jueves, 5 de junio de 2008

José Pablo Feinmann, blogs y soberbia

José Pablo Feinmann ha hecho unas declaraciones que retumbaron entre los bloggers. Su frase más impactante fue: “No hay pelotudo que no tenga un blog… y ponelo en negrita” dicha en una nota que puede verse en Youtube (al final de esta entrada la he colocado).

Comparto en buena medida las opiniones que se expresan en la nota de Capalbo publicada en Crítica y que coloco a continuación. He sido admirador de Feinmann cuando tuvo la lucidez de escribir libros como “la sangre derramada” y otros. Pero su rol de intelectual orgánico con un gobierno, el que se derrumba ante cualquier intento de buscarle coherencia histórica y a su presente de puro histrionismo "progre", lo coloca a Feinmann en un lugar bastante “pelotudo”. Que conste que utilizo esa palabra ya que el filósofo Feinmann la colocó como “eje” en sus declaraciones y ahora resulta imposible evitarla. Ustedes saben que procuro mantener una escritura libre de ese tipo de adjetivos y un lenguaje que, en la medida de lo posible, no recurra a la descalificación fácilmente.

Puedo coincidir y disentir con Feinmann según el punto de vista que adoptemos. Coincido literalmente que en que cualquier “pelotudo” puede tener un blog, en cambio no sé si es cierto que no hay “pelotudo” que no lo tenga (al menos no encontré el de él!). Pero, ante la primera premisa “cualquier pelotudo tiene un blog”, no veo la razón por qué no sería así y puedo sospechar que efectivamente es así. Es fácil sospecharlo si miramos la enorme cantidad de blogs que existen y si tenemos en cuenta la cantidad de personas que podrían caer en la categoría de “pelotudos”.

Pero no puedo decir lo anterior sin poner las cosas en un lugar mas equilibrado. Porque la “pelotudez” no es dominio exclusivo del universo de los blogs. La misma situación se repite en infinidad de situaciones, por ejemplo, “cualquier ‘pelotudo’ tiene carnet de conducir”, lo que salta a la vista si miramos el tránsito en la argetina y sus trágicas consecuencias, la dramática diferencia es en este caso la “pelotudez” se convierte en criminalidad y las cosas pasan a otro color. En lo que va del año se mataron 711 personas. No todos “pelotudos”, muchos inocentes de todo y víctimas de la “pelotudez” de otros.

Así, se pueden buscar innumerables ejemplos de la abundancia de “pelotudos” haciendo de todo y en las más diversas disciplinas y ámbitos, como los miles de pelotudos desfigurándose a trompadas por una “camiseta” de fútbol y así un largo etcétera.

Por algunas de estas razones le resultó molesto a tanta gente el exabrupto de Feinmann y su arrogancia para con la sociedad y los nuevos y “extraños” modos por donde la comunicación sucede hoy. La soberbia de J.P.Feinmann tiene una raíz más profunda, en la destructiva soberbia de su pasada militancia política, ahora, la misma soberbia se potencia con la arrogancia, sobreactuada, de los K.

Cali

Diario Crítica 25/5/2008
Polémicas: José Pablo Feinmann, YouTube y K Cualquier pelotudo tiene un blog

Por Daniel Capalbo

El filósofo, antes filoso, y escritor, siempre prolífico, José Pablo Feinmann afirmó en un tono muy pero muy asertivo que cualquier pelandrún sin obras publicadas ni trayectoria ni prosa genial que exhibir y que encima tenga la osadía de postear en un blog sus impresiones, sus quejas, sus textos incipientes, es un pelotudo. “Cualquier pelotudo tiene un blog y ponelo en negritas”, proclamó en un video que se puede ver en YouTube. Una pena, porque Feinmann se quejó con desprecio y una suficiencia que difícilmente merezcan quienes usan los blogs para decir, comunicar y jugar con las palabras que sirven para escribir.

Lo que antes cualquier perejil garabateaba en un cuaderno Arte en La Giralda de Corrientes, por más burro e iletrado que fuera, era bienvenido porque, al menos para los periodistas de mi generación, que de verdad veneraban a la suya, Feinmann, era como poner un pie en el primer peldaño de una escalera que conducía al crecimiento intelectual. Era cosa de entrar en la aventura de la palabra, nada menos.

Puede ser, ¿no? Hay muchos bloggers pelotudos, es probable que la mayoría lo sea. Pero no son los únicos tontuelos en este universo. Hoy existen libertades y recursos tecnológicos que hace apenas unos años eran inimaginables, y también hay un claro abuso de ellos. Pero en todo caso sería bueno sumar a la protesta a otros pelotudos que casi en la tercera edad destilan resentimiento senil o caen en algún tipo de ilusión óptica, más ligada a los deseos que a la razón; algo que, se sabe, siempre nubla el sano juicio y por ende la capacidad crítica. Por ejemplo: el hecho de ver en el ex presidente Kirchner –en pleno ejercicio– a un tipo similar a Jean-Paul Sartre, pero reencarnado en la política, cuando entre uno y otro no hay en común más que su bizquera. Mire, vea, maestro Feinmann, recuerdo que usted dijo eso hace unos años y lo transcribí en una nota cuando a Kirchner apenas se lo conocía por su mal genio adolescente. Hoy creo que aquélla fue una proposición que también podría calificarse de pelotudez, tal vez derivada de una sobredosis de Prozac.

La obra de José Pablo Feinmann es buena. La sangre derramada debería ser declarada de interés nacional, igual que Filosofía y nación. Son libros esenciales. Pero muchas veces me pregunto cómo el intelectual de profesión es capaz de convertirse en la parodia de presentador iluminista de tevé, blandiendo una imagen como de científico loco, en un programa dedicado a la divulgación filosófica que pone en el aire el dignísimo canal cultural Encuentro. ¿Será porque el Estado reconoce y paga? Recomiendo el programa, sin embargo, a los alumnos del colegio nacional. A mí me hubiera gustado tener un profesor así, lo confieso: apasionado, lírico, desgarbado. Y hasta un poco confuso e imperfecto.

Pero una cosa es la filosofía y otra, la acción política. Porque esa confusión la traslada usted a la defensa cerrada de un gobierno que no deja de pedirles adicción a sus intelectuales. Una confusión que lo llevó a concluir apenas una semana atrás que la burguesía sojera estaba urdiendo un golpe en contra de la señora que nos gobierna. Porque, en el fondo, el campo (que para usted es la suma lineal de oligarcas, egoístas liberales y conservadores de ranchería) denostaba a la Presidenta pero para tumbarla, y pensó que todo ese barullo, esta protesta y rebelión frente a un caso de abuso impositivo, escondía el verdadero deseo de cobrarse mal la política de derechos humanos que el Gobierno lleva adelante. Usted lo llamó “protogolpe institucional”.

No dudo de que el ejercicio intelectual, el hecho de dar una vuelta de rosca a lo evidente y superficial, la reflexión como sistema, sean la arcilla que moldea el pensamiento crítico. La pregunta es: cómo es posible que ese ejercicio ponga del mismo lado, bajo la misma bandera, en la misma vereda, a defensores biológicos de un gobierno que miente las cifras de pobreza, de inflación, que manipula la libertad de prensa. Defensores como el profesor Luis D’Elía o como el antes recalcitrante Eduardo Feinmann, periodista de C5N y Radio 10, su primo lejano y ahora habitual interlocutor domesticado de la Casa Rosada.

¿No será por eso, estimado José Pablo Feinmann, que ahora hasta un pelotudo tiene un blog?