía entre 1982 y 1985 no era algo “anormal”, sino todo un proceso para volver -justamente- a la normalidad. Me enteré también que Juanjo se había suicidado luego de una larga y profunda depresión. Me enteré de tantas cosas, que sería largo de contar.

Viéndolo a la distancia, me pregunto si Malvinas era algo que tenía que suceder, casi como una tragedia necesaria. Mis padres dicen que no saben hasta qué punto la democracia “que supimos conseguir” fue mérito de la clase política argentina o de Margaret Thatcher, a quien apodan “la madre involuntaria de nuestra democracia”.

Hasta qué punto Malvinas no adelantó la recuperación de la democracia? Y hasta qué punto el desastre militar, político y diplomático de las fuerzas armadas generó las condiciones para una democracia “no tutelada” (como en Chile) que pudo enjuiciar a sus jerarcas? No lo tengo en claro. Con todo, es un tanto curioso el detalle de la proximidad entre el aniversario de Malvinas y la muerte de Raúl Alfonsín, el único dirigente político que se opuso a la guerra durante la dictadura, el presidente que sometió a las juntas militares a la justicia civil, el defensor de los derechos humanos que creo la CONADEP, el hombre que a pesar de todas sus contradicciones, será recordado como ese estadista que cambio mi vida y la de tantos otros argentinos.

 “The final cut” (1983) Roger Waters

viernes, 2 de abril de 2010

¿Pedirán perdón alguna vez?

imageFoto clave. Veteranos de La Plata reconocieron al soldado asesinado por el paracaidista inglés en la foto publicada en Londres.

No hace mucho decía que lo mejor que podían hacer los partidos políticos en relación a Malvinas es cerrar el pico y sólo abrirlo para pedir perdón. Porque no me voy a poner redundante con la criminalidad del ejército inglés o la barbarie del ejército argentino. Nada puedo pedir a esas máquinas de matar. Pero a la dirigencia política es a quien le exijo el ejercicio del pensamiento, la reflexión y una visión de las cosas.

He puesto muchas entradas sobre Malvinas en el blog. Hoy se cumple un nuevo aniversario. El diario Crítica coloca en su tapa un nuevo hallazgo, la identidad de un saldado, un conscripto de apenas 18 años, fusilado por un soldado inglés. A ese conscripto lo ejecutó un criminal del ejército inglés. Pero lo pusieron allí, en esas garras asesinas, la política argentina, de manera idiota y sin escrúpulos.

image No tengo palabras para describir lo que pienso de lo que hicieron los partidos políticos en esos años. Sólo quiero colocar aquí una extensa nota sobre este punto. Tiene seguramente aspectos parciales, pero es bastante abarcadora. Quienes no lo vivieron, pueden hacerse una idea de lo que hicieron los políticos argentinos, muchos que hoy estarán en algunos actos. De los muchos actos que habrá. Prometo poner aquí cualquier frase que exprese la dirigencia política hoy que se parezca a algo como pedir perdón sinceramente.

Voy a poner a continuación un extenso artículo escrito por un nacionalista con el que no comulgo demasiado, pero es un artículo amplio, con bastante rigurosidad y documentación. Sucede que sobre este aspecto de la historia nadie se hace cargo, por eso no hay mucho. Creo que la figura de Alfonsín no queda debidamente resaltada, pero vale la pena recorrer el artículo.image

Sobre el papel de la Multipartidaria ya he escrito y recuerdo que, tal como se pude leer en wikipedia, Raúl Alfonsín representó un sector minoritario que planteó hasta donde pudo su oposición desde el primer día. Alfonsín no hizo el acto más ominoso de los partidos políticos argentinos, concurrir a las islas a brindar apoyo a su gobernador Mario Benjamín Menéndez. 

Va el artículo, ya hechas las aclaraciones esenciales.

Cali

PS: las negritas son mías, las puse para identificar mejor a los actores.

Posición de los Partidos Políticos Durante la Guerra del Atlántico Sur

ENRIQUE MAZAEDA

Camaleón: persona que muda fácilmente de doctrina u opiniones por carácter, o a impulsos del favor o del interés. (Sapiens. Enciclopedia Ilustrada de la Lengua Castellana)

 

INTRODUCCION

El desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas el 2 de Abril de 1982 constituyó sin lugar a dudas un suceso político y militar de relevancia histórica. Cuando nos acercamos a juzgar los más importantes acontecimientos de la historia mundial, observamos que el análisis objetivo nos permite aprehender la trascendencia que en sí mismos tienen dichos sucesos. Y más allá de las diversas apreciaciones que podamos realizar respecto de lo ocurrido en aquella fecha, seguramente llegaremos a la conclusión de que, por sí mismo, conforma un hito en nuestra historia nacional.

Numerosos actores sociales se pronunciaron durante los setenta y cuatro días que duró la Guerra del Atlántico Sur, entre los cuales se encontraban los Partidos Políticos, quienes constituyen el objeto del presente análisis. Estos demostraron a lo largo del conflicto un importante y progresivo deslizamiento discursivo, que va desde la euforia incontenible hasta el repudio más enérgico. Justamente esta evolución coincide con el desarrollo de las operaciones militares en los archipiélagos australes, desde el desembarco en Port Stanley (luego Puerto Argentino) hasta la caída del mismo. Sin embargo sería erróneo manifestar que la totalidad de los partidos políticos y sus principales dirigentes hayan tenido comportamientos irresponsables, de complicidad u oportunismo político, aunque en líneas generales muchos de ellos reflejaron conductas cercanas a las mencionadas. Esto es lo que intentaré demostrar, fundando mi argumentación en los documentos periodísticos de aquellos días.

MULTIPLES ADHESIONES AL DESEMBARCO DEL 2 DE ABRIL

Habiendo transcurrido sólo tres días luego de la brutal represión a la marcha convocada por la Confederación General del Trabajo para el 30 de Marzo de 1982, las Fuerzas Armadas en ejercicio del poder de facto desde marzo de 1976, se lanzaban -en medio de un clima enrarecido y tenso por un conflicto suscitado en las islas Georgias del Sur- a ocupar los archipiélagos australes usurpados por la corona británica desde 1833. image

A partir de este acontecimiento, la agenda política partidaria consistente en los contínuos reclamos por una pronta apertura democrática y el llamado a elecciones generales, junto con la exigencia de respuestas a las necesidades sociales que padecían vastos sectores de la población -afectados por la perversa política económica de Martínez de Hoz-, comienza a disiparse para ser relegada a un segundo plano. Los partidos políticos, aún sin renunciar del todo a esta agenda y sin dejar de diferenciar entre la política general del “Proceso” y la recuperación de las islas Malvinas, se manifiestan a través de comunicados oficiales y por boca de sus principales dirigentes, en su casi totalidad, a favor del operativo militar del 2 de abril.

Desde la izquierda a la derecha, con un espacio intermedio ocupado por la Multipartidaria, la coalición de partidos que encabezaba a las principales fuerzas políticas argentinas, como la UCR y el PJ entre otras (1), hubo prácticamente un unánime respaldo al desembarco (2). En líneas generales podríamos decir que el discurso de los Partidos ponía gran énfasis, entre otras cosas, en la decisión de la Nación en reparar sus derechos lesionados (3), pues se habían dado las condiciones para justificar la recuperación por la vía de la fuerza (4), lo cual constituía un hecho histórico que nos llenaba de alegría (5), ya que la firme actitud (6) asumida por el gobierno no solo estaba justificada sino que además era imperativa (7). Expresaban un total e irrestricto apoyo a la recuperación (8), una absoluta adhesión (9) a un acto positivo (10) que nos conmovía y llenaba de gozo (11), por lo cual el pueblo entero debía sumarse encolumnado tras la Bandera Argentina (12). Era necesario recuperar las Malvinas y felizmente las Fuerzas Armadas habían sabido escuchar el clamor del pueblo argentino (13), razón por la cual manifestaban el apoyo a las acciones militares (14), remarcando una total adhesión al magno acontecimiento (15). En concordancia con lo antedicho, acerca del respaldo al desembarco pero sin abandonar las exigencias que formaban parte de la agenda política, la Multipartidaria se expresaba en los siguientes términos: "Ante la recuperación de las islas Malvinas por las Fuerzas Armadas de la Nación, esta Multipartidaria Nacional expresa su total apoyo y solidaridad con la acción llevada a cabo, y reitera su decisión de respaldar todas las medidas conducentes a la consolidación de la soberanía argentina. Este pronunciamiento no implica la declinación de las conocidas posiciones por este nucleamiento frente a la política del gobierno en los distintos campos de la vida nacional" (16). image

Antes de detenernos a analizar estos posicionamientos, es importante agregar para enriquecer aún más el contenido de los mismos, las adhesiones que continuaban in crescendo en los días que siguieron al magno acontecimiento. Nuevamente la Multipartidaria, en un tono de adhesión crítica, sostenía su solidaridad con el operativo militar de reconquista, pero advirtiendo que la "soberanía es indivisible", por lo que se exigía al gobierno la institucionalización del país (17). En una intentona de "simbiosis" por el poder, los partidos políticos intentaban "coparticipar" la responsabilidad por las decisiones tomadas, al tiempo que negaban que la recuperación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur fuera una decisión unilateral de la Junta Militar. Este sueño de juventud (18), que quebraba la última dependencia colonial que sufría la Argentina por parte del Imperio Británico (19), era una decisión inspirada en la justicia histórica (20). Y fueron justamente dos de los principales dirigentes de la Multipartidaria quienes sostenían que no se trataba de una acción unilateral de las Fuerzas Armadas, sino que era del pueblo todo (21), un hecho trascendente que no había sido decidido por un gobierno sino por todo un pueblo (22). A todo ello debemos destacar la presencia de numerosos y destacados dirigentes políticos en el acto de asunción del Gral. Mario B. Menéndez como gobernador militar de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur (23), hecho político que expresaba un notable respaldo a la decisión del gobierno de facto de recuperar los archipiélagos australes usurpados por Gran Bretaña desde hacía casi 150 años.

Esta idea que apuntaba a poner el acento en la Unidad Nacional en la que todos, partidos políticos, gobierno y la sociedad en su conjunto debían confluir, se expresaba claramente en las declaraciones de diversos dirigentes partidarios. Los políticos destacaban el sentimiento de unidad nacional. Se instaba a suspender las discrepancias con el Gobierno ante un hecho trascendente que nos convocaba a estar unidos tras la bandera nacional (24), dejando de lado intereses sectoriales (25), ya que los acontecimientos parecían señalar -según estas expresiones- el comienzo de la unión nacional (26). Es por estas razones que lo más importante era mostrarnos unidos y solidarios con los combatientes (27), puesto que esta decisión del pueblo (28) constituía un acto de soberanía (29), una firme determinación (30) que el pueblo argentino masivamente respaldaba (31).

La algarabía y el furor emanados de las numerosas declaraciones y documentos de los partidos políticos hacían absolutamente inobjetable y amparado de toda crítica, a la decisión del gobierno de facto de recuperar las islas Malvinas, con lo cual supo controlar una situación social y política desbordante, aprovechando el fervoroso sentimiento nacional que realmente anidaba en vastos sectores de la población. Se insistía en que esa acción inclaudicable (32), era una expresión patria de reafirmación de derechos soberanos (33), decidida por todo el pueblo argentino (34). Y aunque el gobierno no era constitucional, representaba la voluntad de los distintos sectores del quehacer nacional (35), porque se trataba de una legítima y justiciera recuperación (36), que corresponde a una causa digna, justa y legítima del pueblo argentino (37). Los partidos políticos reconocidos coincidían en apoyar el accionar de las Fuerzas Armadas (38).

Paralelamente a las múltiples adhesiones hacia un acto de soberanía como lo era la reafirmación efectiva de nuestros derechos en los archipiélagos australes, se hacía -en un contexto de "unión nacional"- un llamamiento al gobierno de facto para que regularizara la actividad partidaria, para iniciar el camino hacia la vida democrática. Se instaba a volver a las instituciones de la Constitución (39), a una rápida y ordenada institucionalización democrática (40), puesto que la soberanía no era solamente territorial, ya que es indivisible, y por lo tanto no podía soslayarse la necesidad de recuperar también la soberanía del pueblo (41). Además debemos recordar que a menos de una semana de celebraciones y entusiasmo generalizado posterior al 2 de abril, y a caballo de una pretendida "solidaridad en la responsabilidad" -desde los partidos políticos hacia el “Proceso”- por la recuperación de las islas Malvinas, se hablaba de un gabinete de coalición nacional. El hecho de existir una compartida adhesión de los partidos de todo signo al operativo militar (42), llevó a la conformación de un frente interno que se cimentaba -aún con los acostumbrados cuestionamientos hacia el gobierno de facto- en el asumir plenamente la soberana determinación (43) por parte de los partidos políticos, quienes buscaban constituir un "gobierno de coalición nacional", un "gabinete ampliado" que permitiera mayor representatividad en la cumbre del poder (44). image

El primer mes del conflicto estuvo pletórico de celebraciones, entusiasmo y múltiples adhesiones a lo actuado el 2 de abril. Nos resta, antes de pasar al siguiente período, realizar algunas observaciones, a saber:

a) Definiciones terminológicas del 2 de abril: debemos tener presente los diversos adjetivos elogiosos ("firme determinación", "magno acontecimiento", etc.) que mereció el desembarco en las islas Malvinas, ya que como luego veremos, la referencia a esa fecha tras la rendición del 14 de junio sería a partir de calificativos negativos.

b) Agenda política en suspenso: los partidos políticos optaron por dejar en suspenso cuestiones hasta entonces dominantes en la agenda política, no obstante la persistencia de las mismas por parte de algunos sectores, sobretodo en lo concerniente a la institucionalización y vuelta a la vida democrática del país.

c) Abandonar intereses sectoriales: justamente el suspenso de parte de la agenda temática política se llevó a cabo en aras de la ambicionada unión nacional, el encolumnamiento tras la bandera argentina, haciendo a un lado intereses sectoriales que obstaculizaban la ansiada unidad en momentos por demás críticos. Un hecho que certifica este clima de unidad fue la nutrida presencia de dirigentes políticos en la ceremonia de asunción como gobernador de los archipiélagos australes del Gral. Mario B. Menéndez.

d) Identificación con la decisión militar: una unidad cimentada en una pretendida simbiosis por el poder, o más bien una búsqueda de "coparticipación de responsabilidades" por las determinaciones tomadas, con la intención -de parte de los partidos políticos- de identificarse con el gobierno de facto en cuanto a la acción emprendida el 2 de abril (45).

e) Gabinete de coalición: enancándose aún más en esa identificación y en la ambicionada “unión nacional”, es de donde partían los principales dirigentes políticos para llegar a esbozar la posibilidad de conformar un "gabinete de coalición", con el fin de aprovechar el enorme crédito político que el “Proceso” estaba disfrutando hasta ese momento.

EL FRENTE INTERNO DURANTE LA CONTIENDA BELICA

image En todo el período que se extiende desde el ataque a Puerto Argentino el 1° de Mayo de 1982, hasta la rendición incondicional del Gral. Menéndez el 14 de Junio, los partidos políticos van progresiva y concomitantemente deslizándose desde un espíritu nacional enardecido por la guerra (46) hacia un manifiesto anhelo de negociar una paz justa y digna, como insistentemente se decía. Mientras el presidente de la Nación, Gral. Leopoldo F. Galtieri, sostenía en su discurso en cadena emitido el día del primer ataque británico en suelo malvinense, que “les hemos respondido y les responderemos con el fuego y esa será siempre nuestra respuesta si el enemigo intenta convertir nuevamente en colonia la tierra argentina”, la conducción del Partido Justicialista se expresaba en los siguientes términos: "Aspiramos a que las Fuerzas Armadas de la Nación, depositarias activas hoy del mandato libertario de San Martín y Bolívar, presenten batalla y tomen represalias, devolviendo golpe por golpe" (47).

Si bien en los primeros tramos de la contienda bélica hubo voceros de diversos sectores de la dirigencia política que confirmaban su "vocación patriótica" y su asistencia al gobierno, el discurso iría paulatinamente menguando a medida que la guerra se iba desarrollando en la dirección que finalmente terminó. Las Fuerzas Armadas entonces, traducían con las armas del pueblo, la voluntad, el entusiasmo, coraje y renunciamiento popular (48). Mientras se reiteraba una total identificación de los partidos políticos con la causa patriótica (49), no faltaban elogios hacia el Gral. Galtieri a quien "se le notaba gran vocación de sacrificio", un soldado con capacidad y coraje cuyo objetivo era ganar la guerra para el país (50). Con motivo de conmemorarse un nuevo aniversario del Día de la Patria, dirigentes políticos de diversos partidos asistieron al acto de izamiento de la bandera en la Plaza de Mayo, especialmente invitados por el ministro del Interior, quienes sostenían -entre otras cosas- que en esos momentos difíciles debíamos "enfrentar a los imperios que actúan contra la Nación" (51). La identificación con la decidida afirmación de la soberanía argentina en las islas australes, fue manifiestamente expresada en una declaración difundida por la Unión Cívica Radical, en el cual -entre muchos otros conceptos centrados en torno al fortalecimiento del frente interno- señalaba la imperiosa necesidad de "robustecer el frente interno con las pautas inmediatas que hagan posible la organización de los partidos y la puesta en marcha de la recuperación institucional de la Argentina" (52). image

No obstante, comenzaba a perfilarse una orientación del discurso político hacia una de las cuestiones clave de la agenda política en suspenso: la reinstauración del régimen democrático. La unificación lograda tras la empresa iniciada el 2 de abril serviría "para el establecimiento de una renovada democracia representativa" (53), como corolario del "esfuerzo de un pueblo que posterga sus legítimas reinvindicaciones, ya que aún en la guerra el espíritu republicano nos debía convocar a la democracia del mañana para poner en marcha la recuperación institucional de la República" (54). Es en este sentido que la Multipartidaria expresaba la necesidad de los partidos políticos y las organizaciones gremiales, y el levantamiento de la veda política pues, como curiosamente señalaba un representante de la Democracia Cristiana, el emprender los pasos concretos hacia la democracia aventaría la imagen de que el gobierno argentino es una dictadura (55).

Dentro de este marco político, volvía a cobrar fuerza la idea de un gobierno de coalición, y la posibilidad de dar paso a un gobierno de transición que sería presidido por un civil. En tal sentido, el entonces titular del Movimiento de Renovación y Cambio del radicalismo, Raúl Alfonsín, insistía en postular al ex presidente Arturo Illia para la presidencia de la Nación, con el objeto de ejercer un gobierno de transición hacia la democracia, confiando en que las FF.AA. apoyarían dicha iniciativa, agregando que postular a Illia como presidente "de facto" no era contrario a la tradición radical, pues de lo que se trataba era de llegar al poder para asegurar la democracia y concretar -como decía Yrigoyen- la reparación nacional" (56). No obstante, el vicepresidente del justicialismo, Deolindo Felipe Bittel, afirmaba que "no le seducía la idea de un gobierno de coalición", al tiempo que -y con respecto al mencionado proyecto radical- no compartía la postulación de Illia para la presidencia de la Nación para un período de transición, pues sostenía que el gobierno de las FF.AA. debía convertirse en el gobierno de transición, rechazando toda transición de otra naturaleza (57).

image En vísperas de la visita del Papa a nuestra tierra, desde diversos sectores de la clase política nacional se hablaba, por un lado, de no ceder los legítimos derechos soberanos que nos corresponden sobre las islas del Atlántico Sur, pero al mismo tiempo, se insinuaba un giro político orientado hacia la necesidad de entablar negociaciones para obtener una paz digna y justa. Dentro de estos parámetros se enmarcaban las declaraciones de los principales dirigentes partidarios, que insistían en la defensa del honor nacional hasta sus últimas consecuencias (58), afirmando que no íbamos a ceder nada (59), ya que no podíamos aceptar, luego de todo lo que jugamos, el abdicar de nuestros derechos (60). Como decíamos, junto a esta perseverancia en la defensa de lo recuperado, se exteriorizaba la voluntad de que nuestro país estaba dispuesto a toda clase de negociaciones para lograr una solución pacífica (61), pues la negociación es una posibilidad siempre deseable (62). Estas expresiones de deseo de negociar una paz honrosa (63), no era considerada -en algunos casos- como un síntoma de derrota o, al menos, de admitir escasas posibilidades de triunfo, por lo que -según se creía- la paz no implicaba derrota ni rendición (64), y tomar partido por la negociación no significaba que estuviéramos derrotados (65).

Descendiendo un poco más sobre la pendiente discursiva, aparecían algunas voces discordantes que, con el desarrollo de los acontecimientos en el Atlántico Sur, irían encontrando menos resistencias. Aunque la suerte de las armas aún no estaba echada hasta -prácticamente- la llegada de Juan Pablo II a nuestro país, había quienes juzgaban como errático el operativo militar del 2 de abril, aunque entendiendo que una vez en el barco había que hacer cuanto fuera posible para salir adelante (66). El énfasis puesto en el imperativo negociador, hacía que el hecho bélico en sí mismo fuera tomado como un acontecimiento que, mal o bien, se estimaba su pronta extinción o, al menos, no se le daba la importancia que el mismo revestía (67). Además, en estas jornadas previas a la derrota, un destacado dirigente de la Multipartidaria como lo era el Dr. Oscar Alende, se pronunciaba en un lenguaje que -tras la rendición- sería dominante en la verborragia política, sobretodo de parte de quien luego sería electo presidente constitucional de la República: "Este es un tema -el de las negociaciones- de absoluta responsabilidad del poder de facto existente". Es decir, se buscaba deslindar responsabilidades en la toma de decisiones, previendo que la derrota sería cargada exclusivamente en la cuenta del “Proceso”, de las Fuerzas Armadas a las cuales daba pleno apoyo, pero señalando -y este es un punto de los reclamos por la normalización institucional del país- que no debía olvidarse al Congreso de la Nación (68). image

Hay cinco aspectos de este período bélico que merecen los siguientes comentarios:

a) Intensificación del frente interno: tras los primeros ataques británicos de principios de mayo, los partidos políticos se identificaron plenamente con las acciones emprendidas por las Fuerzas Armadas, y se afanaron por demostrar un encendido "espíritu patriótico" en momentos en que nuestros soldados se batían a muerte en las islas Malvinas.

b) Reiteración del reclamo democrático: las constantes manifestaciones a favor de las decisiones adoptadas por la Junta Militar, eran acompañadas -con el fin de obtener una "lealtad recíproca"- de reclamos de normalización institucional, ya que una de las partes respaldaba (los partidos políticos), la otra (Junta Militar) debía acceder a tales peticiones.

c) Transición civil: mediante la fórmula de un gobierno de coalición, se buscaba instalar en la presidencia de la Nación a un reconocido dirigente político, el cual -de común acuerdo con las Fuerzas Armadas- sería el encargado de realizar la transición política hasta la asunción de un presidente constitucional surgido de las urnas.

d) La cuestión de la paz: a principios de junio, en vísperas de la visita papal, se lanzaba la consigna "negociar una paz justa, digna y con honor". La magnitud de los sucesos en el Atlántico Sur, hacía que el entusiasmo reinante durante el inicio de las acciones bélicas, fuera cediendo lugar a la persistente idea de entrar en negociaciones para obtener una paz en los mejores términos posibles.

e) Posturas críticas: junto a la constante demanda de negociaciones por la paz, se sumaban algunas voces críticas, cuyo eje discursivo gira en torno a la restauración de las instituciones democráticas, conjuntamente con un escaso entusiasmo por obtener la victoria en el terreno militar.

ARRECIAN LAS CRITICAS TRAS LA RENDICION DEL 14 DE JUNIO

image En el seno de la Unión Cívica Radical se observaban dos posturas diferenciadas -a partir de la rendición incondicional del Gral. Menéndez en Puerto Argentino- respecto de la guerra y de su trágico final. Una de ellas, la que guardaba mayor coherencia con el respaldo inicial dado a la Junta Militar, se expresaba a través de Carlos Contín (titular del comité nacional), quien expresaba:"A las Fuerzas Armadas las hemos de recibir en triunfo... soy solidario como siempre con mis Fuerzas Armadas en los trágicos acontecimientos de esta hora... así como hemos confiado en la brillante acción de las FF. AA., los hombres civiles debemos tener confianza en que éstas, que tienen la responsabilidad mayor en estos momentos, van a actuar de acuerdo a las circunstancias, peleando hasta donde sea posible, pero evitando también un sacrificio innecesario de vidas... nosotros hemos de avalar lo que hagan las FF.AA." (69). Por el contrario, las manifestaciones del futuro presidente de la República, el hasta entonces cauteloso Dr. Raúl Alfonsín, se expresaba en términos muy duros hacia el gobierno de facto, reclamando un urgente retorno a la vida democrática: "El gobierno debe irse ya, debe cesar la usurpación del poder, y hoy mismo se debe poner en marcha un período de transición civil hacia la democracia; es hora de escuchar la voz del pueblo... es la hora de recuperar la racionalidad, la realidad y la moral, ya que se han silenciado los cañones... Basta de decadencia, de irracionalidad y de muerte" (70).

En general las posturas críticas son predominantes a la hora de evaluar los resultados de las acciones militares en el Atlántico Sur. Si bien hubo quienes sostenían que no debía perderse la serenidad, "ya que la batalla militar adversa -agregaba el justicialista Angel F. Robledo- era el soporte de un triunfo político, siendo una etapa costosa que finalmente resultaría ser útil y provechosa" (71), las críticas arreciaban. Se calificaba al otrora "magno acontecimiento" de irresponsable aventura de un régimen carente de toda legitimidad, que no había consultado a ningún sector democrático y popular, y que se había cometido una verdadera irresponsabilidad (72). Así como las adhesiones provenían de todos los partidos políticos, sin distingos de color ideológico, igualmente ocurría al momento de defenestrar todo lo actuado. Destacados dirigentes del Movimiento de Integración y Desarrollo afirmaban que el gobierno nos había llevado a una guerra, sin consultar debidamente al país y, por lo tanto, tenía que asumir cabalmente su responsabilidad política (73). Habiendo serios errores de apreciación que empezaban a salir a la luz (74), el gobierno debía cambiar totalmente, debían irse todos (75). Se exigía un juicio de responsabilidades a quienes nos habían llevado a esa tremenda derrota, pues no pudimos opinar ni fuimos consultados (76). Hasta el mismísimo ex comandante de la primer Junta Militar, el almirante Emilio Eduardo Massera, manifestaba que el único derrotado era el gobierno, responsable de todo lo que se había perdido, exigiendo la plena institucionalización democrática (77). Para que un ex "hombre fuerte" del gobierno militar se pronuciara en estos términos, evidentemente el clima político daba para que cualquier dirigente hiciera leña del árbol caído, porque fueron los mismos que se "pavoneaban" con los funcionarios procesistas cuando a principios de abril celebraban "emocionados" la recuperación de los archipiélagos australes. image

Mientras el Gral. Jeremy Moore lograba el triunfo de las armas británicas, la Multipartidaria y sus principales dirigentes, aceptaban fatídicamente el desenlace final, poniendo la mirada en el futuro proceso democrático que se abría en nuestra vida nacional (78). En este sentido, Deolindo Bittel declaraba que lo fundamental era conservar la calma, que el gobierno debía cumplir la promesa reiteradamente formulada y dar pasos concretos para establecer la democracia, además de la inmediata sanción del estatuto político, el cronograna electoral y un programa de emergencia nacional (79). En similares términos se expresaban Oscar Alende (80), la U.C.R. (81) y Francisco Manrique (82).

A la exigencia por el retorno inmediato al imperio de la Constitución, se le sumaba la crítica de "recuperar por la fuerza" a las islas Malvinas, aislando el hecho del 2 de abril como una "decisión militar" (83). Puesto que no era una decisión que hubiéramos tomando soberanamente, nunca jamás deberíamos volver a empuñar las armas por la guerra (84). Todo lo ocurrido fue una "locura disparatada", y los políticos se embarcaron junto al gobierno en esta aventura, jugaron toda su plata a esa acción belicista del gobierno, declaraba un tradicional dirigente centrista, en lo que quizás constituya una de las más duras críticas que pudieron hacerse a la dirigencia política argentina por su desempeño durante la guerra de Malvinas (85). No obstante el diluvio de críticas y reproches, había quienes se conducían con mayor mesura a la hora de evaluar las consecuencias del conflicto, como Américo Ghioldi (Partido Socialista Democrático), quien consideraba el heroico sacrificio de los militares, que más allá de la inmensa tristeza, le parecía un error terrible salir a silbar a quienes lucharon, agregando que él no quería discutir al gobierno argentino, y se preguntaba: "¿de que valen ahora los reproches?", al tiempo que señalaba que había llegado el momento de acelerar los pasos para ir a elecciones generales (86).

image Antes de arribar a la última parte del presente trabajo, quisiera realizar algunos comentarios acerca del tramo final del conflicto malvinense:

a) Búsqueda de equilibrio: los sectores más moderados de la dirigencia política buscaban afanosamente que la derrota militar no se convirtiera en un caos político, por lo cual llamaban a la serenidad, la calma y el equilibrio.

b) Deslindar responsabilidades: se carga a la cuenta de la Junta Militar todo el peso de la responsabilidad por las acciones emprendidas, ya que los políticos necesitaban desligarse de la complicidad con que habían procedido (como lo remarcaba el mencionado dirigente centrista).

c) Doble postura: según el desarrollo del conflicto, el sector de los dirigentes políticos más proclive a avalar todo lo actuado fue expresándose contínuamente hasta que la guerra terminó en derrota, momento en el cual aparecen los duros y críticos dirigentes de los mismos partidos que anteriormente venían respaldando al gobierno militar. Tal fue el caso, por ejemplo dentro de la Unión Cívica Radical, de Carlos Contín y Raúl Alfonsín. Lo mismo sucedió en el Partido Intransigente, con Oscar Alende y Raúl Rabanaque Caballero.

d) Perder para ganar: la pérdida de la batalla por la soberanía en los archipiélagos australes sería compensada, como empezaba a decirse, por el triunfo de la batalla por la soberanía política del pueblo, que se traducía en el proceso de transición –estatuto de los partidos políticos mediante- hacia la instauración del régimen democrático.

e)  Viraje terminológico: cuando repasamos los diversos y elogiosos conceptos que mereció el operativo militar de reconquista, vemos que tras la derrota se produce un gran viraje en cuanto a la calificación de aquellos sucesos. De poner el acento en la "patria" se pasa a la "república", o más aún, de calificar como "lucha soberana" a las acciones militares pasando a llamarlas "aventura irresponsable".

CONCLUSIONES

image No podemos dar término al presente trabajo sin antes preguntarnos acerca de las premisas iniciales del mismo: los partidos políticos, ¿han pecado de ser cómplices y de obrar en forma desacertada con el proceso militar durante la guerra del Atlántico Sur, o no les quedaba otro camino que el seguido en pos de la ansiada apertura democrática? ¿Ha sido el oportunismo un comportamiento arquetípico de los partidos políticos durante este período? ¿Fueron la mayoría de los partidos quienes se plegaron incondicionalmente a las Fuerzas Armadas para encolumnarse tras la bandera nacional? ¿Procedieron correctamente cuando decidieron suspender la agenda política de reclamos, abandonando intereses sectoriales y trabajando mancomunadamente con otros sectores sociales iluminados por el espíritu de la unidad nacional? ¿Debían actuar de otro modo?. Este ejercicio de preguntas nos resulta útil a los efectos de realizar una evaluación acerca del desempeño de los partidos políticos durante la guerra de las Malvinas. No podemos preguntarnos respecto de qué hubiera ocurrido si se hubiese actuado de tal o cual forma, porque debemos atenernos a los hechos concretos que tuvieron lugar durante los setenta y cuatro días que duró el conflicto con Gran Bretaña.

En principio, y como señalo en la introducción, hubo una generalizada actitud de colaboración de los partidos políticos con el gobierno de facto, como lo expresan las numerosas declaraciones citadas en el presente trabajo. Pero convengamos en que cualquier país en guerra, o al menos en la mayoría de los casos, el conjunto de las fuerzas sociales se arremolinan en torno a la defensa de intereses comunes que, en este caso, consistía en la defensa de la soberanía argentina en los archipiélagos del Atlántico Sur. Lo que resulta lamentable es que luego de la rendición incondicional en Puerto Argentino, todos aquellos dirigentes que se habían dado a la tarea de solidificar el frente interno, terminaron repudiando y renegando de todo lo actuado, como si los políticos no hubieran tenido nada que ver con lo ocurrido y descargando exclusivamente a las espaldas de las Fuerzas Armadas todo el peso de la responsabilidad política. Si bien es cierto que fueron éstas las que ejercieron el mando político de la Nación, ello no le resta trascendencia a las actitudes asumidas por los partidos políticos.

image El final de la guerra terminó forjando el principio de la restauración democrática. El periodista Rodolfo Terragno señalaba en abril de 1982 que "la victoria robustecería a las Fuerzas Armadas, y las habilitaría para perpetuarse de hecho en el poder... La derrota provocaría un agrietamiento de las FF.AA., lo cual sería útil para promover un cambio más profundo" (87). Si esta perspectiva analítica era común entre los dirigentes políticos no podemos saberlo, pero pareciera que, ante la eventualidad de un triunfo en el terreno militar, algunos sectores políticos buscaron -como hemos visto- aliarse al poder, pretendiendo la instauración de un gobierno de transición civil hasta la definitiva normalización institucional. Y la derrota de las FF.AA. significó, ante la negativa a compartir el poder con los partidos, que tuvieran que hacerse cargo del desastre, lo que produjo una crisis de poder que, como señalaba Oscar Alende, se produjo cuando la Armada y la Fuerza Aérea decidieron desvincularse de la conducción, dando por terminado el llamado "Proceso" (88).

Cuando procuramos clasificar a los partidos políticos de acuerdo a la postura sostenida durante el conflicto, podemos decir que la línea de corte no estuvo dada, de ninguna manera, por la variable ideológica. La izquierda y la derecha no se diferenciaban en términos de apoyo o rechazo, pues ambas posturas eran comunes en todo el arco político. Sería complejo trazar una cuadrícula donde pudiéramos colocar a los distintos posicionamientos, pues a lo largo de la guerra hubo dirigentes políticos que apoyaron el desembarco del 2 de abril, y luego renegaron o, al menos, se sumaron al coro de voces condenatorias tras la rendición del 14 de junio. Pero hubo también quienes, como es el caso concreto de Carlos Contín (UCR) y Américo Ghioldi (PSD), que se mantuvieron “leales en las malas”, hacia las Fuerzas Armadas responsables de las acciones bélicas. Destaquemos además, un hecho no mencionado anteriormente, que es el concerniente a la propuesta de realizar una gira hacia los distintos países latinoamericanos que encabezarían los principales dirigentes políticos, con el objeto de transmitir el respaldo del conjunto de las fuerzas políticas argentinas hacia el gobierno de facto por la recuperación de las islas Malvinas (89). Y este no fue un hecho aislado, ya que formaba parte de un conjunto de acciones tendientes a reforzar el frente interno durante la guerra. "Casi todos los dirigentes se han presentado espontáneamente y su apoyo ha sido bien recibido", señalaba el vicealmirante Lacoste (90), al tiempo que el general Saint Jean sostenía que los jefes de los partidos políticos le habían expresado que no se diera un paso atrás en el tema de las Malvinas y que postergaban todo tipo de reclamaciones (91).image

Para terminar, y remitiéndonos nuevamente a la introducción, donde expresaba que la guerra de las Malvinas constituye en sí mismo un hecho histórico trascendente para nuestro país, es importante señalar dos cosas: primero, que objetivamente es innegable la influencia que revistió para la reinstauración del régimen democrático el trágico resultado del conflicto malvinense; y en segundo lugar, que los enfoques analíticos que podamos emplear para comprender lo sucedido pueden ser múltiples, y que como consecuencia de ello, el presente trabajo constituye uno de ellos.-

 

NOTAS

MULTIPLES ADHESIONES AL DESEMBARCO DEL 2 DE ABRIL

1) Los cinco partidos integrantes de la Multipartidaria eran, además de los dos mencionados, el Partido Intransigente, el Partido Demócrata Cristiano y el Movimiento de Integración y Desarrollo.

2) "Malvinas. Esta es la historia", de Nicanor Costa Mendez. El ex canciller cita en la página 189 del libro, algunas de las múltiples adhesiones de parte de destacados dirigentes políticos: "Zavala Ortiz (UCR) manifestaba su solidaridad y absoluta adhesión a las medidas y pasos seguidos por la diplomacia argentina; Francisco Rabanal (UCR) declaraba que el episodio que vivimos fue anhelado por varias generaciones de argentinos...". Análogamente se expresaban Oscar Alende (Partido Intransigente), Rafael Martínez Raymonda (Partido Demócrata Progresista), Martín Dip (Partido Demócrata Cristiano) y Deolindo Bittel (Partido Justicialista). También señalaron su adhesión los dirigentes Acuña Anzorena, Ricardo Balestra, Mario Amadeo y Oscar Camilión.

3) Acuña Anzorena (Línea Popular), en "Crónica" del 3 de abril de 1982, pág. 4: “Es una expresión elocuente del espíritu de paz con que la Argentina enfrentó originalmente este problema... frente a las permanentes evasivas a las gestiones para recuperar las islas, que configuraron otros actos ed agresión, la Nación ha decidido reparar sus derechos lesionados... el gobierno puede cumplir con su deber en la seguridad que el pueblo va a cumplir con el suyo”.

4) Angel Federico Robledo (Consejo Coordinador de Acción Justicialista), en "Crónica" del 3 de abril de 1982, pág. 4: “Se han dado las condiciones para justificar la recuperación de la soberanía argentina en las islas por la vía de la fuerza. Emprendido este camino por el gobierno, el honor de la República está echado y detrás de la salvaguarda de ese honor están todos los argentinos sin distinción de banderías políticas”.

5) Deolindo F. Bittel (vicepresidente del Partido Justicialista), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4: “Este hecho nos une a todos los argentinos y nos llena de alegría, porque en definitiva es la reinvindicación histórica de algo que es nuestro toda la vida... esperamos de aquí en más contar con la solidaridad internacional para reafirmar este hecho, lo que en derecho nos corresponde desde hace tantos años... a los argentinos a veces hay cosas que nos separa o nos dividen, hechos como éstos nos convocan a todos porque es un hecho histórico”.

6) Rafael Martínez Raymonda (secretario general del Partido Demócrata Progresista), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4: “Apoyamos la firme actitud asumida por el gobierno, que significa también, la terminación de las dilaciones a que nos tenía obligados Inglaterra... si los ingleses hubieran tenido la inteligencia suficiente para haber reconocido con tiempo nuestros reclamos, no se habría llegado a una situación como la actual”.

7) Alvaro Alsogaray, en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 4: “He sido un poco sorprendido por el acontencimiento, si bien eso se estaba tramitando y ha habido un tiempo para meditarlo. Cuando se cuenta con el respaldo de un derecho tan indiscutible y tan universalmente reconocido como el que tiene nuestro país, todo esto no solo está justificado, sino que es imperativo”.

8) Jorge Abelardo Ramos (Frente de Izquierda Popular), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 4. Seguidamente, el presidente del FIP manifestaba su apoyo a las acciones militares desarrolladas en el sur argentino: “Ante esta decisión debe concretarse una inmediata paz con Chile... la soberanía es indivisible, por ello debe recuperarse, antes que sea tarde, la soberanía económica”.

9) Miguel Angel Zavala Ortiz (Unión Cívica Radical, ex canciller de Arturo Illia), en "Crónica" del 3/4/82, pág. 4.

10) Ricardo Balestra (Fuerza Federalista Popular), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “La recuperación de las islas constituye un acto positivo de reafirmación de nuestra soberanía”.

11) Américo Ghioldi (Partido Socialista Democrático), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Me he sentido profundamente conmovido y lleno de gozo por la decisión de las Fuerzas Armadas, intérpretes fieles del sentimiento popular más profundo de los argentinos”.

12) Manuel Anchorena, en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Más allá de todas las banderías e individualidades, el pueblo entero debe sumarse encolumnado tras la Bandera Argentina”.

13) Carlos Menem (ex gobernador justicialista de La Rioja), en "Crónica" del 03/4/1982, pág. 5: “Mi opinión se ha visto confirmada en los hechos. Era necesario recuperar las Malvinas y ante el fracaso de las vías diplomáticas se imponía la vía de los hechos... Felizmente las Fuerzas Armadas supieron escuchar el clamor del pueblo argentino”.

14) Jorge A. Ramos, en "Crónica" del 03/4/82, pág. 5.

15) Luis León (secretario del comité nacional de la UCR), en Crónica del 03/4/82, pág. 5.

16) Multipartidaria, en "Crónica" del 03/4/82, pág. 5

17) Multipartidaria, en "La Nación" del 7/4/82, pág. 7. Acerca de la "indivisibilidad" de la soberanía, Julián Licastro (secretario político de la Presidencia durante el último gobierno del Gral. Perón) sostenía en "Clarín" del 4/5/82, pág. 6: "En la doctrina peronista la soberanía abarca dos conceptos solidarios, que no pueden existir separados: la soberanía nacional, que es la libertad de la Patria, y la soberanía política, que es la libertad del pueblo". Para Jorge Abelardo Ramos (FIP), la soberanía territorial era indivisible de la económica (Crónica, 03/4/82, pág. 4).

18) Ismael Amit (Fufepo), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

19) Jorge A. Ramos, en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

20) Movimiento Nacional Yrigoyenista, en "La Nación" del 7 de abril de 1982, pág. 7: “La acción del 2 de abril es una decisión inspirada en la justicia histórica”, expresando posteriormente la “adhesión ilimitada a la resolución del gobierno nacional de defender y consolidar la soberanía nacional en las islas Malvinas y restantes del Atlántico Sur, cualquiera fuese la amenaza o el peligro”.

21) Carlos Contín (U.C.R.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Hay que demostrarle al mundo que esto no es una acción unilateral de las Fuerzas Armadas, sino que es del pueblo todo... Quizás se necesitaba un hecho de esta magnitud para darnos cuenta de que nos estamos sectorizando por problemas que no tienen la trascendencia que debieran”.

22) Deolindo F. Bittel (P.J.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Es un hecho trascendente y un viaje histórico, y demuestra que los argentinos podemos tener discrepancias, incluso nuestras diferencias con el Gobierno, pero en esta emergencia de ese hecho trascendente nos unimos todos detrás de la bandera nacional... podemos pelearnos, pero cuando está en juego nuestro honor, nuestra soberanía nacional, siempre estaremos unidos... Cuando en el mundo se den cuenta que esta medida no es la decisión de un Gobierno sino de todo un pueblo, entonces estoy seguro que otros pueblos reveerán las decisiones que algunos gobiernos adoptaron ahora”.

23) "La Nación", 08/4/82, tapa. Entre otros dirigentes, se menciona la presencia del titular del radicalismo Carlos Contín, del socialista popular Enrique Inda, del demócrata cristiano Francisco Cerro, del conservador popular Julio Amoedo y del desarrollista Américo García. También asistieron a la ceremonia el dirigente sindical Saúl Ubaldini y el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla.

24) Deolindo F. Bittel (P.J.), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7.

25) Alberto Robredo (Partido Federal), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Todo el pueblo argentino debe mostrarse, tal como lo está haciendo, más unido que nunca, dejando de lado intereses sectoriales en pos del supremo interés, el de la Nación Argentina... la acción militar ha sido una demostración de nuestro firme propósito por recuperar una parte del territorio nacional que durante casi 150 años permaneció bajo el dominio de los usurpadores ingleses”.

26) Julio Amoedo (Conservadurismo Popular), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Este acto reinvindicatorio puede ser el comienzo de la unión nacional, reclamada tanto por el Gobierno como por las fuerzas políticas actuales... es necesario que el Gobierno baje un escalón, como lo hemos hecho nosotros sin distinción de matices políticos”.

27) Eduardo de Cara (Democracia Progresista), en "La Nación" del 08/4/82, pág. 7: “Ahora lo más importante es mostrarnos unidos y solidarios con quienes están en las islas Malvinas dispuestos a defender a la Patria”.

28) Deolindo F. Bittel, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. Con motivo de la convocatoria gubernamental a la Plaza de Mayo, expresó: “Estoy de acuerdo con la convocatoria a Plaza de Mayo, que debe servir el objetivo de mostrar la solidaridad del pueblo para con la situación que vive el país... para mostrar la decisión del pueblo de recuperar definitivamente la soberanía sobre las Malvinas s islas del Atlántico Sur”.

29) Guillermo Estévez Boero (Partido Socialista Popular), en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4: “Reafirmamos que este acto de soberanía, será irreversible en tanto se sustente sobre una efectiva unidad nacional, vertebrada en los principios de independencia nacional, libertad y respeto a la voluntad popular. Repudiamos el intento de agresión colonialista de Inglaterra, entendiendo que la movilización del pueblo es la mejor defensa a la integridad de nuestra patria”.

30) Documento del Partido Demócrata Progresista, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4, firmado por el apoderado del partido en Capital Federal, Dr. Elías Hamra, con motivo de la convocatoria a Plaza de Mayo.

31) Alberto Robredo, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. Respecto de la mencionada convocatoria, sostuvo que se trataba de “una expresión masiva del pueblo argentino en respaldo de lo actuado, y es altamente positiva porque sirve para demostrar y despejar las dudas de algunos países respecto de las verdaderas intenciones de la República”.

32) María Cristina Guzmán (Fufepo), en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4: “Apoyo el acto de confirmación de nuestra vocación, por una acción inclaudicable en procura de defender nuestros derechos sobre las islas del Atlántico Sur”.

33) Documento del Conservadurismo Popular, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. El comité nacional del partido había resuelto concurrir a Plaza de Mayo “como una expresión patria de reafirmación de los derechos soberanos argentinos en las islas Malvinas reconquistadas”.

34) Centro Socialista Democrático de La Plata, en "La Nación" del 10/4/82, pág. 4. En adhesión a la convocatoria del gobierno, y con la firma del Dr. José Ernesto Rozas, dicha entidad señalaba que “este acto de reafirmación de la soberanía argentina en las islas australes signficará ante el mundo que esta recuperación no fue solamente una decisión del Gobierno sino de todo el pueblo argentino”.

35) Documento de Línea Popular, en "La Nación" del 17/4/82, tapa: “Si bien el Gobierno no fue elegido por la ciudadanía, en este hecho cuenta con total consenso y es representante de la voluntad de los distintos sectores del quehacer nacional”.

36) Documento del Partido Justicialista, en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “El país vive horas difíciles, luego de la legítima y justiciera recuperación de las islas Malvinas por las Fuerzas Armadas de la Nación... el asunto Malvinas es indudablemente prioridad uno de la Patria... unido a él, se encuentran otros cuya dimensión y naturaleza forman parte indisoluble de la propia identidad nacional... es necesaria la implementación de un verdadero plan de emergencia nacional con un cronograma efectivo y preciso, donde se establezcan en forma definitiva y tajante parámetros aseguradores de un gobierno representativo de la voluntad popular como de todos los sectores democráticos que son la razón de ser de la vida institucional en la República... ese será el mejor homenaje que se puede en estos momentos brindar a la patria, para asegurar en forma definitiva el cese de los desencuentros y la real unidad entre todos los argentinos”.

37) Cristina Guzmán, en" La Nación" del 14/4/82, pág. 10. Con motivo de una gira de dirigentes políticos a países de Europa y América, para clarificar la posición de la Argentina en el conflicto planteado con Gran Bretaña, la política jujeña en vísperas de viajar a los Estados Unidos, precisaba que “fundamentlamente marcaré que esta acción corresponde a una causa digna, justa y legítima del pueblo argentino por la recuperación de las islas Malvinas y la necesidad de la unidad de América en este eventualidad, y solicitaré la solidaridad con nuestro país”.

38) Partidos Políticos en "La Nación" del 21/4/82, tapa. La nota destaca que los jefes de los partidos políticos reconocidos –tras su reunión con el ministro del Interior- coincidieron en señalar su apoyo al mantenimiento de la soberanía en las islas Malvinas. No habiendo cuestionamientos globales al gobierno, todos los asistenes coincidieron en el apoyo al accionar de las Fuerzas Armadas. Mientras el subsecretario de Asuntos Institucionales, coronel Bernardo Menéndez señalaba que en la reunión no hubo ningún tipo de disenso, el ministro del Interior, Gral. Saint Jean, agradecía a los políticos convocados por el pergamino que le fué entegado, en recuerdo de la asunción del gobernador militar en las islas Malvinas, el general Mario B. Menéndez.

39) Documento del Partido Justicialista, en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “Debe pues sin más trámite, el gobierno militar que rige los destinos actuales del país, hacer cesar toda medida que implique una excepcionalidad jurídica y la vuelta a la instituciones de la Constitución, la participación efectiva de la soberanía del pueblo en las decisiones de la Nación, y de las fuerzas políticas en las medidas que se dicten y que afectan sin lugar a dudas a todos los intereses nacionales”.

40) Documento del Partido Demócrata Cristiano en" La Nación" del 18/4/82, pág. 10: “La recuperación de las Malvinas puede abrir un camino hacia la reconciliación y la unidad nacional sólo en la medida en que se adopten con urgencia decisiones en el plano interno que aborden con verdad, con justicia y con caridad, hondos problemas que aún laceran el alma nacional y abran el país a un sistema de libertad y de derecho en el camino hacia una rápida y ordenada institucionalización democrática argentina... sería saludable y ejemplificador en esta alternativa crucial en que debemos apretar fuerzas frente al enemigo, el juzgamiento de los responsables del desastre económico que aqueja al país, por la destrucción del aparato productivo nacional, indispensable para el desarrollo de las teras que demande la consolidación de la soberanía del Atlántico Sur... nos unimos a la voluntad fervorosa de nuestro pueblo que luchará si es necesario, formulando nuestro mejores votos por una paz con honor”. Firman la declaración el presidente del partido, Hugo Conza, y los secretarios generales Martín Dip y Carlos Auyero.

41) Partidos políticos metropolitanos en "La Nación" del 30/4/82, pág. 14. (Sobre este concepto de soberanía, ver las manifestaciiones de Julián Licastro citadas anteriormente). Dirigentes metropolitanos de once partidos políticos, sostuvieron en un documento que “el histórico momento que vive la patria con la recuperación de las islas Malvinas no puede soslayar la necesidad de recuperar también la soberanía del pueblo, para que éste sea el único que decida su destino”. Firman los partidos Justicialista, Demócrata Cristiano, Intransigente, Socialista Popular, Socialista Unificado, Confederación Socialista, Comunista, Conservador Popular, Movimiento Progresista, Movimiento Yrigoyenista y Línea Popular.

42) Rafael M. Raymonda en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 8.

43) Antonio Tróccoli (U.C.R.) en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 7. Aclaremos que, con respecto al mentado gobierno de coalición, el Dr. Tróccoli sostenía que en tales circunstancias, la iniciativa de un gobierno de esa naturaleza "sería inconveniente, inoportuna y desacertada".

44) Rafael M. Raymonda en "La Nación" del 8 de abril de 1982, pág. 8.

45) "Clarín", 4 de mayo de 1982, pág. 6. En una reunión informativa que sostenía el Ministro del Interior, Gral. Alfredo Saint Jean, con dirigentes políticos entre los que se contaban los ex senadores José Antonio Allende (democristiano), Eduardo Paz (Conservador Popular), el ex diputado peronista Ernesto Corvalán Nanclares y el ex canciller Mario Amadeo, le formularon al ministro –además del habitual “apoyo irrestricto” a la histórica decisión de recuperar las Malvinas- la sugerencia de consolidar "la unidad fraterna entre los argentinos", comenzando por "una amplia convocatoria a todos los sectores políticos y sociales", con el propósito de compartir responsabilidades en la actual emergencia. Otros encuentros ministeriales para solidarizarse con las Fuerzas Armadas contaron con la presencia de los justicialistas Raúl Matera y Luis Rubeo.

EL FRENTE INTERNO DURANTE LA CONTIENDA BELICA

46) Documento del Partido Federal en "La Nación" del 02/5/82, pág. 8: “El Reino Unido eligió el camino de los cañones y los argentinos aceptaremos el desafío, pero debe saber Londres que la guerra ha enardecido el espíritu nacional, en lugar de apaciguarlo”. La agresión inglesa también mereció el repudio de la Comisión Popular en Defensa de la Soberanía que, si bien no constituía un partido político en sí mismo, estaba integrada por numerosos dirigentes de centro-izquierda, entre ellos Simón Lázara (Socialismo Unificado), Fernando Nadra (Comunista), Néstor Vicente (Democracia Cristiana), Raúl Rabanaque Caballero (Intransigente), Vicente Solano Lima (Conservadurismo Popular) y Aldo Tessio (Radical).

47) Documento del Partido Justicialista en "La Nación" del 02/5/82, pág. 8: “La agresión consumada en las islas Malvinas por aviones británicos constituye otra agraviante actitud colonial e imperialista del Reino Unido, dentro de su permanente y contínua agresión”. Posteriormente agregan que “los gobiernos de Inglaterra y Estados Unidos, anacrónicamente y a espaldas de sus propios pueblos a quienes ocultan la justa causa de reinvindicación argentina, pretenden al final del siglo XX, sojuzgar, recolonizar y dominar a otros pueblos libres de Occidente”.

48) Francisco Manrique (Partido Federal) en "La Nación" del 14/5/82, pág. 18: “Resulta emocionante ver cómo un pueblo noble se alinea con entusiasmo, coraje y renunciamiento ante objetivos y motivaciones auténticas... las Fuerzas Armadas recogen el reconocimiento de su profesionalismo por encima de tantos errores políticos que nuestras generaciones acumulan... nuestras FF.AA. traducen en este momento, con las armas del pueblo, esa voluntad popular. De ahí en más, si se procede inteligentemente, todo quedará facilitado para que la Argentina sea, realmente, la Argentina que hemos soñado en pluralidad política y en coincidencia de dignidad y personalidad nacional”.

49) Documento de la Comisión Coordinadora de Partidos Políticos Metropolitanos en "La Nación" del 14/5/82, pág. 18. En reunión con el Intendente de la Capital Federal, Dr. Guillermo Del Cioppo, le expresaron la total identificación con la causa patriótica de las islas Malvinas, destacando la inmejorable predisposición para apoyar toda medida que beneficie los propósitos argentinos reinvindicatorios y de soberanía. Asistieron al encuentro los dirigentes Italo Tempra (Línea Popular), Guillermo Battigliani y Antonio Monsesino Díaz (Partido Republicano), Jorge Biondi y Néstor Legani (Partido Justicialista), Víctor Alderete y Horacio Farenga (Unión Cristiana Democrática), Carlos Borda y Juan G. Bello (Partido Demócrata Progresista), Juan J. Poderoso y Juan Montenegro (Partido Socialista Democrático).

50) Declaraciones de Francisco Manrique en "La Nación" del 09/5/82, tapa. Tras una audiencia con Galtieri, puso de relieve la coincidencia ideológica, política y de objetivos comunes en todo lo referido a la defensa de la causa nacional. Dijo que había hablado “con crudeza” con Galtieri y que salía del encuentro presidencial con tranquilidad, proque había notado “una gran vocación de sacrificio y de seguir luchando en la búsqueda del objetivo final”. Señaló además que, si bien con los militares argentinos se puede discutir, lo que no puede ponerse en tela de juicio, porque son indiscutibles, son su capacidad y coraje. Finalmente, sostuvo que “fué una charla larga, cruda. Pregunté. El Presidente aceptó con humildad republicana mi interrogatorio. Y bueno, noté que hay un soldado, un ser humano que, en definitiva, tiene un objetivo muy claro: ganar esto para el país”.

51) "Clarín", 26/5/82, pág. 22. El acto contó con la presencia del desarrollista Arturo Frondizi, el intransigente Oscar Alende, el democristiano Carlos Auyero, y el socialista popular Enrique Inda. La referida declaración pertenece al Dr. Oscar Alende. También estuvieron presentes Juan Carlos Varela Barrios (demócrata progresista), Cristina Guzmán (federalista), Enrique Giannoni (socialista democrático), Julio Amoedo (conservador popular) y Jorge Abelardo Ramos (izquierda popular).

52) "Clarín", 30/5/82, pág. 22. El mismo documento exhortaba a los responsables de la conducción del Proceso "a extremar la apertura de los caminos tendientes a materializar dicha participación". Asimismo expresa que “las decisiones fundamentales en torno al conflicto armado, por sus proyecciones históricas, exigen la participación de todos los sectores de la comunidad... resulta imperativo adoptar las modificaciones necesarias para que la política económica se adecúe a las necesidades e intereses reales del país... la afirmación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur ha sido una constante histórica del partido y que esa requisitoria hoy está acompañada por el esfuerzo de un pueblo que posterga sus legítimas reinvindicaciones en procura de ese objetivo nacional. La Unión Cívica Radical participa de ese esfuerzo sin declinar de su condición de partido en actitud crítica frente al gobierno”.

53) Documento del Partido Socialista Democrático dirigido a la Internacional Socialista, en "La Nación" del 13/5/82, pág. 14: “El país entero sostiene la decisión adoptada... el pueblo argentino no admite ser propiedad de ninguna superpotencia, ni prisionero del colonialismo en ninguna de sus formas... la Argentina se ha unificado monolíticamente, lo que servirá en el plano interno para facilitar la marcha ya iniciada hacia la normalización institucional y el establecimiento de una renovada democracia representativa”.

54) Carlos Contín (U.C.R.) en "Clarín" del 30/5/82, pág. 22: “Nada mejor que una solidaridad auténtica ha de permitir que pese a todo, aún en la guerra, el espíritu republicano nos debe convocar a la democracia de mañana”.

55) Documento de la Multipartidaria, en "Clarín" del 9/6/82, pág. 19. El dirigente democristiano era Martín Dip.

56) "Clarín", 21/5/82, pág. 23. Tras insistir en la psotulación de Arturo Illia para la presidencia del comité nacional, también insistió en postularlo para la presidencia de la Nación, pues en el país se insinúan dos tendencias con miras al ejercicio del poder: una de fachada democrática, de carácter gatopardista, que busca que todo siga igual, y la otra de tendencia nacionalista y componentes autocráticos. Pronosticó que la eventual confrontación de ambas tendencias podía llevar a graves enfrentamientos, mientras que la presidencia ejercida por Illia neutralizaría ese riesgo y aseguraría la transición hacia la democracia. Rechazó que postular a Illia como presidente “de facto” sea contrario a la tradición radical, pues de lo que se trata es de llegar al pdoer para asegurar la democracia y concretar –como decía Yrigoyen- la reparación nacional. A pocos días de la rendición de Puerto Argentino, volverá a insistir sobre la cuestión de una transición civil hacia la democracia.

57) "Clarín", 21/5/82, pág. 23. También opinaban otros políticos sobre el tema, mientras Arturo Illia descartaba un gabinete de coalición (“La Prensa”, 21/5/82, pág.4). Pero Raúl Alfonsín insistirá en la presidencialidad de Illia (“Crónica”, 2/6/82, pág.8). Tras la rendición en Puerto Argentino se mencionó para ocupar la presidencia en carácter de “transición civil” hasta el llamado a elecciones generales, de Alejandro Orfila, un destacado diplomático de amplia trayectoria en el servicio exterior de la Nación.

58) Antonio Tróccoli (UCR) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “No vamos a renunciar a continuar los esfuerzos a favor de la paz... pero esta propensión manifiesta por evitar el conflicto no nos puede llegar a confundir con una actitud derrotista que debilita nuestras defensas frente al enemigo y consecuentemente vamos a defender el honor nacional hasta sus últimas consecuencias... no tenemos otra posibilidad más que aguantar desde nuestras posiciones”.

59) Carlos Contín (UCR) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág.24: “La Argentina está ganando la batalla de Malvinas. Ha logrado concluyentes victorias militares dejando fuera de acción el 50% de la flota agresora... Siempre fuimos y somos un pueblo de paz... para ganar la paz podemos llegar hasta el fin que impone nuestro honor y dignidad... nada cederemos que nos corresponda por derecho”.

60) Alberto Robredo (Partido Federal) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24: “La Argentina no puede ceder su soberanía sobre los archipiélagos del Sur. Puede negociar sistemas de explotación conjunta... no podemos aceptar, luego de todo lo que jugamos, abdicar de nuestros derechos soberanos”.

61) Raúl Matera (Movimiento de Reafirmación Doctrinaria Justicialista) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “La Nación Argentina está dispuesta al diálogo y a toda clase de negociaciones... el gobierno y el pueblo de mi país aspiran a alcanzar una solución pacífica”.

62) Amércio Ghioldi (PSD) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 23: “Desde que a la guerra no se la considera como un acto de vida o muerte, como un factor absoluto, es que aún en la guerra hay siempre un espacio esperanzado de negociaciones... la negociación es una posibilidad siempre deseable... para asegurarse el respeto y la dignidad mutua”.

63) Deolindo F. Bittel en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 23: “Ningún país civilizado puede desechar la paz. No existen las rendiciones incondicionales... la gran mayoría del pueblo argentino va a aceptar con beneplácito una paz honrosa que salve el honor y la dignidad de la Nación... Sí, hay que negociar la paz”.

64) Rafael M. Raymonda en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24: “La paz no implica derrota, ni rendición. Se puede negociar la paz, no la derrota”.

65) José Antonio Allende (Partido Popular Cristiano) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 22: “Nuestra Cancillería se ha desempeñado acorde a las necesidades del país... no estamos derrotados porque el objetivo de la batalla como tal lo hemos logrado... Toda guerra tiene como objetivo final la paz... soy partidario de la negociación... no poner en riesgo de pérdida irreversible lo que nos correponde en derecho”.

66) Alvaro Alsogaray en "Clarín" del 22 /5/82, pág. 18. En un debate con Angel Federico Robledo organizado por la Universidad Católica de La Plata, oficiando como coordinador el periodista Bernardo Neustadt, se le interrogó sobre cómo hubiera actuado el 1° de abril respecto de las islas Malvinas: “Jamás lo hubiera hecho, porque hubiera violado la Carta de las Naciones Unidas que firmamos y no cumplimos. Ahora estamos todos en el barco y debemos hacer cuanto sea posible para salir adelante. Pero el 1° de abril no”.

67) Angel F. Robledo (PJ) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 25. En la oportunidad, el dirigente justicialista se expresa en estos términos: "Entiendo que naturalmente más allá de las batallas mismas -que espero sean victoriosas para la Argentina- el tema Malvinas tendrá que resolverse con una negociación que podrá ser tanto o más prolongada según sea el resultado del enfrentamiento militar".

68) Oscar Alende (Partido Intransigente) en "Gente" n° 881 del 10/6/82, pág. 24. El veterano dirigente sostenía que las negociaciones eran de plena incumbencia del poder de facto existente, y que más allá del amplio respaldo dado a las Fuerzas Armadas de la Nación en su defensa militar de la soberanía territorial, no debía olvidarse que al Congreso de la Nación le corresponde fijar los límites definitivos de la República, y aprobar o desechar los acuerdos y tratados con otras naciones.

ARRECIAN LAS CRITICAS TRAS LA RENDICION DEL 14 DE JUNIO

69) Declaraciones de Carlos Contín en "La Nación" y "Clarín" del 15/6/82, pág. 5 y 9, respectivamente: “A las Fuerzas Armadas, vencedoras o con un revés en las islas Malvinas, las hemos de recibir en triunfo, porque han recuperado el prestigio del país... me encuentro con una gran ansiedad y solidario como siempre con mis Fuerzas Armadas en los trágicos acontecimientos de esta hora... nosotros hemos de avalar lo que hagan las Fuerzas Armadas, ya que lo importante es que hoy el país está totalmente unido y esta unidad habrá que aprovecharla para que, por sobre todas las cosas, este hecho de reinvindicación nacional sirva para el provecho del país”.

70) Declaraciones de Raúl Alfonsín en "La Nación" y "Clarín" del 15/6/82, pág. 5 y 9, respectivamente: “Las Fuerzas Armadas no merecen este destino, y el país no merece este Gobierno, por ello debe irse ya, debe cesar la usurpación del poder... es hora de escuchar la voz del pueblo, ésa es la voz de los oficiales y soldados que lucharon en el frente contra el imperialismo, es la de los obreros y productores que soportan la rapiña sin límites de las riquezas del país, es la voz de los intelectuales y estudiantes que vieron destruida la libertad de pensar, es en fin, la voz de la inmensa mayoría de los argentinos que no quieren ser más usados ni manipulados... es también la voz de los hombres de las Fuerzas Armadas que han visto comprometida su institución y su misión por el manejo de una minoría dispuesta a todo para aumentar su poder... es la hora de recuperar la racionalidad, la realidad y la moral, ya que se han silenciado los cañones y es hora de escuchar la voz del pueblo. Una voz que ya dice basta. Basta de decadencia, de irracionalidad y de muerte”. En “La Nación” del 20/6/82, pág. 7, nuevamente enfatiza que el único camino para revertir el estado de la sociedad al borde de disolución, es “iniciar un período de transición civil hacia la democracia, como única forma de demostrarle al pueblo que la esperanza puede renacer”. Recordemos que anteriormente había postulado al ex presidente Arturo Humberto Illia para ejercer de facto la presidencia de la Nación.

71) Angel F. Robledo en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “No tiene ningún sentido defender una batalla perdida... Esto puede ser una batalla militar adversa, pero puede ser también el soporte de un triunfo político... se ha cumplido una etapa costosa, pero que en definitiva yo estimo que va a ser útil y provechosa, cualquiera sea el resultado final”.

72) Raúl Rabanaque Caballero (Partido Intransigente) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Ante la gravedad de la situación que atraviesa la Nación, ha quedado comprometida hoy más que nunca su soberanía nacional, a raíz de una irresponsable aventura encarada por un régimen carente de toda legitimidad, que ha gobernado en contra de la Constitución y de todo otro interés nacional durante seis años... el P. I. adhirió a la recuperación de las islas Malvinas, y proclamó junto a todo el pueblo argentino, su euforia por ese acto, a pesar de no haber sido consultado ningún sector democrático y popular de la vida nacional... Hoy vemos con profundo dolor que todo esto ha sido una verdadera irresponsabilidad, y se han inmolado miles de jóvenes vidas de argentinos, sin que se cumpliera con la promesa de que la recuperación de las Malvinas se iba a defender a cualquier precio”.

73) Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio (Movimiento de Integración y Desarrollo) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Los argentinos estamos viviendo un momento muy triste de la vida nacional... Cabe distinguir el heroísmo de nuestros combatientes y la vocación de sacrificio evidenciada por nuestro pueblo respecto de la conducción política del gobierno que nos llevó a este resultado tan gravoso para el país en vidas, en pérdidas materiales y en frustración del sentimiento popular... Se nos llevó a una guerra que no podía terminar sino como ha terminado... Los que no consultaron debidamente al país sobre una cuestión tan trascendente; los que desinformaron a la población y fomentaron un triunfalismo que hoy alimenta la frustración, tienen que asumir cabalmente su responsabilidad política, siendo preciso evitar que toda la Nación se sienta responsable, y para ello se requiere el acto higiénico de que queden identificados quienes verdaderamente lo son... No es admisible que el Gobierno, al margen de la voluntad popular, haya dicho que la guerra continúa en un postrer intento de ocultar su responsabilidad”.

74) Emilio Hardoy (Partido Nacional de Centro) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “Creo que hay que decirle la verdad al pueblo, sobre todas las cuestiones y, principalmente, sobre todo lo actuado en el conflicto con las Malvinas. Con ello se evitará incrementar la incertidumbre que seguramente podría conducir al caos y a situaciones sumamente graves. Además, ha habido en esta cuestión tan grave, serios errores de apreciación que hoy salen a la luz con mayor nitidez”.

75) Juan Carlos Pugliese (UCR) en "Clarín" del 16/6/82, págs. 14 y 15: “En estos momentos lo que hace falta es tener independencia de juicio, ser equilibrados y tener la responsabilidad de no aprovechar el momento para circunstancias particulares, sino para las circunstancias generales que el país y el pueblo nos va a reclamar... Este gobierno debe cambiar totalmente, deben irse todos, en todas las áreas. Debe iniciarse la tarea de restitución de las instituciones democráticas del país... Tiene que empezar un viraje de 180 grados en la política”.

76) Miguel Unamuno (P.J.) en Clarín del 16/6/82, pág. 15: “Los civiles vamos a exigir un juicio de responsabilidades a quienes nos han llevado a esta tremenda derrota que la Argentina no se merece... nosotros no pudimos opinar ni fuimos consultados sobre la iniciativa y oportunidad de la reconquista”. También se expresaban en similares términos: "Partidos Políticos", en "La Nación" del 19 de Junio, pág. 4: “La mayoría de los políticos se inclinaron por un proceso de democratización con un llamado a elecciones, mientras un dirigente justicialista expresaba que si se pudo tomar la decisión de hacer una guerra, cómo no se va a poder hacer una elección”. Y Alberto Robredo (Partido Federal) en "La Nación" del 20/6/82, pág. 7: “Un conjunto de irresponsables decidió por sí y ante sí, iniciar los actos que nos condujeron a la guerra, sin haber medido los alcances de su decisión y la posibilidad de afrontarlos... estos señores deben ser sometidos a proceso, a consejo de guerra, por el derramamiento de sangre más inútil de la historia”.

77) Emilio Eduardo Massera (Partido Para la Democracia Social) en "La Nación" del 19/6/82, pág. 4. Entre los puntos programáticos aludidos se mencionaba la eliminación de toda veda partidaria. La magnitud de estas expresiones son inversamente proporcionales a las realizadas en vísperas del desembarco en las islas Malvinas: "La acción debe reemplazar a las palabras... la soberanía ni se negocia ni se conversa, se defiende. Los argentinos estamos demasiado habituados a perder en la mesa de negociación lo que ganamos en el campo de batalla. Por eso, en las Malvinas la hora de la negociación ya se agotó..." (“Clarín”, 2/4/82, pág. 11).

78) Documento de la Multipartidaria en "Clarín" del 16/6/82, pág. 18. Entre otras cosas decían: "Formulamos un llamado a la reflexión de todos los argentinos para que el país no detenga su marcha hacia la democracia y las instituciones y con fe en nuestro propio destino alcanzar la definitiva reconstrucción nacional".

79) Deolindo F. Bittel en "Clarín" del 16/6/82, pág. 14: “En estos momentos difíciles lo fundamental es conservar la calma... La sangre derramada debe servir para galvanizar la unidad de los argentinos”.

80) Oscar Alende en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15. Al tiempo que pedía gran serenidad, el dirigente intransigente señalaba que Argentina era un país que no se manejaba civilizada y organizativamente en el cumplimiento estricto de su Constitución y de su vida republicana. En su libro "COMPLOT CONTRA LA DEMOCRACIA" (El Cid Editor / Fundación para la Democracia Argentina), señalaba el incumplimiento a la palabra empeñada y que se había perdido hasta el honor (p. 252), y que habían solicitado al general Bignone el estricto cumplimiento de la Constitución Nacional, pues las lecciones de Malvinas nos obligaban a mirar al futuro (p. 254).

81) Documento de la Unión Cívica Radical en "La Prensa" del 21/6/82, pág. 6. En el mismo se exigía una rápida democratización y el funcionamiento pleno de las instituciones previstas en la Constitución Nacional.

82) Francisco Manrique en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15. Remarcaba la necesidad de emprender la batalla republicana para lograr la normalidad institucional.

83) Documento del Consejo Superior Justicialista en "La Prensa" del 21/6/82, pág. 6: “La decisión de recuperar por la fuerza las islas Malvinas fue tomada en circunstancias que el país atraviesa graves y críticos problemas económicos, sociales, institucionales y políticos... La decisión militar no estuvo acompañada de medidas diplomáticas... Tampoco se previó, en toda su intensidad, la reacción británica... a pesar de esas circunstancias, la decisión militar tuvo el apoyo de la casi totalidad de los argentinos... actitud que no debe confundirse con apoyo al gobierno de las Fuerzas Armadas... la pérdida de la batalla de las Malvinas no significa que se haya perdido la guerra”. Sobre la cuestión de "recuperar por la fuerza" las islas australes, recordemos su justificación por parte del justicialista Angel Robledo en “Crónica” del 3/4/82, pág. 4.

84) Carlos Auyero (Democracia Cristiana) en "Clarín" del 16/6/82, pág. 15: “La paz que se materializa en este momento, aún una paz patética y trágica para nosotros, debemos conservarla, y hacer cierto aquel vibrante llamado del papa Paulo VI en las Naciones Unidas: ´Nunca, jamás, la guerra´. Que nunca, jamás, los argentinos, con una decisión que no tomemos soberanamente, volvamos a empuñar las armas por la guerra”.

85) Pablo González Bergez (Partido de Centro) en" Clarín" del 16/6/82, pág. 15: “Todo esto estaba previsto de antemano y fué una locura disparatada que indudablemente tenía que terminar así... Para mí la Junta Militar está muerta. El problema es que también los políticos lo están, que se embarcaron junto al Gobierno en esta aventura... Los partidos políticos jugaron toda su plata a esta acción belicista del gobierno y ahora les fué mal. ¿Qué van a hacer?... Lo que han hecho con el pueblo no tiene perdón de Dios. Ahora sí, perdimos las Malvinas para siempre”.

86) Américo Ghioldi en "Gente" n° 882 del 17/6/82, pág. 118 a 121: “La prolongación de la guerra habría significado un ahondamiento del descontento... la guerra continuará como lucha de espíritu... en una guerra, hay una fracción que triunfa y otra que es derrotada... Señores, ¿no se han sacrificado los militares heroicamente?... comprendo que se esté dolorido, entristecido. Pero salir a silbar a quienes han luchado, y echarles la culpa, me parece que es un error terrible... Yo no quiero discutir al gobierno argentino. Yo propongo solamente que el gobierno, en algún momento, escriba el libro blanco de la guerra... mirar lo que ha ocurrido con dolor y con tristeza, pero también con frialdad mental... ¿De qué valen ahora los reproches?... La guerra ni debe ser amada, ni debe ser odiada... Y a esta guerra había que entenderla, no odiarla... Creo que ha llegado el momento de acelerar los pasos para ir a elecciones generales... la guerra acelera todos los problemas, todos los conflictos, todas las dudas y todas las disidencias”. El P.S.D. era uno de los partidos políticos que respaldaban al “Proceso” desde marzo de 1976.

CONCLUSIONES

87) Nota publicada en "El Diario" de Caracas, Abril de 1982.

88) ALENDE, op. cit., pág. 253.

89) ALENDE, op. cit., pág. 244. Sobre los viajes al exterior para explicar la posición de nuestro país por el conflicto en las islas Malvinas, hubo dirigentes políticos y sindicales que llevaron adelante esta tarea, entre los que estaba la ya citada Cristina Guzmán –en Estados Unidos- y Walter Costanza, del socialismo democrático –viajando a España y Portugal- (“La Nación” del 14/4/82, pág. 10). En el mismo diario, pero del 20/4/82, pág. 10, vemos a dirigentes del radicalismo realizando gestiones diplomáticas para esclarecer la posición argentina. Arturo Mathov viajó a Colombia, mientras el Dr. Perette lo hizo a México. Ricardo Balestra del Fufepo viajó a Francia por indicación del ministro del Interior. Sobre estas “misiones esclarecedoras al exterior”, ver “La Prensa”, páginas 2 de los días 14 y 17 de abril de 1982, respectivamente.

90) Declaraciones del ministro de Acción Social, vicealmirante Carlos Alberto Lacoste, en "La Nación" del 14/4/82, pág. 10. Consultado en referencia a los dirigentes políticos que viajaban al exterior para explicar cuál era la posición argentina con respecto a las islas Malvinas, dijo que “casi todos los dirigentes que han partido para el exterior, se pagan de su bolsillo sus viajes. Nadie del gobierno maneja a ningún dirigente. Ellos se han presentado espontáneamente y su apoyo ha sido bien recibido”.

91) Declaraciones del ministro del Interior, general Alfredo Saint Jean, en "La Nación" del 22 de abril de 1982, pág. 16: “Los que de alguna manera son los representantes de la opinión pública nacional, o sea los jefes de los partidos políticos, han expresado, y creo que interpretan cabalmente al pueblo argentino, que no se dé un paso atrás en el tema de las Malvinas... Ellos mismos lo han expresado, postergan todo tipo de reclamaciones hasta que podamos terminar este tema tan importante... Este diálogo es lo más sano y lo mejor que nos puede haber ocurrido”. Recordemos que en declaraciones reproducidas por “Clarín” del 22/5/82, pág. 18, se refería a las reuniones que mantenía con los dirigentes políticos, como momentos que disfrutaba mucho, puesto que “algunos dirigentes ya son buenos amigos y siempre se puede aprender algo de ellos”.-

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“Esto va para atrás”, Moris, “Cintas Secretas” (2005)