domingo, 27 de abril de 2008

Percepciones

Ya comenté que realicé dos compras recientes. Una de ellas es un disco de Paula Shocron, rosarina a quien hace rato quería escuchar porque son realmente muy buenas todas las referencias que he leído de ella. Opté por “Percepciones” de Shocron-Gutfraind Cuarteto del 2006. Paula Shocron es una figura de la generación reciente del jazz argentino, un numeroso grupo de músicos que han generado una movida diversa y de un virtuosismo destacable. Para una referencia sobre ella voy a citar un reportaje que le realizó Marcelo Morales en el sitio “El Intruso”. Sobre esto último quiero hacer referencia que ese sitio es el modo que un notable programa de radio que deambuló por los márgenes de las FM de Buenos Aires, siempre de una calidad superlativa.

Recuerdo que a mi llegada a Buenos Aires en 1993, dentro de la desorientación de haber dejado Rosario y comenzar una nueva etapa de mi vida,”El Intruso” fue una de las referencias que me hacían sentir a Buenos Aires un poco más amigable. Para mantener un puente con Rosario, “El Intruso” era grabado en decenas de casetes, las que luego enviaba a Rosario para que Pedro De Carlo pudiese compartir conmigo semejante joya. Así, los casetes iban y venían para ser recargados de más música que obligaba a expandir la apertura del coco y las orejas. Bueno este es un pequeño homenaje a ese programa, “excéntrico” sólo por ser un programa dedicado al arte de la música sin interferencias de ningún tipo. Va la primera parte de ese extenso reportaje a Paula Shocron que luego deberán seguir leyendo en “El Intruso”.

Cali

Paula Shocron. 8/1/2008 (El Intruso)

Sabemos todos que diciembre es un mes bastante complicado. Lo es al menos a la hora de intentar concertar una entrevista con un músico. En pleno conocimiento de los posibles inconvenientes, decidimos hacer un listado con diferentes alternativas y opciones. Algunos de los que incluimos en la lista nos daban verdadera vergüenza, pero confiábamos en no tener que llegar al puesto número 215.

Habíamos ideado incluso algunas excusas engatusadoras que incluían al año bisiesto, la penetración de la internet en nuestras vidas (dentro de poco será posible mandarle mensajes de texto a Graham Bell), la inminencia de un nuevo campeonato ganado por el Racing Club (señal inequívoca del advenimiento del Apocalipsis), que era el músico en cuestión o la forzada reivindicación de Caravelli, Santos Lipesker y Fausto Papetti, que la no aceptación implicaba el sometimiento a las nuevas siete plagas y la obligación de recitar en hebreo las cartas a los Corintios so pena de mancillar el buen nombre del posible entrevistado.

Nada de ello hizo falta. Plan A: la pianista argentina Paula Shocron
Instrucciones en mano, hicimos la propuesta. Ante la inmediata respuesta afirmativa, no me obliguen a contarles lo que hube de hacer con el machete en cuestión...

Antes de hablar, ya tocaba el piano; realizó sus primeros estudios recibiendo una formación clásica; pero luego de ingresar a la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario en la carrera de Composición, se dio cuenta de que la historia no se escribiría por ahí. Completó la carrera pero no se recibió.
Es que el piano había vuelto a gobernar su vida artística.
El jazz fue ganando espacio y en el 2000 comenzó a tomar clases con Ernesto Jodos. Comenzó a repartir su tiempo entre Rosario y Buenos Aires; obtuvo una beca del Berklee College of Boston, pero debido a la profunda crisis económica existente en la Argentina (finales de 2001), la deshechó.

En su ciudad natal participó de dos grupos: Fuga de cerebros (junto con Franco Fontanarrosa y Alexis Perepelycia) y La Revancha (con Julio Kobryn, Mariano Sayazo y Sebastián Mamet) con el cual grabara La intensidad del juego.

En el 2003, ya en Buenos Aires, conformó un trío con otras dos mujeres: Daniela Horovitz (voz) y Ada Rave (saxos). Paralelamente surge el Shocron – Gutfraind Cuarteto, con el que grabaran el álbum Percepciones. También participó en los proyectos del baterista Pepi Taveira (grabando Bs. As. Inferno) y Dialecto Oir, del guitarrista Juan Pablo “Colo” Arredondo. Con el armoniquista Franco Luciani formó un dúo con el que realizaran un homenaje al pianista y compositor argentino Gustavo “Cuchi” Leguizamón.

En 2005 debutó discográficamente como solista con el solo piano La voz que te lleva, que fuera reseñado en este site y que nos sorprendió, encantó y subyugó.
Fue premiada como artista revelación en los Premios Clarín de 2005 y acaba de editar su nuevo álbum, Urbes, editado por el sello Blue Art. Aquí la acompañan Carto Brandán en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo, contando además con la presencia del saxofonista Rodrigo Domínguez como músico invitado.

Una rara avis en el ambiente jazzístico argentino (porque exceptuando a las cantantes, pocas mujeres se dedican al género y, mucho menos, con el talento y las condiciones de quien nos ocupa), nos propone encontrarnos en un pequeño bar del barrio de Belgrano, por la noche. Simpático lugar, pero extraño; pues la charla se desarrolló de manera veloz, cordial, con chicanas y humor y un largo etcétera. Así y todo, cuando fuimos a desgrabar nos encontramos con un pequeño inconveniente.

Pero antes, Saravia.
En el formidable libro “El amor enfermo” de Gustavo Nielsen, Saravia, el protagonista, luego de que su novia terminara unilateralmente la relación por teléfono, cae en una profunda depresión. Con el agregado de un singular problema auditivo: escucha lo que ocurre a una distancia considerable; pero nada de lo que acontece en la cercanía.
O sea: escucha de lejos, pero no de cerca.

Pues bien, a la hora de intentar desgrabar, un servidor se encontró con las voces de otros parroquianos del lugar, ruidos de tazas, vasos y cafeteras, bocinazos de taxis y colectivos, pero poco y nada de lo que habíamos conversado.

El pánico cundió pero sólo en parte: debimos ecualizar de manera insana para que, a un volumen rayano en la imposibilidad de la tolerancia, pudiéramos realizar nuestra faena.
Y vaya si valió la pena...

Porque cuando Shocron habla, habla. Con el mismo desenfado con el que toca, aceptando el golpe por golpe, sin poner reparos de ningún tipo y con ímpetu y entrega desbordantes.

No sé cómo (esto no es atribuíble al barcito) surgió el nombre del pianista Gabriel Paiuk (¿para cuándo el regreso de la gran revista Techesko?)... ¡y el yoga!

Lo mío es más bien terapéutico; hago desde hace más de 5 años y la verdad que me sirve mucho.

¿Y a la música le sirve?

Yo creo que le sirve a uno como músico.

¿Por qué?

Porque (piensa) le sirve a uno como persona...

¿Uno refleja en la música lo que es?

Y, sí...

¿Sí?

En mi caso, sí. Si no, no habría concordancia entre lo que sos con lo que tocás.

Según lo que decís, es difícil que un cretino haga una música “celestial”.

Salvo que sepa mentir bien. Por lo general se nota cuando se es genuino o no.

¿Cómo se nota?

Ehhhh... me mataste... (piensa) Yo creo que se debe notar. Ahora... el “cómo”... no sé...

A ver... Shocron como oyente, se da cuenta o intuye...

Intuye. Yo creo que cualquier persona lo intuye. Tal vez el oyente no sepa el por qué, pero siente que “algo” no está bien. Se siente cierto malestar o desconfianza aunque no se sepa con certeza a qué atribuirlo.

¿Es algo universal’

Yo creo que hay cosas que sí y otras que no. Tiene que ver con la percepción.

Se me ocurre Rod Stewart cantando standards.

Si canta como canta Rod Stewart va a ser genuino. Si trata de imitarlo a Goyeneche... es muy probable que lo haga muy mal (acá me entró la duda; tal vez Shocron entendió que en lugar de “standards”, mencioné “tangos”. El ejemplo vale igual).

Mirá cómo de la nada nos metimos en un lindo trote... ¿empezamos?

Dale

¿Cómo estás?

Bien, con disco nuevo, vida nueva, me voy a vivir a Brasil... (sonríe), es un chiste... empezamos otra etapa...

¿Un disco es comenzar una etapa nueva?

O terminar con una anterior.

¿Y en este caso?

Todavía no lo sé (sonríe). Se termina una etapa en el sentido de que se plasmó en un disco la música que veníamos tocando. Ya estamos pensando en lo próximo y que no es el disco grabado. Ya hay temas, cositas... No hay un CD entero como para grabarse, pero desde que se terminó “Urbes” todo lo que surge es nuevo.

Ahora... ¿le damos bola al disco? Porque hay que presentarlo, tocarlo, defenderlo...

Por supuesto. No sé si con las otras músicas ocurre lo mismo, pero en el jazz el proceso generalmente indica tocar mucho el material y después grabarlo. En el pop o en el rock primero se graba y después se hace la “presentación” del CD.
Quizás juega también la realidad circundante. Es difícil que venga alguien y te proponga que compongas y grabes y después, con el disco, ver qué ocurre.

¿También complica el tema de los ensayos?

No creo... tiene más que ver con cómo es la historia de sacar un disco en la Argentina. Uno graba, hay que ofrecerlo...

No existe eso de “te contrato por tres discos”

Y.. a mí nunca me pasó...

O sea que Shocron...

Decime Paula por favor... Schocron suena... (sonríe)

O sea que la pianista (risas) se encuentra con un material determinado, lo banca...

En parte...

Perfecto, pero hay una erogación, mayor o menor, se busca quien lo edite y la manera de recuperar lo invertido...

¿Recuperar?

Y...

Eso casi no existe. No es la manera de recuperar sino encontrar la gente que se haga cargo del resto del trabajo. Porque si no, no te queda energía para tocar.

Digamos que se recupera de manera indirecta

Sí; tocando, dando clases... el disco aquí no es una manera de ganar dinero pero sí un canal de difusión importante. Y también es el registro de los momentos que vas pasando. Así por lo menos es como está seteada mi cabeza ahora... Que venga un sello y te proponga grabar y correr con todos los gastos y que el músico se tenga que ocupar solamente por la música, le pasa a algunos en otro lugar; y aquí a muy pero muy pocos. En el jazz, al menos.

¿Cómo empezamos, cómo apareció el piano?

En mi familia hay muchos músicos no profesionales. En la familia de mi mamá todos tocaban algo. Mi abuela el piano, mi abuelo la batería, mi mamá cantaba, había un cellista... Mi abuela paterna tenía instrumentos en la casa. Y yo crecí rodeada de música. Genes había. Yo no sabía ni hablar y ya me sentaba al piano. Mi mamá era maestra jardinera y daba clases de música y expresión corporal. Sabía además tocar el piano y la guitarra y, mínimamente, escribir música. Entonces yo me sentaba con ella y repetía lo que ella tocaba. Y me quedaba todo memorizado. Sinceramente no sé a qué edad comencé. Es más, escribía cosas incluso...

Continúa la entrevista aquí.



sábado, 26 de abril de 2008

"Artaud". El mejor disco de la historia del rock nacional

Rescato este artículo del blog anterior, con toda la arbitrariedad de decir qué es lo "mejor" y lo "peor" vale como muestra de algo de la discografía más relevante del denominado "rock nacional" y algunas obras indestructibles por el tiempo.
Cali

por Pablo Schanton
Revista Rolling Stone - 2007

Según una encuesta de la revista Rolling Stone, Artaud es el mejor disco de la historia del rock nacional

Aniversario sobre aniversario. Para festejar los 40 años del rock argentino y los 9 de su edición local, la revista Rolling Stone saldrá mañana a los quioscos con una edición doble. Así, a la publicación habitual se sumará un especial de colección: "Los 100 mejores discos del rock nacional".

Se trata de una gran encuesta, confeccionada con el voto de 180 personas relacionas con el género, entre músicos, periodistas, fotógrafos y productores. El primer lugar lo ocupa Artaud, aquel disco de 1973 y tapa irregular de Luis Alberto Spinetta (aunque, por asuntos contractuales, salió bajo el nombre de Pescado Rabioso); a éste lo siguen Clics Modernos de Charly García; Manal , el primer trabajo del trío de Javier Martínez, Claudio Gabis y Alejandro Medina; Octubre , de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota y Divididos por la felicidad, de Sumo.

Los cien álbumes están acompañados de un comentario a cargo de periodistas (salvo el caso de Clics... , en el que escribió el propio García).

Entre los músicos que participaron están Gustavo Cerati, el Indio Solari, Andrés Calamaro, Adrián Dárgelos, Skay Beilinson, Fito Páez, Germán Daffunchio, Gustavo Santaolalla, Vicentico, Litto Nebbia y Andrés Ciro.
Sus opiniones, y el resultado general, sirven para repasar lo fructífero de estas cuatro décadas.

Los 100 mejores discos del rock nacional
El disco de 1973 de Luis Alberto Spinetta lidera la lista de los 100 mejores del rock nacional, formada por el voto del jurado de notables encuestado por Rolling Stone.

Artaud - Pescado Rabioso
por Pablo Schanton

Antonin Artaud nunca quiso que su obra fuera considerada literatura. Del mismo modo, Artaud nunca quiso ser un disco, sino un gesto de vanguardia. Sin embargo, ahora lo es: el mejor de la historia del rock nacional, según esta votación.

Es cierto: el álbum de L. A. Spinetta firmado por Pescado Rabioso ("¿Vieron? Pescado era yo"), como si fuera el tercer LP del grupo, y bautizado como el poeta maldito francés, contiene música registrada en unas líneas circulares sobre un plástico negro.
¿Entonces?
Entonces empecemos por recordar la mítica tapa, que de mera decoración o funcionalidad tenía poco. Spinetta la llamaba la "deformé". El boceto que le envió al diseñador Juan O. Gatti ni siquiera podría considerarse "estrella", es inclasificable. Claro; el primer problema de ese pack era ubicarlo en las bateas y discotecas hogareñas. Efectivamente, el disco-objeto era un inadaptado: denunciaba con su deformidad la cuadratura, la falta de libertad y el sometimiento a la geometría industrial del resto.

Qué mejor síntesis sobre la vida y obra de Antonin Artaud.
Decía el escritor francés en "Surrealismo y revolución" (1936): "Más que un movimiento literario, [el surrealismo] ha sido una revolución moral, el grito orgánico del hombre, las palabras de nuestro ser contra toda coerción. En primer lugar, contra la coerción del Padre". Para neurosis de los coleccionistas es imposible encontrar una tapa original de Artaud sin las puntas ajadas: ese desafío a los patrones (padres) geométricos e industriales se pagaba con la degradación.
Otra forma de hablar del trágico destino de Artaud. Y eso que todavía no pasamos de la tapa.

Sigamos.
En el booklet del disco, que parecía prospecto de remedio, también se leía: "«Acaso no son el verde y el amarillo cada uno de los colores opuestos de la muerte, el verde para la resurrección y el amarillo para la descomposición y la decadencia?» (Antonin Artaud, carta a Jean Paulhan, París, 1937)". De ahí las tonalidades de la portada y el gag de salir a escena con guantes verdes en uno de los shows de presentación del álbum en el Astral, durante la primavera de 1973.
En realidad, Spinetta buscaba redimir el mensaje nihilista y el contagio de dolor que acarrea la obra artaudiana. Artaud funcionaba como un antídoto contra Artaud.
La contrafigura siempre es Lennon (de ahí el "She Loves You" en el collage de "A Starosta, el idiota"). "Para él [Artaud], la respuesta del hombre es la locura; para Lennon es el amor.
Yo creo más en el encuentro de la perfección y la felicidad a través de la supresión del dolor que mediante la locura y el sufrimiento", le aclaraba a Eduardo Berti en los 80.
La interpretación spinettiana era bien rockera.

En un reportaje de 1973 aparecido en Gente, Spinetta resumía: "Artaud fue un tipo que vivió la vida de un rockero, como si fuese Hendrix". El Artaud-Hendrix spinettiano empujó a muchos a la lectura del poeta, produciendo lo que la revista Algún Día en 1974 llamó "la onda Artaud que se ha desatado en Argentina". Luis Alberto sabía que tenía que ser didáctico: en sus shows exhibía "diapositivos" (sic) con textos de Artaud y entregaba un manifiesto "Rock: música dura, la suicidada por la sociedad", donde denuncia la "profesionalización" y el "negocio" del rock, además de oponerse a la etiqueta de "música extranjerizante" en boga en aquellos días en que el rock era una subcultura de domingos a la mañana y una música "progresiva" que se oponía a la oficial, la "complaciente" de los Palitos y los Sandros.

Aquel ritual de mil quinientos roqueros un domingo a la mañana en el teatro Astros era descripto por Jorge Pistocchi en una nota de Pelo: "Cada uno se prepara a entender. Nos dan un papel escrito, con claves que no son gratuitas. En él se reúnen distintos estallidos de Kerouac, Artaud, [Miguel] Grinberg, Thomas Merton, Luis, Timothy Leary, etcétera. Y nos abren el paso".

Eran tiempos pre YouTube, tiempos en que los libros y cierta forma de arte alimentaban la idea de contracultura.
Hasta el dúo folk naif Vivencia usaba una pintura de Van Gogh en su disco Mi cuarto y los duros de Vox Dei en La nave infernal instalaban un collage de Max Ernst en tapa y un poema de Rimbaud en la contra.

En los recitales del Astral, de "teloneras" se usaban películas mudas como El perro andaluz, El gabinete del doctor Caligari y cortos del argentino Hidalgo Boragno, todo musicalizado por El lado oscuro de la luna, Pompa y circunstancia de Edward Elgar y Héroe de guerra de Hendrix.

La palabra clave en la Argentina de 1973 era "liberación". Volvían la democracia y Perón a escena: el candidato del justicialismo, Héctor Cámpora, prometía una "patria liberada".

A comienzos de aquel año, los roqueros porteños comenzaron a reunirse los domingos en Parque Centenario para debatir sobre cuál sería el lugar del rock.

Músicos como Spinetta, Emilio Del Guercio, Rodolfo García, Gustavo Spinetta (estos tres fueron los únicos músicos que acompañaron a Luis Alberto en Artaud ), Miguel Abuelo y otros se sentaban a la sombra a charlar con periodistas como Grinberg o Pistocchi, y quienes eran su público.
"Teníamos una visión más holística de la revolución", nos recuerda Del Guercio.

"Nos preocupaba saber cuál iba a ser el lugar del arte y la cultura en la sociedad por venir, cómo la transformación personal de cada uno y la comprensión del otro podían modificar la sociedad.

" De ese cuestionamiento total es hija la libertad de Artaud. El rito del Centenario terminó "y ahora nos reprimen igual que antes del triunfo de Perón. (...) Vos sos parte de la liberación.

No tiene que ser espectacular, estará formada de pequeños gestos y grandes ternuras", escribía resignado Grinberg en su revista Rolanroc, donde también figuraba el manifiesto "Rock: música dura...". En ese manifiesto, Spinetta recurría a la misma idea "micropolítica" de liberación: denunciaba su "yo enfermo" por su incapacidad de expresarse de manera más directa (más artaudiana), consigo y con los demás.

Como su primer disco solista post Almendra, Spinettalandia y sus amigos (72), Artaud funcionaría como un "automanual de autoayuda".
Esa autoliberación implica aislarse, despojarse de todos y de todo: otra vez, el Lennon post Beatles que busca purgarse; su mensaje de amor a Yoko redime todo el nihilismo de Artaud.

Aquellos 70 eran años de "psicodelia reflexiva", como se puede comprobar en la letrística de Molinari, Smilari o Pappo y su dialéctica de "pensamiento versus locura". A Spinetta, la "divina tragedia del pensar" de Artaud (como la llama Susan Sontag) y el disco El lado oscuro de la luna le sirven para articular esa problemática relación entre alucinación y alienación, como queda claro en las voces internas de "A Starosta" o en "La sed verdadera" y sus enajenaciones espaciotemporales.
Otro tema esencial: encontrar una forma de vida en la madurez.
Como sucede en Floyd y en el Graham Nash de "Teach Your Children", "Todas las hojas son del viento" provee leves instrucciones para rockeros que van madurando y formando familias, y deben afrontar la paternidad siendo antipaternalistas.

El "yo enfermo" que quiere liberarse sabe que "las palabras nunca son/ lo mejor para estar desnudos".
Así, Artaud fue un laboratorio de la canción.
Por un lado, la letra.
Aquí se llega al máximo de desarticulación del discurso poético en "Por", construido a partir de sustantivos sueltos que surgen de las líneas melódicas. Hay un redescubrimiento de la dimensión poética de las palabras que sólo puede lograrse liberándolas de la oración.

Por otro, la música.
Resaltan los nueve minutos de la "Cantata de puentes amarillos", que continúa el formato fluido de una rapsodia o una canción "muy celular" como la llamaban los Incredible String Band, en quienes los Beatles se inspiraron para "Happiness Is a Warm Gun". El modo en que se canta la palabra-fetiche "mañana" (de ahí viene el que ya es un refrán clásico del rock nacional: "Mañana es mejor") es un punto alto.

También la burocracia versosestribillos o tensión-distensión ("Superchería") es puesta en duda.
¿Qué significa que Artaud sea elegido el mejor disco del rock nacional en el año 2007? El paso del tiempo obligó a su reducción: de vinilo con tapa "deformé" a vinilo con tapa cuadrada en los 80, luego cd diez años después, ahora mp3 almacenado en un disco rígido.

¿Qué queda de aquel Artaud que no quería ser sólo un disco sino un acto cultural liberador y lo repetía desde la molestia de su tapa? ¿Sólo grandes canciones? Más: un aura de algo irrepetible.

Un pelo de pincel en el color.
El aura de una forma de hacer y ser rock más directa, más artística, más artesanal y menos masiva que ya no existe desde 1982.
O sea, un ayer mejor: todo lo contrario de lo que el álbum quería enseñarnos en 1973.

Discos del rock nacional: el Top Ten

Te presentamos los resultados de la encuesta que RS le hizo a músicos, fotógrafos, periodistas y diferentes miembros de la industria musical. Este jueves revelamos el voto del público.
Te presentamos los 10 elegidos por el jurado de músicos, fotógrafos, periodistas y diferentes miembros de la industria musical encuestados por Rolling Stone:

1 - Artaud - Pescado Rabioso
2 - Clics modernos - Charly García
3 - Manal - Manal
4 - Oktubre - Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota
5 - Divididos por la felicidad – Sumo
6 - Almendra – Almendra
7 - La era de la boludez - Divididos
8 - 30 minutos de vida – Moris
9 - Canción animal - Soda Stereo
10 - Alta suciedad – Andrés Calamaro

lunes, 21 de abril de 2008

domingo, 20 de abril de 2008

Allí donde alcé mi rabia

Finalmente me fui para el Teatro Opera sobre la hora sabiendo que era casi imposible obtener entrada de último momento (se sabía que estaba todo agotado!) y efectivamente, todo agotado. No estaba en mis planes previos ir a ver a Larralde este Sábado, pero una decisión apresurada me llevó a terminar caminando por Corrientes el Sábado por la noche. Mirando discos en ofertas y soportando el tronar de valses vieneses en DVD. Terminé rápido el trámite con “Percepciones” de Schocron-Gutfraind cuarteto y “Altiplano” de Jaime Torres/Minimo Garay/Magic Malik sobre los que volveré luego. Ya está, rajemos.

En estos días volví a Larralde. Esta semana escuché con insistencia uno de sus discos más impresionantes, “Simplemente”, de 1973 y que contiene “Allí donde alcé mi rabia” (Parte 1 y 2). Una extensa reflexión que no da respiro en sus 35 minutos. Aquí les dejo sus últimos versos como una breve presentación a la nota que hoy publicó el diario Crítica.

Cali


(Fragmento final de “Allí donde alcé mi rabia”)

Repetiré hasta el cansancio lo que otras veces ya dije
el repetir no me aflige aunque me cueste el matambre
también se repite el hambre aunque alguno no se fije
Todo argumento se rige en escapes y agachadas
caparazón quebrajeada que deja ver lo de adentro
en todo redondo hay centro y hay redondos a patadas.
Lo difícil suele ser perimetrar con certeza
de errar, nació la pobreza, pero también la opulencia
La primera es consecuencia de la segunda: inclemencia
Si consiguiendo pacencia se consigue eternidad
es fácil adivinar lo eterno de la miseria.
La pacencia es cosa seria cuando no tiene final
pero el hombre acaba mal cuando gasta esa virtud
si se juega el caracú pa no caer en el fracaso
lo planchan de un garrotazo y así le apagan la luz
y haciendo puruspupús en discursos sentenciosos
el caudillo alabancioso miente a granel y sin asco
cae el yanqui, el ruso, el vasco, el turco y el jeringoso

Y ¿que hay del asado jugoso y el puchero de marucha?
¿que pasa con el que escucha tanta promesa gastada?
si pa echar una yerbeada lleva el país a babucha
¿Que pasa con el que lucha y cincha como un caballo?
que ya ni el gusto a zapallo puede probar en el plato
ese que se acuesta pato y amanece con el gallo
ese que ya tiene un cayo en medio del corazón
con la mujer sin calzón con el hijo sin tricota
ese que usan cuando vota prometiéndole un montón
ese que tiene razón cuando dice que es mentira
ese que no tiene lira, ni dólar, ni patacón
ese que ni a religión le alcanza lo que transpira
¿Que pasa con el que muere sólo por decir que no?
cuando a punta de rigor le ahorcan los ideales
males que alimentan males, dolores que traen dolor
y ese que cae por desgracia al final de un mosocomio
por haber andado de insomnio acomodando el salario
seguro que deja varios con visita al manicomio.

Madeja de la madeja tu punta ¿donde andará?
quién te pudiera encontrar pa´ saber cuanto medís
y darte por la nariz lo que en la nuca me das
quien pudiera sofrenar la vida y la providencia
quien pudiera ser conciencia pa’ martillar noche y día
pa’ borrar la porquería que se nutre de inocencia
Cabizbaja interferencia que se arrima cavilante
funcionario interpelante te aconseja con premura
que lo grueso de la achura jamás termina adelante
que la mar esta en bajante, que el viento ya va a parar
que hay que saber esperar el cambio de un secretario
y así me reza un rosario que nunca podré tragar
y aunque me mande a... a cantar y me den papel higiénico
viviré tragando arsénico indagando mi memoria
y así quedará mi historia con ficha de esquizofrénico
y sin llegar a ser ténico ajustaré mi tornillo
dándole forma al anillo del mundo que me rodea
y aunque ese mundo no vea yo seré su monaguillo
y si es medio saladillo el pan que te comulgó
no le eches la culpa a dios ni al santo que lo acompaña
que, aunque ellos tengan sus mañas, la culpa la tenes vos
La pucha que lo partió fiero y abierto el hachazo
si por tener un pedazo tengo que comprarlo entero
antes que nada prefiero rodar que marcar el paso
se me pone duro el brazo cuando lo mando a callar
y si pienso en recular la pata va pa’ delante
con el ojo vigilante puedo largarme a opinar
A veces tengo que andar cuidándome la osamenta
como quien tiene un cuenta que debe y que no pagó
pero pienso que el cantor debe cantar las cuarenta
no hago gala de mis mentas porque nunca fui mentao
si alguno me ha comparao con algún cantor prolijo
sepa que solo me fijo si me cayo un entripao.
Y ansi nomás me despido sin completar mi concierto
yo se que todo esto es cierto y lo que habrá de seguir
callarme han de conseguir tan solo viéndome muerto.


(Nota Diario Crítica)
José Larralde, con público familiar y del rock pesado

La vuelta del gaucho misterioso

Cantor mitológico, hoy llega al Teatro Ópera con entradas agotadas. No presenta disco, no hizo publicidad y escapa tanto de los reflectores y como de las reglas del mercado.

Andrés Casak
19.04.2008 (Crítica)

Reserva y fidelidad. En su página web aparece el teléfono de su representante, junto con el pedido de no saturarlo con saludos para don José. Y sus fans lo respetan.

A José Larralde le calza perfecto el rótulo de leyenda, esa palabrita cuyo significado está hoy prácticamente diluido. Sin embargo, su leyenda está tallada de otra madera, de esa que no se obtiene de un éxito pasajero ni de alguna polémica mediática; está esculpida en los márgenes, lejos del centro, desde el misterio de un cantor que parece vivir en su propia ley. Veamos por qué.
Sus conciertos son serenas celebraciones de entrecasa, encuentros en los que Larralde dedica largas parrafadas a conversar. Sólo desde el escenario, entre tema y tema, es capaz de sostener anécdotas, deslizar pensamientos y apurar definiciones; lo más parecido a una mateada.

A su tradicional público familiar se le sumaron en la última década los hombres de negro. Es reverenciado por las huestes de heavy metal que siguen a Ricardo Iorio, ya que el ex V8 y Hermética y actual Almafuerte grabó algunos de sus temas. Unos y otros coincidirán el sábado en el Ópera –las entradas ya están agotadas–, en una auténtica excepción a la regla: es la primera presentación de Larralde en un teatro de la avenida Corrientes en los últimos diez años.
El músico prefiere cultivar el circuito barrial o del interior, alejado del ruido de los festivales, aunque en algún sentido esta actuación, titulada “Cosas nomás…”, se traza dentro de su perímetro: no hay disco nuevo y evitó las entrevistas con la prensa.
Entre las preocupaciones de José Larralde, hay una que asoma con regularidad: la credibilidad. Una credibilidad que se asocia con la experiencia propia como espejo del arte. Suele decir que sólo puede cantar sobre aquellas cosas que vivió.
Nacido en Huanguelén, en la provincia de Buenos Aires, mezcla de sangre árabe y vasca, hizo de todo antes de dedicarse al canto. Fue ayudante de cocinero, soldador, peón rural, albañil, mecánico.
De esa vida campesina pampa adentro, de su cotidianeidad, de los paisajes y de sus injusticias sociales se nutren sus canciones, que entona con una erre que subraya el origen rural. Desde que Jorge Cafrune lo presentó en Cosquín en 1967 lleva cuarenta años en este camino. Tal vez el punto culminante de su obra está en Herencia pa´ un hijo gaucho, que lleva vendidas más de cinco millones de copias. Allí ya avisaba que “prefiero morir ahogado que echar el grito pa´ atrás” o escribía lo necesario de “comprender que la vida no tiene dueño”.
La matriz testimonial de sus canciones no varió demasiado con los años. Al contrario, profundizó las crónicas sociales de sus primeros tiempos. En uno de sus últimos discos Cómo quién mira una espera, grabado en pleno apogeo menemista de 1995, escribió sin vueltas cosas como Fogonera (“qué grande se ha hecho la franja entre el arriba y el abajo/ unos se van pal Miami/ y otros se van pal carajo” o ironizaba con un “revolución productiva/ cómo que no me di cuenta”).
Ahí otra vez su personalidad se ensamblaba como sinónimo de su obra: en un viejo programa de televisión en ATC, que finalmente nunca se emitió, se cruzó duro en una discusión con su conductor Hugo Guerrero Martinheitz, cuando Larralde se largó a criticar el liberalismo y la crisis económica. Sus detractores lo acusan de ser un resentido y de propagar un férreo nacionalismo.
Él se defiende y dice que de acuerdo con los tiempos, desde los años 70, fue clasificado en todas las tendencias políticas posibles: peronista, comunista, anarquista, desestabilizador y contestatario.
Hoy vive en el barrio de Constitución, tiene tres hijos y acumula tres divorcios, y su estampa de cantor campero sigue abrevando de la milonga surera, cifras y estilos, géneros emblemáticos de la música pampeana, como si él fuera un rezago del payador. Para no pocos iniciados, su voz grave y cavernosa tiene ecos de la de Alfredo Zitarrosa.
En las escasas entrevistas que concedió hace unos años, aclara que lo suyo no es el folklore sino la milonga y que no da conciertos sino que hace “simples guitarreadas”. Cuando le preguntan por su música preferida, opta por el tango. De hecho, el nombre que eligió para su hijo mayor es elocuente: Carlos Romualdo, por Gardel. En este tren de curiosidades, su versión seca de Afiche permite redimensionar la historia del tango, acentuando aún más su costado trágico.
La mezcla de reserva, fidelidad y adherencia que despierta Larralde se puede seguir por internet. En su sitio oficial osaron publicar el teléfono de su representante, pero piden encarecidamente un favor. Es el siguiente: “Tengan en cuenta que estos datos son para contratar a José Larralde para un recital, y no para enviar saludos o pedidos para don José por email o teléfono, ya que de esta forma estaríamos saturando al manager/ representante de Larralde y esto ocasionaría que debiéramos sacar estos datos de la web”. La leyenda continúa.

jueves, 17 de abril de 2008

Smoke on the Water

Buenos Aires está desde hace días bajo humo, provocando algunos desastres en las rutas por encima de la media que parece ser natural en la Argentina. Es el comentario obligado en la calle y en los medios. La razón de este humo, que viene de Entre Ríos, no es Botnia. Son pastizales que se queman para preparar campos para pastoreo, o sea, cría de ganado. Por qué? porque los sitios donde antes había ganado ahora hay soja y así como el ganado se expande hacia el Norte, destruyendo bosques que nadie ve porque quedan lejos de Buenos Aires, también se expande en las islas del Paraná, y este vez el humo llegó a las narices porteñas.

Para los que quieran saber algo más, recomiendo visitar la web del Taller Ecologista. Para los que ya lo saben o para los que no quieren saber más nada, los convido con la formación de 1973 de Deep Purple haciendo "humo sobre el agua". Formidable.

Cali


lunes, 14 de abril de 2008

Versos de un campo sin trasngenicos

No hay ninguna oportunidad especial para rescatar este artículo del blog original, salvo que he comenzado a trabajar con alguien que es de Huanguelén (Provincia de Buenos Aires). Sitio que por mucho tiempo me significó una especie de Meca a la que visitaba imaginariamente en el paisaje que recorre de manera insistente José Larralade, oriundo de esa localidad. Este artículo se publicó en el año 2005 en ocasión de re-editarse la discografía completa de Larralde, algo hasta ese momento imposible de encontrar en sus formatos originales y acceder a la totalidad de las canciones en CD. También cabe destacar que en este mes de abril José Larralde estará en un teatro de calle Corrientes!!

Por supuesto me di el gusto en ese año de reconstruir lo que hasta entonces era una mezcla de LPs, CDs (con compilaciones absurdas) y cassettes. José Larralde re-editado. Se hizo justicia.


Página/12, 27 de julio de 2005

JOSE LARRALDE REEDITADO

Versos de un campo sin transgénicos

El lanzamiento de 24 discos de catálogo abre la puerta a un par de revelaciones.

Por Karina Micheletto

Extraño fenómeno el de este hombre barbado y de voz grave, al que probablemente le cause gracia que lo califiquen de fenómeno. José Larralde es lo que la industria define como artista de catálogo: sostenido a través de los años, más allá de campañas publicitarias o modas impuestas, por un amplio target de público, difícil de encasillar. Cada disco que saca llega cómodamente al oro, y se sigue vendiendo con los años a ritmo sostenido. Algo que era relativamente posible en los años ‘60 del boom del folklore (como cuando El sentir de José Larralde, que incluía su Herencia pa’ un hijo gaucho, vendió 270 mil copias en la semana de su lanzamiento, en 1968), pero que pocos sostuvieron en el tiempo. Pruebe el lector entrar a una disquería y buscar en las bateas de folklore por la L de Larralde: no encontrará ningún CD suyo en oferta, ni en recopilaciones. Algo que sólo sucede con catálogos como los de The Beatles, pero –salvando todas las distancias que hay que salvar– el hombre lo consiguió en soledad, a fuerza de milongas y guitarra. Ahora, Sony BMG reedita el catálogo completo del artista en la RCA Víctor: 24 CD’s que, escuchados en serie, pueden resultar reveladores.

Luego de que Jorge Cafrune lo presentara en sociedad en el Festival de Cosquín de 1967, en la mítica confitería La Europea (donde todavía se exhiben con orgullo las fotos de aquel encuentro, aunque el cantor no volvió a pasar mucho por el festival), la RCA Víctor no perdió tiempo en reclutar a Larralde. Su primer disco en la compañía, Canta José Larralde, es de ese año, y ya aparecen algunos de los que pasarían a clásicos, como Mi viejo mate galleta. Un acierto de la reedición es la reproducción del arte de tapa y el “Lado A” y “Lado B” de los LP originales. Es que Larralde es para escuchar en disco, aunque el tiempo imponga nuevos formatos. La colección pone de manifiesto, entre otras cosas, que Larralde es el mejor intérprete posible para algunas de las obras de Yupanqui, como Eleuterio Galván, que parece hecha para él, o la Milonga del solitaro.

En el campo cotidiano al que le canta Larralde no hay siembra directa ni transgénicos. Están el mate y la pava, nunca un termo. Es que, aunque Larralde le cantó a otra generación rural que nunca oyó hablar de Monsanto, su mensaje sigue vigente. Porque hay algo que no ha cambiado, y es un orden de cosas donde el patrón sigue siendo patrón, y el peón, sólo dueño de su orgullo. En el mundo de Larralde no hay medias tintas, están los que tienen para comer y los que no, y en esa polaridad abrevan muchos de sus versos: “Hijo pa’ dar el brazo, guacho pa’ recibirlo” (Con mis yuntas de nuncas); “Doblando el lomo pa’ que otros doblen los bienes” (Garzas viajeras). En cada tema hay al menos una máxima, a veces amarga o inflamada, otras tierna, siempre certera.

El poema-canción que tal vez sea su obra cumbre, la Herencia pa’ un hijo gaucho, aparece completado en la recopilación con su segunda parte, la menos difundida, grabada en un único disco, como un recitado en continuado de más de 40 minutos. El poema es un resumen de los núcleos temáticos de Larralde: el hombre que vaga por la pampa, de estancia en estancia, con su guitarra por toda herencia (“Golondrina nos llamaban a los piones de ocasión, golondrina o pobre pión viene a ser la mesma cosa, con quincenas perezosas, una pala y un pisón”); el cantor andariego y decidor (“No importa que alguno piense que me amontono en decir, tan sólo pienso en seguir, no quiero estarme parao, tengo un camino trazao, lo tranquiaré hasta morir”); el paisaje de la pampa (“Hablan de pampa sin eco, cosa que no conocí”), las metáforas más guarras (“No se curan los bichos de las heridas con caliostro aguachiento ‘e vacas paridas”), las picarescas (“no las voy de refaloso porque no nací pescao”), y la denuncia social: “No se entienden razones, por muy sensatas, cuando el frío te yela y andás en patas”).

En el interior, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, Larralde siempre fue una presencia cotidiana. Lo escuchan los que se identifican con los personajes sufridos de sus milongas, pero también los patrones ésos a los que Larralde fustiga en sus versos, aunque en versiones modernizadas, con campera de carpincho, pañuelito al cuello y camioneta nueva en la puerta por gracia de la soja. En la urbe, muchos menores de 30 no lo conocen porque no sale en la TV, pero en el último tiempo a su público natural se sumó una llamativa cantidad de jóvenes de pelo largo y campera de cuero, que lo siguen por los recitales que da en teatros siempre pequeños. Es que el hombre barbado y de voz grave sigue teniendo cosas para decir cuando canta, y eso es cada vez menos frecuente.

Para mayor información sobre José Larralde recomiendo: <www.donjoselarralde.com.ar>

viernes, 11 de abril de 2008

Protestas y democracia liberal (+ Free Tibet)

Hoy me encuentro con este interesante artículo de Vicente Palermo, de quien ya he reseñado algunas cosas, sobre las protestas durante el conflicto agropecuario y las actitudes del Gobierno, en repuesta de una nota, como las que abundan en ese diario, absolutamente acríticas con la labor del Poder Ejecutivo.

No quiero olvidarme que hoy pasa por Buenos Aires la antorcha olímpica y ojala haya quienes hagan oír su voz en contra de las violaciones a la libertad y el "olímpico" desprecio a los Derechas Humanos del país anfitrión. Para los que quieran saber un poco más, recomiendo los informes de Amnesty sobre China y, en particular, sobre el Tibet.

Cali

Página/12
Viernes, 11 de Abril de 2008
OPINION

Protestas y democracia liberal

Por Marcos Novaro, Vicente Palermo y Alejandro Bonvecchi *

El artículo de Sebastián Etchemendy y Philip Kitzberger publicado por Página/12 el 3 de abril plantea una crítica de argumentos que los autores denominan “liberal-democráticos” y que serían voceados por dirigentes y columnistas en distintos medios. Según esta crítica, “los liberal-democráticos” condenan como incompatibles con la democracia liberal los piquetes de desocupados pero no los piquetes rurales, la incursión de D’Elía contra los caceroleros en Plaza de Mayo el pasado 25 de marzo, pero no el lockout agrario por tiempo indeterminado, la identificación lisa y llana de los caceroleros con golpistas en el discurso presidencial pero no el desabastecimiento “antisistema” perpetrado por los dirigentes ruralistas. Para los autores, estos argumentos “liberal-democráticos” son inconsistentes con la democracia liberal y marcan que sus proponentes sólo prefieren ese régimen político cuando están del lado de los ganadores.

Ocurre, sin embargo, que esta crítica invierte, casi puntualmente, las valoraciones atribuidas a los “liberal-democráticos” y, por eso mismo, coloca a sus autores en una posición que sería, también, incompatible con un punto de vista democrático-liberal.

Esta inversión de las valoraciones sobre cada uno de esos actos o interpretaciones tiene lugar por medio de un procedimiento que los autores llaman “poner en perspectiva”.

Puesto en la perspectiva de que los ruralistas integran, para los autores, los sectores socioeconómicos dominantes, el uso del piquete como forma de protesta es injustificado porque los ruralistas tendrían a su disposición otras formas de protestar. Podría concederse ese punto, pero hacerlo implicaría condonar el uso del piquete como herramienta, cuya legalidad y legitimidad resulta ampliamente discutible, y que para nosotros no es tal. Puesto en la perspectiva de que los ruralistas producen y controlan el alimento que consume el resto de la sociedad, el paro por tiempo indeterminado aparece como una medida excesiva y desestabilizadora. Podría, de nuevo, acordarse con ello, pero hacerlo sin condenar inequívocamente otros comportamientos equivalentes como la incursión de D’Elía en Plaza de Mayo alentada y avalada por el gobierno implicaría condonar la violencia de abajo porque es de abajo –y creemos que ningún comportamiento violento debe condonarse, y en particular no el de fuerzas de choque paragubernamentales–. Puesto en la perspectiva de que en 2001 el cacerolazo precedió a la caída de dos gobiernos, la protesta en Buenos Aires y otras capitales del interior resultaría un acto de desestabilización institucional, que busca comunicar el deseo de derrocar al actual gobierno nacional. Podría, una vez más, concederse que tal asociación haya pasado por la cabeza de alguno, pero ello implicaría atribuir, sin fundamento empírico ni criterio alguno más que la existencia de esa misma asociación en la mente de los autores, tales intenciones a los caceroleros, y creemos que semejante atribución equivale a una acusación de “crimen del pensamiento”, al decir de Orwell en 1984, práctica que entendemos completamente incompatible con la forma de vida democrática.

El argumento de los autores se acerca, así, al tipo de manipulaciones y falsificaciones históricas de que está plagado el discurso presidencial –en ocasión del conflicto con el campo pero, lamentablemente, también mucho antes del mismo–. Esas manipulaciones tienen, invariablemente, la misma forma: plantean una distinción entre “el primer gobierno en la historia que garantiza plenamente la vigencia de los derechos humanos” y “la derecha golpista que quiere volver”, y la superponen con prácticamente toda opinión opositora acerca de cualquier tema de debate público. El resultado de la manipulación es doble: por un lado, las opiniones opositoras quedan deslegitimadas por su identificación con “la derecha golpista que quiere volver”; por el otro, la acción del Gobierno o de cualquiera de sus aliados en contra de estas opiniones opositoras queda justificada, precisamente por la radical ilegitimidad de esas opiniones. Ello permite justificar la acción de D’Elía en Plaza de Mayo, pero también los piquetes contra empresas, la destrucción del sistema estadístico, la “letra escarlata” destinada a los columnistas disidentes, etc. Estos comportamientos son, para nosotros, también incompatibles con la práctica democrática, que requiere de los gobiernos el resguardo de los derechos de los ciudadanos y de los actores colectivos, no su violación o puesta en riesgo por mano estatal.

Por último, las manipulaciones que el artículo condona son también problemáticas porque consagran falsificaciones graves. Este Gobierno dista de ser “el primer gobierno en la historia que garantiza plenamente la vigencia de los derechos humanos”: no sólo porque otros que lo precedieron desde 1983, y también antes, lo han hecho, sino también porque esa garantía no es, como sugiere el discurso gubernamental, tarea ni mérito exclusivo del Poder Ejecutivo, y proponer que lo es resulta deletéreo para la división de poderes y el imperio de la ley, que están en la base del estado de derecho.

Este Gobierno dista de apoyarse, como sostienen los autores, en una “alianza con sectores populares organizados”, salvo que se considere que los grupos económicos a los que ha protegido y compensado con su política económica y su esquema de subsidios, y que son los que financian su superávit fiscal y su campaña presidencial, merezcan esa denominación. Este Gobierno dista de poder arrogarse el monopolio de la virtud moral, salvo que se considere que el éxito presente de algunas de sus políticas lava los pecados de las que la mayoría de sus miembros implementó en el pasado. Estas falsificaciones pueden formar parte de discursos políticos que tengan como estrategia reescribir la historia, pero no cabe confundirlas con la historia. Al condonar estas falsificaciones, los autores hacen un flaco favor al Gobierno que apoyan: le dan argumentos para insistir en visiones del mundo y cursos de acción que justifican la violencia como forma de acción política, la persecución a las ideas opositoras y la identificación del punto de vista del Gobierno con el interés general de la nación. Y con esto le hacen, también, un flaco favor a la democracia argentina.

* Novaro y Palermo son sociólogos (UBA-Conicet), Bonvecchi es politólogo (UTDT).

martes, 8 de abril de 2008

Algo de Paz


Dioses de cartón, los valores
Abuso de poderes, sus horrores
Mitología del siglo XX


Nueva adquisición, “Reina Madre” de Raúl Porchetto (1983). Un oportuno rescate de Página/12 que edita en CD, y luego de 25 años, un LP muy significativo de los años de la transición hacia la democracia. Página/12 sabe hacer estas cosas y para este nuevo aniversario de la guerra Malvinas rescató del olvido a Raúl Porchetto. Va la nota y links a notas complementarias. Finalmente un video histórico, Raúl Porchetto haciendo “Algo de Paz” en el “Festival de la Solidaridad”, en plena guerra y acoso belicista.

Cali

Página/12
Sábado, 29 de Marzo de 2008

Raúl Porchetto habla de reina madre, el disco que se presenta mañana con pagina/12

“Lo siento como un reconocimiento”

A veinticinco años de su publicación original, aparecerá por primera vez en CD. Porchetto relata las circunstancias que rodearon la creación de ese álbum y de la canción que le da título, una de las más lúcidas que se escribieron sobre Malvinas.

Por Claudio Kleiman

Raúl Porchetto dice que Reina Madre, su álbum originalmente aparecido en 1983 –que se edita, por primera vez en CD, con la edición de mañana de Página/12– llegó a vender en su momento más de 300.000 ejemplares. La cifra, impensable para la realidad actual de la alicaída industria discográfica, sorprende también al pensar en la música de Porchetto, un artista que nunca encajó dentro de los standards de las canciones de consumo masivo. Un buen ejemplo es “Reina Madre”, el tema que da título al álbum, que evoca la guerra de Malvinas desde un ángulo inesperado, el de un soldado inglés que se cuestiona “por qué estoy luchando, por qué estoy matando”. Es lento, dramático, comienza con unos efectos de sonido, y dura más de 5 minutos. Es decir, prácticamente todo lo contrario del pensamiento establecido sobre lo que debería ser un hit radial.

El éxito de Raúl continuó hasta el fin de la década, alcanzando un pico con su álbum Noche y Día –el de “Bailando en las veredas”–, pero durante los años ’90, el cantante sufrió una especie de ostracismo, debido a hechos que no quiere mencionar públicamente, y también a lo que reconoce como cierto cansancio del esquema disco-giras-notas de promoción, más la falta de respaldo de algún sello grabador. “Nunca me peleé con la música –aclara–, pero quería seguir componiendo canciones cuando tuviera ganas.”

En la última década del siglo XX, comenzó un retorno con bajo perfil, editando sus álbumes en forma independiente y actuando fundamentalmente en el interior, donde se lo recuerda con afecto. En 2007 estrenó una nueva obra integral, Yo soy, que incorpora danza y proyecciones, aún sin registro discográfico.

Veinticinco años después de la aparición de Reina Madre, Porchetto –que conserva cierta expresión aniñada a los 58 años–, se sienta en un bar de Belgrano a rememorar episodios de su vida y su carrera. Especialmente, las circunstancias que rodearon a la creación de ese álbum –un hito dentro del rock argentino de los ’80–, y de la canción que le da título, una de las más certeras escritas sobre el tema de la Guerra de Malvinas.

–Es curioso que Reina Madre no se haya reeditado hasta ahora en CD, siendo un disco tan significativo...

–No se daba el hecho de poder editarlo bien hasta ahora, y como el master era mío, lo pude manejar, porque hay algunos discos que, antes que estar mal, prefiero que no estén. Hay otros discos que no son míos y tampoco están, como los que salieron por el sello Music-Hall; de los que grabé en EMI, recientemente se reeditaron Mundo y Volando de vida. A través de Internet recibo constantemente mails, incluso del extranjero, que me preguntan dónde se pueden conseguir algunos discos. Y en vinilo tienen una cotización increíble. Incluso Porsuigieco ya no se puede conseguir, después de la reedición que hizo Página/12. Por eso también valoro muchísimo el apoyo del diario para sacar este disco, lo siento como un reconocimiento, un premio.

–Reina Madre fue una producción independiente, algo bastante inusual para ese momento.

–Sí, yo venía de varios discos que habían pegado fuerte, Metegol, Televisión, Che Pibe, y me podía jugar con eso. Era difícil hacer algo independiente, pero para la producción me ayudaron Pity (Iñurrigarro) y Ohanian, y tuve el apoyo de Interdisc para la distribución. Las reglas estaban empezando a cambiar, y eso era algo que yo quería marcar.

–¿Cómo se armó la banda que luego sería G.I.T.?

–Yo lo conozco a Willy (Iturri), y él graba en el disco Mundo (1979). Luego viajo a Estados Unidos, y descubro toda una movida de música nueva. Eso me moviliza, y cuando volví quería cambiar el sonido. Le cuento este proyecto a Willy y él me recomienda a Pablo Guyot, con el que había tocado en Banana. Nos faltaba un bajista, y justo nos encontramos con Alfredo Toth, que estaba tocando con Nito Mestre. Nos pasábamos horas en la sala de ensayo para encontrar un sonido, trabajábamos como si fuera una banda de afuera. Fue un cambio de sonido, de concepto de producción, y hasta de estética.

–Un hecho muy discutido en 1982 fue el Festival de Solidaridad, del que participó.

–En plena guerra se hace el Festival de Solidaridad, que se cierra con “Algo de paz”. A mí, antes de subir, un coronel con una 45 me dice, “che Raúl, hoy no es para cantar algo de paz, no sé si entendés”. Yo subí con un miedo bárbaro, pero al final la terminé cantando, y esa imagen dio la vuelta al mundo, 60.000 tipos jóvenes cantando “Algo de paz”. Por eso cuando alguien me dice que el Festival de la Solidaridad fue una colaboración, yo pienso, “la ignorancia es atrevida”.

–Además de “Reina Madre”, varios de los temas del álbum orbitaban en torno de esa temática.

–Luego de componer “Reina Madre” empiezo a armar todo un cuadro alrededor de eso, con una serie de temas que salieron tanto en Reina Madre como en Che Pibe, porque la composición de esos dos álbumes fue casi simultánea. “Este hermanito a casa volvió” hablaba de lo que pasaba después de la guerra. Varios temas hablan de lo que estaba pasando, yo no podía entender cómo gente a la que 15 días antes la habían corrido de la Plaza, estaba alabando a un genocida. Reina Madre tiene un poco de ese espíritu y esa rebelión. Después un poco me pasaron la factura.

–¿A qué se refiere con lo de la factura?

–A diferentes niveles. Hace tres años, cantando “Reina Madre” en Trelew, cuando terminé estaba guardando la guitarra, y se me acerca un tipo y me dice: “No lo cantés nunca más acá porque no salís vivo”. Y fue hace muy poco. Por eso, también me da bronca cuando alguien te ubica nada más que por “Bailando en las veredas”. Porque yo no reniego de ningún tema, “Bailando en las veredas” me encanta, pero no me agoté ahí. Tengo más de 300 temas grabados, y desde el ’80 hasta el ’87 todos mis álbumes fueron Disco de Oro, muchos fueron de Platino y algunos Doble Platino.

–El negocio del rock cambió muchísimo desde aquella época.

–Yo siempre digo que la dictadura triunfó en los ’90. Es decir, su ideología. Si bien hay gente que en los ’90 hizo cosas impresionantes desde el rock, como Fito, León o los Redondos, hubo otras cosas que se llamaron rock pero no tenían nada que ver, eran híbridos. Porque no hay nada mejor para destruir algo que deformarlo hasta que ya no sepas qué es. El rock del comienzo tenía un denominador común, que era el hecho artístico, porque Spinetta, Pappo, León Gieco, Charly García, Miguel Cantilo, no se parecían en nada, los estilos y los sonidos eran totalmente diferentes. Pero la gente le daba una identidad de rock nacional a todo eso. Sabíamos lo que era, porque lo que llamábamos rock era una movida de contracultura. Entonces cuando ya no lo es, es como una familia que sigue usando el apellido, pero hace exactamente lo contrario. No estoy en contra de nada, pero que cada uno tenga su nombre y lo pelee desde ahí.

Subnotas



...Y la versión original grabada para el disco "Metegol" (1980)


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sábado, 5 de abril de 2008

Milonga del Muerto

Hoy a la mañana escuché por radio el testimonio de un ex-combatiente de la guerra de Malvinas, Alejandro Rey, un testimonio distinto y valiente que estaba en ese momento visitando las Malvinas. Me sorprendió su visión crítica y poco frecuente acerca de dicha guerra y de la sociedad malvinense, una mirada respetuosa y despojada de arbitrariedades y simplezas. Bueno, estuve en silencio durante estos días donde pasó el “feriado” que, le pongan el nombre que le pongan, conmemora la peor estupidez de la clase política argentina y la ceguera colectiva en la que estuvimos inmersos por esos días, 2 de abril de 1982. He colocado algunas entradas al respecto. Quiero a modo de recuerdo de esos días trágicos, compartir un poema de Jorge Luis Borges que ha sido musicalizado e interpretado luego por varios artistas:

Milonga del muerto
Jorge Luis Borges

Lo he soñado en esta casa
entre paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
soñar cosas que son ciertas.

Lo he soñado mar afuera
en unas islas glaciales.
Que nos digan lo demás
la tumba y los hospitales.

Una de tantas provincias
del interior fue su tierra.
(No conviene que se sepa
que muere gente en la guerra).

Lo sacaron del cuartel,
le pusieron en las manos
las armas y lo mandaron
a morir con sus hermanos.

Se obró con suma prudencia,
se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
el rifle y el crucifijo.

Oyó las vanas arengas
de los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
la nieve y los arenales.

Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
Él sólo quería saber
si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento
en que le entraba la herida.
Se dijo "No tuve miedo"
cuando lo dejó la vida.